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Wednesday, August 13, 2025

Xuan Bello (1965-2025), el bardo de Paniceiros

Hay en la prosa poética de Xuan Bello algo difícil de definir, una emoción contenida, una belleza continua, una prosodia infalible. Esa mezcla de relato y ensayo y poesía, de observación y memoria (individual y colectiva), de palabras escogidas e imágenes fulgurantes, de recuerdos exactos y condensación del tiempo.

Al igual que Cunqueiro escribió toda una geografía espiritual de Galicia, Xuan Bello lo ha ido haciendo con Asturias. No es casual que tradujese al asturiano Escuela de melecineros y fábula de varia xente (1997), el libro de retratos del común con el que el bardo mindoniense trató de dar forma al alma gallega.

Muerto a los sesenta años, inesperadamente, por un aneurisma de aorta, nos quedan sus libros: sobre todo Paniceiros (2004), que incluye Historia universal de Paniceiros (2002) y Los cuarteles de la memoria (2003), pero también La nieve y otros complementos circunstanciales (2012), Las cosas que me gustan (2015) o Incierta historia de la verdad (2019), que son los que tengo aquí en la mesa. También queda su poesía en asturiano y sus traducciones de Pessoa, Stevenson, Conan Doyle o Castelao, entre otros. 

En su emocionada despedida, el profesor y crítico literario José Luis García Martín -conocido en los ambientes literarios más por su quisquillosa mordacidad que por sus generosas alabanzas, que también las tiene- ha destacado cómo cada domingo Xuan Bello “nos regalaba un nuevo capítulo de la historia universal e interminable de Paniceiros”. Hay que agradecer a las pequeñas editoriales Xordica, :Rata_ o El Pasaje de las Letras que nos hayan ido ofreciendo, a quienes no podíamos acceder a sus artículos, todas esas joyas reunidas en libros. Quedarán muchos otros por hacer, recogiendo su labor en los periódicos. Como añade García Martín: “No lamentamos el cese de su escritura. Pronto comenzarán a llegar nuevos libros suyos, los que él no se entretuvo en ordenar porque tenía prisa”. Así sea.

Recuerdo la ilusión que me producía encontrar los libros de Xuan Bello en La Central de Callao, supongo que gracias a la labor de su amigo Martín López Vega.

Xuan Bello nos ha ayudado a entender Asturias a los que sólo tenemos cierta relación colateral con esta tierra, como -en mi caso- un abuelo materno nacido en Grandas de Salime, que, como me dijo Xuan Bello la única vez que coincidí con él, es “el Mundu”.

Hay que ser agradecidos con los que nos han hecho disfrutar tanto. Aunque pueda estar mal visto el agradecimiento (que se interpreta como una forma de peloteo o amiguismo en vida, o de apropiación indebida post mórtem), lo cierto es que de bien nacidos es ser agradecidos. Como dijo Roger Scruton poco antes de morir: “Al acercarte a la muerte empiezas a saber lo que significa la vida, y lo que significa es gratitud”. 

Muchas gracias, pues, a Xuan Bello, por los estupendos ratos que nos ha hecho pasar.



Thursday, February 22, 2007

Rua do Alecrim

Existe en Lisboa una calle, a la que dicen del Alecrim, que desciende desde el Chiado hasta el río con una inclinación suavísima. En su fondo, entre tiendas que venden bacalao en tiras y productos para las embarcaciones, hay una pequeña plaza de la que parten otras calles, no recuerdo ya cuántas, y en la que se respira un aire que muy marinero debe de ser por la gente que por allí cruza. [...]
A eso de las cinco ya había revuelto las librerías de lance de la rua Misericordia, había comprado algún libro de versos y bajaba con el melancólico sol la calle del Alecrim para tomar una cerveza, mientras repasaba lo comprado, en el British Bar. Allí, donde curiosamente había un reloj que daba las horas al revés (de manera que si entraba a las cinco y diez, salía, según el singular aparato, a las tres menos cuarto), me entretuve muchas tardes leyendo, soñando, escribiendo cartas que no enviaba pues sabía que no serían contestadas.
Así empieza "Alguien que se cruzó conmigo", genial relato de Los cuarteles de la memoria de Xuan Bello, un libro lleno de poesía, ciudades y recuerdos, como a mí me gusta. Sólo le falta alguna gota de ironía o de cinismo, de realismo contundente que contrarreste un poco el almíbar de la memoria poética.