Friday, May 15, 2009

El escritor casi inédito

Empecé a leer a Miguel Sanfeliu allá por octubre de 2006, cuando relataba sus experiencias en el Hay Festival de Segovia, y disfruté tanto con aquellas crónicas que desde entonces me convertí en fiel seguidor de su blog Cierta distancia (que acaba de cumplir su tercer aniversario). Así comenzaban aquellas crónicas: “Del mismo modo en que unos corren en pos de su equipo para verlo jugar en cualquier parte del mundo y otros persiguen con entusiasmo las actuaciones de sus cantantes favoritos, yo decidí el viernes no acudir a mi trabajo y marcharme al Hay Festival de Segovia. Cargado con una mochila con libros, una cámara de fotos (que tengo que tirar a la basura, pues la mayoría de las imágenes las sacó borrosas y, por supuesto, la culpa la tiene la máquina, no la voy a tener yo), una grabadora sin pilas y una libreta, me lancé a la carretera”. Desde aquel día, además de convertirse en nuestro corresponsal oficial en el Hay Festival (no he ido nunca ni pienso ir, pudiendo leerle a él), Miguel ha ido compartiendo puntualmente con nosotros sus relatos, sus comentarios sobre libros y películas, nos ha descubierto a distintos escritores, etc.
Siempre correcto, siempre respetuoso, Miguel habla de los libros y de los escritores con una admiración sincera. Disfruta con ellos y no le importa que se le note. Para él la literatura es un motivo de celebración, no un reptilario lleno de egos, envidias y navajazos. Es generoso y nada pijotero. Otra cosa que me gustaba de él desde el principio es que nunca se ofendía cuando los que somos más escépticos o irreverentes nos metíamos con algún autor que a él le gustaba. Porque hay mucha gente así de ridícula, que si dices que es un coñazo su escritor preferido se enfadan como si hubieses insultado a su padre. Miguel no. No es un talibán del gusto. Vive y deja vivir. Después pude comprobar que en la vida real es igual de amable y comedido que en su blog: un día quedamos en la Casa del Libro de la Gran Vía (dónde si no) y, después de curiosear un rato en la sección de saldos de la calle de la Salud (por cierto, que los muy cabrones la han cerrado), nos fuimos a tomar una cerveza y unas patatas ali-oli (me hizo gracia que él las llamara patatas al ajo-aceite) a un bar que si no era alemán lo parecía. En la televisión del fondo retransmitían un partido del Valencia. Y en su conversación era exactamente como en su blog. Sin trampa ni cartón.
Miguel Sanfeliu es un hombre que escribe desde siempre, que escribe porque lo necesita, porque le gusta, porque lleva la literatura metida en las venas, su vida es la literatura aunque tenga un trabajo normal, una casa, un coche, una familia y lleve su rutina diaria prácticamente al margen del mundillo literario, una vida oficial de no escritor, pero la procesión literaria —la otra vida, la verdadera, la que le hace sentirse más vivo— va por dentro. (A estas alturas, es ésta la única mitología literaria que estoy dispuesto a admitir, la nada mitológica mitología de quien simplemente se entrega a lo que le gusta aunque sea en sus horas libres, “para los adentros”, a escondidas, y se siente íntimamente recompensado con ello.) Ahora, por fin, y ya era hora, Miguel Sanfeliu, el escritor casi inédito, ha publicado su primer libro: Anónimos.
Pero, al revés de lo que diría Umbral, yo no he venido aquí a hablar de su libro, porque para hablar de su libro tendría que destripar los argumentos de sus 4 relatos, y eso sería una falta de respeto, amén de una putada para vosotros, que lo que deberíais hacer es compraros el libro y disfrutar leyendo los 4 relatos con la emoción del que los va descubriendo por primera vez y se va dejando llevar por ellos, por sus misteriosos meandros y alucinaciones. Digo que tendría que destripar sus argumentos porque el estilo de Sanfeliu es tan diáfano que lo único que importa son las cuatro historias narradas. Desde la primera frase se ve uno atrapado en un juego literario muy gozoso, un mundo real de tan extraño, extraño de tan real, entre la alucinación y la pesadilla, tan kafkiano como sus dibujos (que también han salido de la mano de Sanfeliu, como los de Kafka). Su estilo, ya digo, es claro y exacto, limpio y conciso, y siempre nos empuja hacia adelante, como perros ansiosos, con la mejor técnica del cine de suspense. Y es que Miguel Sanfeliu se toma muy en serio la literatura como juego.
Anónimos es un libro muy pequeño que se lee de un tirón. Se te acaba casi en un trayecto de metro o de autobús. Pero se leería también del tirón aunque tuviese 500 páginas. De hecho, ojalá tuviese 500 páginas, ojalá fuesen 100 relatos y no sólo 4. Se me ha hecho demasiado corto. Lo que estoy deseando YA MISMO es que salga un libro suyo más gordo repleto de relatos que nos dure más.
Mientras tanto, seguiremos releyendo éste.

4 comments:

José Manuel Benítez Ariza said...

Tomo nota, Conde, y enlazo el blog del aludido.
Un saludo.

Mabalot said...

Estoy esperando que me manden el libro. Me alegro mucho por Miguel, y todo el éxito que tenga es más que merecido. También hace bastante que sigo su blog y estoy de acuerdo contigo; transmite un cariño sincero por la literatura y parece una persona muy cordial y directa.

Un saludo.

conde-duque said...

Me alegro de habértelo descubierto, José Manuel.
Mabalot, ya verás cómo lo disfrutas en cuanto te llegue.
Saludos.

Luisa Cuerda said...

Muchas gracias por la recomendación, Conde. Irá en mi próximo pedido.

Un abrazo,