Hace un tiempo Mabalot recomendó en su blog el blog de Hikikomori. Le eché un vistazo y no me dijo mucho, la verdad; sólo era publicidad de sus libros, o eso me pareció. También recomendó sus novelas (las de Alberto Olmos), pero todavía no he leído ninguna, porque se me acumulan las lecturas pendientes y cuando he ido a la biblioteca no he visto ningún libro suyo. Pero el otro día volví al blog de Hikikomori y empecé a leer la serie de los ceros, los unos y los doses. Me quedé impresionado. Fui leyendo hacia atrás, post tras post, y disfruté muchísimo. Tiene tanta fuerza el tío que hasta cuando se pasa un poco de verborreico-paranoico da gusto leerlo. Engancha. El caso es que cuesta dejar de leer su voz, supongo que tanto como a él dejar de escribir la suya propia. Pura adicción.
La cosa es así, en principio: se supone que Olmos está escribiendo una novela y en el blog se ha propuesto ir contando día a día cómo lo lleva. Y lo que le sale, esta serie de los unos, los ceros y los doses, es realmente buena, una pasada, quizás mucho mejor que la novela que está escribiendo. Lo estrictamente metaliterario no me parece lo más interesante (si ha escrito 5 o 20 páginas ese día me la suda bastante, igual que si está escuchando tal o cual canción), aunque algunas reflexiones sobre la escritura o los personajes o las novelas son muy buenas: "Escribir mal es escribir bien si el mal que escribes, si ese escribir malamente, expresa algo. A veces rompes una ventana y la ventana es más bonita", "Me fascina, sí, que uno pueda escribir siempre. Que se pueda escribir. Se puede escribir siempre, escribir por escribir. No sé", "el blog de Dios donde nuestros únicos comentarios tienen forma de lápida", etc.
Lo realmente interesante, creo yo, es asistir al propio proceso mental, las vueltas que da la cabeza, el vaivén del pensamiento, ver cómo se va desplegando ese mundo mental en la escritura. Supongo que me gusta leer sobre la realidad, y eso incluye también la realidad que está encerrada en la cabeza, que es otra realidad, u otra parte de la realidad: la realidad mental, digamos. Como texto puro, directo. Seguramente si estos flujos de pensamiento estuviesen insertados en una novela, camuflados entre descripciones, tramas y personajes, me aburrirían, me molestarían. Pero leerlo así, todo seguido, como un continuo, es una gozada. No es un pensamiento lógico, formal, abstracto, sino un pensamiento literario, con sus rítmicos zigzagueos a lo Thomas Bernhard. El impulso constante de ese pensamiento es la misma escritura. O sea, que escritura y pensamiento se funden. O algo así.
El planteamiento me parece perfecto: “Escribir todos los días, lo que sea, escribir por escribir, escribir para escribir, del mismo modo que vivo para vivir y vivo por vivir, sin mayor afán”. Lo difícil, por supuesto, es hacerlo tan bien.
La cosa es así, en principio: se supone que Olmos está escribiendo una novela y en el blog se ha propuesto ir contando día a día cómo lo lleva. Y lo que le sale, esta serie de los unos, los ceros y los doses, es realmente buena, una pasada, quizás mucho mejor que la novela que está escribiendo. Lo estrictamente metaliterario no me parece lo más interesante (si ha escrito 5 o 20 páginas ese día me la suda bastante, igual que si está escuchando tal o cual canción), aunque algunas reflexiones sobre la escritura o los personajes o las novelas son muy buenas: "Escribir mal es escribir bien si el mal que escribes, si ese escribir malamente, expresa algo. A veces rompes una ventana y la ventana es más bonita", "Me fascina, sí, que uno pueda escribir siempre. Que se pueda escribir. Se puede escribir siempre, escribir por escribir. No sé", "el blog de Dios donde nuestros únicos comentarios tienen forma de lápida", etc.
Lo realmente interesante, creo yo, es asistir al propio proceso mental, las vueltas que da la cabeza, el vaivén del pensamiento, ver cómo se va desplegando ese mundo mental en la escritura. Supongo que me gusta leer sobre la realidad, y eso incluye también la realidad que está encerrada en la cabeza, que es otra realidad, u otra parte de la realidad: la realidad mental, digamos. Como texto puro, directo. Seguramente si estos flujos de pensamiento estuviesen insertados en una novela, camuflados entre descripciones, tramas y personajes, me aburrirían, me molestarían. Pero leerlo así, todo seguido, como un continuo, es una gozada. No es un pensamiento lógico, formal, abstracto, sino un pensamiento literario, con sus rítmicos zigzagueos a lo Thomas Bernhard. El impulso constante de ese pensamiento es la misma escritura. O sea, que escritura y pensamiento se funden. O algo así.
El planteamiento me parece perfecto: “Escribir todos los días, lo que sea, escribir por escribir, escribir para escribir, del mismo modo que vivo para vivir y vivo por vivir, sin mayor afán”. Lo difícil, por supuesto, es hacerlo tan bien.
Creo que de esa supuesta falta de pretensiones (tan barojiana) es de donde puede surgir, precisamente, la mejor literatura. Ya digo, os lo recomiendo: de lo mejor que hay ahora en blog. Yo creo que se debería publicar en libro.