










"Yo sé que todo es irreal, pero no sé cómo probarlo" (E.M. Cioran)
"La Novela es una Muerte; transforma la vida en destino, el recuerdo en un acto útil y la duración en un tiempo dirigido y significativo. Pero esta transformación sólo puede darse ante los ojos de la sociedad. La sociedad impone la Novela, es decir un complejo de signos como trascendencia y como Historia de una duración. Por la evidencia de su intención, captada en la claridad de los signos novelísticos, reconocemos el pacto que une con toda la solemnidad del arte, al escritor con la sociedad. El pretérito indefinido y la tercera persona de la Novela, no son más que ese gesto fatal con el cual el escritor señala la máscara que lleva. Toda la literatura puede decir: “Larvatus prodeo”, me adelanto señalando mi máscara con mi mano. Ya se trate de la experiencia inhumana del poeta, que asume la más grave de las rupturas, ya la mentira creíble del novelista, la sinceridad necesita aquí signos falsos, y evidentemente falsos, para durar y ser consumida. El producto, y finalmente la fuente de esta ambigüedad, es la escritura. Ese lenguaje especial cuyo uso da al escritor una función gloriosa pero vigilada, manifiesta una especie de servilismo invisible en los primeros pasos, que es propia de toda responsabilidad: la escritura, libre en sus comienzos, es finalmente el lazo que encadena el escritor a una Historia también encadenada: la sociedad marca con los signos claros del arte, con el objeto de arrastrarlo con más seguridad en su propia alienación."
Si pones en Google “Steve Jobs” y “visionary” te salen 200 millones de resultados. Si pones “Steve Jobs” y “genius” más de 88 millones. Más de 27 millones si pones “Steve Jobs” y “guru”. Y si pones “Steve Jobs” y “change the world” más de 3 millones y medio. Parece que los tópicos han sepultado al mago de la innovación y el marketing tecnológico. Sería absurdo negar su valía en todos esos aspectos, y sobre todo su condición modélica de “self made man”, tan adorado en EEUU, pero a mí había algo que no me acababa de convencer de este hombre, algo que me daba mala espina, no sé por qué. Vamos, que no me fiaba. Quizás era esa obsesión por el éxito, esa desmedida avaricia, ese oscurantismo ególatra, ese acaparamiento febril de los hallazgos…
Las comparaciones son odiosas e imposibles, pero ahora que todo el mundo llora la pérdida del cofundador de Apple, a mí me gustaría recordar a Michael S. Hart, el creador del Proyecto Gutenberg, que murió hace un mes (se le considera también el inventor del libro electrónico). No recuerdo haber visto ninguna noticia de su muerte en los medios españoles. Tampoco conozco nada del personaje, pero su proyecto borgiano me parece una de las ideas más hermosas que se han concebido: una biblioteca digital universal a disposición de todo el mundo. A diferencia de los productos de Jobs, el Project Gutenberg no tiene ningún objetivo comercial. Frente al sistema cerrado, exclusivista y endogámico de Apple, el Proyecto Gutenberg se concibe de forma totalmente abierta, para el uso gratuito de todo el mundo contando con su participación desinteresada: simplemente toma lo mejor de la humanidad para ponerlo al servicio de ella misma con la ayuda de quien se preste voluntariamente. Ya sé que no son dos modelos comparables, por muchas razones. Pero a mí me gusta mucho más éste.