Tuesday, May 29, 2012

Los cambios tiempan

"Lo único que habría que averiguar es hasta qué punto es cierto que los tiempos cambian o no es más cierto que los cambios tiempan".
(Rafael Sánchez Ferlosio, El País, vía Mabalot)

Monday, May 21, 2012

Los Panero, un fin de raza literario (y II)

Empieza El desencanto con la inauguración en Astorga en 1974 de la estatua en homenaje a Leopoldo Panero. Suena la trompetería psicodélica, descacharrada, de una banda municipal, entre la marcha militar y el desafine místico de los pasos de Semana Santa. Asisten al evento las fuerzas vivas del lugar y la ciudadanía en pleno, que se agolpa tras las vallas. Entre el respetable se atisban niquis exiguos, patillas, pantalones de campana y gafas oscuras como de torturador pinochetista, que diría Savater. La moda inefable de los setenta. 


 

Sunday, May 13, 2012

El sillón K mayúscula

Discurso de entrada en la RAE de Miguel Mihura, elegido para ocupar el sillón K mayúscula:
"Soy un escritor que ha vivido mucho en la calle, en las barras de los bares y en los cafés. Pero sin tertulias. A mi aire. A pecho descubierto. Prefiero conocer al pueblo sencillo, a los hombres, a las mujeres de toda condición social y escuchar sus problemas, antes de perder el tiempo charlando con un señor que a lo mejor me suelta una palabra en latín y me habla de humanidades. Siempre he rehuído integrarme en un grupo de escritores, sea cual fuese. Se habla siempre de una literatura de compromiso y el que no se compromete a nada, el hombre libre, está considerado como sospechoso o como cobarde. En muchos años de vida literaria no he encontrado una sola camarilla que de cualquier modo fuese gratuita. No. Para entrar en ella hacía falta renunciar a su propia personalidad y a sus convicciones. Por otra parte ante un hombre o una mujer me siento cómodo. Nadie particularmente me es extraño. Pero en cuanto estos hombres y mujeres forma un grupo me entra un miedo tremendo. Detesto los grupos y las camarillas. (...)
Soy un hombre sencillo que solo conoce su oficio. El de creador, el de inventor de personajes, el de humorista. Una palabra importante hace años que ha ido degenerando hasta convertirse en vulgar y al alcance de todas las fortunas. La definición de humorista, que aún no está muy clara, ha ido perdiendo valor y prestigio. Hoy se les llama humoristas a esos cómicos de teatro y salas de fiesta que dicen chistes de actuación y hacen imitaciones. Esto es lo que antes llamábamos caricatos o excéntricos. Yo no tengo nada contra ellos. Admiro a algunos pero se han apropiado de una definición que no les corresponde. El humorismo es otra cosa y trataré de definirlo a lo largo de este discurso en el que he decidido hablar un poco de mí, de mis ideas, de mis experiencias, de mi manera de ser y de pensar. Del humorismo, del teatro, de la inspiración, de la vejez. De todo un poco y sin un orden previamente establecido. Será como un cajón de sastre en el que todo tendrá cabida."
Nunca llegó a pronunciarlo, pues falleció poco antes de la fecha en que estaba programado el evento.

Thursday, May 03, 2012

Think, it`s not illegal yet!

(Londres, 28 abril - 1 mayo 2012)

Sunday, April 22, 2012

Retrato del niño con el fútbol al fondo

Este libro es como Messi: pequeñito y genial. Zigzaguea por el tiempo Marcos Abal con su prosa pegada a la bota y va llevando al lector hacia la portería (que en este caso es el corazón de la vida: la infancia) esquivando contrincantes con una facilidad pasmosa. Llevamos tantos años disfrutando de su escritura que puede parecer una cosa fácil, sencilla, natural, como los regates y remates de Messi, pero si casi nadie consigue igualarlos por algo será. Respecto al estilo de este libro ya lo ha dicho todo Antonio Castellote aquí, y mucho mejor de lo que podría decirlo yo. Ha hecho una crónica tan buena que se me han quitado las fuerzas para intentar la mía. Qué decir ahora.
Hace tiempo que le comentaba a Marcos que tenía que escribir la novela de la infancia, y él ya lo sabía (no era descubrimiento ni novedad). Todos los textos y relatos que le he leído protagonizados por el niño boquiabierto, ese que somos todos, son una maravilla. Esa mirada entre cruda y nostálgica, emocionante, desinhibida, originaria, verdadera. Pues bien: Una insolencia es el relato largo inaugural, el prolegómeno. Le queda mucho por escribir de esa etapa que lo determina todo. Insistimos: ¡queremos la novela larga!
En estas páginas tenemos al niño de Pontevedra que va al fútbol con su padre. Lo vemos en el antiguo Pasarón, vestido de domingo raspándose las rodillas, rodeado por el humo de los puros y los gritos y las gabardinas beis de los señores calvos que se estiran a coger el balón. Hay que roelo. El niño escuchimizado (“gusano vestido con unas cortinas”) que juega al fútbol sin mucho convencimiento y que a veces se hace pisar en el área para conseguir un penalti. El hijo del madridista que se hace del Barça, quizás por llevar la contraria o porque prefiere la melancolía a la euforia (era otra época). Su “barcelonismo en la lejanía”, su barcelonismo de gallego, lo aleja del fanatismo. El Barcelona del Cruyff entrenador, el Dream Team, nos pilló en la adolescencia pero en bandos rivales, cada uno gestando sus mitologías (por cierto, que yo estaba convencido de que éramos del mismo año y resulta que me saca dos). El retrato de Romario, por ejemplo, ocupa tres páginas antológicas: “Lo suyo es un cumplir con su habilidad entre siesta y siesta. Cómo meter goles increíbles sin hacer de futbolista, o cómo meter goles y ser más rápido sin moverse. Apenas un toque, una vaselina, el portero estafado, no ha tenido ni que tirarse, nadie lo suyo, y él celebra el gol con pausa, sin muchas ganas de hacer el papelón también ahí”. Pese a los colores, yo también disfruté viendo jugar a Stoichkov, Laudrup, Romario... Creo que de algún modo ya sabía que Laudrup acabaría de blanco. Era su color.
Hay que tener en cuenta que el tema que estamos tratando es muy sensible: el fútbol. Ni siquiera la política es un asunto tan espinoso, tan visceral. Que un madridista como yo sea capaz de leerse varias veces un libro sobre el Barça de un barcelonista y que no me salgan sarpullidos a cada elogio azulgrana, es desde luego un milagro. Es el milagro de la calidad literaria, el goce supremo de una prosa. Si no, sería imposible. Aunque el libro esté alejado de cualquier forofismo exacerbado, el lector no puede evitar que le salte el tifosi descerebrado que lleva dentro. Por ejemplo, hoy estoy escribiendo esto y no puedo dejar de pensar en el 1-2 de ayer en el Camp Nou: el achacoso Napoleón blanco derrotando en su feudo a la supuesta máquina perfecta, sublime, de Messi y compañía (la mejor de la historia, dicen). Y pienso: es que son tan buenos, lo tienen tan asumido, que ya no se tienen que molestar en jugar. Antes de pasar ya lo contaron los telediarios. La realidad es que les quitas a Messi (el mejor, sí, del mundo) y se quedan en casi nada. Es el forofo que acecha dentro y que salta a la mínima. Porque todos sabemos que Guardiola —la autoseriedad personificada, el hijo adoptivo de los periodistas— es un gran hipócrita, de los mayores de la historia del fútbol. A poco que uno se descuide, salta el fanático; no se puede evitar. Perdón.
Pero olvidemos el fútbol, que a nadie le importa. Aquí está el adolescente pajillero que reza a Dios para vivir a refugio en las tetas de Patricia, su compañera de clase. Aquí está la madre que corta cebolla mientras el joven lee en la cocina y piensa en el futuro incierto. El partido del clásico visto en el bar, las gafas empañadas, los copos de nieve cayendo al salir, la visita a San Mamés. En esas breves imágenes la vida respira con toda su emoción. Alta literatura.
Querríamos que esas páginas se multiplicaran indefinidamente, que no acabaran nunca. Poder seguir leyéndolas todo el día, hasta que nos llamen a cenar.

Saturday, April 21, 2012

Londres por Claude Friese-Greene

Entre 1924 y 1926 Claude Friese-Greene recorrió Gran Bretaña y filmó un documental titulado The Open Road. Utilizó el sistema de filmación Biocolour, creado por su padre William.
Me encantan las secuencias londinenses, sobre todo por el color de las imagenes.

Tuesday, April 17, 2012

En camino

Para mí es un momento muy importante. Estoy deseando que me llegue el libro al buzón. Ya queda poco, muy poco. Cuestión de horas. Marcos Abal, nuestro Mabalot, publica su primer libro. Llevo años diciendo aquí que es el mejor escritor de su generación y ahora espero que lo pueda comprobar todo el mundo.
El libro va de fútbol, así que no tenéis excusa. Bueno, más que de fútbol va de la vida. De la infancia. El fútbol es sólo la excusa. Lo leí hace meses en formato Word y es una maravilla, pero no hablaré hasta que lo lea como libro.
Se llama, con título muy thomasbernhardiano, Una insolencia. Esta la portada:

Monday, April 16, 2012

La flauta, el carro o la ronquera

Empieza la música aunque no diga nada la letra. Empiézala. No importa. Hay que coger la flauta y hacerla sonar, hay que coger el teclado y declinar las palabras, una tras otra, como si fuese un tren descarrilado (descarriado, férreo, ferroviario, pero con su música), o echar el carro por el pedregal, como decía Azorín. Azorín, ¿acaso tiene música Azorín, aparte de la de su pseudónimo? La música es más bien de Valle-Inclán. Esa música encantada de sí misma que se enrosca en volutas de humo de veguero mentolado y que embelesa las almas llevándolas al borde del precipicio o del Edén. Qué gran músico (hameliniano), don Valle, san Ramón, marqués del Inclán. Y Baroja, el otro de la Gran Terna, la terna que va quedando después de tanta hojarasca mojada (mojada como la pólvora de su letra, sin música o con ella), Baroja, digo, ¿qué música tiene, aparte de la ronquera de su voz (siempre ruda, austera, a veces exacerbada, colérica)? La flauta, el carro o la ronquera. O una mezcla de las tres: el 98.

*****

"El estilo era un punzoncito con el que se escribía en las tablas recubiertas de cera. Y yo, claro está que no tengo ese punzón. El estilo es una entelequia; se habla de estilo cuando no se tiene estilo y entre quienes no saben lo que es escribir. Si quieres que te dé una definición de estilo te diré lo siguiente: Tener estilo es no tener estilo. Cuando se lee a alguien que de veras tiene estilo y se cierra el libro, no se sabe cómo ha escrito el autor de la prosa que acabamos de leer. No sabemos tampoco del olor y del sabor del agua cristalina que hemos bebido en una fontana. Si lo supiéramos, ya esa agua no sería límpida. Algo habría en ella ajeno a su transparencia y a su insipidez". (Azorín, Memorias inmemoriales)

Y sin embargo... suele haber en Azorín una determinada selección de palabras que flotan en el vaso de su prosa como manchitas o motas que rompen la magia de la insipidez, de la transparencia.

Monday, April 09, 2012

Sir Arthur Conan Doyle en espíritu

El 13 de julio de 1930 miles de personas abarrotaron el Royal Albert Hall de Londres para ver y escuchar en directo a sir Arthur Conan Doyle, el creador de uno de los personajes más populares de la historia de la literatura: el sagaz detective Sherlock Holmes. El evento no tendría nada de especial si no fuera porque el eminente escritor había fallecido cinco días antes de un ataque al corazón en su casa de Crowborough, al sur de Inglaterra, a la edad de 71 años.

Sir Arthur Conan Doyle en espíritu, en Jot Down

Friday, April 06, 2012

Bordar almohadones

Decía Bernardo Soares en el Libro del desasosiego que uno escribe su obra para distraerse, sin más, como la joven que borda almohadones en las tardes de tedio.

Wednesday, April 04, 2012

La gente con paraguas

Por fin, la lluvia. Da gusto abrir la ventana y encontrarse con la niebla, el aire fresco, la humedad, las gotas descolgándose de las ramas. Es la naturaleza, que aquí nos cae de arriba. El hogar, así, se hace más hogar, más apetecible, y todos nos volvemos más introspectivos. En el peor de los casos, diosnoloquiera, acabaremos conociéndonos.
Pasa la gente con paraguas, como clicks de playmobil. Los colores de los abrigos. Las corrientes de agua en las aceras. La lluvia, por fin.

Friday, March 30, 2012

Sunday, March 18, 2012

Los Panero, un fin de raza literario (I)

Variante letraherida y astorgana de Los Monster, los Panero sirvieron de emblema propicio de la Transición española. Aquellos niños bien que aireaban los trapos sucios de la familia y se burlaban de su padre muerto simbolizaban a la perfección el asesinato freudiano de la dictadura, la caída estrepitosa de una época, el ajuste de cuentas con el pasado reciente de cuarenta largos y oscuros años de franquismo. Una nueva generación, algo pasada de drogas y literatura, escupía a la cara de sus padres sin el menor recato. La alegoría era demasiado fácil para ser puesta en cuestión, aunque, como todo simbolismo, se amparase en la mitología.

Los Panero, un fin de raza literario (I), en Jot Down

Saturday, March 03, 2012

El 22-23 de Leinster Gardens

En el barrio de Bayswater, en Londres, hay dos casas falsas que es imposible detectar desde la calle. Son falsas porque son sólo fachada, están huecas, no tienen interior. Las fachadas son de metro y medio de ancho y están adornadas con dieciocho ventanas ciegas. Lo único que haría sospechar al Sherlock Holmes de turno sería la inexistencia del característico buzón en las puertas. Por lo demás dan el pego perfectamente.
Cuando en 1868 se contruyó la línea de metro entre Paddington y Bayswater, ésta pasaba justo por debajo de los números 22 y 23 de Leinster Gardens y se necesitaba un espacio libre para desahogar de humo los túneles, pues las locomotoras todavía eran a vapor. Hubo que derruir dos casas y en el hueco decidieron levantar las fachadas.
En los años treinta un timador ganó bastante dinero vendiendo entradas a precio de diez guineas para un baile benéfico que tendría lugar en Leinster Gardens. Por mucho que aquella noche llamasen a la puerta elegantes señores y señoras vestidos de fiesta, nadie salió a abrirles.

La fachada por delante y por detrás. Ya se sabe que en la época victoriana todo eran apariencias.

Tuesday, February 07, 2012

Monday, January 30, 2012

El número 15 de Usher Island

Antes de ir, Dublín es Joyce como Praga es Kafka. Ciudades literarias o absorbidas por la literatura, ciudades que no existen quizá más que en los sueños neblinosos de un libro recordado vagamente. Joyce se ha adueñado de un escenario de literatura excesiva, excedente, rebosante: Beckett resulta más bien francés; Yeats, Shaw y Wilde, ingleses; Jonathan Swift, satírico universal, y de Bram Stoker sólo quedan los colmillos sangrientos de su famoso personaje. Los dos escritores autóctonos más puramente dublineses, Sean O’Casey y James Clarence Mangan, no tienen en cambio la misma proyección internacional. Por último está el caso singular de Flann O’Brian, que nació en Strabane, condado de Tyrone, pero murió en la capital irlandesa después de beberse media nación a tragos largos, casi sin respirar.

El número 15 de Usher Island, en Jot Down

Saturday, January 28, 2012

The Last Good Day of the Year

Gran canción de Cousteau. Vídeo según gustos: chica con morritos presumiendo de piernas y melena.

Sunday, January 15, 2012

Los pequeños placeres

La frase es demasiado fácil, de típico periodista vago y tontorrón, pero está tan puesta a huevo que resulta dificil resistirse. La diré: es un gran placer leer Los pequeños placeres. Se trata del segundo libro de relatos de Miguel Sanfeliu, el que fuera "escritor casi inédito" y que ya no lo va a ser nunca más (seguirá publicando sin parar).
Sigue este libro la misma línea del primero: un estilo claro, exacto y conciso; unas historias que enganchan, que te obligan a pasar la página con curiosidad; un ambiente realista, cotidiano, de personajes comunes, pero siempre con algo -un rasgo, un detalle, un suceso- que lo trastoca todo y sirve de catalizador del suspense. En general, al leer a Sanfeliu, siempre me siento (aunque quizás es cosa mía) como metido en una atmósfera kafkiana: un mundo real de tan extraño, extraño de tan real, entre la ficción alucinada y la pesadilla de la rutina. En ocasiones se respira en sus relatos tristeza o desencanto; otras veces, una violencia real que ahoga (al estilo de Caché, la peli de Michael Haneke). Se me hace raro pensar que este hombre tan amable y sosegado pueda llevar dentro un asesino en serie... en su versión literaria, claro.
Me gusta mucho la importancia que tienen los detalles en sus historias; también cómo utiliza la voz de la primera persona, en sus distintas modulaciones, para introducirnos en las características psicológicas del personaje-narrador. Y cómo maneja el suspense en el relato.
Por si alguien no se fía de mi criterio: la Esfinge se lo leyó en dos noches y le gustó mucho. Podéis leer un relato aquí y otro aquí. Y para el resto compraros el libro, que ya está bien.

Friday, January 06, 2012

Estanco

"No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Esto aparte, tengo en mí todos los sueños. [...]
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad. Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morir y no tuviera más hermandad con las cosas que una despedida, convertidos esta casa y este lado de la calle en hilera de vagones de un tren, silbada su salida desde dentro de mi cabeza, y sacudidos mis nervios y chirriantes los huesos en la marcha. Hoy estoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó. Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por fuera, y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo. Como no tenía propósito alguno, todo tal vez fuese nada. Del aprendizaje que me dieron me descolgué por la ventana de las traseras de la casa. Fui hasta el campo con grandes propósitos. Mas allí sólo encontré hierbas y árboles, y gente, cuando la había, igual a la otra. Dejo la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¡Qué sé yo lo que seré, yo que no sé lo que soy! ¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa! y tantos hay que piensan ser la misma cosa que no podrán serIo tantos. ¿Genio? En este momento cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo, y la historia no marcará, ¿quién sabe?, ni a uno sólo, ni quedará más que estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí. ¡En todos los manicomios hay locos descabalados por tantas certezas! Yo, que de nada estoy cierto, ¿soy más cabal o soy menos cabal?
No, ni en mí... ¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo no habrá a estas horas genios-para-sí-mismos soñando? ¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas -sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas- y quién sabe si realizables, nunca verán la luz del sol real ni hallarán los oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo y no del que sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón. He soñado más que cuanto Napoleón hizo, he estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo, he hecho en secreto filosofías no escritas aún por ningún Kant. Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla, aunque no viva en ella; seré siempre el que no nació para eso; seré siempre tan sólo el que tenía cualidades; seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta junto a una pared sin puerta y cantó la cantinela del Infinito en un gallinero y oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada. Derrámeme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello, y lo demás, que venga si es que viene o ha de venir, o que no venga. Esclavos por el corazón de las estrellas, conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama; pero despertamos y es opaco, nos levantamos y es ajeno, salimos de casa y es la tierra entera más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido. [...]".
(Álvaro de Campos / Fernando Pessoa)