Saturday, April 21, 2012

Londres por Claude Friese-Greene

Entre 1924 y 1926 Claude Friese-Greene recorrió Gran Bretaña y filmó un documental titulado The Open Road. Utilizó el sistema de filmación Biocolour, creado por su padre William.
Me encantan las secuencias londinenses, sobre todo por el color de las imagenes.

Tuesday, April 17, 2012

En camino

Para mí es un momento muy importante. Estoy deseando que me llegue el libro al buzón. Ya queda poco, muy poco. Cuestión de horas. Marcos Abal, nuestro Mabalot, publica su primer libro. Llevo años diciendo aquí que es el mejor escritor de su generación y ahora espero que lo pueda comprobar todo el mundo.
El libro va de fútbol, así que no tenéis excusa. Bueno, más que de fútbol va de la vida. De la infancia. El fútbol es sólo la excusa. Lo leí hace meses en formato Word y es una maravilla, pero no hablaré hasta que lo lea como libro.
Se llama, con título muy thomasbernhardiano, Una insolencia. Esta la portada:

Monday, April 16, 2012

La flauta, el carro o la ronquera

Empieza la música aunque no diga nada la letra. Empiézala. No importa. Hay que coger la flauta y hacerla sonar, hay que coger el teclado y declinar las palabras, una tras otra, como si fuese un tren descarrilado (descarriado, férreo, ferroviario, pero con su música), o echar el carro por el pedregal, como decía Azorín. Azorín, ¿acaso tiene música Azorín, aparte de la de su pseudónimo? La música es más bien de Valle-Inclán. Esa música encantada de sí misma que se enrosca en volutas de humo de veguero mentolado y que embelesa las almas llevándolas al borde del precipicio o del Edén. Qué gran músico (hameliniano), don Valle, san Ramón, marqués del Inclán. Y Baroja, el otro de la Gran Terna, la terna que va quedando después de tanta hojarasca mojada (mojada como la pólvora de su letra, sin música o con ella), Baroja, digo, ¿qué música tiene, aparte de la ronquera de su voz (siempre ruda, austera, a veces exacerbada, colérica)? La flauta, el carro o la ronquera. O una mezcla de las tres: el 98.

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"El estilo era un punzoncito con el que se escribía en las tablas recubiertas de cera. Y yo, claro está que no tengo ese punzón. El estilo es una entelequia; se habla de estilo cuando no se tiene estilo y entre quienes no saben lo que es escribir. Si quieres que te dé una definición de estilo te diré lo siguiente: Tener estilo es no tener estilo. Cuando se lee a alguien que de veras tiene estilo y se cierra el libro, no se sabe cómo ha escrito el autor de la prosa que acabamos de leer. No sabemos tampoco del olor y del sabor del agua cristalina que hemos bebido en una fontana. Si lo supiéramos, ya esa agua no sería límpida. Algo habría en ella ajeno a su transparencia y a su insipidez". (Azorín, Memorias inmemoriales)

Y sin embargo... suele haber en Azorín una determinada selección de palabras que flotan en el vaso de su prosa como manchitas o motas que rompen la magia de la insipidez, de la transparencia.

Monday, April 09, 2012

Sir Arthur Conan Doyle en espíritu

El 13 de julio de 1930 miles de personas abarrotaron el Royal Albert Hall de Londres para ver y escuchar en directo a sir Arthur Conan Doyle, el creador de uno de los personajes más populares de la historia de la literatura: el sagaz detective Sherlock Holmes. El evento no tendría nada de especial si no fuera porque el eminente escritor había fallecido cinco días antes de un ataque al corazón en su casa de Crowborough, al sur de Inglaterra, a la edad de 71 años.

Sir Arthur Conan Doyle en espíritu, en Jot Down

Friday, April 06, 2012

Bordar almohadones

Decía Bernardo Soares en el Libro del desasosiego que uno escribe su obra para distraerse, sin más, como la joven que borda almohadones en las tardes de tedio.

Wednesday, April 04, 2012

La gente con paraguas

Por fin, la lluvia. Da gusto abrir la ventana y encontrarse con la niebla, el aire fresco, la humedad, las gotas descolgándose de las ramas. Es la naturaleza, que aquí nos cae de arriba. El hogar, así, se hace más hogar, más apetecible, y todos nos volvemos más introspectivos. En el peor de los casos, diosnoloquiera, acabaremos conociéndonos.
Pasa la gente con paraguas, como clicks de playmobil. Los colores de los abrigos. Las corrientes de agua en las aceras. La lluvia, por fin.

Friday, March 30, 2012

Sunday, March 18, 2012

Los Panero, un fin de raza literario (I)

Variante letraherida y astorgana de Los Monster, los Panero sirvieron de emblema propicio de la Transición española. Aquellos niños bien que aireaban los trapos sucios de la familia y se burlaban de su padre muerto simbolizaban a la perfección el asesinato freudiano de la dictadura, la caída estrepitosa de una época, el ajuste de cuentas con el pasado reciente de cuarenta largos y oscuros años de franquismo. Una nueva generación, algo pasada de drogas y literatura, escupía a la cara de sus padres sin el menor recato. La alegoría era demasiado fácil para ser puesta en cuestión, aunque, como todo simbolismo, se amparase en la mitología.

Los Panero, un fin de raza literario (I), en Jot Down

Saturday, March 03, 2012

El 22-23 de Leinster Gardens

En el barrio de Bayswater, en Londres, hay dos casas falsas que es imposible detectar desde la calle. Son falsas porque son sólo fachada, están huecas, no tienen interior. Las fachadas son de metro y medio de ancho y están adornadas con dieciocho ventanas ciegas. Lo único que haría sospechar al Sherlock Holmes de turno sería la inexistencia del característico buzón en las puertas. Por lo demás dan el pego perfectamente.
Cuando en 1868 se contruyó la línea de metro entre Paddington y Bayswater, ésta pasaba justo por debajo de los números 22 y 23 de Leinster Gardens y se necesitaba un espacio libre para desahogar de humo los túneles, pues las locomotoras todavía eran a vapor. Hubo que derruir dos casas y en el hueco decidieron levantar las fachadas.
En los años treinta un timador ganó bastante dinero vendiendo entradas a precio de diez guineas para un baile benéfico que tendría lugar en Leinster Gardens. Por mucho que aquella noche llamasen a la puerta elegantes señores y señoras vestidos de fiesta, nadie salió a abrirles.

La fachada por delante y por detrás. Ya se sabe que en la época victoriana todo eran apariencias.

Tuesday, February 07, 2012

Monday, January 30, 2012

El número 15 de Usher Island

Antes de ir, Dublín es Joyce como Praga es Kafka. Ciudades literarias o absorbidas por la literatura, ciudades que no existen quizá más que en los sueños neblinosos de un libro recordado vagamente. Joyce se ha adueñado de un escenario de literatura excesiva, excedente, rebosante: Beckett resulta más bien francés; Yeats, Shaw y Wilde, ingleses; Jonathan Swift, satírico universal, y de Bram Stoker sólo quedan los colmillos sangrientos de su famoso personaje. Los dos escritores autóctonos más puramente dublineses, Sean O’Casey y James Clarence Mangan, no tienen en cambio la misma proyección internacional. Por último está el caso singular de Flann O’Brian, que nació en Strabane, condado de Tyrone, pero murió en la capital irlandesa después de beberse media nación a tragos largos, casi sin respirar.

El número 15 de Usher Island, en Jot Down

Saturday, January 28, 2012

The Last Good Day of the Year

Gran canción de Cousteau. Vídeo según gustos: chica con morritos presumiendo de piernas y melena.

Sunday, January 15, 2012

Los pequeños placeres

La frase es demasiado fácil, de típico periodista vago y tontorrón, pero está tan puesta a huevo que resulta dificil resistirse. La diré: es un gran placer leer Los pequeños placeres. Se trata del segundo libro de relatos de Miguel Sanfeliu, el que fuera "escritor casi inédito" y que ya no lo va a ser nunca más (seguirá publicando sin parar).
Sigue este libro la misma línea del primero: un estilo claro, exacto y conciso; unas historias que enganchan, que te obligan a pasar la página con curiosidad; un ambiente realista, cotidiano, de personajes comunes, pero siempre con algo -un rasgo, un detalle, un suceso- que lo trastoca todo y sirve de catalizador del suspense. En general, al leer a Sanfeliu, siempre me siento (aunque quizás es cosa mía) como metido en una atmósfera kafkiana: un mundo real de tan extraño, extraño de tan real, entre la ficción alucinada y la pesadilla de la rutina. En ocasiones se respira en sus relatos tristeza o desencanto; otras veces, una violencia real que ahoga (al estilo de Caché, la peli de Michael Haneke). Se me hace raro pensar que este hombre tan amable y sosegado pueda llevar dentro un asesino en serie... en su versión literaria, claro.
Me gusta mucho la importancia que tienen los detalles en sus historias; también cómo utiliza la voz de la primera persona, en sus distintas modulaciones, para introducirnos en las características psicológicas del personaje-narrador. Y cómo maneja el suspense en el relato.
Por si alguien no se fía de mi criterio: la Esfinge se lo leyó en dos noches y le gustó mucho. Podéis leer un relato aquí y otro aquí. Y para el resto compraros el libro, que ya está bien.

Friday, January 06, 2012

Estanco

"No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Esto aparte, tengo en mí todos los sueños. [...]
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad. Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morir y no tuviera más hermandad con las cosas que una despedida, convertidos esta casa y este lado de la calle en hilera de vagones de un tren, silbada su salida desde dentro de mi cabeza, y sacudidos mis nervios y chirriantes los huesos en la marcha. Hoy estoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó. Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por fuera, y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo. Como no tenía propósito alguno, todo tal vez fuese nada. Del aprendizaje que me dieron me descolgué por la ventana de las traseras de la casa. Fui hasta el campo con grandes propósitos. Mas allí sólo encontré hierbas y árboles, y gente, cuando la había, igual a la otra. Dejo la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¡Qué sé yo lo que seré, yo que no sé lo que soy! ¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa! y tantos hay que piensan ser la misma cosa que no podrán serIo tantos. ¿Genio? En este momento cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo, y la historia no marcará, ¿quién sabe?, ni a uno sólo, ni quedará más que estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí. ¡En todos los manicomios hay locos descabalados por tantas certezas! Yo, que de nada estoy cierto, ¿soy más cabal o soy menos cabal?
No, ni en mí... ¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo no habrá a estas horas genios-para-sí-mismos soñando? ¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas -sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas- y quién sabe si realizables, nunca verán la luz del sol real ni hallarán los oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo y no del que sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón. He soñado más que cuanto Napoleón hizo, he estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo, he hecho en secreto filosofías no escritas aún por ningún Kant. Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla, aunque no viva en ella; seré siempre el que no nació para eso; seré siempre tan sólo el que tenía cualidades; seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta junto a una pared sin puerta y cantó la cantinela del Infinito en un gallinero y oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada. Derrámeme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello, y lo demás, que venga si es que viene o ha de venir, o que no venga. Esclavos por el corazón de las estrellas, conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama; pero despertamos y es opaco, nos levantamos y es ajeno, salimos de casa y es la tierra entera más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido. [...]".
(Álvaro de Campos / Fernando Pessoa)

Saturday, December 31, 2011

Moves like Jagger

Para terminar el año, no sé por qué, me apetece poner esto:

Wednesday, December 21, 2011

Raymond Roussel en el Reina Sofía

Domingo, diez de la mañana. Hace un frío polar, las hojarascas del otoño se amontonan en las aceras mojadas, apenas pasan coches por la glorieta de Atocha. Los policías municipales, aburridos y soñolientos, se vigilan a sí mismos. Unos metros por delante de donde yo paso, un viejo lanza un escupitajo verde al suelo desde la puerta de un bar. Dos chicos recién salidos del afterhours traen los ojos como platos, lo miran todo con asombro pero no pueden pronunciar palabra —se les despeña en el abismo que se extiende entre neurona y neurona—. Un hombre emboscado en su abrigo lleva en la mano un cucurucho de periódico con churros grasientos y humeantes. Junto al quiosco de La Once hay un travesti con minifalda vaquera, medias altas fosforitas y zapatillas Nike rosas del número 48. En la entrada del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía una pequeña fila de turistas aguarda el momento de la apertura. La exposición estrella del momento es Locus Solus, aclamada unánimemente por la crítica como un acontecimiento cultural de primer orden.

Raymond Roussel en el Reina Sofía, en Jot Down

Monday, December 19, 2011

Histeria colectiva

Veo en las noticias las imágenes de Corea del Norte, con las muchedumbres llorando la muerte del dictador Kim Jong-il, golpeando el suelo de dolor, clamando al cielo a cuatro patas, y siento una rotunda "vergüenza trascendental".

Saturday, December 17, 2011

La estación fantasma

Pasado el paripé berlanguiano con las fuerzas vivas del lugar, me vi abandonado, solo, en mitad de un paraje desierto. Las taquillas vacías (con la persiana bajada, sin taquilleros/as, los recortes de la crisis), los pasillos silenciosos, un espacio de fantasmas, sólo máquinas y carteles que no indicaban nada. Arrojado a tu propia suerte, a tu intuición norte-sur. ¿Cuál será el andén correcto?




Ni un alma en cientos de metros a la redonda. Como Cary Grant en Con la muerte en los talones, más o menos (más menos que más).

Thursday, December 08, 2011

May June July I count the time

“Far away you've gone, and left me here • So cold without you, so lonely dear • May June July I count the time • Every minute I go takes the smell of your clothes • Further away •• 'Cause you've gone away • Where there isn't a telephone wire • Still I wait by the phone • You don't even write to say goodbye • Goodbye •• I have saved every piece of paper • Like grocery lists and note cards • To do lists and race scores • So just in case you change your mind • And come back, I've kept everything safe •• While you're gone away • Where there isn't a telephone wire • Still I wait by the phone • You don't even write to say goodbye • Goodbye..."




"...Get me out get me off • Get me out get me off • Oh this is a ride going nowhere • But somewhere that I despise • Going nowhere to end up with a tearful • I don't wanna go on with these pieces of paper • That you left behind •• This is a ride going nowhere • But somewhere that I despise • Going nowhere to end up with a tearful • I don't wanna go on with these pieces of paper • To keep me company in my old age •• While you're gone away • Where there isn't a telephone wire • Still I wait by the phone • Why don't you write to say goodbye • Goodbye...”

(Gone Away, My Brightest Diamond)

Tuesday, December 06, 2011

El París de Jean-Paul Clébert

Después de casi sesenta años olvidado, perdido entre los estantes polvorientos de las librerías de viejo, en 2009 se reeditó en Francia Paris insolite de Jean-Paul Clébert, en la pequeña editorial Attila. Su éxito fue tan fulgurante como el que obtuvo con la primera edición de 1952, en la mítica Denoël —con ilustres compañeros de catálogo como Aragon, Artaud o Céline—, cuando vendió más de treinta mil ejemplares y recibió los encendidos elogios de escritores de la talla de Henry Miller o Raymond Queneau. Aunque parezca increíble, en todo este tiempo a nadie se le había ocurrido recuperar la obra. Tuvieron que llegar unos jóvenes entusiastas con poco dinero y suficiente inteligencia para hacer justicia, mientras de paso daban el pelotazo, con todo merecimiento. Parece que no sólo España está llena de editores ciegos.

El París de Jean-Paul Clébert, en Jot Down.