Sunday, February 28, 2010
El Museo Romántico de Madrid
Monday, February 22, 2010
Jean Genet en Chatila
"Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla de un televisor también, ni la una ni la otra pueden recorrerse. De un lado al otro de una calle, doblados o arqueados, los pies empujando una pared y la cabeza apoyada en la otra, los cadáveres, negros e hinchados, que debía franquear eran todos palestinos y libaneses. Para mí, como para el resto de la población que quedaba, deambular por Chatila y Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño muerto puede a veces bloquear una calle, son tan estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos. Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí no me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto, venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban de alimentarse ahí. El primer cadáver que vi era el de un hombre de unos cincuenta o sesenta años. Habría tenido una corona de cabellos blancos si una herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba en el suelo, junto a la cabeza. Todo el cuerpo estaba tumbado sobre un charco de sangre, negro y coagulado. El cinturón estaba desabrochado, el pantalón se sujetaba por un solo botón. Las piernas y los pies del muerto estaban desnudos, negros, violetas y malvas. [...]
Las fotografías no captan las moscas ni el olor blanco y espeso de la muerte. Tampoco dicen los saltos que hay que dar cuando se va de un cadáver a otro.(Jean Genet, Cuatro horas en Chatila)
Friday, February 12, 2010
Una historia inmortal
Tuesday, February 09, 2010
Céline dixit
En cuanto al resto, en vano te esfuerzas, resbalas, patinas, vuelves a caer en el alcohol, que conserva a los vivos y a los muertos, no llegas a nada. Está más que demostrado. Y desde hace tantos siglos que podemos observar nuestros animales nacer, penar y cascar ante nosotros, sin que les haya ocurrido, tampoco a ellos, nada extraordinario nunca, salvo reanudar sin cesar el mismo fracaso insípido donde tantos otros animales lo habían dejado. Sin embargo, deberíamos haber comprendido lo que ocurría. Oleadas incesantes de seres inútiles vienen desde el fondo de los tiempos a morir sin cesar ante nosotros y, sin embargo, seguimos ahí, esperando cosas... Ni siquiera para pensar la muerte servimos.
Las mujeres de los ricos, bien alimentadas, bien engañadas, bien descansadas, ésas, se vuelven bonitas. Eso es cierto. Al fin y al cabo, tal vez eso baste. No se sabe. Sería al menos una razón para existir."
(Louis Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche)
Saturday, February 06, 2010
Thursday, February 04, 2010
Fiat Lux
Se hizo la luz y la belleza y el fuego y la muerte y la destrucción. Todo en un instante.
Había tanta luz que no se veía nada. Primero fue un todopoderoso flash blanco, una impenetrable luz mística, el brillo de los ojos de Dios en la retina de un átomo. Aunque estuvieses de espaldas sentías cómo la luz divina te atravesaba el cerebro. Y cualquier centímetro de piel que estuviese al aire se abrasaba.
A continuación una vertiginosa lengua de fuego se expandió por la ciudad en décimas de segundo, arrasándolo todo: casas, árboles, cuerpos... El Espíritu Santo aleteaba a cuatro mil grados celsius. El mundo se volvió ceniza. Los cuerpos se deshicieron, se evaporaron o cayeron carbonizados, sin rostro. La radiación y los rayos gamma revirtieron los planos de la materia.
Decenas de miles de personas desaparecieron de la faz de la tierra en fracciones de segundo.
Primero fue el silencio de la nada. Acto seguido, el estruendo imposible de la devastación. Una nube negra devoraba el espacio a ras de suelo: montañas, bosques, ríos… Enormes cúmulos de polvo y ceniza lo cubrieron todo. La ciudad quedó a oscuras, ahogada en humo denso y en olor a muerte.
Desde las afueras de Hiroshima se veía cómo una gigantesca nube en forma de hongo se elevaba hacia el cielo. Aquello era precioso.
De repente nos dimos cuenta de que estábamos desnudos. La ropa se había desintegrado. Mirábamos horrorizados nuestros cuerpos en carne viva.
Salimos de entre los escombros. Las calles estaban llenas de cadáveres. Hogueras en cada esquina para calentar el alma. Sólo había muerte. Era una ciudad de muertos. Algunos zombis deambulaban con la mirada helada en el momento del pánico. Se dejaban llevar por la inercia. No había escapatoria.
Eran tan fuertes la sed y el calor que nos lanzábamos a los charcos. Bebíamos la lluvia negra. La lluvia radiactiva.
El infierno había llegado el mismo día 1 de la creación.
Su onda expansiva es la historia de los hombres.
Tuesday, February 02, 2010
Víctor Farías: Heidegger y el nazismo
"La intención de mi trabajo es una, y compleja: poner de manifiesto el germen de inhumanidad discriminadora sin el cual la filosofía de Martin Heidegger no es pensable como tal, pero sólo en la medida en que esta denuncia incluya —al mismo tiempo— el intento de contribuir a poner a salvo lo humano agredido, precisamente por una de las así llamadas «cumbres» filosóficas del siglo. Esta pretensión mía (que también incluye —como lo ha visto R. Maggiori— la puesta en cuestión de una época que elige tales «cumbres») ha sido —en la mayor parte de los casos— ignorada. En lugar de discutir mi tesis central y de ver en ella la explicación fundamental para entender primero la adhesión de Heidegger al nazifascismo y luego su curiosa relación con él hasta su muerte, algunos críticos han querido establecer, como un dogma, la separación entre una «persona» miserable y una «filosofía» grande, intocada e intocable.

La defensa de esa «grandeza» ha delineado vanas y multicolores estrategias. La más primitiva —la de los guardianes del Grial— ha optado por negar los hechos y atribuir mi trabajo al simple deseo de hacer daño y causar escándalo (F. Fédier) o crear «objetos sensacionalistas» (K. Nolte). A esta opción ha contestado brillantemente R. Rossanda. Otra estrategia estableció que «ya se sabía todo», pero urgió, paradójica y precisamente sólo ahora, a pensarlo «todo de nuevo», llamando vaga y frívolamente a los hechos «abismos fascinantes» sin proponer nada más concreto que variantes en la «lectura» (Derrida). Ante la masa de evidencias, otros intentos encubridores optaron por disociar «la persona» del filósofo, de su «obra» (G. Vattimo). Ello, por cierto, sin reparar ni por un instante en que la actividad política de Heidegger por mí tematizada estuvo siempre —según su inopia versión— fundada en momentos esenciales de su filosofía, que su praxis política durante el Tercer Reich fue articulada por Heidegger mismo en los textos filosófico-políticos que mi libro analiza. Común a todas las estrategias es, por lo demás, desconocer que, después de 1945 y hasta su muerte, Martin Heidegger cimentó su relación con el nazifascismo, con el «destino de Occidente» y con los alemanes, entendidos como «el corazón de los pueblos», sin abandonar un ápice el fundamento ideológico genéricamente nazi que lo llevó a sumarse al movimiento, a querer incluso dirigirlo espiritualmente, a censurar con dureza el desviacionismo posterior a 1934 y a pasar por alto, y para siempre, sus monstruosidades. En efecto: convertido, tras 1945, el «Ser» en «acontecimiento» (Ereignis), entendido el lenguaje como «la casa del Ser», el lugar en el que el ser humano deviene propiamente tal, la afirmación suya de que únicamente el lenguaje de los alemanes puede rescatar y salvar el «Ser» sólo puede ser comprendida como una radical discriminación en el mayor nivel, en el nivel decisivo en que la historia fáctica deviene ontológica. Puesto frente al peligro que trae consigo la «expansión planetaria de la técnica», Heidegger afirma en su texto póstumo que sólo el nazismo (el verdadero, el del inicio y sólo él) estuvo en el camino de enfrentar el problema esencial del hombre moderno. Es en este mismo texto donde Heidegger reafirma su desprecio por la democracia y por los sistemas que la practican. En cambio, no escuchamos ni una palabra de censura sobre el Holocausto, ni tampoco sobre un eventual interés de los periodistas por saber la opinión de Heidegger a propósito de los crímenes nazis. Si hay algo que Heidegger reprocha a los alemanes, no es el exterminio y la guerra, sino el no haber filosofado con profundidad."
(Víctor Farías, Heidegger y el nazismo, Prólogo a la edición española)
Monday, February 01, 2010
Sunday, January 31, 2010
Ácidos breves
Chéri, de Stephen Frears: resumiendo, una Michelle Pfeiffer viejuna pero aún de buen ver se enamora de un niñato mariquita, hijo de una señora asquerosa que carece de cuello. Hay imágenes bonitas, pero no recomiendo ir a verla.
Me da grima la nariz de Pepa Bueno, la del Telediario de La Primera. Cuando aparece tengo que cambiar de canal. También me pasa con Leire Pajín (con toda ella, no sólo su nariz).
El marketing en literatura tiene muchas formas, pero un único objetivo: la presencia, la notoriedad, el éxito. Salinger, que logró la meta (y más allá) de un solo golpe certero, optó el resto de su vida por una especie de marketing post-mortem, para disfrute –en todo caso– de los bolsillos de sus hijos (si no han sido desheredados, que no lo sé). El long-seller no suele deberle mucho al marketing. Miro la frase que puse hace diez años en la última página de mi ejemplar del guardián: “A Holden Caulfield las cosas o le hacen gracia o le dan pena o le dan rabia o le dan ganas de vomitar”.
Cojo en la biblioteca Aire nuestro, de Manuel Vilas. Dicen que está muy bien. Sólo he escuchado elogios. Empiezo a leerlo con curiosidad. El prólogo está bien, es un batiburrillo de ideas que despierta el interés. Sigo avanzando y empieza a caer el interés, el ánimo... Se va desinflando el globo. Avanzo y cada página que paso aumenta mi incredulidad, mi desconcierto. ¿Esto es eso tan bueno? ¿Se supone que aquí hay ingenio, agudeza, inteligencia? ¿De verdad? ¿Tiene gracia? ¿Y cuándo hay que reírse? Que me den la señal, que no me entero. No pillo este sentido del humor. ¿Será que es un humor para frikis muy frikis? No sé, yo puedo jurar que a veces me río viendo Muchachada Nui...
La polla de Johnny Cash, jijiji. Manuela Vilas y el trasvestismo poshispánico, jijiji, qué ingenioso. José Luis Valente, jijiji, es que me parto…
Ni puta gracia, lo siento.
Lo único que me gusta es la falta de pretensiones. He llegado a la página 66. No sé si más adelante cambiaré de opinión, pero por ahora yo me inclinaría a decir que este libro es una gilipollez. O, más propiamente, un cúmulo posmoderno (sic) de gilipolleces. Se le podría aplicar lo mismo que dice Vilas cuando habla de Como Dios, la peli de Morgan Freeman: “una comedia asquerosamente aburrida” (p. 64). Por ahora, por lo que he visto, es puro marketing nocillesco. Otro ejemplo de marketing: aquí.
Saturday, January 30, 2010
Friday, January 29, 2010
J. D. Salinger (1919-2010): el otro gran silencio
La hemeroteca instantánea nos da las claves del personaje: el escritor solitario, el recluso literario, el hijo del comerciante judío de quesos kosher (todos repiten esto, como un mantra, quizás sea la clave oculta de su obra), el ex combatiente de la II Guerra Mundial que vuelve a casa deprimido y traumatizado, el iluminado zen, el creador de Holden Caufield (ídolo de los jóvenes rebeldes y de los asesinos de famosos), el autor de culto, el eremita de las letras, etc. Resulta imposible, en este caso, salirse del cliché.Él lo tenía muy claro: "Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer", “Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”, “Escribo y vivo para mí mismo”, etc. Ya lo había anunciado antes Holden Caufield, el niñato antihéroe, phony and goddam: "Me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente". Sus grandes mandamientos literarios se resumen en dos: “Sólo te inmiscuirás en asuntos de arte si piensas dedicarte monásticamente” y “Usarás siempre la palabra más sencilla”.
Desde junio de 1965, cuando publicó "Hapworth 16, 1924" en la revista The New Yorker, no hemos podido leer nada nuevo de Salinger. Casi cuarenta y cinco años de silencio. Pero lo hemos llevado con nosotros, inevitablemente, desde la adolescencia; desde esa biblia de la edad del pavo que es El guardián entre el centeno, tan identificados con ese orgullo, esa apatía, ese desprecio... Y después pasan los años y viaja uno a Nueva York y llega a Central Park y lo primero de lo que se acuerda es de la duda de Holden, casi tan filosófica como la de Hamlet: ¿dónde se meten los patos en invierno, cuando se hiela la superficie del estanque?
Mientras, la amante, la hija, la biografía prohibida. Hablaron todos desde sus perspectivas, como a la muerte de Charles Foster Kane, pero en este caso el homenajeado seguía vivo. Recluido, pero vivo. Todos coincidían en dibujar una figura bastante siniestra: pederasta, maltratador, machista, egoísta recalcitrante, iluminado religioso (tocó casi todos los palos: judaísmo, cristianismo, budismo zen, hinduismo vedanta, cienciología), etc. Es lo de menos, para nosotros. Quizás sin esa obsesión por su arte, sin ese perfeccionismo ascético, sin ese egoísmo supino, no hubiera escrito lo que ha escrito. “Se vuelve distante cuando se trata de tu dolor, pero su dolor se lo toma más en serio que un cáncer” decía la hija; la descripción exacta, quizás, del escritor recluido en sí mismo. Y si con el tiempo se convirtió un fanático de la homeopatía y de la acupuntura y creía en las fuerzas bioenergéticas y psicoanalíticas y se metía a dormir la siesta en una caja de orgón o se bebía su propio pis como si fuese Tang... todo eso ya es cosa suya. Nos la pela.Soñamos con unas obras completas inéditas y póstumas. Muy gordas.
Esta vez podemos decirlo sin miedo: ha muerto Uno De Los Grandes. Esperemos que en esta ocasión la muerte acabe, además, con el silencio. [Si normalmente nos quejamos de que la muerte nos roba la futura obra de aquellos autores que admiramos, en este caso es al revés.]
Murió este asceta en New Hampshire el 27 de enero de 2010, mientras yo veía El gran silencio.
By LACEY FOSBURGH
San Francisco, Nov. 2--Goaded by publication of unauthorized editions of his early, previously uncollected works, the reclusive author J. D. Salinger broke a public silence of more than 20 years last week, issuing a denunciation and revealing he is hard at work on writings that may never be published in his lifetime.
Speaking by telephone from Cornish, N. H., where he makes him home, the 55-year-old author whose most recent published work, "Raise High the Roof Beam, Carpenters" and "Seymour, an Introduction," appeared in 1962, said:
"There is a marvelous peace in not publishing. It's peaceful. Still. Publishing is a terrible invasion of my privacy. I like to write. I love to write. But I write just for myself and my own pleasure."
For nearly half an hour after saying he intended to talk "only for a minute," the author, who achieved literary fame and cultish devotion enhanced by his inaccessibility following publication of "The Catcher in the Rye" in 1951, spoke of his work, his obsession with privacy and his uncertain thoughts about publication.
The interview with Mr. Salinger, who was at times warm and charming, at times wary and skittish, is believed to be his first since 1953, when he granted one to a 16-year-old representative of the high school newspaper in Cornish.
What prompted Mr. Salinger to speak now on what he said was a cold, rainy, windswept night in Cornish was what he regards as the latest and most severe of all invasions of his private world: the publication of "The Complete Uncollected Short Stories of J. D. Salinger, Vols. 1 and 2."
During the last two months, about 25,000 copies of these books, priced at $3 to $5 for each volume, have been sold--first here in San Francisco, then in New York, Chicago and elsewhere, according to Mr. Salinger, his lawyers and book dealers around the country.
"Some stories, my property, have been stolen," Mr. Salinger said. "Someone's appropriated them. It's an illicit act. It's unfair. Suppose you had a coat you liked and somebody went into your closet and stole it.
That's how I feel."
Mr. Salinger wrote the stories, including two about Holden Caulfield, the pained, sensitive hero of "The Catcher in the Rye," between 1940 and 1948 for magazines like The Saturday Evening Post, Colliers and Esquire.
Prefiguring his later writing, they concern themselves with lonely young soldiers and boys who eat egg yolks, girls with "lovely, awkward" smiles and children who never get letters.
'Selling Like Hotcakes'
"They're selling like hotcakes," said one San Francisco book dealer. "Everybody wants one."
While "The Catcher in the Rye" still sells at the rate of 250,000 copies a year, the contents of the unauthorized paperback books have been available heretofore only in the magazine files of large libraries.
"I wrote them a long time ago," Mr. Salinger said of the stories, "and I never had any intention of publishing them. I wanted them to die a perfectly natural death.
"I'm not trying to hide the gaucheries of my youth. I just don't think they're worthy of publishing."
Since last April, copies of "The Complete Uncollected Short Stories of J. D. Salinger, Vols. 1 and 2" have reportedly been peddled in person to bookstores at $1.50 each by men who always call themselves John Greenberg and say they come from Berkeley, Calif. Their descriptions have varied from city to city.
One such peddler told Andreas Brown, manager of the Gotham Book Mart in New York City, that he and his associates did not expect to get in trouble for their unauthorized enterprise because, as Mr. Brown related, "they could always negotiate with Salinger's lawyers and promise not to do it any more."
Mr. Brown, who described the young man as "a hippie, intellectual type, a typical Berkeley student," said, "I asked him why they were doing it, and he said he was a fan of Salinger's and thought these stories should be available to the public.
"I asked him what he thought Salinger would feel, and he said, 'We thought if we made the books attractive enough he wouldn't mind.'"
Gotham refused to sell the books and alerted Mr. Salinger to the unauthorized publications.
"It's irritating," said Mr. Salinger, who said he still owns the copyright on the stories. "It's really very irritating. I'm very upset about it."
According to Neil L. Shapiro, one of the author's lawyers here, the publication or sale of the stories without Mr. Salinger's authorization violates Federal copyright laws.
A civil suit in Mr. Salinger's name was filed last month in the Federal District Court here against "John Greenberg" and 17 major local bookstores, including Brentano's, alleging violation of the copyright laws.
The author is seeking a minimum of $250,000 in punitive damages and injunctive relief.
The stories have since been enjoined from all further sales of the unauthorized books, and, according to Mr. Shapiro, they still face possible damage payments ranging from $4,500 to $90,000 for each book sold. Additional legal action, he said, was being planned against bookstores elsewhere.
The mysterious publisher and his associates remain at large.
It's amazing some sort of law and order agency can't do something about this," Mr. Salinger said. "Why, if a dirty old mattress is stolen from your attic, they'll find it. But they're not even looking for this man."
Discusses Opposition
Discussing his opposition to republication of his early works, Mr. Salinger said they were the fruit of a time when he was first beginning to commit himself to being a writer. He spoke of writing feverishly, of being "intent on placing [his works] in magazines."
Suddenly he interrupted himself.
"This doesn't have anything to do with this man Greenberg," he said. "I'm still trying to protect what privacy I have left."
Over the years many newspapers and national magazines have sent their representatives to his farmhouse in Cornish, but the author would turn and walk away if approached on the street and was reported to abandon friends if they discussed him with reporters. There have been articles reporting on his mailbox, his shopping and his reclusive life, but not interviews.
But last week, he responded to a request for an interview transmitted to him earlier in the day, by Dorothy Olding, his New York literary agent.
Did he expect to publish another work soon?
There was a pause.
"I really don't know how soon," he said. There was another pause, and then Mr. Salinger began to talk rapidly about how much he was writing, long hours, every day, and he said he was under contract to no one for another book.
"I don't necessarily intend to publish posthumously," he said, "but I do like to write for myself.
"I pay for this kind of attitude. I'm known as a strange, aloof kind of man. But all I'm doing is trying to protect myself and my work." "I just want all this to stop. It's intrusive. I've survived a lot of things," he said in what was to be the end of the conversation, "and I'll probably survive this."
Thursday, January 28, 2010
El gran silencio
Pero verlo así, en DVD, es una gran mentira, porque nunca hay silencio. Hay un ruido de fondo, eterno, leve pero ensordecedor, que es el de la televisión o el DVD o la nevera o todos los aparatos enchufados a la vez con el volumen alto sin que suene nada. Esa especie de sutil moscardón constante que, si te fijas mucho, acaba desesperándote. Y si quitas el volumen del silencio, es más mentira todavía. Hay que oír el silencio. Además, aquí, en casa, siempre se oye algún ruido. Las tuberías, los vecinos, la calle. Tu propio cuerpo pudriéndose por dentro. Siempre hay algo que nos mata el silencio, porque el silencio no existe. No existe.
En el pasillo se mueven las cortinas. Entra el sol. Las nubes, el monte, el cielo, la nieve, los árboles, los pájaros, las campanas, alguna flor, el movimiento de las plantas. Un avión que pasa tan alto que ni se le oye.Siempre hay pájaros piando en la Grande Chartreuse. No hay silencio.
Muy mal debo de estar porque, por momentos, me da envidia de estos cartujos, de su vida, de su silencio. Ese aburrimiento sostenido, magnífico. Ese reverso de Dios que es el aburrimiento. Quiero irme allí. Mejor, acabar allí. Primero beber, comer, viajar, escribir, reír, follar, bailar, conocer gente y ver mucho mundo. Después, meterse a cartujo. (Estilo san Agustín, tan agustín.) Te rasuras la cabeza y, hala, a descansar de tanto lío. Lejos del IVA y de Cristiano Ronaldo. Que te dejen tranquilo.
El hombre mastica. Mastica y mastica. El hombre se pasa la vida masticando, masticándose. En el silencio se oye más la masticación, allegro desagradable.
Cuando salen al paseo semanal, por el bosque, charlan, ríen y se ponen alegres. Quizás entonces es cuando dan un poco de pena. Hombres espirituales. Hombres cercenados. Hombres sin pene.
Salen al prado unas vacas místicas con cencerro. Misterio en Super8.
Gotas en el agua. Dibujan ondas concéntricas, como un cuadro abstracto verdadero. Se acerca la tormenta. La niebla invade poco a poco el monasterio.
Manchas blancas caminando, de dos en dos, por la nieve. Se divierten como niños lanzándose por las laderas de los Alpes franceses. Eso está bien, que se diviertan un poco.
Quitar la nieve de la huerta, cantar gregoriano, trocear el apio, rasurar las cabezas, pasar la mopa al suelo, leer en el refectorio… Trajines de monasterio. Y un etcétera tan largo como hondo es su silencio.
No hay mayor placer que ver agitarse, desde arriba, las copas de los árboles.
Friday, January 22, 2010
Concisión
(Josep Pla, El cuaderno gris, 7 de noviembre de 1918)
Wednesday, January 20, 2010
En Macerta
Wednesday, January 13, 2010
Wednesday, January 06, 2010
12.000 millones de años
More than 12 billion years of cosmic history are shown in this unprecedented, panoramic, full-color view of thousands of galaxies in various stages of assembly. This image, taken by NASA's Hubble Space Telescope, was made from mosaics taken in September and October 2009 with the newly installed Wide Field Camera 3 (WFC3) and in 2004 with the Advanced Camera for Surveys (ACS). The view covers a portion of the southern field of a large galaxy census called the Great Observatories Origins Deep Survey (GOODS), a deep-sky study by several observatories to trace the evolution of galaxies. Thursday, December 31, 2009
Nochevieja o el eterno retorno de lo mismo
Fantasmas de un pasado idéntico (no menos idéntico que el futuro), aprendices de cadáveres simulando una borrachera de alegría, celebrando -supongo- que aún estamos aquí, que no nos hemos ido, que no han dicho nuestro nombre en la sala de espera. 
Thursday, December 24, 2009
Saturday, December 19, 2009
Friday, December 18, 2009
Jugando a ser Proust en Navidad, etcétera
Basta con morder una esquina del polvorón (de los artesanales, esos que vienen envueltos en papel blanco y girados sobre sí mismos) para revivir en unos instantes prácticamente toda la infancia, las eternas y maravillosas Navidades de la infancia, los infinitos detalles que la desmenuzan en la memoria. Cada trocito de almendra masticado evoca un lugar, una sensación, un momento especial... Las voces de fondo de los invitados, el salón con el belén, un paquete de regalo, la entrada con el misterio y el árbol, los desayunos blancos bajo las mantas, las sobremesas prolongadas, la terraza helada, el paseo en la tarde, bien abrigados y con el brillo de las luces a los lados, el gentío comprando, la mesa preparada, picar en el huevo hilado, el empacho de dulces, el regreso ilusionado de la cabalgata de Reyes, y un etcétera tan largo como los siete tomos de En busca del tiempo perdido. Sólo falta el talento para escribirlos. *****

