"Ya no es fácil en Madrid mirar al cielo. Hay toda una caballería aérea para cocearos la mirada, cuando no es un ángel exterminador el que os apabulla la vista. En verdad, señores arquitectos, están echando ustedes las patas por el aire".
"Y no se contentan ustedes con ángeles voladores y caballos galopantes para rematar los edificios. Ahí echan ustedes también castillos de juguete, linternas mágicas, columnas de rompecabezas, qué sé yo; sólo faltan los aeroplanos de bronce. Parece que han puesto ustedes al aire libre los desvanes de Madrid, donde en cada casa se guardan los trastos. ¿Por qué tales injurias al firmamento? Ofenden ustedes a esas casas madrileñas, las nubes, las maravillosas nubes; y, sobre todo, ofenden ustedes a nuestras miradas pecadoras. En Madrid, la corte celestial tenía ya un ángel caído, el del Retiro; y la caballería aérea, el magnífico caballo que galopa en el aire de la plaza de Oriente".
"Madrid, para el buen madrileño, es una casa de vecindad, con algún agrietado y desolado tiesto en las ventanas. […] No busquéis en mí nada esencial; soy hombre de ciudad, quiero decir, de café y de tranvía; vivo entre cosas movibles y pasajeras; no tengo el eterno espectáculo de los campos, sino la visión vertiginosa y chocante del tráfago del arroyo… Y por este arroyo he de navegar en la vana cáscara de nuez de la anécdota callejera." (Corpus Barga, Paseos por Madrid, Alianza Editorial, Madrid, 2002)