Empieza la música aunque no diga nada la letra. Empiézala. No importa. Hay que coger la flauta y hacerla sonar, hay que coger el teclado y declinar las palabras, una tras otra, como si fuese un tren descarrilado (descarriado, férreo, ferroviario, pero con su música), o echar el carro por el pedregal, como decía Azorín. Azorín, ¿acaso tiene música Azorín, aparte de la de su pseudónimo? La música es más bien de Valle-Inclán. Esa música encantada de sí misma que se enrosca en volutas de humo de veguero mentolado y que embelesa las almas llevándolas al borde del precipicio o del Edén. Qué gran músico (hameliniano), don Valle, san Ramón, marqués del Inclán. Y Baroja, el otro de la Gran Terna, la terna que va quedando después de tanta hojarasca mojada (mojada como la pólvora de su letra, sin música o con ella), Baroja, digo, ¿qué música tiene, aparte de la ronquera de su voz (siempre ruda, austera, a veces exacerbada, colérica)? La flauta, el carro o la ronquera. O una mezcla de las tres: el 98.
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"El estilo era un punzoncito con el que se escribía en las tablas recubiertas de cera. Y yo, claro está que no tengo ese punzón. El estilo es una entelequia; se habla de estilo cuando no se tiene estilo y entre quienes no saben lo que es escribir. Si quieres que te dé una definición de estilo te diré lo siguiente: Tener estilo es no tener estilo. Cuando se lee a alguien que de veras tiene estilo y se cierra el libro, no se sabe cómo ha escrito el autor de la prosa que acabamos de leer. No sabemos tampoco del olor y del sabor del agua cristalina que hemos bebido en una fontana. Si lo supiéramos, ya esa agua no sería límpida. Algo habría en ella ajeno a su transparencia y a su insipidez". (Azorín, Memorias inmemoriales)
Y sin embargo... suele haber en Azorín una determinada selección de palabras que flotan en el vaso de su prosa como manchitas o motas que rompen la magia de la insipidez, de la transparencia.




































