Monday, June 18, 2007

Walter Benjamin en Ibiza

Vivió tan sólo nueve meses en Ibiza (tres en 1932 y seis en 1933) pero tuvo tiempo para alojarse hasta en siete viviendas diferentes. Seguramente el lugar donde logró mayor felicidad fue en Sa Punta des Molí, en una casa junto al mar.

Vicente Valero, autor del excelente ensayo Experiencia y pobreza: Walter Benjamin en Ibiza, nos relata la estancia de Benjamin en esta casa ibicenca:

Se levantaba cada día a la misma hora, "a las siete", y se daba un baño en el mar, "donde, por muy lejos que mire, no hay ni una sola alma viviente sobre la orilla, como mucho, justo a la altura de mi frente, un velero en el horizonte". Tras el baño de mar, venía otro de sol, "apoyado en algún tronco suave del bosque". Lo que seguía a estas privilegiadas primeras horas de la mañana era "un largo día" dedicado a la lectura y a la escritura.
La vida cotidiana de Benjamin en Sa Punta des Molí comprendía también algunas carencias, "la luz eléctrica y la mantequilla, licores y agua corriente, flirteo y lectura de periódicos", pero parece que estos inconvenientes no lo eran tanto en el marco espectacular de un paisaje espléndido, "el más intacto que he visto jamás". Pronto fueron, además, elementos esenciales de una forma de vida, "modesta y retirada", que Benjamin acababa de descubrir en la isla.
(Vicente Valero, Viajeros contemporáneos. Ibiza, siglo XX)

Saturday, June 16, 2007

El arte de hacer novelas

"Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón." Este aforismo de Oliverio Girondo, que a muchos producirá escándalo o urticaria, preside el escudo de mi nueva preceptiva literaria. Sí, lo voy a grabar en un cartelón de madera y lo pondré a los pies de mi cama, iluminado con unas lucecitas de abeto navideño, para tenerlo presente todas las noches, delante de los ojos, hasta el mismo instante en que me traslade al sueño.

Friday, June 15, 2007

El señor Carton


Seguimos bastante dickensianos. Ronald Colman, en Historia de dos ciudades (Jack Conway, 1935), consigue dar vida a uno de los personajes más memorables -para mi gusto- de la historia del cine: un caballero fracasado, inteligente, alcohólico, tierno, honrado y romántico, que bajo su aparente cinismo esconde un corazón tremendamente generoso. Se trata del señor Carton, que trabaja como ayudante del abogado defensor. Esta escena de la novela (y de la película) en que se queda solo en la taberna, bebiendo, y se mira en el espejo, es la perfecta alegoría de la derrota, del Desengaño:
Al quedarse solo, aquel hombre raro tomó una vela, se acercó a un espejo que colgaba de la pared y se observó minuciosamente.
—¿Me es simpático ese hombre? —murmuró ante su propia imagen.— ¿Por qué ha de serme simpático un hombre que se me parece tanto? No hay en mí nada que me guste. Y no comprendo por qué has cambiado así. ¡Maldito seas! A fe que merece simpatía el hombre que me demuestra lo que yo podría haber sido y no soy. Si fuera él podría haber sido objeto de la mirada de aquellos ojos azules y compadecido por aquel lindo rostro. Pero vale más ser franco y decirlo claro. Odio a ese hombre.
Recurrió a su vaso de whisky, en busca de consuelo, se lo bebió en pocos minutos y se quedó dormido con la cabeza sobre los brazos, con el cabello tendido sobre la mesa y mientras la cera de la vela caía sobre él.
(Charles Dickens, Historia de dos ciudades)

Thursday, June 14, 2007

El frescor

Estoy contento porque ha refrescado. Esta tregua en la asfixia, paréntesis del verano, me colma de esperanzas. Me siento mucho más vivo que los otros días, esas travesías de sed, bochorno y fuego. Salgo a la terraza, miro al cielo y todo parece mejor. Incluso no me importa no tener sueño. Más luces para mis ojos, farolas, estrellas, lámparas. Bombillas de flexos que alumbran exámenes. Parpadear de sombras: las televisiones. Una caverna inmensa el universo.
Iba andando por la calle. Daba gusto respirar contra el viento. Vibraban las melenas de las chicas, las hojas de los árboles, los toldos de las tiendas, las faldas de las señoras... La lluvia, finísima, me mojaba la camisa, y ese leve traspasar de la naturaleza me hacía feliz. (Vale, un poco).
El suelo mojado. Con eso me basta.

Tuesday, June 12, 2007

La niebla de Londres según Dickens

Hay párrafos de un acabado tan perfecto, de una sonoridad tan sublime, de una plasticidad tan sugerente, de una inteligencia tan penetrante, que parecen escritas por el mismísimo Dios:
Fog everywhere. Fog up the river, where it flows among green aits and meadows; fog down the river, where it rolls deified among the tiers of shipping and the waterside pollutions of a great (and dirty) city. Fog on the Essex marshes, fog on the Kentish heights. Fog creeping into the cabooses of collier-brigs; fog lying out on the yards and hovering in the rigging of great ships; fog drooping on the gunwales of barges and small boats. Fog in the eyes and throats of ancient Greenwich pensioners, wheezing by the firesides of their wards; fog in the stem and bowl of the afternoon pipe of the wrathful skipper, down in his close cabin; fog cruelly pinching the toes and fingers of his shivering little 'prentice boy on deck. Chance people on the bridges peeping over the parapets into a nether sky of fog, with fog all round them, as if they were up in a balloon and hanging in the misty clouds.
(Charles Dickens, Bleak House)
En traducción pierde mucho, pero bueno, aquí la tenéis, en la versión para Alfaguara de Fernando Santos Fontela (que, incomprensiblemente, destroza la segunda frase y se salta un trozo, ¡qué desastre!):
"Niebla por todas partes. Niebla río arriba, por donde corre sucia entre las filas de barcos y las contaminaciones acuáticas de una ciudad enorme (y sucia). Niebla en los pantanos de Essex, niebla en los cerros de Kent. Niebla que se mete en las cabinas de los bergantines carboneros; niebla que cae sobre los astilleros y que se cierne sobre el aparejo de los grandes buques; niebla que cae sobre las bordas de las gabarras y los botes. Niebla en los ojos y las gargantas de ancianos retirados de Greenwich, que carraspean junto a las chimeneas en las salas de los hospitales; niebla en la boquilla y en la cazoleta de la pipa que se fuma por la tarde el patrón malhumorado, metido en su diminuto camarote; niebla que enfría cruelmente los dedos de los pies y de las manos del aprendiz que tirita en cubierta. Gentes que pasan por los puentes y miran por encima del parapeto el cielo bajo la niebla, todas rodeadas de niebla, como si estuvieran metidas en un globo, colgadas en medio de las nubes neblinosas".
Y aquí la versión, bastante mejor, de José Luis Crespo (por cortesía de don Antonio Castellote):
"Niebla por todas partes. Niebla río arriba, donde mana entre verdes islotes y praderas; niebla río abajo, donde ondula viciada entre las hileras de embarcaciones y por la contaminada ciudad, grande y sucia, que se extiende al borde del agua. Niebla entre los marjales de Essex, niebla en los cerros de Kent, niebla reptando por las chimeneas de los barcos carboneros; niebla densa en los muelles, flotando entre los aparejos de los grandes navíos; niebla que cae sobre las barcazas y botes. Niebla en los ojos y en las gargantas de los viejos pensionistas de Greenwich, que resuellan junto al hogar de sus guardianes; niebla en la pipa que por la tarde fuma el colérico patrón; niebla que pellizca con crueldad los dedos de los pies y las manos del tembloroso grumete que está en cubierta".

Hipótesis de Literatura Comparada: yo creo que James Joyce, en su maravilloso párrafo final de Los muertos (véase aquí), le hizo un homenaje -consciente o inconsciente- a este párrafo de Charles Dickens. Niebla o nieve, vida o muerte, el círculo se cierra.

Sunday, June 10, 2007

Silva de varia lección

Algunos blogs pasan el Rubicón. Aparte de los dos premios literarios de Luz Tenue y del flamante folletín de Castellote, acaban de publicar en Alfaguara Abierto a todas horas, una selección del blog de Félix de Azúa. Veo que al final del libro, entre los "Artistas invitados", aparece un tal Conde-Duque; es curioso, porque solía leerlo a diario pero apenas hice comentarios.
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Las bodas son tristes como los gatos de felpa.
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Tengo miedo a las gafas de natación. Parece que me van a sorber las órbitas de los ojos.

Saturday, June 09, 2007

La tala de Tita y oda a Paris Hilton

La rana Gustavo no para de ir a fiestas. Se le está empezando a poner cara de canapé.
I) El otro día fui a la fiesta de una revista de arte en el museo Thyssen. Estuvo bien. Primero hubo unos discursos que nadie escuchaba, y las azafatas daban vueltas mandando callar a los invitados: chhhsssss, pueden guardar silencio por favor, cállense coño. Cuando terminaron los discursos inaudibles nos dieron por fin de beber. Puse el oído en alguna conversación ajena y, por ejemplo, escuché a un pringao que decía: "...porque yo, cuando a los 24 años traduje a Gil de Biedma al alemán...". Suficiente para mí. Desconecté. Menudo imbécil. Me dieron ganas de darle una colleja, para que repare en que la vida iba en serio.
Yo llevaba preparada de casa una coreografía glamurosa para deleitar a Tita Cervera con su melodía favorita ("¡Nooo a la taaaala, nooo a la taaaala!"), pero la baronesa de sonrisa elástica y tirante no tuvo a bien aparecer por allí, o yo al menos no la vi. Qué lastima.
II) Anoche estuve en la fiesta del Grupo Planeta, en el paseo de Recoletos. Nada más entrar por la puerta te regalaban un paquetito. Parecía un trocito de tarta o un pastel, pero no: era un sello con la expresión "Ex Libris". Ya le encontraré alguna utilidad, digo yo. El piso de abajo estaba bastante desahogado, pero el de arriba era un agobio. Sobraban culos, codos, barrigas y melenas. Como podían, iban abriéndose paso entre la masa los sufridos camareros con sus bandejas posmodernas, que lo mismo llevaban trozos de fruta pinchados en un palo que una lechuga gigante con guacamole en el centro. Una tostada gigante sopló las velas de una tarta. Lo juro.
Del mundillo literario no vi a nadie interesante, aunque tampoco me fijé mucho, la verdad (hace unos años estaba nuestro Galdós, Mabalot dixit, pero no me atreví a decirle nada; además, se fue enseguida). Pululaba por allí el mismo periodista cursi de siempre, ese que lleva atado al cuello un lazo de vaquero (el nombre del señor me la suda, pero ¿cómo se llama ese dichoso lacito?); enseñaba su escote una actriz de las del Destape, que se ha operado tantas veces que cualquier día se le va a caer la cara a trozos, como las paredes de una fábrica en ruinas; lucía sus enormes michelines esa escritora histérica que plagia a los poetas metafísicos y que se hizo famosa con una novelucha sobre el prozac y sus dudas; había varios que repetían de la fiesta del otro día (supongo que van de escritores por la vida, y su profesión consiste en ir a fiestas). Estuvimos charlando un rato con un profesor universitario de matemáticas que en sus ratos libres se dedica a la magia. Dice que hace matemagia. Si le perdonamos la tontería del nombre, podemos decir que es un personaje curioso.
El edificio es muy bonito y las vistas desde las terrazas impresionan (a un lado el palacio de Telecomunicaciones, la Casa de América y la Cibeles; al otro, el cauce infinito de la Castellana), pero en cuanto pides una cerveza y te sacan una litrona de Mahou para servirte un vasito percibes el verdadero rostro de esta empresa: la cutrez sin medida bajo una fachada lujosa.

Definitivamente, si Paris Hilton viviese en Madrid, los saraos serían mucho más divertidos. Me pasa un poco como a Tiri, que es superfan de esta chica. Me resulta muy graciosa. He oído que ha salido de la cárcel y lleva una pulsera de esas de vigilancia, como la que no se quería poner De Juana, pero la suya es de diseño. Fashion hasta la muerte.

Friday, June 08, 2007

La prosa diáfana de Pedro Gatell

Últimamente tengo la sensación de que no leo. Hojeo.
Pues bien: esta costumbre, que puede parecer una catástrofe para cualquier lector con dos dedos de frente, a veces da buenos resultados. Anoche empecé hojeando la Historia del más famoso escudero Sancho Panza, desde la gloriosa y envidiada muerte de Don Quijote, hasta el último día y postera hora de su vida, y acabé leyéndomela casi entera. Me enganchó tanto que se me olvidó dormir, llevado por la poderosa corriente de su estilo (no quiero exagerar, pero es uno de los castellanos más diáfanos que he leído en mi vida), y el insomnio se apoderó de mis párpados, tirando de la persiana de los ojos como un gato panza arriba. Más que relamerme, que también, debo decir que anduve engolfado durante la noche en la prosa de un escritor del que no conocía ni el nombre. Siempre en marcha y hacia delante. Eso es disfrutar...
La edición que tengo en la mano, sacada de una caja del trastero (bendita casualidad), está encuadernada en piel de oveja y no tiene ni fecha ni autor, pues le faltan las primeras y las últimas páginas, pero consultando a Mr. Google y con la ayuda de doña Wikipedia he llegado a la conclusión de que se trata de la continuación del Quijote escrita por el bachiller Pedro Gatell y publicada por primera vez en Madrid en 1793. Veo que este hombre escribió otras tres obras que intentaban "prolongar" a su manera el Quijote. Sólo por sus títulos, kilométricos, como era costumbre en la época, apetece asirlas y hojearlas: La moral de Don Quijote deducida de la Historia, que de sus gloriosas hazañas escribió Cide Hamete Benengeli. Por su grande amigo el Cura (1789), Instrucciones económicas y políticas. Dadas por el famoso Sancho Panza, gobernador de la Insula Barataria... (1791) y La moral del más famoso escudero Sancho Panza, con arreglo a la historia que del mas hidalgo manchego Don Quixote de la Mancha escribió Cide Hamete Benengeli (1793).

Está bien, copio un trocito, para que no digáis que os dejo con la miel en los labios:
No desamparó Sancho la casa de su amo hasta acompañarle a la tumba. Ayudaba al ama y sobrina en todo cuanto ocurría, y lloraba sobre el frío cadáver los ratos que ofrecían los intermedios de las haciendas. [...] Desgreñado el cabello, pálido y macilento, acompañó hasta el sepulcro a quien había servido en vida: allí fue mayor el sentimiento; allí fue donde, creído que no lo vería más, redobló su pesar. Retiráronse todos los que en el entierro fueron, pero Sancho quedó en la iglesia y, arrodillado sobre la sepultura de su estimadísimo amo, lloraba y suspiraba sin cesar.
PD: Busco en el ISBN y no aparece ningún resultado. Otra idea para los editores ciegos de las Españas... Me ofrezco para lo que sea menester (edición, notas, prolegómenos, etc).

Tuesday, June 05, 2007

El Capricho

En la Alameda de Osuna, allí donde la ciudad se termina y empiezan las urbanizaciones de vida apacible y tristísima (para que agonicen en sus jaulas de oro esos seres absurdos que no pisan la calle: van del párking de la empresa al garaje de casa, parapetados en sus coches, como si les diese miedo el mundo real), está el parque de El Capricho: un lugar muy bonito y romántico, perfecto para pasear del brazo de la Esfinge y olvidarse de todo lo demás.
Como su nombre indica, esta zona de recreo la mandó construir a finales del siglo XVIII una señora fea, elegante y muy caprichosa, doña María Josefa Alonso Pimentel de la Soledad, más conocida como la duquesa de Osuna (la del famoso cuadro de Goya); por cierto, que se llevaba fatal con la otra maja favorita del Sordo: la duquesa de Alba.
Es un placer perderse en un paseo por estos jardines, contemplar el estanque desde el embarcadero chino y leer historias increíbles como la de la Ermita o la del Abejero (lo siento, pero se me han olvidado; prometo volver otro día y tomar notas para después contároslas). El parque tiene de todo; por tener, hasta tiene un búnker de la guerra civil, qué buen rollo, oye. Hasta en eso me recuerda a uno de mis parques favoritos: Villa Torlonia, en Roma. Os aconsejo ir.
Aquí tenéis unas fotos que hice:
La casita de chocolate de Hansel y Gretel.
Un jabalí se oculta bajo las escaleras del Casino de Baile.

Templete griego dedicado a Baco.


El palacio de los duques de Osuna.

Monday, June 04, 2007

Toni Nievas, cineasta

Estaba el Hombre Perdido pululando por YouTube y se ha encontrado de repente con los vídeos de Toni Nievas, pintor y cineasta mallorquín que no gana un duro con su arte. Os recomiendo que veáis los cortos caseros de este Woody Allen a la española. Seguro que os reís. Después he buscado en Google y aquí está su blog. Si él quiere, ya tenemos cineasta en la Generación del 2007.
El gran fallo del 98 es que no tuvieron su cineasta, seguramente porque todavía no había cine, o casi. Bueno, la gente asocia -por edad- a Buñuel o Neville con el 27, pero yo creo que de espíritu eran más del 98 (yo veo en sus obras muchos aires de Valle-Inclán, Solana, Baroja...).

PD: ¡Xavi, anima a tu paisano a enrolarse en este sindiós!

Sunday, June 03, 2007

La teoría del pack

Si Mabalot nos contaba el otro día su teoría del tocho, ahora os cuento yo mi teoría del pack.
Allá va: si pudiese, me gustaría publicar libros en packs, reuniendo obras de distintos autores -y, por qué no, de distintos géneros- sobre un mismo tema, o con un peculiar "aire de familia" (Wittgenstein), o entre los que yo viese pasadizos secretos que los nutren y los complementan. Libros mellizos o siameses, que se leen mejor a la vez, que en una lectura compartida adquieren un significado distinto, quizá más pleno. De hecho, a veces yo leo los libros así, de esta manera, en paquete.
Por ejemplo, últimamente estoy alternando los escritos sobre París de Baroja, Azorín y Pla. Ahí los tengo, sobre la mesa, juntitos, abiertos a boleo como para echar a volar o sellados con el marcapáginas que les separa los dientes. Donde termina una calle en uno, empieza la siguiente en el otro, y los personajes se cruzan por el parque de Luxemburgo, se saludan con la mano y vuelven siempre a su pensión de mala muerte a sobar. Mundos complementarios, más que intercambiables. Suma de perspectivas que dibujan el contorno de la mónada (Leibniz/Ortega) y hacen encajar las piezas del puzzle.
Otro ejemplo (más discutible, si cabe): los voluminosos tomos de las memorias de Baroja tendrían que publicarse, necesariamente, con una addenda refutativa: la biografía que escribió sobre él -o contra él- Eduardo Gil Bera. Yo los leo así, compaginando pasajes de uno y otro, y los disfruto mucho, la verdad.
Cuando llegue ese socio capitalista que esté dispuesto a tirar su dinero por la ventana, me pondré manos a la obra. La editorial no tendría mucho éxito, seguramente, pero mi vida sería mucho más placentera. Imaginaos qué buen trabajo: pensar qué libros encajan con cuáles, y unirlos para siempre en una colección inédita.
La mayor pega que le veo a esta teoría de los packs es que los libros nos echarían definitivamente de nuestras casas, esos zulos de 30 metros cuadrados que la ministra del ramo se empeña en llamar hogar.
PD: Una duda: Cuando se muere una monja de clausura, ¿sacan el cadáver por la puerta de atrás?
(Pensado esta mañana, a las 12:37, en la calle San Bernardo)

Thursday, May 31, 2007

Estampas del Sir John Soane Museum

Junto con el Museo Sorolla y el Museo Romántico de Madrid (que lleva mil años cerrado, "por reformas", dicen, pero no me lo creo), uno de mis lugares preferidos en el mundo entero es el Sir John Soane Museum, situado en Lincoln's Inn Fields, barrio de Bloomsbury (Londres), muy cerca del metro de Holborn. Tenéis que ir. Es un sitio increíble.

Sir John Soane (1753-1837).
La fachada de la casa-museo.The South Drawing Room.

El efecto de los espejos convexos.
PD: las fotos las he sacado de la página web del museo.

Monday, May 28, 2007

Zeppelin

La escritura de José Manuel Martín Peña tiene un componente adictivo muy fuerte. Cada frase es un impulso a la siguiente, y ésta a la siguiente, siempre cargada de vida luminosa (de luz natural, tirando a tenue) y de sugerencia lírica, y después otra, y otra, y otra. El final del relato llega siempre demasiado pronto: el mundo queda abierto, pero nosotros nos sentimos frustrados y un poco tristes, como si hubiésemos protagonizado un coitus interruptus. Tengo que decir que estas 55 páginas de Zeppelin (Pre-Textos, 2007) me han encantado y, por eso mismo, me han sabido a poco. Se me han acabado tan rápido que aunque lo vuelva a empezar sé que terminaré enseguida. Necesito más. ¡Lo que daría por estar leyendo una novela -o un libro de relatos más largos- de este hombre! Esos personajes limpios, esa poesía de las cosas y de la lucha por la vida, esa naturalidad desengañada, esa mirada inocente sobre el mundo pero con un fondo de sombras (es la mirada de un niño que lleva sobre las espaldas un dolor cansado, dolor cansado de ser dolor y que se orienta a las luces de la vida, al sol que cae a plomo sobre las cosas)...
Aunque parece moverse muy a gusto en las distancias cortas (relatos) y cortísimas (aforismos), yo creo que José Manuel Martín Peña tendría que hacer el esfuerzo de lanzarse a otras dimensiones más grandes, porque nos haría un gran favor a sus lectores. Tenemos mono de su prosa. Lo primero que uno piensa es que sería un genial escritor de libros infantiles o juveniles, pero después -siendo egoísta- uno preferiría leer de él una especie de trilogía barojiana de “La lucha por la vida” situada a finales del siglo veinte: niños jugando en las calles de los suburbios mientras sus padres se desloman en pluriempleos precarios para sacar adelante a sus familias, adolescentes fumando sus primeros cigarrillos o porros en el parque, demorándose en los afanes de un futuro que se les presenta gris, emborrachándose y enamorándose por primera vez (¡echo en falta en estos relatos a más niñas, chicas o mujeres!, ¡esas conversaciones!), chicos solitarios que leen y leen metidos en sus cuartos, inventándose mundos de fantasía, etc. Una cotidianidad lírica con una trama que siempre empuje hacia delante.
Como mínimo, nuestro Luz Tenue tiene todas las dotes literarias para escribir una obra memorable como Seda, de Alessandro Baricco, o Nieve, de Maxence Fermine, eso sí, a la española, remojada en la sentimentalidad agridulce de un sufrido seguidor del Atlético de Madrid (digo esto porque el tono general de Zeppelin me recuerda mucho a un cortometraje que vi sobre un niño que iba con su padre a la Casa de Campo y escuchaban el partido de su Atleti en la radio del coche, y perdían, y el padre tenía cáncer, y lloraban juntos).
En cualquier caso, escriba lo que escriba en el futuro José Manuel Martín Peña, tengo clarísima una cosa: me lanzaré a leerlo como quien busca un tesoro, como quien necesita saciar una adicción mortal: la de la buena literatura.

Sunday, May 27, 2007

Friday, May 25, 2007

Wednesday, May 23, 2007

De cuando Kant perdió la noción del espacio y del tiempo

El gran Immanuel Kant terminó gagá. El pensador genial que revolucionó la historia de la filosofía con sus tres Críticas, el hombre rutinario y metódico cuyos pasos -según cuenta la leyenda- servían a la gente de Könisberg para poner en hora sus relojes, el insigne profesor de cerebro analítico/sintético, siempre agudo, brillante y ordenado... acabó sus días postrado en la cama, sin habla y babeante, por culpa de lo que ahora llamamos Alzheimer:
Durante la última quincena de su vida, Kant se producía en forma que no sólo carecía de sentido, sino que resultaba contradictoria. Veinte veces en un minuto aflojaba y ataba el pañuelo que llevaba al cuello, y lo mismo hacía con el cinturón de la bata: no bien lo tenía atado, lo soltaba con impaciencia, para volverlo anudar al instante.
Por aquel tiempo, muy rara vez conocía a los que estábamos alrededor y nos tomaba a todos por extraños. Así le ocurrió primero con su hermana, después conmigo y finalmente con el criado. [...] silencioso o balbuciente como un niño, encerrado en sí mismo y torpemente abstraído o bien ocupado con los fantasmas e ilusiones de su imaginación, despabilándose por cualquier tontería, enfrascado durante horas enteras en lo que eran acaso fragmentos dispersos de grandes ensueños destinados a perecer.
(E. Wasianski y Thomas de Quincey, Vida íntima de Kant)

Tuesday, May 22, 2007

Lluvia (o la tortilla con canela)

Todas las tormentas son la misma.
Voy corriendo entre la gente, esquivando paraguas, saltando los charcos de las aceras, acometiendo al viento que me grita que estoy vivo (quiere que yo también lo grite: "¡Estoy vivo!", para que resuene en todo el vecindario, en todo el universo, y me devuelva el sonido de una carcajada hueca).
Llego a casa empapado, jadeando, me seco el pelo con la toalla, me cambio de ropa, me tumbo en la cama -a oscuras- a escuchar los truenos lejanos. Se dibujan las sombras del cuarto, la vaca de peluche me sonríe, los ojos de la Esfinge se me clavan desde la pared (lejanos y felices días de Florencia)... De repente, llega de la cocina un olor antiguo, a tortilla francesa con canela. Voy a cumplir doce años un día de éstos.
Me incorporo. Iluminada por un relámpago, veo mi cara de loco en el cristal de la ventana. No sé si aún no he nacido o si he muerto.
La lluvia torrencial nos lleva...

Monday, May 21, 2007

Amanecer, de F. W. Murnau

Un resumen de la primera parte de la obra maestra de Murnau, con subtítulos en inglés y banda sonora moderna improvisada para la ocasión. Dura 10 minutos. Espero que os guste.

Saturday, May 19, 2007

El 98: una generación de golfos

No están todos los que son ni son todos los que están en este boceto de Zuloaga.
Ahora que está a punto de surgir la Generación del 2007, reunida en torno al cadáver de Gutiérrez-Solana y con los ojos puestos en la palabra exacta que nombra las cosas mejor que las cosas mismas, es buen momento para recordar a nuestros antecesores de vocación: los golfos del 98. Así los describió Baroja:
Al verse tantos hombres en las proximidades de los treinta sin oficio, sin medios de existencia y sin porvenir, se desarrolló, principalmente en Madrid, una bohemia áspera, rebelde, perezosa, maldiciente y malhumorada.
Era lógico que así fuera; no se veía salida alguna, no había manera de resolver la existencia. La vida perezosa de noctámbulos, el pasarse horas y horas en un café maldiciendo de todo y de todos, desarrolló la golfería, y con ella, el alcoholismo, la suciedad y la falta de higiene.
El bohemio se trasladó fácilmente en su decadencia del café a la taberna y de la casa de huéspedes al hospital. La gente identificó con su instinto certero el merodeador de las afueras con el perezoso del café. Vio que entre ellos había algo en común, y a los dos los llamó golfos.
-¿Quiénes son ésos? -se preguntaba en un café, señalando un grupo de personas.
-Son escritores que se pasan la noche hablando. Unos golfos.
A la pereza, al alcoholismo, a la maledicencia y a la inutilidad para vivir malamente se unió el misticismo por el arte y esa rebeldía cósmica que venía en el aire con la tendencia anarquista. Se destacaron tipos decadentes, que duraron poco, porque fueron muriéndose alcohólicos y tuberculosos en los rincones.
(Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino I)

Mabalot y Conde-Duque, hace cien años, maquinando el futuro de la literatura. (La boina es importantísima)

Friday, May 18, 2007

Sonata de estío

En verdad os digo, amigos, que ha llegado el verano.
Ya no proliferan canalillos, como en la pasada primavera. Ahora lo que se estila son las pechugas al aire, directamente, con toda su carnosidad rebosante, en todo su esplendor, y los muslos blancos y los brazos regordetes y las gafas de sol que borran los gestos y los océanos de polen y los estornudos que les siguen y los pantaloncillos embutidos, a punto de estallar, como una prima de Chorizón. Lo que se dice charcutería fina, cuarto y mitad de carne lechosa para la señora Pepys. La piel se pela en las narices de las guiris, que llevan un pañuelo en la cabeza y vienen de beber sangría y engullir paella y gritar en los toros "olé". ¿Quién aliña la ensalada en la hora de la siesta? No hay muerte más dulce.
Muchos señores, que parecen recién salidos del Pub de Alcohólicos Anónimos, se sientan en los bancos a beber latas de Mahou de medio litro. ¿Dónde se refugian durante el invierno? ¿Cómo se entretienen? ¿Qué se fizo de don Cid?
Las terrazas son el mayor paraíso que existe a este lado de Utopía. Las noches -por ahora- son plácidas, y la vida se nos muestra como una enorme jarra (helada) de cerveza para saciar la sed, con sus pinchitos a un lado. Aprovechad antes de que nos invada la asfixia.
Todavía no han abierto las piscinas. Entonces vendrán los cercos húmedos de bañador en los culos, las zapatillas sin calcetín (ay, esos tobillos delicados), el pavor de las axilas en los buses, la refrigeración antártica en los cines y en los vagones renovados del Metro, y el infierno al salir a la calle, esa maldita bofetada de fuego que nos consume lentamente, como una cerilla.
PD: Última hora importantísima: me entero por el Telediario que a De Juana le han operado de hemorroides. Me pregunto cómo podíamos vivir sin saber esto...

Dimi Phaze

Una canción techno para empezar el fin de semana y olvidar a los jefes: All this love. O el vídeo es un poco tonto, o el tonto soy yo (que no capto las metáforas)...

Tuesday, May 15, 2007

La Sierra del Segura

Llegamos de noche. Para acceder al refugio de mi amigo, situado en un paraje recóndito de la Sierra del Segura, hay que sortear al final un camino de montaña impracticable, lleno de curvas y baches. Veníamos cenados del penúltimo pueblo.
La noche fue larga, muy larga... y divertida. En mi vida había visto tantas estrellas. Mirases donde mirases asomaban sus ojos millones de luminarias. El bosque estaba negro (no había luna) y la linterna iba marcando los pasos etílicos entre la maleza. Risas y música en mitad de la nada.
Casi con el amanecer nos acostamos.


Al día siguiente me levanté el primero. Serían las doce y pico. No sabría reproducir con palabras la sensación al abrir la puerta de la casa y salir de la oscuridad plena al verde más luminoso que se pueda imaginar. Además de la luz cegadora, una bofetada violenta de Creación: árboles, montañas y animales (pájaros cantando, una salamandra corriendo, abejorros zumbando). Como en la noche anterior todo era oscuridad, fue como descubrir el mundo por primera vez. Algo parecido debieron de experimentar Adán y Eva durante el Génesis. Me fui al manantial cercano. Saciar la sed con agua fresca y cristalina es un lujo inefable, como meter la cabeza resacosa en el agua helada.

Tras el desayuno (un café cargadísimo con madalenas), dimos un largo paseo por las montañas. El sol pegaba fuerte pero no asfixiaba. Daba gusto tomarse un respiro a la sombra de los pinos. Apetecía bañarse en el río. De regreso, a preparar el fuego en la chimenea para hacer la comida: chuletas, panceta, choricillos, pinchos morunos... Mientras se hacían las brasas, nos tomamos el aperitivo: cerveza fría, tortilla y empanada. Para regar la comida, vino tinto. En los postres, brindis de pacharán por los de 30 recién cumplidos. Ay, qué vida más dura...


Por la tarde, después de la subida a la colina, pusimos la radio -más o menos se captaba la frecuencia- y escuchamos la remontada épica del Real Madrid. Con el último gol, los cuatro madridistas gritamos, saltamos y brindamos como locos. Qué euforia. El del Atletico y el del Barça nos miraban con envidia. Ellas se reían sin entender muy bien todo aquello.

La segunda noche prometía ser muy larga... Y lo fue.

Friday, May 11, 2007

Las cosas del campo

Sé algo de la tierra y sus gentes. Conozco aquélla en su ternura y en su dureza, he andado sus caminos, he descansado mis ojos en su hermosura. Los cierro y la tengo ante mí. Tierras duras, alberos y polvillares, breves bugeos, largos cubriales; aquí se riza una loma, allá se quiebra una cañada, se extiende una albina, tiembla un sisón de vuelo lento. Todo el campo vuela pausadamente. Las herrizas se coronan de coscojas, aquí una encina huérfana canta una historia. Las encinas solitarias son los dientes que le quedan al campo para mascullar una historia de montes sonoros con grandes encinas y muchas jaras, con sombras apartadas y rincones que nadie había hollado, cuando reinaba la alimaña y tenía libertad la primavera.
(José Antonio Muñoz Rojas, Las cosas del campo)

Pues allá que me voy unos días: al campo. A un paraje recóndito y montañoso de la provincia de Jaén. Según me cuentan mis amigos, no hay sombra de seres humanos en varios kilómetros a la redonda. Llevamos comida y bebida suficiente para saciar a un regimiento de cosacos. ¿Qué más se puede pedir?
A ver si de paso consigo reducir un poco mi ignorancia y aprendo qué significa polvillares, bugeos, cubriales, sisón, herrizas o coscojas... que es que no tengo ni repajolera idea. En cuanto me sacan de mis calles asfaltadas, llenas de edificios, muchedumbres y polución, me convierto en un paleto total. No sé diferenciar unos árboles de otros, y los nombres de los pájaros me suenan a entes de ciencia-ficción. Prometo traer algunas historias y fotos a la vuelta.

Thursday, May 10, 2007

Los títulos de Laiglesia

De los paseos por la Feria del Libro Antiguo de Recoletos siempre saca uno algo interesante. Es fácil que vuelvas a casa con las manos vacías (porque no te haya convencido ningún libro o porque los que te gusten se escapen del presupuesto), pero sin duda te llevarás puesta alguna idea en la cabeza. En esta edición primaveral me he comprado -por ahora- tres librillos (una novela de Felipe Trigo, el París de Azorín y las obras completas de Poe traducidas al francés por Baudelaire), pero he descubierto otras muchas cosas que ya iré curioseando con el tiempo.
Por ejemplo, todavía no he leído nada de Álvaro de Laiglesia, humorista donostiarra del grupo de La Codorniz, pero sólo con hojear sus libros ya me ha picado la curiosidad; sospecho que tiene un aire a Wenceslao Fernández Flórez, y me suelen gustar esas maneras literarias ligeras y evanescentes, carentes de solemnidad y/o pretensiones pero llenas de gracia y buena vida. Fijaos qué títulos: El caso de la mujer asesinadita, Qué bien huelen las señoras, Con amor y sin vergüenza, Un náufrago en la sopa, Cuatro patas para un sueño, Requiem por una furcia, Sólo se mueren los tontos, Los que se fueron a la porra, Dios le ampare, imbécil, Yo soy fulana de Tal, El sobrino de dios, El "sexy" mandamiento, En el cielo no hay almejas, Más allá de tus narices, Fulanita y sus menganos, Medio muerto nada más, Mejorando lo presente, Mundo, demonio y pescado, Parodias con todo respeto, Racionales, pero animales, Se prohíbe llorar, Tachado por la censura, Todos los ombligos son redondos, Una larga y cálida meada...
Ya os contaré cuando lea alguna. En principio, parece una buena lectura de verano: en la playa o junto a la piscina, sentado a la sombra como un señor y con una jarra helada de cerveza en la mano.

Wednesday, May 09, 2007

Christmas in July

Desde que la vi hace unos años en la Filmoteca, la recordaba como una de las películas que mejor sabor de boca me había dejado: ya sabéis, esa sensación -poco habitual- de salir del cine siendo mejor persona. El otro día me la compré en DVD y, aunque no me ha gustado tanto como la primera vez (el factor sorpresa ya no valía), creo que sigue siendo una peli muy recomendable.
Para que os hagáis una idea, tiene un aire a las parábolas cómico-morales de Frank Capra (tened en cuenta que se rodó en 1930, un año después del Crack de Wall Street). A mí me recuerda muchísimo a Esa pareja feliz de Berlanga y Bardem, otra película que me encanta, y yo creo que Billy Wilder se inspiró en la oficina que sale en Navidades en julio para componer la suya de El apartamento, también inolvidable. Y, por supuesto, tiene muchos puntos en común con Los viajes de Sullivan, otra genial película del mismo director: Preston Sturges, que también escribió el guión.
La escena en que llegan al barrio en coche y reparten regalos a todo el mundo -como si fuese "Navidades en julio"- es maravillosa. Pero no destriparé el argumento, por si la queréis ver.

Monday, May 07, 2007

Saturday, May 05, 2007

La Ética de Spinoza

Acaba de salir en Tecnos una nueva edición de la Ética demostrada según el orden geométrico, de Baruch Spinoza (1632-1677). La traducción es de Vidal Peña García, que también escribe una interesante introducción. Incluye asimismo un epílogo y notas al pie de Gabriel Albiac. Ambos son expertos en Spinoza y han cuidado hasta el extremo esta edición que me parece definitiva. Para quien quiera acercarse gozosamente a la Ética de Spinoza en español, ya ha llegado su momento. Yo estoy disfrutando muchísimo.
Hay muchos Spinozas, o mejor dicho, Spinoza es muchos. Como enumera Vidal Peña en un párrafo genial:
El hombre "ebrio de Dios" que pronuncia sin cesar su sagrado Nombre, el que deposita una mosca en la tela de araña y contempla sonriente el necesario desenlace, el que rechaza ofertas de dinero y honrosos cargos académicos, el que que labra cristales, el que envía a prisión a un deudor, el que se informa cortésmente de las enseñanzas que su huésped ha obtenido en un sermón dominical, el que no puede evitar una sonrisa cuando rezan en su presencia, el que declara que la guerra y la matanzan no le incitan a risa ni a llanto, el apacible fumador de pipa, el arrebatado personaje que intenta salir a la calle -panfleto en mano- para llamar bárbaros a quienes han atentado contra sus amigos y protectores políticos, el que dice que en la naturaleza no hay ni bien ni mal, el que llama Ética a su obra cumbre, el defensor de la democracia, el que menosprecia al vulgo, el tísico, el que habla serenamente de las pasiones como de "líneas, superficies y cuerpos", el que acota quizá abruptamente -tratando de los celos- que esa pasión se incrementa al imaginar los genitales y secreciones de quien posee al objeto amado... Ese hombre es, al parecer, el mismo, pero la reconstrucción de su identidad habría de integrar cosas dispares: la imperturbabilidad estoica, el resentimiento, el culto a la verdad, el sadismo.
Siempre me ha impactado mucho la fórmula del Herem que utilizaron los judíos ortodoxos de Ámsterdam para expulsar a Spinoza de la sinagoga:
Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Spinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de esta comunidad; [...] que sea maldito de día y de noche; maldito cuando se acueste y cuando se levante; maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no lo perdone; que su cólera y su furor se inflamen contra ese hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y los separe de las tribus de Israel.
Tremendo. Más que palabras son cañonazos en la conciencia...

Wednesday, May 02, 2007

Je suis Jalouse

Tranquilos, que no me he amaric... digo afrancesao. Es sólo que me gusta mucho esta canción de Emily Loizeau. Y la comparto con vosotros.

Monday, April 30, 2007

La calle de la Bola

La calle de la Bola es un pasillo estrecho que se ilumina los domingos por la mañana como los membrillos de Antonio López en la película-tostón de Víctor Erice. Hay en la calle de la Bola una cafetería de color rojo que me retrotrae al ambiente parisino de los años veinte (ese espacio más de la imaginación que de la memoria). En uno de los lados tiene pintado un cuadro estilo cubista que me gusta mucho, donde sale una especie de Marcel Proust sentado a la mesa con una dama. A veces me paro un rato a mirar el cuadro y saludo a monsieur Proust y a la señora elegante que lo acompaña, me invitan a sentarme con ellos, pruebo la sopa y brindo con vino tinto por la grandeur de la France. Llevan los pañuelos de hilo bien planchados, pronuncian con delectación sus erres sigilosas y tienen la conversación refinada y galante como un papagayo de la aristocracia que se santigua antes de morir envenenado. Me gustaría meterme dentro del cuadro, quedarme en la mesa del fondo, donde nadie me vea, con mi cuadernito de rayas, y no hacer nada: sólo ver la vida pasar... y contároslo un poquito, claro.

Saturday, April 28, 2007

Kaolin

La canción se llama Partons vite. El vídeo es malo con ganas y encima se ve borroso, pero sale una chica estupendísima que todo lo redime (incluidos los cuatro memos que tocan y cantan).

Thursday, April 26, 2007

Variaciones de Ferrater Mora

Para los que hemos estudiado Filosofía, José Ferrater Mora (1912-1991) ha sido como esa especie de cicerone, compañero o mentor que nos guiaba con mano firme y rigurosa por los intríngulis de los conceptos filosóficos. Su monumental Diccionario de filosofía, una obra titánica realizada -recordémoslo- por una sola mano (algo único en el mundo entero), es la Biblia que algunos tenemos apoyada en la mesilla de noche (recordatorio: tengo que comprarme una mesilla de noche, para que la frase tenga sentido); lo hojeamos de vez en cuando, como quien reza un Padrenuestro antes de dormir. Es un claro ejemplo de cómo una obra de encargo o "de circunstancias" puede acabar siendo un producto de extrema calidad. Sólo se necesitan editores con buenas ideas... y un Ferrater Mora para llevarla a cabo, claro. Me temo que hoy en día no hay ni de lo uno ni de lo otro.

Ahora estoy leyendo Variaciones de un filósofo, la antología de artículos dispersos de Ferrater Mora publicada hace dos años en la colección "Biblioteca del Exilio" de Ediciós do Castro (excelente introducción y selección de textos por parte de Jordi Gracia, pero penosa edición, con mil erratas, molestísimas, a cada paso). Extraigo un pasaje de Ferrater que me parece genial, del artículo "Wittgenstein o la destrucción", escrito en 1955:
Hay -o ha habido- genios del amor. Hay -todavía- genios del instinto. Este que nos ocupa es el genio de la desintegración, de la destrucción, de la total ruptura. Algunos filósofos, como Heidegger, nos han invitado a contemplar un mundo "lleno" de nihilidad. Otros, como Sartre, nos han presentado un mundo nauseabundo. Ciertos escritores, como Kafka o Camus, nos han ofrecido la imagen de un universo absurdo. Nuestra época, sin embargo, es más terrible que eso y necesita para reflejarla un genio sobrecogedor. En último término, los mencionados filósofos y escritores nos hacen vivir en la confianza de que hay, todavía, un mundo. Aunque tremenda, la ruptura no es, pues, radical. Tenemos un suelo que tiembla, pero aún tenemos un suelo. El terremoto reduce todas nuestras queridas habitaciones a ruinas. Mas sobre las ruinas se puede todavía vivir. Incluso -rumiamos a veces- se puede reconstruir. Wittgenstein nos deja, en cambio, huérfanos de estos tristes despojos. Pues cuando con las ruinas desaparece el suelo, y con el árbol desgajado sus raíces, no tenemos siquiera donde apoyarnos, y nuestra vida no es ya un sostenerse en la nada o un afrontar con lucidez el absurdo, sino un completo desaparecer.

Siempre he odiado las sectas filosóficas y he huido de ellas como de la peste (que es lo que son), pero si quisiese entrar a formar parte de alguna seguramente me haría "integracionista", que además de sonar muy guay es la forma más grupal de negar toda pertenencia a un grupo.
Cuando Pla le hizo una visita en el colegio femenino Bryan Mawr de Pensilvania donde daba clases, se sorprendió de lo bien que vivía Ferrater –magnífico sueldo, casa confortable, cochazo rojo- en Estados Unidos (“por pocas ganas de trabajar que se tengan, uno puede ganarse muy bien la vida en las cosas más absurdas, incluso ejerciendo o profesando la filosofía”, apostilla con gracia Pla) y se lamentó amargamente de que no hubiese empezado todavía el curso, “porque ver mil señoritas en un paisaje suave y en un tiempo otoñal no es una cosa que ocurra cada día”.
Tengo la curiosidad de ver alguno de los cortos de superocho que Ferrater Mora filmó en Estados Unidos, como ese en el que cantan los pájaros y una chica de uniforme intenta suicidarse pero no lo consigue. A ver si algún alma caritativa los cuelga en YouTube.

Foto realizada por Ferrater Mora en Girona.

Wednesday, April 25, 2007

Esperando a Dodot

Hoy es un día triste para el mundo, pero no busquéis la noticia en los periódicos ni en los telediarios. Sólo algunos pocos estamos al tanto de la mala nueva: don Dodot nos abandona, porque no tiene tiempo para seguir con su blog de aforismos. Ya en su día le hice un humilde homenaje en estas páginas (aparecía allí junto a otro de los grandes: Luz Tenue).
Lo que más me asombra de este genio desconocido es su sostenida modestia, que estoy convencido de que es sincera.
Que no, don Dodot, que es usted grande, muy grande, que nos ha hecho disfrutar como pocos y que se merece un reconocimiento mucho más amplio que el de estos cuatro gatos que pululamos por aquí. Abandone su blog si es preciso, pero siga escribiendo sus genialidades en un cuadernito, en la palma de la mano o en una servilleta. No las deje escapar, por favor. No le haga eso al universo. Ya llegará el día en que pueda compartirlas con todos.
He escogido unas últimas perlas:
Los caramelos
"Creo en la bondad innata del ser humano por los caramelitos para regalar que ponen en las tiendas, la gente coge uno cuando nadie mira y se siente culpable"
Los puntos
"En España el carnet por puntos es ridículo, sería mucho más útil que las autoescuelas nos enseñasen a conducir borrachos"
El bajón
"Todas las mujeres me llaman feo pero no me engañan, sé que sólo lo dicen para desanimarme y llevarme a la cama"
El príncipe
"Mi hermana está abatida desde que murió el vecino de enfrente, creía ver en él a su príncipe azul y eran problemas circulatorios"
La seguridad
"Yo tengo tanta seguridad en mí mismo que antes de entrar en las discotecas pregunto si hay suficientes tíos para motivarme con la competencia"
Aquí estaremos esperándole siempre, don Dodot.
Muchas gracias por todo, de verdad.

Monday, April 23, 2007

El Día sin Libros

Como hoy, según dicen, es el Día del Libro, he decidido poner un vídeo musical. No pienso leer ni una sola línea que no sea por cuestión de trabajo; hoy voy a ser un inculto absoluto, irredento, vocacional, y que se jodan los consejeros de Cultura (esos seres tan inservibles como caros)... El grupo se llama Rilo Kiley y la canción Portion for Foxes.


Si Cervantes y Shakespeare hubieran intuido la cursilada de Sant Jordi en Barcelona o la chorrada de La Noche de los Libros en Madrid, seguro que habrían elegido otro día para morir. Según he visto en el panfleto que reparten por la capital del reino, hoy se organizan por aquí muchos talleres, conciertos, conferencias y gilipolleces varias para culturizarnos un poco a la plebe, que es que somos más brutos que un arao, joder, a ver si leemos un poco. Si es que, si no fuese por estos maravillosos políticos que nos culturizan... seríamos unos auténticos lerdos.
Por ejemplo, para sublimar nuestro espíritu hoy va a tocar en Madrid Sophie Auster, la hija de ese escritor tan prestigioso y glamuroso adorado por la crítica y el público -sobre todo si son franceses o afrancesados- que lleva escribiendo el mismo libro desde hace veinte años y que, no contento con eso, dirigió una de las peores películas de la pasada década (Lulú on the bridge se titulaba el engendro; creo que ha reincidido en el delito, el tío, pero como es el Gran Intocable de la literatura contemporánea, a ver quién es el guapo que se atreve a rechistar; volverán a decir que ha hecho una gran película. Yo comprendo que sea el ídolo de todos los editores del mundo, por la cantidad de libros que vende, pero tampoco veo que sea para tanto, la verdad: es entretenido y escribe bien, pero se repite más que el ajopuerro). Por lo visto la nena -que está bastante buena, todo sea dicho- canta canciones intelectualillas de poetas franceses de Entreguerras. O sea, lo más In del universo fashion fashion superculto. Jo, tía, qué cool...
Estoy por comprarme unas gafas negras de pasta e imbuirme de toda la Cultura que nos rodea. Con un poco de suerte me follo a Sophie y se me pega algo.

La hija de Auster, icono de la Cool-tura.

Sunday, April 22, 2007

Personajes de la infancia

Hay personajes de la infancia de nombres sonorosos y cervantinos que se quedan con nosotros para siempre, agazapados en el subconsciente más profundo, y de vez en cuando asoman su cabecita para amenizarnos los sueños nocturnos. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, a Charolín y Mediasuela, Pepe Pótamo y Só-só, Maguila el Gorila, Yogui y Bubu, Yaqui y Nuca, Woody Woodpecker (más conocido como el Pájaro Loco), el lagarto Juancho, Willy Fog, Pierre Nodoyuna, Pixie y Dixie (como decía la ministra de Incultura), la pequeña Lulú, el gallo Claudio, Scooby y Shaggy, la Hormiga Atómica, etcétera? El último gran héroe de esta secta debería ser, sin duda, Chorizón.

Pepe Pótamo y Só-só.
Puede parecer una tontería, pero yo creo que todos estos personajes e historias han marcado nuestro destino de algún modo. No me preguntéis cómo, pero podéis especular. Se admiten hipótesis.
Nunca olvidaré que mi primer mito erótico fue Milady, la gata mala de los Mosqueperros, paradigma de femme fatale, siempre tan sexi y misteriosa, que aparecía sólo un instante entre las cortinillas de su carroza con los ojos brillantes y su sonrisa arrebatadora, remarcada por una musiquilla muy sensual (era un instante de puro sexo, creo yo; una petit mort, que dicen los cursis, esto es, los gabachos y gabachófilos).
La abeja Maya y Lilly (la compañera de Sport Billy) quisieron robarme el corazón, pero la que me tuvo enamorado de verdad, colgadísimo, fue la sobrina de los Monster (véase la foto de abajo). Por el contrario, Ruth, la de Barrio Sésamo, ha representado siempre para mí el tipo de tía que me desagrada, que no puedo soportar, ni física ni intelectualmente (¿y a que el panadero Chema es "ese amigo amable y porrero que nunca querrá salir del armario"?). No sé, es ver una Ruth por la calle y me entra el mal rollo, no sé por qué... Y todo por culpa de Espinete, ese erizo de color rosa que andaba todo el día en bolas y se ponía pijama para dormir (como dijo nosequién en un monólogo de la tele).
La maravillosa Marilyn Monster.
PD: Una duda trascendental: ¿Esto me lo he inventado yo, o en la serie de Calimero la canción del final decía: "¡Calimero, blanco y negro, bebámonos un vaso de vinillo blanco y tinto...!" (juro que me suena eso, pero me extraña mucho, claro).
PD2: A medida que vaya recordando más cosas, iré prolongando este post sobre personajes de la infancia, que promete ser infinito, como "aquellos veranos de mercromina y nocilla" (esta frase genial, de lo mejor que he oído últimamente, se la leí el otro día a mi querida amiga Desconvencida). Podéis ayudarme a recordar, please.

Saturday, April 21, 2007

Moyano revisited

Paseo mañanero por mi pueblo, siguiendo uno de los itinerarios habituales: de Conde-Duque al Palacio de Oriente, de éste a la Plaza Mayor, y desde aquí hasta la glorieta de Atocha, con una breve parada para desayunar -como Dios manda- un café con churros en una terraza al sol... Sí, tenéis toda la razón: ¡qué vida más dura la de este hombre!
La cuesta vista desde abajo.
La noticia de hoy es que han vuelto a abrir la Cuesta de Moyano con sus casetas de libros. Además, ahora es una calle peatonal y mucho más espaciosa. Da gusto pasear por allí. (Es lo bueno que tiene la proximidad de las elecciones, que los políticos se afanan en inaugurar todas las obras con las que nos han estado puteando en los últimos años).

La cuesta vista desde arriba.

Cuando he pasado por allí todavía estaban colocando la mayoría de los puestos y había poca gente. El señor mayor del guardapolvos azul -esa típica bata de impresor o tipógrafo- ha volcado un montón de libros sobre la mesa y ha puesto el cartel de "0'20 euros cada volumen". He hurgado sin mucha esperanza de encontrar algo interesante, pero la verdad es que he visto algunas cosas que me resultaban apetecibles. Ya sabéis que soy un poco escrupuloso con los libros usados, pero aun así me he comprado estos cinco: El difunto Matías Pascual de Luigi Pirandello, La maldición de los Dain de Dashiell Hammett, La gran dama de Pearl S. Buck, La huella de Dios de Maxence Van der Meersch y La casa de las dunas del mismo autor. Por supuesto, las ediciones son cutres, pero míticas: los dos primeros de la Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV, el tercero de la Colección Goliat de la editorial Planeta y los dos útimos de Ediciones G.P./Plaza y Janés.

Una efigie de don Pío preside la Calle de los Libros Usados.

No diréis que esta vez no he comprado barato: cinco libros por un euro. Sólo con lo que he disfrutado hojeándolos en el autobús de vuelta a casa ya he amortizado el gasto con creces. Es cuando más disfruto los libros: cuando los hojeo volviendo a casa en el autobús o cuando me tumbo en la cama a echarles el primer vistazo. Después siempre me acaban decepcionando, los muy cabrones, pero en ese ratito prometen el paraíso y, en cierto modo, me lo dan.

Friday, April 20, 2007

Estampas de Vilanova de Arousa


Fotos: Vilanova de Arousa, verano de 2006. La última es mi preferida: está sacada desde enfrente, desde la isla de Arosa. Si os fijáis, sale mi sombra

Thursday, April 19, 2007

Camba en la ciudad automática


Nació el 16 de diciembre de 1882 en Vilanova de Arousa, precioso pueblo de la provincia de Pontevedra. Resulta curioso lo poco que se parece -en su forma de ser y de escribir- a su paisano Ramón María del Valle-Inclán, siempre tan estrambótico y florido.
De joven embarcó como polizón hacia Buenos Aires y dos años después fue deportado a España por anarquista. Entonces publica algunos versos y comienza a colaborar en el Diario de Pontevedra, como nuestro amigo Jabois. En 1903 viaja a mi pueblo, Madrid, donde escribe para El País, España Nueva o Lunes de El Imparcial.
Recorrió el mundo como corresponsal: manda sus crónicas desde Constantinopla para La Correspondencia de España; viaja a París, Londres y Múnich como redactor de El Mundo; desde entonces trabaja para ABC y se instala en Berlín hasta el comienzo de la I Guerra Mundial; en 1916 realiza su primer viaje a Estados Unidos, donde volverá tras el crack del 29; en los años veinte viaja por Europa y escribe La casa de Lúculo o el arte de comer, seguramente su libro más famoso.
Pues bien. Resulta que he cogido en la biblioteca su libro La ciudad automática, también conocido como el Santo Grial de los libreros-usureros. En las primeras páginas explica su relación de amor y odio con Nueva York:
Me paso la vida acechando la menor oportunidad para venir aquí, llego, y en el acto me siento poseído de una indignación terrible contra todo. Nueva York es una ciudad que me irrita, pero que me atrae de un modo irrestible: la vorágine, el abismo, el pecado, las mujeres fatales, las drogas malditas...
Para mí Nueva York es la ciudad romántica por excelencia. ¿Conciben ustedes nada más romántico -para poner un ejemplo concreto- que esto de prohibir las bebidas alcohólicas a fin de elevar a la categoría de delito el acto de tomarse un aperitivo?
Nueva York es, ante todo, el momento presente. Es el momento presente sin más relación con el porvenir que con el pasado. El momento presente íntegro, puro, total, aislado, desconectado. Sólo Nueva York ha acertado a encarnar nuestra época, y probablemente ésta es la verdadera causa de que la gran ciudad nos atraiga y nos rechace a la vez de un modo tan poderoso. Nos atrae porque uno no puede vivir al margen del tiempo, y nos rechaza por la estupidez enorme del tiempo en que le ha tocado vivir a uno.
A Julio Camba lo que le gustaba de verdad era la buena vida: conocer gente, visitar ciudades, comer y beber bien, hacerse colega de los camareros, charlar con sus amigos... Por la noche, antes de que cerraran las rotativas del periódico, escribía su articulito del día y lo mandaba a la redacción, como quien elabora el menú de la jornada siguiente: primero, segundo, bebida y postre.
En 1949 se retiró a la habitación 383 del hotel Palace de Madrid. Debe de ser eso que los profesores de literatura llaman "el exilio interior". (Por cierto, que la otra noche estuve en el Palace, en una fiesta de artistas modernillos, con homenaje a Warhol incluido; vamos, el timo más ridículo, "divino" e institucionalizado que he visto en mucho tiempo; cómo me reí de aquellos tontos impresentables; daría para un buen artículo de Camba; si eso intentaré escribirlo un día de éstos...)
Camba murió el 28 de febrero de 1962, después de una vida repleta de aperitivos, ciudades, charlas, mujeres, postres y copas.

Monday, April 16, 2007

Sunday, April 15, 2007

Una mañana en el Rastro

He retomado mis paseos infinitos por la gran ciudad, a ver si con el cansancio físico soy capaz de vencer al insomnio. Madrid es mi pueblo y yo lo recorro de arriba abajo, de izquierda a derecha, de este a oeste, sin parar, como si nunca se acabase: soy un vagabundo eterno, silencioso y emocionado, de piernas inagotables, como el famoso conejito de Duracell. Siempre hay nuevas callejuelas y personajes por descubrir...
Una señora de posguerra
Hoy he ido al Rastro. Para redondear la mañana dominguera sólo ha faltado el vermut y las gambas a la plancha o la ración de oreja, pero como en esta ocasión iba solo y no me apetecía rumiar mi soledad entre gritos y risas ajenas me he vuelto a casa con el estómago vacío.
La plaza de Tirso de Molina estaba tomada por adeptos de la III República. Prácticamente todos llevaban el mismo uniforme: pantalones de rayas multicolores y camisetas negras de tirantes, peinados kaleborroka ellos y con rastas ellas, y muchos piercings por la cara. Son más mayores que yo, a algunos se les ve bastante cascados, pero supongo que tienen el corazón joven y utopista, no como yo, que estoy cansado del futuro y me asquea la política. He curioseado entre sus pósters, banderas, pancartas y panfletos. Sospecho que no han leído a Lerroux ni a Azaña ni a Pla. Ni falta que les hace, claro. Como a Marichalar.

Piernas colgantes

Después he bajado por la calle de Curtidores bordeando el mercadillo y he accedido a mi calle favorita: la de los cuadros al óleo. He visto uno muy bonito, estilo Turner pero de colores apagados, con un marco precioso, avejentado. Costaba 150 euros. Demasiado para mi raquítico bolsillo. Y como no se me da bien lo de regatear (no puedo, no me gusta, me resulta incómodo...), pues nada: adiós y gracias, perdone las molestias.
En un recodo de la cuesta estaban tocando unos músicos de jazz venidos del Este de Europa. Se había formado un corro de gente a su alrededor y me he quedado un rato escuchándolos. Daba gusto verlos. Cómo disfrutaban los tíos, llevaban la música en la sangre. Desde luego, era lo suyo. Les he dejado unas monedas.

El Rastro del caos

Después he estado curioseando un rato en los puestos de libros. En uno de ellos he presenciado uno de los espectáculos que más detesto: esa especie de engaño sistemático, la mentira innecesaria, la falta de escrúpulos y el exceso de palabrería hueca. Ya sé que estos ambientes funcionan así y que tampoco es para tanto, pero es que al ver estas cosas me siento -no sé cómo decirlo- un poco "degradado" por dentro. Esto es lo que ha pasado: una señora trataba de venderle unos libros al librero; se veía que ella necesitaba urgentemente el dinero y que no tenía ganas de regatear, que iba a aceptar lo que le diera, sin rechistar. Lo peor era la palabrería tramposa -totalmente innecesaria, como digo- del señor, mientras repasaba los ejemplares de la señora con avidez de usurero: "Es que mire, señora, la cosa está muy mal, la gente no lee, no vendo nada, mire, no hay casi huecos... Sólo le puedo comprar estos dos, ¿cuánto quiere por ellos?" La señora le dice una cantidad bastante baja, y el librero -que sabía que el valor de los libros era muy superior- le ha ido rebajando la cantidad todavía más, hasta que al final le ha comprado los dos libros -uno de Julio Camba y otro de Isabel Allende, ambos en muy buen estado- por cuatro euros. La señora se va con su dinero y el librero pone las dos piezas en primera linea de fuego. Cojo el libro de Camba y empiezo a hojearlo. Veo que está genial: primera edición de La ciudad automática, crónica de sus viajes por Estados Unidos. Le pregunto cuánto me cobra por el libro y me contesta todo serio, como si aquello fuese el Tesoro del Santo Grial: "Diez euros". Me sonrío y le digo: "¡Pero si acaba de comprar los dos por cuatro euros...!". Con una sonrisilla mezquina, de pícaro tramposo pillado in fraganti, responde: "¡Y qué! ¡Eso no tiene nada que ver!".
Por supuesto, ahí se ha quedado con su Camba. Como me ha picado un poco la curiosidad y me apetece leerlo, lo buscaré en la biblioteca la próxima vez que vaya.

Libros, libros, libros

Lecturas de insomnio

Noche de insomnio. Supongo que es el castigo de los dioses por haber trasnochado ayer. Entono en la terraza, mirando al cielo, los acordes fingidos del mea culpa. Ni siquiera las pastillas para dormir hacen efecto...
Después de cientos de vueltas en el colchón, dos o tres programas de radio escuchados sin ganas y decenas de pelos desperdigados sobre la almohada (maldita manía de amasarme la cabeza), me levanto de la cama, vengo al salón y curioseo un poco en la biblioteca de libros antiguos de mi padre. En los estantes predomina el color hueso, a veces más oscuro, tirando a ocre, a veces macilento (las cubiertas de la mayoría de los libros son de piel de oveja, o eso, al menos, nos han vendido siempre en casa). En las primeras y últimas páginas suele haber dibujos, garabatos, versos o intentos de firmas realizados por antiguos propietarios. Se ve que están hechos con plumas mojadas en tinta. Intento imaginar las vidas de esos seres de los que me separan tantos años... En ocasiones, incluso, siglos.
Todo es silencio. Sólo me observan las fotografías de los muertos. El reloj de péndulo está parado. A alguien se le olvidó darle cuerda.
Abro una edición medio carcomida de Las tres musas últimas castellanas. Segunda cumbre del Parnaso español, de Don Francisco de Quevedo y Villegas, Cavallero de la Orden de Santiago, Señor de la Villa de la Torre de Juan Abad. Año 1729. Plieg. 40. Con licencia: en Madrid. A costa de Don Pedro Joseph Alonso de Padilla. Hallaráse en su Imprenta, y Librería, en la Calle de Santo Thomás, junto al Contraste. Leo el segundo soneto del libro, titulado "A la brevedad de la vida": "Cómo de entre mis manos te resbalas,/ ò cómo te deslizas, vida mía?/ qué mudos passos trae la muerte fría,/ con pisar vanidad, sobervia, y galas!/ Ya cuelgan de mi muro sus escalas,/ y es su fuerza mayor mi cobardía;/ por nueva vida tengo cada día,/ que el tiempo cano nace entre las alas,/ O mortal condición! ò dura suerte!/ que no puedo querer vèr à mañana/ sin temor de si quiso vèr mi muerte!/ Qualquier instante de esta vida humana/ es vn nuevo argumento, que me advierte/ quán frágil es, quán mísera, y quán vana".
Escojo ahora las Memorias de ultra-tumba, por F. A. de Chateaubriand, traducidas por don Francisco Madina-Veytia y publicadas en la Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig, Madrid, 1855. Leo el último párrafo del libro:
Al trazar estas últimas palabras hoy 16 de noviembre de 1841, mi ventana, que cae al Oeste de los jardines de las misiones extranjeras, está abierta: son las seis de la mañana: diviso la luna pálida y creciente que desciende sobre la flecha del campanario de los Inválidos, revelada apenas por el primer rayo dorado del Oriente: no parece sino que el mundo antiguo acaba y empieza el nuevo. Veo los reflejos de una aurora cuyo sol no veré aparecer. Sólo me queda sentarme al borde de mi tumba, después de lo cual bajaré resueltamente con el crucifijo en la mano a la eternidad.
El tono puede resultar demasiado hinchado y solemne, pero para mí estas últimas líneas de la autobiografía del Vizconde desprenden una poesía tan hermosa y trágica que, a estas horas de la noche, estando solo con los muertos, me conmueve un huevo.