Salimos reptando de nuestros hogares cuando aún es de noche. Las legañas, los bostezos, cierta irrealidad cansada, el estómago vacío o encharcado en un café rápido, que provoca ese mal cuerpo mañanero.
La sensación de prisas de algunos, o de muchos. La guillotina del reloj, la hora de entrada o apertura. La composición del mundo, de la vida, es ésa, más que la rotación del planeta o de la luna.
El frío en las paradas. Grupúsculos que se amontonan ante las puertas. La gente tiritando, y eso que aún no ha llegado el invierno con sus heladas.
Los retrasos, el tráfico, las averías. Robots que suben por el lado izquierdo de las escaleras mecánicas o que permanecen quietos en el lado de la derecha. Criaturas del subsuelo. Sólo algún libro o periódico o mp3 o Ipod nos mantiene sujetos a la vida de la superficie.
Ejércitos de zombis dormidos en las partes de atrás de los coches, en los bancos de los andenes, en las sillas de los vagones o de los autobuses. Vegetando. Sobreviviendo. Inframuriendo.
9 comentarios:
Venga, va... Que tampoco es para tanto. Has escrito un texto en el que, por madrugar, me he sentido como un muerto viviente. :-P
Si es que estabas muy bien acostumbrado, Conde, demasiado bien.
Un abrazo,
X.
Jajaja. Lo que te pasa es que estás abducido por los invasores y no te das cuenta de la realidad de las cosas!!!!!!! Eres uno de ellos!!!!!!
No es por el hecho de madrugar, sino por el magnetismo autómata que nos absorbe por las redes de transporte de la capital.
Vale, no es para tanto, no. Me ha salido esta literatura, mera literatura.
Abrazo.
Excelente literatura.
Te quedas corto. Literatura, verdad, llámale como quieras.
Grazie, amici.
Qué mal sienta madrugar, compañero, cuánta razón tienes
Es la pura verdad.
Levantarse, madrugar, es una bendición para él que apenas ha podido dormir. La luz y el roce le devolverá a la vida.
!!!
(Debo decir: qué lejos!)
Besos, conde.
(Y cómo escribes)
Post a Comment