Sunday, May 25, 2008

Parejas


Estoy leyendo el nuevo libro de José Manuel Martín Peña, nuestro Luz Tenue. Son once relatos que tratan sobre el mundo de las parejas.
La seña de identidad de JMMP es la sencillez. Escribe con estilo sencillo historias cotidianas sobre gente corriente y moliente a la que le ocurren hechos nada extraordinarios. Pero que nadie se equivoque: lo sencillo no tiene nada que ver con lo fácil. Más bien es al contrario.
Lo que consigue JMMP, como se suele decir de los grandes futbolistas, es hacer que lo difícil parezca muy fácil. Porque escribir bien (sin caer en excesos retóricos, cursiladas o pedanterías) creando personajes vivos y emocionando al lector no es nada fácil; o al menos eso parece al hojear un poco los libros que abarrotan las mesas de novedades y que desprenden olor a cadáver. Y los menos pretenciosos suelen ser los que llegan más lejos, los que cavan más hondo.
Si en Zeppelin JMMP hacía un repaso escueto y brillantísimo de momentos y compañeros de infancia y de juventud en un barrio periférico, en Parejas se ocupa de hombres y mujeres maduros (en torno a los 40) que pertenecen a distintas subclases de la clase media: triunfadores profesionales derrotados en lo más íntimo, matrimonios que se ahogan en el torbellino de los hijos y la hipoteca, parejas con secretos y mentiras que afloran en cuanto se hurga un poco en el felpudo, relaciones que se acaban, gentes que arrastran su fracaso diario entre la ciudad y el campo… Un mundo frágil, desencantado, en general rutinario y gris, a veces -por eso mismo- terrorífico, muy lejos de los sueños y aventuras que adornaron la juventud, una carrera de fondo agotadora con una meta repetida cada fin de mes y su pequeño dios omnipresente: la Hipoteca.
Hay un párrafo que ilustra a la perfección los miedos de un padre en paro (que no consigue trabajo por muchos currículos que envíe). Pocas veces puede uno leer cosas tan reales como ésta:
"Estamos a un paso de la miseria. Puedo verla. Está ahí, cerca de nosotros, nos persigue. La miseria es un estado de ánimo. La miseria es mirar con rencor las cartas que nos envía el banco, y no abrirlas. Es ver que los pantalones les quedan cortos a las niñas y desear que no crezcan tan deprisa. Es pensar en la palabra hipoteca como en un hacha. Estamos tan justos que no sé qué vamos a hacer si se nos rompe el televisor, por ejemplo. No podremos comprar otro. No sabremos entretener a las niñas. Están en una edad en que necesitan referentes. En qué espejo se mirarán. A falta de televisión fijarán su atención en nosotros, en mí, en cómo soy, y entonces me despreciarán. Despreciarán al rey del currículo".
Es una realidad triste se mire como se mire, pero es lo que hay, ocurre en muchos hogares y eso es lo que piensa mucha gente al levantarse. ¿Por qué la literatura no suele ocuparse de estas personas? ¿Acaso los escritores lo consideran un tema menor?
Destaca la habilidad de JMMP para clavar en dos frases a un personaje: su forma de ser, su carácter, sus ambiciones, su pasado, sus miedos… quedan reflejados en un detalle bien visto. Genial. Y al leer estos relatos uno percibe cómo bajo la superficie de la "normalidad" se van abriendo multitud de grietas y extrañezas (en esto me recuerda a Raymond Carver).
Todavía no lo he terminado de leer (afortunadamente dura más que Zeppelin) pero os lo recomiendo vivamente. Lo que es una lástima es la edición (¡echa uno tanto de menos el buen gusto de Pre-Textos!). JMMP se merece mucho más. Con la cantidad de editoriales pequeñas de calidad que han surgido en los últimos tiempos, no entiendo cómo alguna no ficha a este hombre.
Para conseguir el libro hay que decir una contraseña en la librería: “Breogán” (que es el nombre de la distribuidora). Si no no te dejan pasar al universo de JMMP, cosa que merece muy mucho la pena.

Friday, May 23, 2008

El viento de Manhattan

"Quien ha vivido en Manhattan sabe hasta qué punto el viento preside la vida de la ciudad. El viento recrudece los fríos terribles del invierno, rompe los paraguas y los toldos, derriba los árboles y los semáforos, hace trastabillar y caer a los ancianos y a los enfermos, no deja dormir; a veces acelera el paso de los nubarrones y despeja los cielos, otras, trae los aguaceros de finales del verano o principios de otoño, cuando llegan las colas de los huracanes devastadores del Caribe, ya muy debilitados. En su faceta menos agresiva el viento anima las calles: hace planear las gaviotas y ondear las banderas y levanta las faldas de las chicas.
Tan excesivo como el viento es la lluvia. A menudo el cielo se encapota en pocos segundos, sin previo aviso, y empieza a caer el agua. El caos se produce de inmediato: los sótanos se inundan, las avenidas se convierten en ríos crecidos. En las calzadas el agua se acumula en los baches, donde los autobuses meten el morro, levantan surtidores de muchos metros de altura, que empapan a los viandantes. El viento no cesa cuando llueve: se lleva los paraguas y los sombreros y hace que la lluvia caiga casi horizontal, que penetre bajo las marquesinas y abofetee al que encuentra. En medio de la confusión pasan los coches de los bomberos, que acuden a las emergencias causadas por el aguacero, a través de los atascos, tratando de abrirse paso con las sirenas y las bocinas. Parece que haya llegado el fin del mundo.
En verano estas tormentas vienen acompañadas de mucho aparato eléctrico. Los rascacielos atraen los rayos, que bajan restallando por las fachadas mientras retumba el trueno. En invierno el viento viene del norte y como en el camino no encuentra sistema montañoso que lo detenga llega a Nueva York sin perder fuerza ni frialdad. Una vez en Manhattan, se mete por los callejones que forman los rascacielos alineados y corta la piel, porque a veces sopla a veinte o treinta grados bajo cero."
(Eduardo Mendoza, Nueva York)

Thursday, May 22, 2008

El Bremen

Hojeo el regalazo que me han hecho los amigos del Bremen: un libro con todos los relatos que hemos ido escribiendo desde octubre hasta ahora. El resultado es impresionante: doscientas y pico páginas de buena literatura, con momentos geniales. David, el editor, se lo ha currado.
Ayer fue una noche muy emocionante -y emocionada- en la cueva. Supongo que mi despedida era más bien un hasta luego.

Tuesday, May 20, 2008

Preparativos de Nueva York

He tardado en leérmelo lo que en beberme tres cañas. Me refiero a Esto es Nueva York, de E. B. White. Acabo de volver, menos triste de lo que salí, y os lo cuento. El ventanal del bar estaba abierto y la gente y los coches pasaban a mi lado, pero yo tenía la cabeza muy lejos, al otro lado del Charco. En ese momento era el único feligrés aparcado en la barra del Ladrón de Tinta.
Es un ensayo pequeñísimo, más bien un artículo literario. Lo escribió White en el verano de 1948, metido en una habitación con vistas a un patio interior, a 32 grados centígrados, en un hotel del centro de Nueva York. Supongo que tardaría en escribirlo algunas cervezas o whiskies más que yo en leerlo, pero poco más. Me lo imagino tirado sobre el colchón, sudando la gota gorda, mezclando imágenes, ideas, recuerdos.
Es un placer leer estas cosas: las ciudades, la gente, la vida... y una mirada que lo capta todo, que sabe hacer poesía de los pequeños detalles. Poco más se puede pedir:
El viajero estival se asoma a Hell Gate Bridge desde la ventanilla de su coche-cama mientras se desliza sobre los palomares y los patios traseros de Queens y mira hacia al suroeste, donde la luz de la mañana golpea por primera vez los picachos de acero del centro, y ve cómo se alza inconfundible la vigorosa lanza que acongoja el cielo: se elevan los altos muros y las torres, se eleva el humo, todavía no se eleva el calor, se elevan las esperanzas y la agitación de tantos millones de personas que despiertan en ese momento.
Allí he estado, acompañándolo, sesenta años después, desde Noviciado.

Monday, May 19, 2008

Winkler en Las Ventas

Lugar: Plaza de Toros de las Ventas (Madrid). Fecha: 18 Mayo de 2008. 19.00 horas. Cartel: los toreros Luis F. Esplá, Pepín Liria y "Serranito". Toros de Samuel Flores y Dª M. A. López Flores. Testigo de excepción: Josef Winkler, escritor.

Ayer Josef Winkler estuvo en los toros. El cielo amenazaba lluvia y algunas gotas cayeron sobre el albero. Por momentos el respetable tuvo que desenfundar sus paraguas. En una de las gradas estaba el escritor austríaco, uno de los grandes de la literatura actual, con media sonrisa dolorida y los ojos muy abiertos. Tomaba notas en un cuadernito de tapas anaranjadas. La pluma se deslizaba por las hojas en trazos delirantes. Winkler veía cuadros de la muerte viva, el toro y el torero en su pugna mortal, el caballo con su donquijote regordete a cuestas, las medias verónicas y los pases de pecho, el brinco de las banderillas, el ruido de la sangre... Si le faltaba algo para ser un autor solanesco, ya lo tiene todo: hoy ha probado la morcilla.
Dentro de unos años saldrán esas estampas winklerianas en una obra maestra. Hacedme caso. Recordad lo que os digo.

A lo mejor Winkler pensó algo parecido a lo que ha escrito hoy en El País Fernando Royuela: "En la inseguridad volátil de la vida, la muerte se alza como única verdad. En el toreo vida y muerte juegan a acompasar sus contrapuntos en el baile salvaje de la naturaleza. El animal y el hombre enfrentados ante la incógnita de la supervivencia desatan instintos aprendidos en la oscuridad de los tiempos. El hombre, sin embargo, es siempre el animal vencedor porque su estirpe ya lo ha sido. En realidad tan sólo se enfrenta consigo mismo para que los demás se estremezcan y le aplaudan. Por eso juega a ser salvaje. Con su actitud invoca ese pasado de violencia del que proviene. Pero también exhibe su presente hecho faena y olor a albero. El toreo es la fiesta de la supervivencia del ser humano, el espectáculo de su triunfo pasajero. El toreo homenajea el valor viril y enciende un ritual ancestral tan sólo comprendido en lo más profundo de su significado. El traje de luces es la máscara. Las miradas aguardan la celebración del rito. Lo humano se mezcla con lo animal. Los ojos miran, pero tan sólo la emoción explica lo que sucede. El calor ayuda a entender. Si hay vida habrá muerte y si hay muerte la vida revelará esa única verdad alzada por delante. La tarde aguarda. Hay una sensación de inquietud inexplicable. Ese animal que es el hombre se prepara para celebrar sus esponsales con la barbarie. Se antoja un baile, pero es sacrificio hecho de espadas y capotes, de cuernos afilados e hilos de baba que ondean como banderas sobre el silencio de la plaza. Suena el clarín y sale el toro y otra vez la verdad por delante".
PD1: Las fotos son de unos rejones del año pasado.
PD2: Enlaces recientes sobre Winkler: uno, dos.

Saturday, May 17, 2008

Thursday, May 15, 2008

Mendigos de Madrid

Siempre he pensado que la gran novela de Madrid está en su metro. Leyendo este capítulo sobre la mendicidad madrileña veo que Sánchez Ostiz también se ha dado cuenta:
"Los mendigos se matan mucho entre ellos por un quítame allá esas pajas. Riñen, se pegan y luego suelen ostentar costurones de sangre, postillas, costras. Los mendigos son unos misántropos.
Los que van en el metro pueden leer a diario, si quieren, la novela de Madrid, la novela por entregas de su pulule, el folletín de la vida urbana y callejera, Madrid, y no se enteran o no se enteran apenas, por hastío, por aburrimiento, porque tal vez una de las cosas que más difíciles resultan de ver es lo de todos los días. Los que no se enteran son los del coche oficial y la tarjeta del pesebrón. Esos, nada; esos, a la bibliofilia, a las monerías y a recolectar chucherías con las que amueblarse el alma.
Hay mendigos de la droga y mendigos de la calle, y enfermos más o menos terminales que explotan y exhiben cánceres linfáticos, eccemas diversos y úlceras sanguinolentas, y lo cuentan, para que nadie quede sin darse por enterado, en cartones improbables: "Me estoy muriendo", dice el más escueto."

(Miguel Sánchez Ostiz, Peatón de Madrid)

Monday, May 12, 2008

Cousas

Cuando uno se pasa dos días sin dormir y bebiéndose hasta el agua de los floreros camina por las calles con un aturdimiento que le hace hablar alto, escuchar en dolby stéreo y ver las cosas como a través de una neblina oceánica. Por momentos las palabras desaparecen: el pensamiento va más rápido que los movimientos de la lengua y uno no tiene fuerzas para seguir ese ritmo. Consecuencia: te paras. Empiezas las frases pero no las terminas. El interlocutor debe adivinar cómo continúa. Lo normal es que a cada rato la mente se te quede en blanco, se te vaya el santo al cielo y sonrías con cara de loco. Es fácil acabar descojonándose, sin más. Nadie te entiende. Has matado demasiadas neuronas. Y las pocas que te quedan están entumecidas...

***

Pasado el Cebreiro, apenas abandonada la frontera galaica, nos paramos a tomar algo en una aldea. Al comienzo de la única calle en que consiste el pueblo, descansa un anciano tipiquísimo. Seguramente esté allí todo el día, posando para las fotos, a sueldo del Xacobeo.
Nos cruzamos con varios peregrinos. Todos guiris. Parecen menos cansados que nosotros. Entramos en el único bar que hay -el Hostal del Peregrino- y pedimos unos bocadillos. Nos atiende una chica muy amable, simpática y guapísima, clavada a Alyssa Milano pero menos voluptuosa (quizás demasiado esquelética). Mientras nos alejamos en el coche pienso en todos los peregrinos que saldrán de allí enamorados. Irán rememorando su imagen a cada paso antes de llegar a Compostela. Una nueva fe alimentará sus espíritus.

***

Momento buñuelesco-mabalotiano del sábado noche:
Entramos en un restaurante vasco-gallego. Me dice nuestro cicerone: "Joder, cómo ha mejorado este sitio, cuando vine hace unos años era más de andar por casa...". Nos adentramos en un comedor lujosamente decorado y nos sentamos en una mesa con manteles de hilo y cubertería brillante. Un rato después, cuando ya estamos todos con los menús en las manos y a punto de pedir, regresa el cicerone y nos dice: "Oye, lo siento, que me he equivocado, que no es este restaurante. Que es otro sitio que está aquí al lado...". Pedimos mil disculpas a la mâitre: qué vergüenza pordiós, lo lamentamos mucho; ella se hace cargo: no os preocupéis, no pasa nada. Nos levantamos y nos vamos. "Ya me parecía que había mejorado demasiado..."
Como podéis ver por la foto, salimos ganando con el cambio:



El final de la escapada

Fue bonito mientras duró.

Thursday, May 08, 2008

Santiago me espera

La verdad es que no creo mucho en el poder de las raíces ni del terruño, pero reconozco que hay algo que me tira hacia las Galicias. Supongo que ese "algo" es simple querencia sentimental y nostálgica (sobre todo por los recuerdos de infancia), nada que ver con cuestiones sanguíneas o genéticas.
El caso es que toda mi familia paterna es de allí. De la zona de Santiago y Padrón proviene buena parte del linaje que me precede.
Según dicen, mis antepasados lejanos fueron de esos normandos despistados que llegaron a tierras gallegas en época de los romanos... y allí se quedaron. No sé si creérmelo.
No tengo tiempo ahora (ni inspiración) para contar lo mucho que Santiago significa para mí. Como digo, multitud de recuerdos, pero también muchas historias (oídas, contadas, leídas...), mucha literatura.
Porque Santiago de Compostela es sobre todo una creación literaria, del género fantástico-mágico, al más puro estilo cunqueirista. (Por ejemplo, ¿quién se puede seguir creyendo a estas alturas que ahí está enterrado el apóstol?)
Pasearé por sus calles, me beberé sus vinos y disfrutaré de sus viandas... mientras el cuerpo aguante. Bajo sus soportales perseguiré el rumor de las leyendas. Y con un poco de suerte podré ver a mi amigo Mabalot. La cosa promete. Ya os contaré a la vuelta.
Por cierto, que hoy en Madrid hemos tenido un clima muy compostelano, para ir abriendo boca.
Unas fotos de este verano:





Monday, May 05, 2008

La primera nieve

"En Moscú todo tenía aspecto invernal. En casa encendían las estufas, y por las mañanas, cuando los niños se preparaban para ir a la escuela y desayunaban, en la calle era oscuro, y la niñera prendía por un rato la luz. Ya habían empezado las heladas. Cuando cae la primera nieve, el primer día en que se toma el trineo, es agradable ver la tierra blanca, los tejados blancos, se respira con ligereza y a placer, y con este tiempo vienen a la memoria los años jóvenes. Los viejos tilos y abedules, blancos por la escarcha, tienen un aire bondadoso y llegan más al corazón que los cipreses y las palmeras; junto a ellos ya no apetece pensar en las montañas y el mar".
(Anton Chéjov, "La dama del perrito")

Friday, May 02, 2008

Tuesday, April 29, 2008

Natura Morta

"Un hombre pequeño y jorobado, con el rostro de cera y una piel amarilla cadavérica, llena de manchas negras, se santiguó y se besó las manos flacas, con puntos negros, cuando varios obispos vestidos de rojo que se saludaban mutuamente con la cabeza y se secaban el sudor de la frente con pañuelos en los que había bordadas mitras amarillas se dirigieron, pasando por su lado, a la plaza de San Pedro. Tenía los párpados y cejas pintados con rímel, los ojos amarillos e inyectados en sangre, el escaso cabello teñido de negro y el bigote canoso. Jadeando, abrió varias veces sucesivas la boca y, sin aliento, se llevó a la garganta la mano adornada de anillos dorados. Los peregrinos que pasaban torcían asqueados el gesto y se susurraban mutuamente: Sida."
(Josef Winkler, Natura Morta)

Monday, April 28, 2008

Concerning the UFO Sighting Near Highland

(Vídeo casero: Jym Davis. Música: Sufjan Stevens).

Sunday, April 27, 2008

Las dos esfinges



Empieza para mí una época de mucho ajetreo: festejar la Liga del Madrid, cumplir 31, un viaje gastronómico a Compostela, la mudanza (con su gran dilema existencial: ¿cuántos libros -y cuáles- tendré que desechar en el traslado?), pasar el Rubicón -como decía Jabois- junto a la Esfinge, once días en Nueva York...
Por cierto, qué opináis: aunque me cambie de barrio, ¿no me tengo que cambiar de nombre, verdad? Es que ya le he cogido cariño a esto de ser aristócrata; además, Conde-Duque no es sólo la calle con su famoso Centro Cultural, sino también -entre otras cosas- una mítica canción de El Niño Gusano.
(La foto es del pasado mes de noviembre, en el Museo Egipcio de Berlín. ¿A que tienen un airecillo las esfinges?)

Wednesday, April 23, 2008

Tiempo muerto



El tiempo

que pierdes

durmiendo,

haciendo colas,

rebañando

el envase del yogur...


Monday, April 21, 2008

Fobias

¿Cuál te gusta más? Yo me quedo con la dromofobia.
Acrofobia: a los lugares altos. Aerofobia: a los aviones. Agorafobia: a los lugares abiertos. Aigmofobia: a los objetos puntiagudos. Algofobia: al dolor. Apitofobia: a las abejas. Bacilofobia: a los bacilos. Brontofobia: a los truenos. Cancerofobia: al cáncer. Cardiopatofobia: a las enfermedades cardiacas. Ceraunofobia: a los relámpagos. Cinofobia: a los perros. Claustrofobia: a los lugares cerrados. Criptofobia: a los espacios pequeños. Dismorfofobia: a la deformidad. Dromofobia: a cruzar las calles. Emetefobia: a vomitar. Entomofobia: a los insectos. Ereutofobia: a ruborizarse. Fobofobia: a sufrir angustia. Gefirofobia: a cruzar los puentes. Gelofobia: a los gatos. Hematofobia: a la sangre. Hidrofobia: al agua. Hipografofobia: a firmar. Lisofobia: a la rabia. Misofobia: al contagio. Muridofobia: a los ratones. Neofobia: a lo nuevo. Nictalofobia: a la noche. Ofidiofobia: a las serpientes. Pirofobia: al fuego. Potamofobia: a los ríos. Queimofobia: a las tempestades. Siderodromofobia: al ferrocarril. Sifilofobia: a la sífilis. Tafiofobia: a ser enterrado vivo. Talasofobia: al mar. Tanatofobia: a la muerte. Teniofobia: a los gusanos. Toxicofobia: a envenenarse. Traumatofobia: a los accidentes. Tuberculofobia: a la tuberculosis. Veberofobia: a las enfermedades venéreas.

Sunday, April 20, 2008

La luz, la hoja, la nieve

"La luz nunca es la misma en todos los lugares. En cada ciudad, en cada pueblo, tal vez en cada barrio, tal vez en cada casa, existe una luz propia. Me gusta pensar que la luz del día no es sólo la que viene del cielo, sino también la que emana de las personas, de la arquitectura, de la naturaleza... Hay ciudades alegres y ciudades tristes. Hay ciudades luminosas y ciudades oscuras. El sol sale para todos, es verdad, pero su luz es recibida siempre de muy diversas maneras. En algunos lugares la luz es iluminación y nos invita a mirar; en otros, sin embargo, la luz parece querer cegarnos, nos invita a cerrar los ojos".
"Se diría que en la belleza de una hoja mojada el mundo recupera su pulso verdadero. Los colores, como escribió Goethe, son solamente aventuras nuevas de la luz".
"Salimos a caminar en la nieve, sobre la hierba blanca. Los copos caen vacilantes, lentamente, hasta que se posan, con una delicadeza extrema, como si en el último momento hubieran tenido que pensárselo un poco... Se posan sin violencia, para no hacer daño, se diría, a nada ni a nadie. Se posan sin ruido. Y el silencio de la nieve es entonces tan hermoso como la nieve misma".

(Vicente Valero, Diario de un acercamiento, Pre-Textos, 2008)

Saturday, April 19, 2008

Microcosmos

Con música de Rahiodead ("All I need").

Friday, April 18, 2008

El viaje de las pléyades

Hace tiempo que soy fan de Aroa. Y eso que desconfío -y mucho- de las poetisas...
Aroa es una chica dulce, de apariencia callada (enseguida descubres que no lo es tanto), escucha siempre con una sonrisa -mejor dicho, una media sonrisa- plácida, por muy cansada o jodida que esté; en realidad yo creo que sonríe con el semblante, luminoso y suave. De una cosa estoy convencido: si se lo propusiera, Aroa podría quitarle el puesto a los peluches del Vips.
Además, Aroa escribe como los grandes, está tocada por las Musas, tiene algo especial. De su mano salen imágenes preciosas, fulgurantes, contundentes, que hacen sentir y dan que pensar, que son capaces de glosar lo que casi nunca vemos de las cosas, lo que realmente importa, lo más verdadero. Porque Aroa da vida a los objetos, los llena con lo que sentimos, con lo que ellos nos hacen sentir, con el significado que al darles nos devuelven como si fuesen espejos. Y todo viaja a lomos de la música, una melodía cada vez distinta pero siempre bella, muy bella.
Y es que Aroa cuando escribe es siempre una niña (una niña que se enfada, se entusiasma, maldice, colorea...). Por eso ve la verdad de las cosas, colmando de sentido -o sinsentido- nuestra brega cotidiana.
Acaba de llegarme esto por mail, que me ha gustado mucho:
"Paso hambre de dos a cuatro de la tarde, es la hora crítica. Luego comienza el ajetreo, los papeles se revuelven en las mesas. Comienza la tarde a caerse sin método que la detenga. Y el sol se refleja cada día en los edificios lejanos de la Castellana, donde la gente gana mucho más dinero que nosotros, los periféricos, los extrarrádicos. Les veo reunirse en sus despachos acristalados, deslumbrándonos, brillan entre sus monedas, matando el color de nuestras pantallas."
Su
blog se ha tomado un descanso. Espero que se acabe ya (el descanso, digo, no el blog), que ya van para doce días... y tenemos mono.

Thursday, April 17, 2008

Links & News

Un paseo por las noticias en Internet.
Todavía no nos habíamos repuesto de la pérdida de Chema, el mítico panadero de Barrio Sésamo (que -como dice David- se follaba a Espinete, y nosotros sin saberlo), cuando nos llega la noticia del fallecimiento en Cambridge a los 90 años de edad de Edward Lorenz, uno de los fundadores de la Teoría del Caos e inventor del famoso efecto mariposa, que tanto ha influido (no siempre para bien) en el cine y la literatura de nuestro tiempo.
Leo -entre otras muchas cosas- un artículo sobre la soledad de Ronaldinho, asisto al viaje de una maleta radiactiva robada y veo que los filósofos siguen en huelga, como siempre.
Termino mi paseo agotado. Ufff, es que me cansa tanto la actualidad, esa creación inútil del periodismo...
En El Cultural le dedican dos páginas a Chris Marker, misterioso cineasta francés considerado "el padre del ensayo fílmico". Os dejo con su corto de ciencia ficción La Jetée (1962), que por lo visto es su obra más conocida. Dura 26 minutos (aprox.):

Los pájaros sabios de la plaza de la Cebada

De mi ídolo Solana podría seleccionar cientos de textos para este "Madrid literario". He escogido éste, un poco al azar:

"Es una tarde de sol, y vemos en la espaciosa plaza los carros repletos de melones de Las Vistillas y cargados de legumbres; las viejas sentadas en las porterías; algunos vecinos desocupados, tomando el sol echados boca arriba, y vendedores de mojama. Una masa de gente se apiña delante de un cartelón de forma de estandarte con unas pinturas como una aleluya, que están chorreando sangre. El crimen de Gádor, el moruno, sacando, ayudado por sus cómplices, las mantecas al niño. Otros curiosos forman corro y escuchan los romances sangrientos que canta un ciego acompañándose de la guitarra, de un chico que rasca un rallador y de una mujer tuerta, con una venda en un ojo, como los caballos de los toros, con la boca desdentada, negra como una fosa; una mujer zamba y manca que toca las castañuelas con movimiento de muñeco al alzar los pies con alpargatas como si bailase, mientras que el viejo entona sus romances".

(José Gutiérrez-Solana, Madrid. Escenas y costumbres, Primera Serie, 1913)

Wednesday, April 16, 2008

Tuesday, April 15, 2008

Mar de Galilea

"La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho".
Sin camisa, sonriente y con la mirada perdida, Angelo Caratenutto se paseaba por la plaza del pueblo con un fardo en sus manos. Iba de arriba abajo y de abajo arriba, de la tienda de ultramarinos a la iglesia y de la iglesia al ayuntamiento. Giraba en una de las palmeras y volvía a tomar el camino de regreso. "Es la cabeza de mi madre", le decía a todos los vecinos con los que se cruzaba.
Tras media hora de paseos, subió las escaleras del ayuntamiento, destapó la cabeza de su madre, le dio un beso en la frente y gritó: "La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho". Su bar se llamaba Mar de Galilea.
Lo ha contado La Verdad de Murcia.

Monday, April 14, 2008

Cien paseos romanos

Es uno de los mejores regalos que se me podía hacer. Lene me dedicó ayer su precioso puzzle de fotos de 100 casas de Roma.
Lene (Sara Olmos) es una artista genial: sus fotos, sus diseños, sus dibujos, sus carteles, sus stop motions... son mucho mejores que lo que se expone en las galerías de arte contemporáneo. Igual que tengo clarísimo que Mabalot va a triunfar antes o después en las letras hispánicas, sé que Lene va a hacerlo en el mundo del arte. Y ojo: no lo digo sólo por lo que vayan a hacer en el futuro, que obviamente no lo sé (aunque imagino que cada vez será mejor), sino por lo que ya han hecho, por lo mucho que he disfrutado con sus cosas. Es una suerte habérmelos encontrado.
Contemplo el puzzle de "Números romanos" y me emociono. Si algún día consigo terminar mi libro sobre Roma me gustaría ponerlo en la cubierta. Muchas gracias, Sara.

Sunday, April 13, 2008

Los monstruos de Einstein

Recuerdo que mi "relación" con Martin Amis empezó muy mal. Cogí en la biblioteca dos de sus libros más conocidos -Dinero y Campos de Londres- y no pude con ellos (años después me los compraría en inglés, en Londres, y los disfrutaría bastante, aunque a trozos, casi a golpe de frases, y en voz alta). Escaldado por esta primera experiencia, no volví a coger ninguno de sus libros durante un tiempo. Hasta que llegó el día en que, por casualidad (como suele ocurrir con los buenos libros), me tropecé -en la misma biblioteca- con Los monstruos de Einstein.
Lo abrí por la primera página y empecé a leer. Aquello fue toda una revelación:

Nací el 25 de agosto de 1949: cuatro días más tarde los rusos probaron con éxito su primera bomba atómica y así apareció la disuasión. De modo que tuve esos cuatro días de tranquilidad, más de lo que nunca tuvieron los de menor edad. En realidad no los aproveché mucho. Me pasé la mitad del tiempo dentro de una burbuja. Apacibles como pintaban las cosas, nací en estado de conmoción aguda. Mi madre dice que parecía Orson Welles desencajado de furia. Al cuarto día me había repuesto, pero el mundo había dado un giro para peor. Era un mundo nuclear. Si tengo que decirles la verdad, no me sentía nada bien. Tenía un sueño y una fiebre terribles. No dejaba de vomitar. Me entregaba a incontenibles accesos de llanto... Cuando tenía doce o trece años la televisión empezó a mostrar mapas de objetivos del sudeste de Inglaterra: Londres era el centro del blanco; los condados cercanos eran las franjas periféricas. Yo solía irme de la sala lo más rápido posible. Ignoraba por qué había armas nucleares en mi vida o quién las había metido ahí. No sabía qué hacer con ellas. Quería quitármelas de la cabeza. Me enfermaban.

Después leí Experiencia, La información, Tren nocturno... Naturalmente, unas cosas me han gustado más que otras, pero Martin Amis ya se ha quedado como "uno de los míos", unido inseparablemente a ciertos recuerdos. Momentos y lugares de mi vida. Me veo esperando el autobús, junto a la Biblioteca Central, en Iglesia, enfrascado en un libro verde oscuro, con la lluvia cayendo. Y mi madre llamando a comer, y el frío de los pies descalzos, y una aguja de hojaldre desmigándose sobre las páginas... Me veo tumbado en la cama deshecha de Inverness Terrace, recitando las frases como un mantra (I know the murderer, I know the murderee. I know the time, I know the place. I know the motive (her motive) and I know the means. I know who will be the foil, the fool, the poor foal...), mirando a veces de reojo por la ventana -un edificio triste enfrente y el cielo rojo grisáceo-, y una cajita de sushi con arroz encima de las sábanas. Y el amarillo seco del césped, y el suelo pavimentado lleno de manchas, y la cajera china de Waterstones...
Lo demás es ficción, o teoría. Y nada vale.
Nueva idea para editores ciegos: ahora que algunos creen haber inventado la pólvora por hacer literatura con los datos científicos (y prometo no volver a hablar del Proyecto Nocilla, al menos durante un tiempo), convendría que se volviese a editar esta obra maestra: Los monstruos de Einstein, de Martin Amis. Y, ya puestos, también una de título casi idéntico: Los sueños de Einstein, de Alan Lightman. En un pack, con una faja dorada que rece: "Ya lo decía Goya. El sueño de la razón produce monstruos".

Friday, April 11, 2008

Wednesday, April 09, 2008

Los cartógrafos rusos

Un guiño del Proyecto Morcilla al Proyecto Nocilla

Konstantin Paustovski, considerado por muchos el más importante cronista de la revolución rusa y del período de construcción del comunismo, escribió en 1932 La bahía de Kara Bogaz, una novela sobre el intento de "eliminación de los desiertos" proyectado por un grupo de hombres mediante la construcción de unas plantas industriales de obtención y trata­miento de sal en la costa este del mar Caspio. Merced a la extracción de agua y petróleo y a la explotación del carbón, pretendían formar en torno al complejo industrial una serie de oasis desde los que poder emprender una sistemática campaña contra la arena.
En el mapa que aparecía al inicio del libro se observaba perfectamente la forma de la bahía de Kara Bogaz, sólo rodeada de desiertos deshabitados y de mesetas sin nombre. Los puntos de referencia más próximos eran el delta del Volga y el mar de Aral, ambos a unos quinientos kilómetros de distancia.
A mediados del 2000, Frank Westerman no se cansaba de contemplar aquel mapa, pero le resultaba extraño no haberse fijado nunca antes en aquella inmensa bahía de 800 km de perímetro. Él, que era corresponsal en Moscú y especialista en historia rusa, tendría que haberla visto en alguno de los múltiples mapas que había analizado en sus horas de estudio. Un día, en uno de los túneles del metro de Moscú, le compró a un geólogo en paro cuatro mapas enrollables. Al extenderlos y unirlos, los mapas ocupaban un espacio de dos metros veinte de ancho y abarcaban los once husos horarios del antiguo im­perio soviético, desde Kaliningrado en el oeste hasta el estre­cho de Bering junto a Alaska.



El mapa mural databa de 1991, el año de la extinción de la Unión Soviética. Ciudades como Leningrado, Gorki y Andro­povsk habían recuperado en esa edición sus nombres prerrevo­lucionarios. Con una salvedad: la montaña soviética más alta (7.495 metros) conservaba el nombre de «Pico del Comunismo».
Pero la bahía de Kara Bogaz no aparecía por ningún lado...
¿Cómo era po­sible? ¿Acaso era la bahía de Kara Bogaz una creación imagi­naria de Paustovski? De no ser así: ¿qué había sucedido después de 1932 con esa laguna del tamaño de Flandes? ¿Había desaparecido del ma­pa? ¿O de la faz de la tierra?
La ausencia de un mar interior de mediano tamaño en el mapa soviético podía deberse naturalmente a una manipula­ción cartográfica. Ciudades como Krasnoyarsk-26 y Tomsk-7, centros de producción de plutonio a escala industrial, tampo­co figuraban por ningún lado. Y, habida cuenta de que los car­tógrafos soviéticos llegaron al extremo de desplazar toda una cadena de montañas de Crimea (con el fin de disimular el em­plazamiento de una base de submarinos), no era descabellado pensar que hubieran retocado el mapa para borrar una bahía. Quizá el "cinturón industrial" descrito por Paustovski conte­nía un terreno para experimentar con ántrax o gas mostaza y la bahía de Kara Bogaz había sido borrada del mapa por temor al espionaje.

Sunday, April 06, 2008

Las viejas y yo

Mucho me temo que me estoy convirtiendo en un sujetador de viejas.
A ver, me explico. No es que me esté transformando en el soporte íntimo de los pechos blandos y caídos de la tercera edad. No, pordiós, qué asco. Lo que pasa es que cuando voy en el autobús siempre tengo que agarrar a alguna anciana antes de que se me caiga de bruces al suelo, o sujetarla in extremis cuando sale volando por culpa de los frenazos del conductor, o ayudarla a bajar a la calle sin que sucumba en el precipicio. De hecho, soy todo un experto. Un profesional. Cuando subo al autobús ya ni siquiera me siento. Me quedo de pie en el centro, a la altura de la puerta, y desde allí vigilo todos los peligros que acechan a las viejas, como un Mitch Buchanan pero más urbano y en menos hortera (esto último no es nada difícil). Digo yo que el ayuntamiento me podría poner gratis el Abono Transportes.
He aprendido a anticipar con gran prestancia y seguridad las caídas y mareos y golpes de las señoras mayores. En cuanto percibo un leve tambaleo de piernas o un giro brusco del cuerpo me saltan las alarmas, alargo el brazo y rescato del abismo los esqueletos ya descalcificados y las crismas frágiles de las ancianas. Soy bastante eficaz, la verdad. Modestamente creo que he salvado a unas cuantas de acabar en el hospital con la consabida rotura de cadera.
Creo que empecé a tomarme en serio mi misión de salvador de viejas el año pasado, allá por el mes de febrero, cuando se me escoñó una en el 21, en la parada de Sagasta con Francisco de Rojas. No fue un golpecito sin importancia. Se metió una hostia tremenda. En mi descargo debo decir que la señora estaba saliendo por la puerta del autobús y no me dio tiempo a reaccionar. Al bajar el escalón… desapareció, literalmente. Fue increíble. Sonó un golpe seco en el suelo. Qué susto nos pegamos los pasajeros. Desapareció de la vista. Tal cual. ¡Se había caído a plomo sobre la acera! Salí escopetado de la silla, bajé y estaba allí la pobre señora, tumbada bocabajo en el suelo, casi pegada al bordillo, como cuando en los dibujos animados atropellaban a alguien y se quedaba hecho una lámina. Me agaché a recogerla… pero no podía con ella. Era una anciana pequeñísima, bajita y muy delgada, casi esquelética, pero ¡cómo pesaba la jodía! Hasta que bajó otro de los pasajeros y me ayudó a cogerla no pudimos ponerla en pie. El conductor del autobús también salió -blanco del susto- a ver cómo se encontraba. Lo curioso es que la señora decía que estaba perfectamente, que no le dolía nada y que no hacía falta que nadie la acompañase a casa, que se bastaba ella sola. Hasta pedía disculpas por habernos pegado el susto. Decía: “Nada, nada, no ha sido nada, muchas gracias, no se preocupen, y disculpen…”. Tendría ochenta y muchos o noventa y pocos, creo yo. Cuando llegué a casa todavía me temblaban las piernas del susto.
Todo esto me recuerda que hace bastante tiempo que no veo a una anciana que vive dos portales más arriba. Me la solía encontrar cuando iba al bar de la esquina a tomarse su café con leche y su croissant (en verano se sentaba en las mesas de fuera, al solecito). Daba pasitos cortísimos, como de tortuga. Debía de tardar como media hora en un trayecto de doscientos metros. No parecía estar enferma, pero sí parecía un poco tocada de la cabeza. Iba siempre como algo desorientada o perdida. No creo que tuviera Alzheimer, porque llegaba bien al bar, pero a lo mejor un poco sí tenía. A mí me daba mucha pena por eso y porque iba siempre sola y con la misma ropa (ya sabéis que no soy muy sentimental, pero lo del Alzheimer es que me supera: se me pone un nudo en la garganta y me entran ganas de llorar). Estoy seguro de que los camareros del bar le hacían caso y la atendían muy bien, pero siempre estaba sola (yo me imaginaba que estaba viuda y no tenía hijos).
Un día me la encontré en el semáforo y me cogió del brazo primero para cruzar y después ya hasta llegar a la cafetería. Joder, con qué fuerza agarraba la señora… Qué vitalidad, coño. Os juro que me duraron dos días las marcas en el brazo.
Pues calculo que no la habré visto desde hace cuatro o cinco meses. Es posible que se haya muerto. Espero que no, que esté bien, en alguna residencia o en otro sitio, con su café y su croissant. Ojalá.
PD: Otro día os hablaré de la anciana que se dedica a recoger periódicos en un carrito, que este post ya me ha salido demasiado largo.

Friday, April 04, 2008

La zona de pulmón y la zona de los enfermos mentales

Desde que la leí por primera vez, se me quedó grabada esta imagen:
"Era verdad que una zona estaba separada de la otra por una alta verja, pero esa verja estaba parcialmente tan oxidada que ya no resultaba infranqueable; por todas partes había grandes agujeros en aquella verja, por los que se podía pasar fácilmente de una zona a otra, al menos arrastrándose, y recuerdo que todos los días había enfermos mentales en la zona de los enfermos de pulmón y, a la inversa, siempre enfermos de pulmón en la zona de los enfermos mentales, pero entonces, cuando intenté por primera vez ir del pabellón Hermann al pabellón Ludwig, no sabía aún nada de ese tráfico continuo entre una zona y otra. Los enfermos mentales en la llamada zona de pulmón fueron para mí más tarde un diario espectáculo familiar, al atardecer tenían que ser capturados por los guardianes y metidos en camisas de fuerza, y tenían que ser sacados de la zona de pulmón y devueltos a la de los enfermos mentales con porras de goma, como vi con mis propios ojos, y eso no ocurría sin gritos lastimeros que me perseguían hasta en mis sueños nocturnos".
(Thomas Bernhard, El sobrino de Wittgenstein)

Vista de Roma desde el Gianicolo

Es la hora del atardecer. Il tramonto. La ciudad está en calma, a pesar del ruido de los coches que vuelven a casa después del trabajo. Los restos de un Imperio se extienden a nuestros pies. La sombra de Garibaldi lo preside todo. Su fantasma a caballo está dormido sobre un pedestal.

Thursday, April 03, 2008

La envidia del maestro

"Llegué finalmente a París, ciudad en que ya hacía tiempo que esta disciplina [la Filosofía] se cultivaba floreciente­mente. Allí me establecí al lado de Guillermo, el Capellense, mi preceptor, que por aquel entonces era fa­moso y realmente eminente en este magisterio.
Por algún tiempo permanecí escuchándole. Al prin­cipio me tenía simpatía, pero después se puso molestísimo conmigo. Esto aconteció cuando me atreví a refutarle alguna de sus sentencias y opiniones, cuando comencé a razonar contra lo que él sostenía y a ma­nifestarme en el curso de las polémicas, algunas ve­ces, superior a él.
Esto mismo hizo también que algunos que gozaban de fama de sobresalientes entre más condiscípulos se indignasen contra mí que era más joven y con menos tiempo de estudios que ellos.De aquí en verdad data el principio de mis cala­midades que continúan hasta el día de hoy; pues, cuanto más se extendía mi fama, más me socavaba la envidia ajena".
(Pedro Abelardo, Historia de mis desventuras)

Wednesday, April 02, 2008

Monday, March 31, 2008

Un prólogo vagamente asténico

Aprovechando que acaba de salir La manía, el 15º volumen de los diarios de Andrés Trapiello, os pongo -dentro de mi sección "Madrid literario"- este genial prólogo que escribió A.T. para Una caña que piensa, el tomo correspondiente a 1993:
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"No sé bien para qué o para quiénes están escritas las páginas de este Salón de pasos perdidos.
Algunos amigos me preguntan: ¿hasta cuándo vas a seguir publicando ese diario? Se dan cuenta de que podría volverme loco. No sé, les digo, pero mientras siga apareciendo, me gusta que lo haga como hasta hoy, en esta editorial, para estos lectores, en una razonable penumbra.
Madrid es un pueblo defectuoso, pequeño, con las aceras estrechas y perpetuamente levantadas. Ni siquiera tiene un río digno de ese nombre. Hubo un alcalde que quiso darle esa apariencia, lo canalizó, lo represó y lo sembró con unas docenas de patos y ánades que amanecieron a la semana descalabrados y muertos a cantazos. Cada día desaparecen media docena de casas viejas y levantan en su lugar otras horribles, pero algunos pocos seguramente no lo cambiaríamos ya por ninguna otra ciudad, por hermosa que fuese. Ni siquiera París. Esto es quizá, en el fondo, lo que peor lleva uno: ser tan poco cosmopolita.

Por esa razón le tienta a uno viajar un poco más, conocer otras gentes y orearse algo. Quizás de ese modo estos diarios tuviesen garantizada una vida longeva. Pero he de limitarme, una y otra vez, a hablar de mi vieja calle, de Las Viñas, de un rosal, de un mendigo, de los libros viejos, de un frenético, de las oropéndolas que tanto le impacientan y disgustan a ese crítico del ABC (pobre, me estará leyendo, espiando, en su intemperie), de mis hijos, de mi mujer...
Es cierto que podía ensayar también los giros cósmicos, hablar del mundo y sus terribles problemas, del hambre, de las guerras, de los opresores y de los oprimidos, de la Solidaridad, de Dios o de la Historia, el juego que darían Chiapas y Sarajevo, el juego que están dando ya en la literatura catalana los genocidios y los genocidas, en fin, de todos esos grandes y estocolmeños asuntos que nos comprometen bastante poco y que no suelen cambiar nuestros hábitos de vida, pero es difícil imprimir a la voz un timbre adecuado para abordarlos, si no se es, como decía Stendhal, un pequeño farsante.
Aseguraba Renard que a él su Diario le vaciaba. Si yo notara que a mí éste me vaciaba, lo dejaría. Al contrario, uno procura llenar el diario de casi todo. No sé por qué, los diarios me han parecido siempre uno de aquellos viejos ultramarinos en los que se vendía de todo, de aquí y de las colonias, y en cuya trastienda solía reunirse, al final de la tarde, una selecta cofradía. También yo, al atardecer, "la hora de la pintura" y de las confidencias, vengo al diario, colmado mío solo, y tertulio conmigo sin resignarme a que el día se lo lleve la noche como una pavesa. Asimismo creo que se van publicando estas estancias para que tú y yo, mutuas ficciones, nos hagamos compañía un rato, a la espera de ese invierno que deseo no nos sea demasiado cruel ni largo. Luego vendrán esta y otras muchas primaveras, y muchos otros inviernos, cantarán de nuevo los jilgueros y petirrojos, las acacias del Rastro se llenarán de flores y la plaza de París se cubrirá de las hojas secas de los castaños. Estamos aquí para celebrar que la vida pasa igual para todos. Estos diarios son los ojos míos y los tuyos, y deben mirarlo todo, incluso les sorprenderemos guiñándose aquí y allá, cuando tengan esa fantasía o cuando la realidad se contonee inesperada y llamativamente.
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Ésta no es una buena época, oye uno por todas partes, y Madrid es una ciudad inhabitable. En realidad la época no es ni peor ni mejor que otras ni Madrid mejor ni peor que otros pueblos. Vamos montados en el péndulo de un reloj que va y viene con una ciega determinación. Podríamos, desde luego, arrojarnos al vacío aprovechando el impulso de una de sus sacudidas, y ensayar la pirueta artística, pero en el fondo es mucho más elegante seguir como hasta ahora y alegrarnos de corazón por aquellos que vengan después, mucho más afortunados que nosotros en todo, aunque se creerán unos desdichados porque imaginarán que la época verdaderamente buena fue la nuestra.
Mientras tanto, tratemos de vivir conforme a aquella máxima, "nadie es más que nadie". Es el único modo que tienen las almas de acercarse unas a otras y enaltecerse un poco, cuando comprenden que la verdad es de todos.
Madrid, invierno de 1998."
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No me diréis que no es un texto maravilloso... De lo mejor que se ha escrito en las últimas décadas. (Aquí es donde el lector del blog se sonríe y piensa: "Hala, ya está otra vez el exagerado del Conde, que cuando algo le gusta es que se pierde..."). Igual que se hizo una pequeña antología de textos sobre Extremadura extraídos de estos diarios (Capricho extremeño se titulaba), yo creo que se debería hacer otra con textos sobre Madrid.

Sunday, March 30, 2008

La pintura de paisajes

"Una historia, cualquiera, se desvanece, pero la vida que ha sido rozada por esa historia queda por toda la eter­nidad. El recuerdo se borra, pero queda otra cosa en su lugar. La tierra toma formas eternas, mientras que el agua se adapta a la fugacidad de todas las cosas, transcu­rriendo sobre ellas. No se pierde en los repliegues de la multiplicidad sino que toma de ellos una cualidad de in­finito que la vuelve perfecta e inmodificable. En cuanto al aire, es un destino de las cosas y las vidas; cuando sólo el recuerdo se aferra a los giros de una hoja desprendi­da, el vacío que ha cavado en el aire intermedio entre los cielos delicadamente superpuestos y la tierra opaca res­plandece de pronto, en una eternidad que imita la del si­lencio y oyen los que tienen el oído muy aguzado. Pero las vidas pasan, y con ellas todo lo demás: civilizaciones, imperios, y hasta la visión y la belleza de los paisajes en su ciclo acuarelado de estaciones.
Nuestro arte siempre ha sido pródigo en la pintura de paisajes. Prácticamente ningún rincón de las casi infinitas provincias carece de un recordatorio historiado en la seda o el bambú. Lo cual produce, si se reflexiona un mo­mento, un efecto curioso sobre la imaginación. Cuando todo lo que podemos ver en un extenso viaje imaginario (que podría llevarnos la vida entera, ¡tan corta es nuestra vida!), todos los lugares y miradas, han sido traducidos al modo de un arte tranquilo y mudo, que se ejerce con cierta independencia del tiempo y sus muchos avatares, entonces la traducción misma, el trabajo del que han sur­gido, se vuelve precisamente imaginaria, fantástica, como el dragón...".
(César Aira, Una novela china)

Thursday, March 27, 2008

La palabra que sostiene

Último post filosófico durante un tiempo (volveré a mis novelas, pelis, fotos y paseos, que son menos aburridos, ¿no?). Después de haber buceado un poco en la cuestión de la condición humana (al menos, lo que resulta imposible negar es que somos una especie que parece llamada a reflexionar sobre su propia naturaleza), veamos una de las posibles hipótesis de trabajo. Hay otras muchas, pero ésta me parece particularmente interesante:
"Para estimar que la dignidad de la condición humana está garantizada y en consecuencia -entre otras cosas- que la ética tiene un sentido, no es necesario -contrariamente a lo que afirma cierto héroe de Dostoyevski- recurrir a la hipótesis de Dios. Es suficiente tener una base sólida para sostener que se da en la vida humana y como rasgo fundamental de la misma aquello que designamos por el término palabra. [...]
La palabra, en suma, redime de la finitud inherente a la condición natural, no por ser trascendente a la naturaleza, sino por ser un fruto perturbador e intrínsecamente subversivo de la misma. [...]
Determinaciones (triviales para cualquier estudiante de lingüística) como la vinculación meramente opositiva y la arbitrariedad hacen de la palabra algo potencialmente infinito y con ello del ser de palabra un posible demiurgo de un universo ilimitado."
"No hay proyecto de mayor dignidad que el consistente en asentar sobre base racional el singularísimo hecho del lenguaje, es decir: un conjunto limitado de elementos fonéticos que abre la vía a un conjunto potencialmente infinito de elementos de significación; una suerte de filtro que mediatiza toda presencia exterior o interior y que, en razón de ello, parece realmente tener la dignidad de ese verbo que, según el mito, un día tomó forma de hombre.
No cabe racionalmente discutir si el verbo se hizo carne, pero siendo, como es, indiscutible que la carne se hizo verbo, cabe perfectamente preguntarse cómo tal cosa ocurrió. Cabe preguntarse por la razón de que en el registro genético se operara esa revolución por la cual a los instintos que reflejan simplemente la tendencia de la vida a perseverar diversificándose, se sumó ese "instinto de lenguaje" al que se refiere Steve Pinker, es decir: tendencia no meramente a perseverar sino a perseverar loquens; tendencia no tanto a conservar la vida como a conservar una vida impregnada por la palabra.
El carácter subversivo de este nuevo instinto se refleja en el hecho de que puede llegar a no ser compatible con los instintos directamente vitales, tal como sucede cuando, bajo amenaza de tortura o muerte, un hombre no traiciona convicciones forjadas a través de una palabra compartida."
(Víctor Gómez Pin, El hombre, un animal singular)

Sunday, March 23, 2008

Saturday, March 22, 2008

Si esto es un hombre

Al hilo de la entrada anterior (que trataba sobre una tontería) me ha surgido una pregunta terrorífica sobre la que me gustaría reflexionar: en los campos de exterminio nazis o del Gulag soviético, ¿quiénes son realmente más humanos: las víctimas o los verdugos?

Da miedo hasta el mero hecho de planteárselo, pero yo creo que si analizáramos esta cuestión en todos sus posibles significados, interpretaciones o derivas, algo aprenderíamos. Por un lado está la deshumanización sistemática a que es sometida la víctima y, por el otro, la violencia extrema -¿"humana, demasiado humana"?- de los verdugos.


Supongo que el quid de la cuestión estaría en determinar qué es ser humano, qué concepción tenemos del hombre. ¡Nada más y nada menos! Entre la misantropía y el humanismo me debato.

PD: Las fotos las hice el otro día en el Paseo del Prado. Son esculturas de Igor Mitoraj.

Wednesday, March 19, 2008

De la vergüenza ajena (o el humanismo doloroso)

¿Qué es la vergüenza ajena? ¿En qué consiste exactamente? ¿Qué tipo de acciones o actitudes nos provoca, en general, ese sentimiento maldito? ¿Cuántas clases de v. a. hay? ¿Qué posibles medidas o remedios se pueden tomar para evitarlo? Etc.
Mientras esperamos a que alguien le eche huevos y escriba un Tratado sobre la vergüenza ajena para dar respuesta a esas cuestiones tan urgentes y necesarias, aquí van algunas ideas sueltas.
Pese a lo que algunos puedan pensar, la vergüenza ajena no es un síntoma de elitismo ni de soberbia, sino un efecto de "humanidad": una demostración de intensa y absoluta compenetración con el género humano. Yo casi lo igualaría con el respeto a los derechos humanos, en este caso a la propia dignidad: no la dignidad de uno como individuo sino en tanto que miembro de la especie. Tiene también una dimensión ética, en la medida en que busca la ejemplaridad de todo acto humano.
La v. a. equivale a sentir el ridículo ajeno como algo propio, como algo que nos pertenece, que nos incumbe. Es una situación dolorosa, totalmente incompatible con la risa. No te puedes reír. Sólo cabe sufrir. Eres como la víctima colateral de un suicida irresponsable. Y tu sentido de la dignidad humana es el billete a la condena.
Por lo general la vergüenza ajena es una señora muy puñetera. Hay veces en que, de repente, nos asalta a traición el recuerdo de una vergüenza ajena muy lejana, que ya casi habíamos olvidado, y la cabrona sigue escociendo igual...
Todo esto viene a cuento de que me han venido a la cabeza aquellas imágenes de Cañizares, el portero del Valencia, cuando perdieron la final de la Copa de Europa frente al Bayern de Múnich (año 2001). Cañizares, ya bastante mayorcito y con su pelo teñido de Piolín, lloraba como un niño histérico y mimado en plena pataleta y, alzando sus brazos al cielo, increpaba al mismísimo Dios llamándole hijo de puta. Daba puñetazos al suelo, tiraba la toalla y la volvía a recoger, se acurrucaba en el césped como un poseído y hacía extraños gestos, reclamándose víctima de una conspiración interplanetaria. Cuando repartían las medallas de los perdedores, se negaba a recoger la suya, enrabietado. "¡¡¡¡Hijo de puta!!!!", gritaba -llorando- dirigiéndose al Altísimo.
Todavía me corroe la vergüenza cuando me acuerdo... Qué dolor inefable. Ese no saber perder.

Tuesday, March 18, 2008

Monday, March 17, 2008

El árbol de los zuecos

Si ayer rumiaba el horror y la muerte, hoy rumio la vida y la belleza.
Fuimos por la tarde a la Filmoteca a ver El árbol de los zuecos (1978) de Ermanno Olmi, una preciosa película sobre la vida de unos campesinos en la región de la Lombardía a finales del siglo XIX. La vida que llevan es muy dura (a ratos también alegre), pero está contada con tal serenidad, compasión y sentido de la armonía que resulta siempre hermosa. Es pura poesía.
Dura tres horas y sólo cuenta la rutina diaria de estas familias italianas. No os la recomendaría porque a lo mejor os parece un coñazo tremendo, como a ese señor de las primeras filas que se pasó toda la película durmiendo (sus ronquidos resonaban por todo el cine Doré, e incluso alguien llamó al acomodador para que le despertase; a mí me entraba la risa viendo la escena, surrealista). Sin embargo, la película no me pareció ni lenta ni aburrida. Los planos no son artificialmente eternos y estáticos, sino más bien cortos (o eso me pareció a mí), y se suceden con ritmo adecuado. No hay casi trama argumental, pero pasan muchas más cosas de lo que puede parecer a primera vista. Ocurre la propia vida, que no es poco. Yo, que normalmente cuando llevo hora y media de película ya me empiezo a cansar y a ponerme inquieto, tengo que decir que aguanté perfectamente los 180 minutos de sesión, que se dice pronto.

En El árbol de los zuecos todo es sencillo, claro, natural, directo. La forma de contar las cosas está en los antípodas del manierismo, del intelectualismo y de la exageración melodramática, todo eso que tanto me molesta en directores -éstos sí lentos y coñazo- como Bergman o Antonioni. Este Olmi es más del estilo del neorrealismo italiano. Está más en la línea de un Rossellini, que para mí es de los más grandes.
Algunas imágenes me recordaron mucho al cine de Víctor Erice, que había dirigido El espíritu de la colmena cinco años antes. Los actores son la propia gente del pueblo y lo hacen fenomenal. La naturaleza está cargada de vida, de fuerza, de belleza... Como digo, pura poesía. Y la música de Bach también aporta su granito de arena.
La escena en que cae la nieve es de las más bonitas que he visto.

Sunday, March 16, 2008

Rumiando el horror

Sigo dándole vueltas a los reportajes sobre el nazismo que pusieron anoche en La 2. Es difícil quitarse esas imágenes de la cabeza: miles de cadáveres apelotonados en los campos de exterminio, los "experimentos" médicos del doctor Mengele, los fusilamientos y ahorcamientos posteriores de los culpables, etc, etc, etc.
Un horror tras otro, superando todos los límites de salvajismo imaginables.

Friday, March 14, 2008

Diccionario del Diablo (A-D)

Aburrido. Dícese del que habla cuando uno quiere que escuche.
Admiración. Reconocimiento cortés de la semejanza entre otro y uno mismo.
Año. Período de trescientos sesenta y cinco desengaños.
Autoestima. Evaluación errónea.
Belladona. En italiano, hermosa mujer; en inglés, veneno mortal. Notable ejemplo de la identidad esencial de ambos idiomas.
Cañón. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.
Cínico. Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.
Cobarde. Dícese del que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.
Confidente. Aquel a quien A confía los secretos de B, que le fueron confiados por C.
Congratulaciones. Cortesía de la envidia.
Convencido. Equivocado a voz en cuello.
Conversación. Feria donde se exhibe la mercancía mental menuda, y donde cada exhibidor está demasiado preocupado en arreglar sus artículos como para observar los del vecino.
Dentista. Prestidigitador que nos pone una clase de metal en la boca y nos saca otra clase de metal del bolsillo.
Disimular. Poner camisa limpia al carácter.
Discusión. Método de confirmar a los demás en sus errores.
(Ambrose Bierce, 1842-1914?)

Wednesday, March 12, 2008

Desmontando a Harry

Es mi película preferida de Woody Allen. El personaje de Harry Block es, en mi opinión, el perfecto resumen y quintaesencia de todos los personajes de Allen, que en el fondo son siempre el mismo personaje: el propio Allen autopsicoanalizado. Y la estructura narrativa en este caso es modélica.
Me acuerdo perfectamente de cuando la vi por primera vez. Primera sesión de un día entre semana, cines Conde Duque de Alberto Aguilera.
Lo recuerdo porque es la única vez que he estado solo en el cine. Y cuando digo solo no me refiero a ir sin nadie, sino a que no había nadie más en la sala. Yo solo. Lo juro. No sé ni por qué me la pusieron (pensaba que tenía que haber un quórum mínimo de tres personas o algo así). Allí estaba yo sentadito... y la sala vacía. No entraba nadie. Empezó la peli, el acomodador cerró la puerta... y nadie más entró.
Al principio me sentía raro, porque me daba nosequé reírme... allí... yo solo, sin nadie que me secundase, sin ninguna risa humana alrededor, sólo silencio. No sé, me daba cosa, como si me pareciera de pirado eso de reírse solo. Pero después me olvidé y ya me descojonaba tan tranquilamente. Qué le iba a hacer. Yo y Woody frente a frente.
Esta escena es la que más me gusta. Es realmente antológica. En cualquier selección de la historia de la comedia tendría que figurar entre las primeras, creo yo. Cada vez que la veo es que me parto... Kristie Allie está que se sale (para darle 20 Oscars sólo por estos cinco minutos de obra maestra), y ese Woody Allen con sus excusas, pasotismos y ocurrencias... que sacarían de quicio a cualquiera. Dan ganas de cogerle del cuello y asfixiarle, la verdad. Verdaderamente genial.

Lo siento. No la he encontrado en español.



Tuesday, March 11, 2008

Trouble every day

Dos canciones:

Saturday, March 08, 2008

14 de abril de 1931

Alfonso XIII ha abandonado España y se ha proclamado la Segunda República. De madrugada, Josep Pla se pasea por el centro de Madrid:

"Tras haber cenado, hallándome en la Puerta del Sol y en la calle Mayor, me parece indispensable acercarme a lo que hasta ahora ha sido el Palacio de Oriente o Palacio Real.
Grupos de aspecto suburbial, con alguna mujer, ligeramente bebidos, con banderas, latas de petróleo, trozos de estatuas mutiladas o derribadas, van y vienen por las calles, gritando y cantando, pero con aire de estar ya un poco cansados. Llego a la plaza. La enorme mole del edificio, cerrado a cal y canto y en la más absoluta oscuridad, produce una gran impresión. Su aspecto es tétrico, fantasmal, dramático.

La plaza es una caldera humana. En los jardines delanteros se ve algún cuerpo tumbado en el suelo, durmiendo (algunos, roncando). Las oleadas humanas se suceden sin parar, van y vienen enarbolando gritos y canciones, vivas y mueras, gesticulantes, con las facciones descompuestas y sudadas. El Palacio parece muerto. [...] Una mujer, sentada en un banco, con una criatura dormida en brazos, observa con mirada perdida el gran edificio...
Madrid vive una madrugada frenética. Vuelvo a pie, paso a paso, por la calle del Arenal. Paso frente al hotel donde vi, tras los cristales del comedor, a Menéndez Pelayo ante una taza de café y una copita de coñac. La oleada de gente dirigiéndose a la plaza de Oriente no cesa nunca.
En la Puerta del Sol oigo a una señorita de mal vivir decirle a una amiga, con aire resignado:
--Con esto de la República, todavía no me he estrenado..."

(Josep Pla, Notas para Sílvia)

Tuesday, March 04, 2008

Lisboa Dreaming

Lisboa es un sueño difuso, irreal. Tanta claridad deslumbra al visitante. Guiñas el ojo. Las gaviotas se emborronan. Las cosas se acercan y se alejan. El paisaje palpita.

Hitchcock + Cheever = un relato real.

Saturday, March 01, 2008

Revista de Prensa

Si un buen libro me recuerda a una rica merienda, los suplementos culturales son lo que hojeo distraídamente mientras me tomo la merienda (los jueves) o desayuno (los sábados). Normalmente sus efectos soporíferos suelen ser devastadores, aunque a veces traen agradables sorpresas.
En el ABCD de hoy viene una breve pero estupenda reseña de Rodrigo Fresán sobre Viajando en grupo, de Henry Green. Lo vi el otro día en una librería y la verdad es que sólo por la cubierta (la parte inferior de un reloj en el que pone "London") me apeteció comprármelo, aunque me contuve y sólo lo curioseé un poco. Habrá que hincarle el diente cuando llegue a la biblioteca. Es lo malo de ser anglófilo (sobre todo londonófilo), que me ponen una foto con el Támesis o el Big Ben y ya estoy perdido.
Por cierto, que la semana pasada en ABCD venía un trozo del libro que acaba de salir de Alejandro Sawa, ilustre habitante de la calle Conde-Duque. Tiene buena pinta. Se titula Crónicas de la bohemia: "Pelotón sombrío. Longfellow y Walt Whitman, el uno ungido con gracia apolínea, el otro alimentado con médula de leones, son americanos. Poe, no. Aun nacido en París, la ciudad del arte por excelencia, hubiera pertenecido al pelotón sombrío de los poetas malditos. Echado a la vida en el país de los magazines y del reclamo, Poe fue un aurífice saturniano venido al mundo para sufrir".
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Placa en recuerdo de Sawa (c/ Conde Duque, nº 7)

En Babelia dedican el número de hoy al gran Ian McEwan: lo entrevistan en su casa (el cabrón vive en Fitzroy Square, ¡qué envidia!) y Eduardo Mendoza hace la crítica de su último libro. Así da gusto.
En cambio, todavía no he podido digerir las perlas que soltó el Señor de las Nocillas en la
entrevista de El Cultural del otro día. El titular da una idea bastante aproximada del nivel de ingeniosidad del conjunto: “Proust es un maestro pero su magdalena hoy nos viene envuelta en plástico y envasada al vacío”. No comment. Habla Fernández-Mallo de la "propuesta postpoética", la "nueva literatura", la "docuficción", el "punto ciego", el "afterpop" y otras etiquetas y eslóganes publicitarios. Parece que nos está intentando vender un producto de márketing (envasado al vacío, supongo). Es una pena, porque me parecía una persona cabal. Menos mal que nos aclara que no ha tratado a Wittgenstein en persona, que si no sería ya para preocuparse.

Afortunadamente, el que sigue sembrao es Rafael Reig. Pulsa uno su link y tiene asegurado lo que la mayoría de los libros actuales no nos ofrecen: buena escritura, inteligencia, sentido del humor... ¡y gratis! ¿Qué más se puede pedir? Muy grande.