Friday, November 06, 2009

Viaje alrededor de mi habitación

Así empieza, en esperanto, el libro de Xavier de Maistre VOJAĜO INTERNE DE MIA ĈAMBRO:
"Kiel glore estas malfermi novan vojon kaj subite aperi en la mondon scienculan tenante en la mano libron de eltrovoj, kiel en la spaco ekbrilegas neatendita kometo!
Ne, mi ne plu konservos mian libron "in petto" (en mi mem); jen ĝi estas, sinjoroj, legu. Mi entreprenis kaj plenumis kvardek-du-tagan vojaĝon interne de mia ĉambro. La interesaj observoj faritaj kaj la senĉesa plezuro sentita dum la vojiro donis al mi la deziron publikigi ĝin; la certeco esti utila decidigis min al tio. Mia koro sentas neesprimeblan kontentiĝon, kiam mi pensas pri la nekalkulebla nombro da malfeliĉuloj, al kiuj mi liveras rimedon certan kontraŭ la enuo kaj kvietigilon por la doloroj, kiujn ili suferas. La plezuro, kiun oni trovas vojaĝante en sia ĉambro, estas ŝirmata kontraŭ la malkvieta ĵaluzo de la homoj; ĝi estas sendependa de la riĉeco.
Ĉu estas ja homo tiel mizera, tiel forlasita, ke li ne havas rifuĝejon, kie li povas izoli sin kaj kaŝi sin antaŭ la tuta mondo?".
Traducción:
"¡Cuán glorioso resulta abrirse una nueva carrera y aparecer súbitamente en el mundo de los sabios, con un libro de descubrimientos en la mano, como un cometa inesperado centellea en el espacio!
No, no mantendré más mi libro in petto; helo aquí, señores, lean. He emprendido y ejecutado un viaje de cuarenta y dos días alrededor de mi habitación. Las interesantes observaciones que he hecho, y el placer continuo que he experimentado a lo largo del camino, me impulsaban a hacerlo público; la certeza de ser útil me ha decidido a ello. Mi corazón experimenta una satisfacción inefable cuando pienso en el número infinito de malhadados a los que ofrezco un recurso asegurado contra el aburrimiento y un alivio a los males que soportan. El placer que uno siente viajando por su habitación está libre de la envidia inquieta de los hombres; es independiente de la fortuna.
¿Existe, en efecto, un ser lo bastante desgraciado, lo bastante abandonado para no poseer un cuartucho donde poder retirarse y esconderse de todo el mundo?"

Saturday, October 31, 2009

Fotos de León

Hace mucho que no subía fotos: aquí dejo algunas de León, de hace un mes.


Sunday, October 25, 2009

El ojo está delicado, el escupitajo es salado

Un banco en Villa Borghese, el cansancio de los paseos, la emoción del descubrimiento. Leyendo y leyendo y leyendo. Natalia Ginzburg sonriendo desde la portada sutil de Einaudi Tascabili. La sonrisa de muchos dientes y labios finos, los ojos achinados como una esquimal, el pelo negro y corto, cierto aire monjil. No mira hacia la cámara. Parece cegada por el flash, se sale por un reojo. La dolorosa constatación de que no es guapa. Más bien fea. Peor aún: es clavada a Sánchez Dragó.
De mayor yo querría escribir así (en realidad, más en la versión italiana que en la traducción):
"En invierno, nos dejaba algún viejo a causa de una pulmonía, las campanas de Santa María tocaban a muerto, y Domenico Orecchia, el carpintero, fabricaba la caja. Una mujer enloqueció, se la llevaron al manicomio de Collemaggio, y el pueblo tuvo de qué hablar por un tiempo. Era una mujer joven y limpia, la más limpia de todo el pueblo: dijeron que le había pasado por tanta limpieza. A Gigetto di Calcedonio le nacieron dos gemelas, con dos gemelos varones que tenía ya en casa, y armó un escándalo en el ayuntamiento porque no querían darle el subsidio, dado que tenía muchas tierras y un huerto tan grande como siete ciudades. A Rosa, la portera de la escuela, una vecina le escupió en un ojo, y se paseaba por todas partes con el ojo vendado para que le pagaran una indemnización. «El ojo está delicado: el escupitajo es salado», explicaba. Y también de esto se habló algún tiempo, hasta que no quedó nada por decir.
La nostalgia aumentaba en nosotros día a día. A veces era hasta agradable, como una compañía dulce y levemente embriagadora. Llegaban cartas de nuestra ciudad, con noticias de bodas y de muertes, de las que estábamos excluidos. En ocasiones, la nostalgia se hacía intensa y amarga, y se convertía en odio: odiábamos entonces a Domenico Orecchia, a Gigetto di Calcedonio, a Annunziatina, las campanas de Santa María. Pero era un odio que manteníamos oculto, reconociéndolo injusto: y nuestra casa estaba siempre llena de gente que venían a pedir favores o a ofrecérnoslos. De vez en cuando la costurera venía para hacernos rosquillas. Se ataba un delantal a la cintura y batía los huevos, y mandaba a Crocetta por el pueblo a ver quién nos podía prestar una sartén bien grande. Su cara enrojecida estaba absorta y sus ojos brillaban de una voluntad imperiosa. Habría quemado la casa para que sus rosquillas salieran bien. Sus ropas y su pelo se volvían blancos de harina, y las rosquillas iban siendo colocadas en la mesa oval donde mi marido escribía."
(Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes)

Tuesday, October 20, 2009

El chico de las cigüeñas, de Luisa Cuerda

Atentos todos, porque entre la morralla pringosa de las novedades resulta muy difícil reparar en esta joya. Me imagino, dentro de 50 años, a alguien rebuscando entre los volúmenes de la cuesta de Moyano o de una librería de viejo. De repente verá este libro, lo cogerá, lo abrirá y, en cuanto empiece a hojearlo, sabrá que es suyo, que se lo lleva. Y en casa lo disfrutará tranquilamente, con gozosa parsimonia, párrafo a párrafo, página a página, como el que saborea sin prisa unas natillas templadas (me ha venido a la cabeza este símil bastante tonto, no sé por qué). Se podrá sumergir en una época remota, en una España lejana y rara (lejana y rara para este “alguien”; para nosotros no tanto, aunque también un poco), la de los pueblos de provincias, con sus gentes, sus costumbres, sus relaciones familiares, sus curas y maestros, su lenguaje, y el traslado a la gran ciudad, ese contraste radical con Madrid, esa fiera aburrida y triste repleta de hombres abandonados (según uno de los protagonistas). Verá la vida fluyendo; seres reales, palpitantes, con sus múltiples matices y vertientes, no monigotes de cartón piedra ni peleles maniqueos. Aprenderá cosas valiosas de la vida. Repensará la suya. Será vagamente feliz. Lo imagino y me da envidia de esta persona quizás aún no nacida, aunque parezca absurdo. Me la imagino tumbada en la cama, cubierta con las mantas hasta la barbilla, en pleno invierno, asistiendo a esas vidas remotas en movimiento, de carne y hueso.
El chico de las cigüeñas es un libro intenso y emocionante, un libro muy inteligente, lleno de sabiduría de la buena (es decir, que abre el abanico desde sus dos extremos imprescindibles: el realismo casi cínico y la ética pretendida o de buena voluntad), tan lejos del manual de autoayuda como del sálvese quien pueda. Con sustancia moral. Un libro, ya digo, para leer despacio, demorándose en las palabras, saboreando las ideas. Me lo he leído por segunda vez, ésta con lápiz en mano para marcar algunas cosas, subrayar frases (“El dolor que causamos a un inocente tiene el rostro de la incredulidad”, “En la soledad hay suficiente sitio para todos”, “Como todas las solteronas, es monárquica perdida”, “Todos me miran y yo, en el centro de aquel circo, me pregunto qué estoy haciendo allí”, etc, etc, etc), enmarcar otras entre paréntesis y abrir llavecitas en el margen. Por el placer de garabatear. Sí, hay muchas verdades en este libro, a veces muy contundentes y casi aforísticas, que condensan la sabiduría de la vida vivida, pero nos consuela la sospecha de sus contrarias. Se deja la puerta abierta. La secuencia narrativa, la peripecia de la trama, evita o disuade o difumina la sentencia. Menos una, quizás: todo es vanidad. Y esto sin olvidar algunas reflexiones metaliterarias, sobre la naturaleza de la narración, de las historias que mueven el mundo.
Desde las primeras páginas, uno se percata al menos de dos cosas: 1) El gusto —el cuidado, el respeto supremo— que la autora tiene por las palabras (de ahí la sabia concisión y sencillez de su prosa); y 2) La peculiar estructura que domina el libro, como el constante tira y afloja de un doble punto de vista intermitente. En cuanto al punto 1, algunos ya lo sabíamos, pues Luisa llegó precisamente al Círculo Solana huyendo de la peste del cliché, de esas píldoras de hormigón de sustantivo-adjetivo o verbo-adverbio que todos nos tragamos a diario en toneladas (desde el mismo comienzo del libro, medita sobre las palabras de la dedicatoria, las connotaciones del “maestro”, sobre la expresión materna “ser más”…). En cuanto al punto 2, podría ser un hándicap, pero resulta todo lo contrario. Es una estructura muy peculiar, poco común, muy definida, pero no perturba para nada la lectura; más bien al contrario: la facilita y la llena de matices gracias a ese doble punto de vista intercalado. Debe de ser muy difícil resolver con tan buena mano este reto tan complejo de la estructura. Pero está tan bien hecho que ni se nota. Que hay mucho oficio aquí condensado es algo que se ve a la legua. Los diálogos son constantes, casi teatrales, sin acotaciones; a veces casi como rifirrafes del dúo Pimpinela. Pero, más que como una obra de teatro, yo he leído (o visto) la historia como una película: por escenas. (Quizás quedaría muy bien una versión filmada de esta novela; dirigida, por ejemplo, por Mario Camus, o por Icíar Bollaín, se me ocurre).
La novela consiste básicamente en el reencuentro de dos personajes. Dos personajes que se cruzan, que se aman, que se odian, que recuerdan, que se van (re)descubriendo, que se influyen tanto desde cerca como desde lejos, que se hacen daño (“Nos hacemos daño, chico, nos hacemos un daño feroz los unos a los otros, sin querer y queriendo. Sin poder evitarlo”), que se transforman decisivamente uno al otro y en cierto modo se ayudan a vivir (a emprender la vida o a reemprenderla, respectivamente). Está el viejo cascarrabias, solitario, derrotado y pesimista, antiguo maestro (antítesis de su pasado entusiasta e idealista), que escucha al atardecer las cañerías de su pensión y siente asco, miedo, desconsuelo y vergüenza mezclados (siempre autocompadeciéndose, se cree demasiado listo para ser feliz; considera que la felicidad es sólo una publicidad mentirosa de las películas americanas). Y el escritor de éxito, que nos cae un poco mal, la verdad (quizás por su baboseo mitificador del maestro, no sé), con su mujer maravillosa al principio (hasta nos enamoramos de ella) y después ya no tanto, según parece; en el momento cumbre de la novela, se da cuenta de que estaba equivocado en todo, con todos. Después están los secundarios: el padre del escritor, “hombre bueno” por antonomasia que llena la iglesia el día de su funeral, y la madre, que guarda en su pasado la clave de los secretos (la trama de suspense que empuja la novela hacia delante); el faringítico, santo varón, y su sobrino, el nuevo discípulo; etc. Me gustan mucho algunos detalles o imágenes cargados de significado: el golpe de Susana con el tenedor en la mesa, las farolas que hacen daño en los ojos, los días de Navidad en casa de la madre, cómo el triunfador enseña su cochazo a los chicos de la calle para que su amigo de infancia Fermín sepa que "lo han conseguido"...
Ya sé que lo de buscar comparaciones y poner etiquetas es de mal gusto, pero a mí me gusta, qué le voy a hacer. Para mí Luisa Cuerda es nuestra Natalia Ginzburg (algo parecido, quizás, pudo representar hace unos años Carmen Martín Gaite). Para entendernos, como Delibes pero en mujer, con todo lo que eso conlleva. Y con la atmósfera novelística y la enjundia vital de los personajes de Luis Landero. Yo, al menos, veo ese mismo estilo de literatura reposada, sabia y verdadera. A Luisa la llaman Lucha, quizá por lo guerrera. La cuerda del apellido permanece unida en nuestra memoria al imborrable galgo entre la niebla. Lucha se patea los pueblos de Castilla y observa a sus paisanos, y luego nos lo cuenta. Estamos esperando ilusionados esas nuevas narraciones de Castilla la Vieja, esos cuentos castellanos de los que ya nos ha regalado algunos ejemplos.

Friday, October 16, 2009

Una obra de arte

Durante varias horas las televisiones de Estados Unidos cortaron su programación para retransmitir en directo el vuelo de un globo plateado con un niño de seis años dentro. El globo atravesaba a 40 km por hora las montañas y praderas de Colorado. Las infinitas llanuras del Medio Oeste. La toma de la cámara era preciosa, perfecta. El globo, centelleante por el sol, subía, bajaba, se atravesaba en diagonal, se acunaba en el aire como un bebé dormido. Así durante varias horas. Llegó a ascender a 10.000 pies de altura. Además, tenía aspecto de OVNI, de nave extraterrestre tradicional, de las de toda la vida. Sólo sobraban los periodistas con sus inevitables comentarios de imbéciles. No se daban cuenta de que aquello no era una noticia. Aquello era una obra de arte. Un espectáculo para contemplar en silencio.
(Imagina: millones de personas, sentadas frente al televisor durante horas, contemplando en silencio cómo un globo plateado sobrevuela la infinita llanura de Colorado)
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Tras más de cinco horas de vuelo, el aparato se posó delicadamente a unos 80 km de donde había salido: la casa del inventor Richard Heene (padre de la criatura) en Fort Collins. Mientras se acercaba al suelo, un policía corría desesperado tratando de atrapar el globo. Numerosos miembros de los servicios de emergencia rodearon el aparato con sus coches, camiones y ambulancias (está es la parte ridícula de la historia). Finalmente en el globo no había nadie, pues el niño se había escondido en una caja del garaje temeroso por la reacción de los mayores.
Reconozco que cuando lo pusieron en directo en el telediario de Antena 3 no sentí miedo por el supuesto niño que iba dentro del globo. Más bien pensé: qué envidia, qué gozada ir ahí subido, balanceándose, viendo el paisaje.
Podría ser que el padre del niño o algún directivo de televisión prepararan el espectáculo. Si es así, les salió perfecto.
También podríamos hablar del simbolismo escénico de Pere Gimferrer desmayándose en la entrega del Premio Planeta. Pero ésa es otra historia...

Wednesday, October 14, 2009

Hombres solitarios en mangas de camisa

Shall I say, I have gone at dusk through narrow streets
And watched the smoke that rises from the pipes
Of lonely men in shirt-sleeves, leaning out of windows? [...]
Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach.
I have heard the mermaids singing, each to each.
I do not think that they will sing to me.

¿Diré que he pasado al oscurecer por estrechas calles
observando el humo que se eleva de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa, asomados a la ventana? [...]
¿Me haré raya en el pelo por detrás? ¿Me atrevo a comer un melocotón?
Me pondré pantalones blancos de franela, y pasearé por la playa.
He oído a las sirenas cantándose unas a otras.
No creo que me canten a mí.

(T. S. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufock)

Después de varios años sin leer prácticamente poesía, ha llegado este señor repeinadísimo y de enormes orejas de soplillo a salvarme del naufragio. Se me ocurren pocos escritores más ingleses que este americano.

Saturday, October 10, 2009

The Cinematic Orchestra: To build a home

Una auténtica maravilla. Vídeo dirigido por un tal Sam Huntley:

Friday, October 09, 2009

La casilla siete-nueve-tres

Leyendo El proceso de Kafka en la Delegación de Hacienda. Esperando que los números avancen. Poco a poco. Muy lentamente. Mu-y len-ta-men-te. A ritmo de funcionario.
Cuando a uno le llega una carta del fisco, ya se ve prácticamente entre rejas. O hipotecado de por vida en una deuda infinita, por simple ignorancia de alguna norma recóndita. El gran delito no necesita de retórica: “Contenido incorrecto partida 793”. Simplemente. Sin preposiciones ni determinantes. Estilo robot. Con eso basta. Para qué más explicación. Lo importante es que hasta que no se subsane la incidencia no se procederá a la devolución.
Uno busca la maldita casilla, mira y remira, coteja los documentos, y ve que todo está bien. El número es correcto. Todo está bien. ¿Cuál es el “contenido incorrecto”? No importa, los papeles no dan más pistas. Allá que cada cual se las apañe con su delito. No haga más preguntitas, señor Josef K.
Para empeorar las cosas, el epígrafe de la carta dice: “Solicitud de documentos”. Por supuesto, no especifica qué documentos. ¿Qué documentos pueden ser si el dato está bien puesto? Uno se pone a cavilar qué documentos tendrían supuestamente que ver con la casilla en cuestión: ¿qué documentos, según la retorcida imaginación funcionarial, podrían ser necesarios para comprobar la validez de un dato que, a todas luces, es el correcto? Bien, supuestamente adivinados, expansivamente, creativamente deducidos, uno los localiza, los reúne y decide fotocopiarlos. Pero tampoco es plan de mandar cien hojas por fax. Y si llamas por teléfono, unas voces metálicas te derivan a las permutaciones más inverosímiles, pero no te dan la opción de llegar a donde quieres: simple información. No hay remedio: habrá que ir en persona. Hay que asumir la pérdida de una mañana. Lo más odioso. Una mañana en las colas. Colas para entrar, para pedir turno, para que le atiendan. Lo peor. Las colas, las ventanillas, los papeles, los funcionarios, la burocracia que nos ahoga. Lo odio. Me supera. Me llevo de acompañante el libro de Kafka.
Al final, tras una larguísima espera, tras una larga marcha hacia el castillo, le atienden a uno. Expone el caso y enseña la carta. Por si acaso, tiene preparada en la carpeta toda una artillería de documentos. Rápidamente, escucha la solución del proceso en voz del funcionario: “Ah, nada, eso es que se ha debido equivocar la persona que pasa los datos al ordenador. Pasa mucho”.
No me extraña que al principio te hagan pasar por un detector de metales, porque la verdad es que a veces apetece armarse hasta los dientes y hacer un pequeño Columbine. Sólo uno pequeñito.
Finalmente le pregunto al amable funcionario si, ya que todo está correcto, procederán en breve a la devolución. Dice que en un mes o así, pero remarca: "Bueno, eso si no surge ninguna otra incidencia". Mucho me temo que ésta sólo ha sido la primera prueba de un calvario infinito. Si es así, que sepan que me rindo ya: que no me devuelvan nada, ¿cuánto quieren que les pague?

Friday, October 02, 2009

Un grito en la calle

From the playfield the boys raised a shout. A whirring whistle: goal. What if that nightmare gave you a back kick?
—The ways of the Creator are not our ways —Mr Deasy said—. All human history moves towards one great goal, the manifestation of God.
Stephen jerked his thumb towards the window, saying:
—That is God.
Hooray! Ay! Whrrwhee!
—What? —Mr Deasy asked.
—A shout in the street —Stephen answered, shrugging his shoulders.

Desde el campo de juego, los muchachos elevaron un grito. Un silbato vibrante: gol. ¿Y si esa pesadilla te diese una coz?
—Los caminos del Creador no son nuestros caminos —dijo Mr. Deasy—. Toda la historia humana se dirige hacia una gran meta, la manifestación de Dios.
Stephen sacudió el pulgar hacia la ventana, diciendo:
—Eso es Dios.
¡Hurra! ¡Bien! ¡Prrrri!
—¿Qué? —dijo Mr. Deasy.
—Un grito en la calle —contestó Stephen, encogiéndose de hombros.

Wednesday, September 23, 2009

El plano de París

"Ella estaba en Tostes. ¡Él estaba ahora en París, tan lejos! ¿Cómo era París?
De noche, cuando los pescaderos pasaban en sus carretas bajo sus ventanas cantando la Marjolaine, ella se despertaba; y escuchando el ruido de las ruedas herradas que al salir del pue­blo se amortiguaba enseguida al pisar tierra, se decía:
‑«¡Mañana estarán allí!»
Y los seguía en su pensamiento, subiendo y bajando las cuestas, atravesando los pueblos, volando sobre la carretera principal, a la luz de las estrellas. Al cabo de una distancia in­determinada se encontraba siempre un lugar confuso donde expiraba su sueño.
Se compró un plano de París y, con la punta de su dedo sobre el mapa, hacía recorridos por la capital. Subía los buleva­res, deteniéndose en cada esquina, entre las líneas de las calles, ante los cuadrados blancos que figuraban las casas. Por fin, cansados los ojos, cerraba sus párpados, y veía en las tinieblas retorcerse al viento farolas de gas con estribos de calesas, que bajaban con gran estruendo ante el peristilo de los teatros".
(Gustave Flaubert, Madame Bovary)

Tuesday, September 15, 2009

Instantáneas del domingo

El embalse del Lozoya guarda muchas sorpresas:

Huesos de animales prehistóricos


El pescador ausente


Las grietas del desierto

Mojones del infinito

Una presa
Caballos

Vacas

Y hasta simios

Monday, September 14, 2009

El materialista aleatorio

“La edad de este hombre no tiene ninguna importancia. Puede ser muy viejo o muy joven. Lo esencial es que no sepa dónde está y que tenga ganas de ir a cualquier parte.
Por eso, como en los westerns americanos, él siempre toma el tren en marcha. Sin saber de dónde viene (origen) ni a dónde va (fin). Y se baja en marcha, en un pequeño poblacho en torno a una estación ridícula.
Prefiere viajar, bajarse en el camino; es así como se comprende la verdadera filosofía, que es la que la gente tiene en la cabeza y que es siempre conflictiva. Desde luego, puede también solucionar unos problemas, apaciguar unos conflictos, pero a condición absoluta de dominar sus pasiones.
Es entonces cuando lee a los Indios, a los Chinos (el Zen) y a Maquiavelo, Spinoza, Kant, Hegel, Kierkegaard, Cavaillés, Canguilhem, Vuillemin, Heidegger, Derrida, Deleuze, etc. Se convierte así, sin quererlo, en un filósofo materialista casi profesional — no materialista dialéctico, ¡ese horror!, sino materialista aleatorio.
Alcanza entonces la sabiduría clásica, el «conocimiento» del tercer género de Spinoza, el superhombre de Nietzsche y la inteligencia del eterno retorno: saber que todo se repite y que no existe más que la repetición diferencial.
Entonces puede discutir con los grandes idealistas. No solamente los entiende, sino que les explica a ellos mismos las razones de sus tesis. Y los otros se sumen a veces en la amargura, pero ¡y qué! A
micus Plato, magis amica Verita”
(Louis Althusser, «Portrait du philosophe matérialiste», 1986)

Friday, September 11, 2009

Tres años

Se me había pasado totalmente el Gran Acontecimiento Universal del Mes. Ayer este blog cumplió tres años. Así, a lo tonto, ya tres años; no está mal ¿no?
Últimamente lo tengo un poco abandonado, pero va por rachas.
Como no tengo nada más que decir, os dejo con este vídeo de imágenes de Buñuel con música mexicana de Beck (que demuestra una gran pronunciación):

Monday, September 07, 2009

Confesiones de un surrealista confeso

El personaje en cuestión se llamaba George Melly (1926-2007), un cantante de jazz y crítico de cine que al final de la II Guerra Mundial se alistó en la Royal Navy porque, según le dijo al de la oficina de reclutamientos, «sus uniformes son mucho más bonitos». Sus libros autobiográficos deben de ser muy buenos.
Un dato curioso es que en el 17 de Beak Street, en el Soho londinense, estaba el restaurante Barcelona, donde se reunían, en curiosa mezcla, los republicanos españoles exiliados y los surrealistas ingleses comandados por Melly: Read, Penrose, Jennings, Brunius, Ithell Colquhoun, Agar, Rimmington, Hayter, Sewter, Pailthorpe, Mednikoff, Banting, Onslow-Ford, Howard... Sus nombres no nos dicen nada.

Wednesday, September 02, 2009

Robert O. Evans, cazador de supernovas

"Cuando el cielo está despejado y no brilla demasiado la Luna, el reverendo Roberts Evans, un individuo tranquilo y animoso, arrastra un voluminoso telescopio hasta la solana de la parte de atrás de su casa de las montañas Azules de Australia, unos ochenta kilómetros al oeste de Sidney, y hace algo extraordinario: atisba las profundidades del pasado buscando estrellas moribundas.
Lo de mirar en el pasado es, claro está, la parte fácil. Mira hacia el cielo nocturno y lo que ve es historia, y mucha historia... No las estrellas como son ahora, sino como eran cuando la luz las dejó. La Estrella Polar, esa fiel acompañante, podría haberse apagado en realidad, por lo que sabemos, tanto en el pasado mes de enero de 1854 como en cualquier momento a partir de principios del siglo XIV. Y la noticia de ese hecho podría simplemente no haber llegado aún hasta nosotros. Lo máximo que podemos decir -que podemos decir siempre- es que todavía estaba ardiendo en esa fecha de hace 680 años. Mueren estrellas constantemente. Lo que Bob Evans hace mejor que nadie que lo haya intentado anteriormente es localizar esos momentos de despedida celeste.
Evans es, durante el día, un ministro bonachón y semijubilado de la Iglesia Unitaria Australiana, que hace algunas tareas como suplente e investiga la historia de los movimientos religiosos del siglo XIX. Pero de noche es, a su manera despreocupada, un titán del firmamento: caza supernovas.
Una supernova se produce cuando una estrella gigante (mucho mayor que nuestro Sol) se colapsa y explota espectacularmente, liberando en un instante la energía de 100.000 millones de soles y ardiendo durante un periodo con mayor luminosidad que todas las estrellas de su galaxia.
-Es como un billón de bombas de hidrógeno que estallasen a la vez -dijo Evans.
Si se produjese la explosión de una supernova a quinientos anos luz de la Tierra, pereceríamos; según Evans:
-Pondría fin al asunto -dijo alegremente."
(Bill Bryson, Una breve historia de casi todo)

Sunday, August 30, 2009

Poesía de Spam

A diario me llegan al email mensajes de Spam anunciando todo tipo de cosas raras (generalmente productos electrónicos y medicinas milagrosas), felicitándome por haber ganado las más extrañas loterías o pidiéndome dinero para obras de caridad en idiomas macarrónicos. Hoy me ha llegado éste, que me ha hecho gracia:

H everywhere meet the eye of the weeping white mother, are unknown to her, for to her tender fancy a little spirit-child fills them. It is not a rare sight to see a pair of elaborate tiny moccasins above a little Indian grave. A mother's fingers have embroidered them, a mother's hand has hung them there, to help the baby's feet over the long rough road that stretches between his father's wigwam and the Great Chief's happy hunting grounds. Indians believe that a baby's spirit cannot reach the spirit-land until the child, if living, would have been old enough and strong enough to walk. Until that time the little spirit hovers about its mother. And often it grows tired --oh so very tired! So

Saturday, August 15, 2009

Vuelta e ida

Se fue a la tierra de sus antepasados como lo que es, una máscara pálida, y regresó hecho -de nuevo- un oso panda al revés.
Ahora se irá a la tierra de sus más ancestros todavía, los vikingos o normandos. Sólo Thor sabe cómo volverá...
Ayer, antes de la vuelta previa a la salida, grabó esta llegada:

Wednesday, August 12, 2009

Ebrios y felices

Amanecer en el puerto. Las siete de la mañana. Las gaviotas se desperezan, los barcos aún duermen, las grúas silenciosas, las manchas de cuadros abstractos en el suelo, cuerdas, redes, anillas, maderas desconchadas. Suena la sirena, se apagan las farolas, viene un barco. Empieza el movimiento: las señoras que se allegan a la lonja con sus bolsas, el tractor que barre la playa, las cajas de plástico que suben y bajan de las furgonetas, los carritos que las arrastran. De repente, las gaviotas enloquecen. Cubren el cielo. Podría ser la estampa del apocalipsis. Las sombras se reflejan como su propio eco. Varias se apostan en fila india en la bocana y picotean en los restos de pescado. Barcos pesqueros que van y vienen. Hombres con gorras y monos de colores llamativos, amarillo, naranja, unos apostados en la cabina, otros en proa, se aproximan, lanzan la cuerda como los cowboys, suben corriendo y la atan. El trasiego de cajas y de hielo picado. Dentro de la lonja, el griterío amplificado. En dolby estéreo. Las botas, las faldas, el suelo mojado, el grupo que observa, calcula y puja. Afuera, las redes y las nasas como ballenas varadas. Manchas de óxido, grietas en la madera, adornos de musgo. La taberna acoge a los últimos borrachos, un hombre barre, un tractor reordena las cajas de madera. Vuelve la calma, empieza el día. Sale el sol, me voy a casa.

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Pontevedra, domingo 9 de agosto. Es el día de la Peregrina, la patrona de la ciudad, y las calles se llenan de desfiles, misas y charangas. La gente va y viene por las calles principales vestida bien o de otra cosa o disfrazada para la ocasión. A la hora de comer la ciudad se vacía. En una mesa de una calle que va de la Herrería a la Leña, el trío gallego del Círculo Solana da buena cuenta de una botella de Rioja. Navajas, por más señas. Luego serán dos. Se brinda por el santo patrón, Solana, no la Peregrina, y uno piensa en lo raro que es el hecho de ese brindis, por todo, el contexto, el tiempo, el personaje evocado; si Solana, el totalmente olvidado, el casi desconocido, levantara la cabeza de la tumba y viera esas tres copas de vino chocándose en su nombre en una calle del norte no entendería nada, se quedaría flipando, se bebería el vino en bota, dos o tres litros mínimo, y volvería a la tumba con los ojos chinos. El vino se riega con algunas tapas, no al revés. Pimientos de padrón, mejillones al vapor, oreja a la plancha. Sin olvidar una Zenobia Camprubí a la Feira.
Qué bien estamos aquí, se dijo, se oyó, varias veces. Era, digamos, el lema, la sentencia verdadera, la descripción exacta del instante, de la amistad en la tarde. Confiad en mí si os digo, como testigo amnésico, que la conversación estuvo llena de frases memorables, que se fueron al limbo del alcohol y nunca más serán recuperadas. Selaví. Pero supongo que las frases quedarán por ahí, en algún lugar imaginario, en las ondas que recorren el aire y engrosan el mito de la ciudad ravacholiana, toda sombra, arco y piedra; son los instantes, la vida clavada en el momento único, eterno, las sacudidas de la cola del ingenio, sin olvidar los chistes jabosianos y las risas que provocan, no enlatadas.
La única frase memorable no olvidada (absténganse de comentar las feministas):
-Las feas son mala gente.
Está grabada en vídeo.
Y la tarde se va rápida, rapidísima, entre risas y conversaciones y libros y frases memorables y licorcafés y gintonics. Y la noche nos pilla de sorpresa en la plaza de la Leña, sentados junto al cruceiro, ebrios y felices.

Sunday, August 02, 2009

Si todo va bien...

...en unas horas estaré por aquí:


Saturday, August 01, 2009

Las pastillas de Mario Levrero

"Debe de ser por el hábito de pensar en imágenes. Entonces estoy siempre en la duda. Con los medicamentos, por ejemplo. Pienso que voy a tomar una pastilla, y es como si la hubiera tomado. Hice un programa en la computadora que me recuerda, tocando un pitido, cuándo debo tomat cada pastilla, y sigue pitando hasta que me lo tomo y toco un botón que dice "Remedio tomado". Al apretar ese botón,el pitido deja de sonar, la información deja de verse, y queda anotado en un archivo el nombre del medicamento, y el día y la hora de la toma. Aun así... a veces toco ese botón antes de la toma, y después me distraigo `por el camino cuando voy a tomarlo y hago otras cosas. Más tarde me viene la duda, y por eso tuve que acostumbrarme a llevar un control extra, en un papel, del número de pastillas tomadas; así, contando las que me quedan, y sabiendo cuántas tenía al principio en total, puedo saber si la tomé o no".
(Mario Levrero, La novela luminosa)