Friday, April 13, 2007

Frances Farmer: carácter y destino

Actriz de fuerte carácter, inteligente y muy atractiva, Frances Farmer nació en Seattle el 19 de septiembre de 1913. Se puede decir que, hasta que se le torció el destino a los 29 años, fue una mujer de éxito moderado en el Hollywood de los años treinta. Con su habitual prosa cruda y afilada, así cuenta Kenneth Anger su descenso a los infiernos:
Su derrumbe empezó con un accidente banal: arresto por una violación de tráfico sin importancia la noche del 19 de octubre de 1942, en Santa Mónica. Fue multada por conducir sin licencia y ebria, llevando los faros apagados, en cierta zona de la carretera de la costa del Pacífico. Frances odiaba a los policías; a partir de ese momento se convirtieron en sus demonios personales. A los patrulleros que la insultaron y trataron con arrogancia, se les enfrentó con paralela hostilidad, y tras el combate verbal terminó arrastrada a la cárcel de Santa Mónica.

No mucho después, la arrestaron en el hotel Knickerbocker de Hollywood por incomparecencia ante el oficial de guardia; todo esto ocurrió en medio de un comportamiento histérico, durante el cual dislocó la mandíbula de su peluquera en el Estudio, perdió su jersey en medio de una etílica batalla en un club nocturno y, como guinda, salió corriendo topless en medio del tráfico de Sunset Strip. Los policías reavivaron su paranoia golpeando violentamente su puerta y abriéndola con una llave maestra para entrar armados y con esposas. Ella se escondió en el cuarto de baño. Los agentes forzaron la cerradura y, tras un salvaje forcejeo, la arrastraron desnuda hasta el vestíbulo del Knickerbocker. En la comisaría de Hollywood pegaron un respingo cuando la "nueva Garbo" rellenó el espacio dedicado a "Profesión" con la palabra "Mamona".Cuando el juez la interrogó acerca de su dependencia de la bebida, Frances replicó en voz alta: "Oiga usted, acostumbro a poner alcohol en mi leche. Y en mi café. Y en mi zumo de naranja. ¿Qué quiere que haga? ¿Que me muera de hambre? Bebo todo lo que puedo conseguir, incluida la benzedrina".
Frances se negó a participar en los trabajos manuales de la prisión. La empujaron hasta una clínica privada, donde hubo de enfrentarse durante tres meses al pavoroso tratamiento diario de la insulina (un método totalmente descartado hoy día).
En 1944 fue declarada loca y confinada en Steilacoom, Washington. Dijo: "Nenes, al fin y al cabo estoy de nuevo en casa".

(Kenneth Anger, Hollywood Babilonia)

Un pasalabolayquenovuelva

Me pide Mar Calíope que diga cinco cosas que me gustaría hacer. El orden lógico-cronológico sería el siguiente:
1. Publicar un best-seller.
2. Dirigir la peli basada en mi best-seller.
3. Con el dinero ganado en 1 y 2, irme a vivir a Roma una temporada larga y escribir -ahora sí- un libro decente.
4. Viajar a Nueva York en este 2007.
5. Tomar paella en Egipto con Mar (a ver a qué sabe eso, coño, qué curiosidad).
Le paso la bola a Xavi, Alfonso y Narrow, si les apetece.
Por cierto, que me dice Julio que al abrir mi blog sale "una publicidad emergente un poco coñazo". Primera noticia. ¿Sabeis si se puede quitar eso? (¿Qué anuncian? Por lo menos me podían pagar algo, digo yo, para ir tirando mientras fabrico el best-seller).
Ah, y me haría mucha ilusión saber quién me lee casi a diario desde la Queens University de Belfast, en el Reino Unido: asome su cabeza, please, and let us know who you are.

Tuesday, April 10, 2007

Las tijeras de la censura

Cortar y pegar es una tarea múltiple, reproductora, infinita. Desde el cirujano plástico que redime los complejos del paciente hasta el artista modernillo que hace collages para ciegos, pasando por el zapatero remendón o el último antólogo de poesía clueca, todos somos censores en mayor o menor medida. Sí: desde que abrimos los ojos al despertarnos, cada mañana, ya estamos cribando, juzgando, seleccionando. Somos maniáticos del zapping. Alguien tendría que venir por la noche a recomponer los desechos y hacer un vídeo con nuestras imágenes olvidadas. Según Freud, ese "alguien" se llama Sueño.
En Cinema Paradiso salía el típico cura de pueblo de la época, severo protector de la moral, que hacía sonar la campanilla cada vez que veía un beso en la pantalla. Alfredo, el proyectista, tenía que cortar los fotogramas pecaminosos para que el demonio de la Lujuria no manchase la pureza de la gente, que protestaba airada cada vez que había un salto en la película. Años después, el pequeño Totó encontraría los recortes censurados. Al verlos proyectados, seguidos, todos juntos, el hombre se emociona, como es natural:

Monday, April 09, 2007

"Tierra nueva", de Hamsun y Bances

(Foto: el actor Max Von Sydow haciendo de Knut Hamsun. Gracias por la advertencia, Xavi)

La culpa de que os endiñe más párrafos copiados es, en este caso, de José Manuel Benítez Ariza, que en su Columna de Humo ha recordado la colección de bolsillo de Ediciones G. P., de los años sesenta (información bursátil: en su día costaban 15 pesetas, ahora a él le cuestan 60 céntimos en las librerías de lance... y a mí dos euros en la Feria de Recoletos).
Al echar mano de mis knuthamsuns, me he encontrado con este principio de la novela Tierra nueva. Me conformaría con escribir así cuando sea mayor. Amanece en la ciudad:
Por Oriente, por donde sale el sol, se extiende una franja metálica de delicada calidad. La ciudad comienza a despertar; aquí y allí se percibe ya el rodar lejano de los carros que vienen del campo, grandes y pesados, carros rústicos que traen cosas al mercado: heno, carne y leña. Por las calles, los carros hacen bastante ruido, pues aún hiela un poco por las noches. Estamos a fines de marzo.
En el puerto no se percibe el menor ruido. Acá y allá se divisa un marinero soñoliento sobre la cubierta de algún barco; los patrones, a medio vestir, asoman la cabeza por sus camarotes y miran qué tiempo hace, mientras el mar calla, sosegado y tranquilo. Comienzan a abrirse los almacenes. Pasan hombres arrastrando cables y carretillas, bostezando, medio dormidos; comienzan las operaciones de carga y descarga de los barcos.
En las calles se van abriendo puertas, una tras otra; los aprendices barren las tiendas y sacuden el polvo de los mostradores.
En la gran casa de comercio H. Henriksen, el hijo está ya sentado ante su mesa y hojea la correspondencia.
Un joven atraviesa con paso cansado y soñoliento la plaza de la estación; viene de una cervecería, donde ha estado con unos amigos, y está dando un paseo antes de acostarse.
Sirva también esta cita de humilde homenaje al soldado desconocido R. Pérez Bances, traductor del libro, que seguro que puso mucho de su parte (imagino que no lo tradujo del noruego, sino del francés o del inglés, por lo que el parecido con el original debe de ser mera coincidencia).
[Perdonémosle los dos "soñolientos" tan cercanos.]

(Foto: Knut Hamsun haciendo de sí mismo)

Sunday, April 08, 2007

Galaxie 500

The Pixies, Sonic Youth, Yo la Tengo, Sebadoh, Pavement, Nirvana... Supongo que hubo un tiempo en que adoraba los gallos, como los de esta canción:

La Parasceve según Papini

No sé si será por culpa del efecto retardado o por esa manía socrática que tiene uno de llevar siempre la contraria, pero hoy, Domingo de Resurrección, me ha dado por ponerme a leer el relato de la Pasión que hace Giovanni Papini en su Historia de Cristo. Sólo copio un trocito, que me canso y os canso, pero si alguien lo tiene a mano le recomiendo que siga leyendo, porque hay algunos párrafos impresionantes, llenos de intensidad y fuerza, que tendrían que figurar -creo yo- en cualquier antología de Literatura de la Buena:
La tétrica caravana se puso en movimiento. Iba delante el Centurión, a caballo, aquel a quien Tácito llama, con terrible brevedad, "exactor mortis". Inmediatamente detrás, en medio de los legionarios armados, Jesús y dos ladrones que habían de ser crucificados con él. Los tres llevaban la cruz a cuestas, según el uso romano. Y tras ellos el tumulto y pisoteo de la chusma necia, que íbase aumentando a cada paso, de cómplices y curiosos.
Era la Parasceve, el día de la Preparación, la última vigilia de Pascua. Pieles de cordero estaban tendidas al sol, por millares, en los terrados; y cada casa lanzaba su columna de humo que se abría en el aire, delicadamente, como la corola de una flor, para perderse luego en el cielo, vibrante de fiesta. De los callejones desembocaban en las calles las viejas de narices malignas, mascullando anatemas; niñitos con la cara sucia, que correteaban con paquetes bajo el brazo; hombres barbudos que llevaban a cuestas un cabrito o una barraca de vino; burreros llevando de la cabezada a los asnos con el hocico bajo; muchachas que clavaban sus ojos desvergonzados y melancólicos en los forasteros que andaban, muy circunspectos, aturdidos por aquel barullo de fiesta.
(G. Papini, Historia de Cristo, tomo II, Editorial Voluntad, Madrid, 1929, pp. 293-294)

Friday, April 06, 2007

Cine: el eterno retorno de la imagen

"La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 veces por segundo" (Jean-Luc Goddard).


La inocencia del devenir. El eterno retorno de lo idéntico. Heidegger lo explicó con su verborrea imposible:
El término «retorno» piensa el volver consistente de lo que deviene para asegurar el devenir de lo que deviene en la permanencia de su devenir. El término «eterno» piensa el volver consistente de esa constancia en el sentido de un girar que vuelve a sí y se adelanta hacia sí. Pero lo que deviene no es lo continuamente otro de una multiplicidad que varía sin fin. Lo que deviene es lo mismo mismo [das Gleiche selbst], es decir: lo uno y mismo (idéntico) en la respectiva diversidad de lo otro. En lo mismo se piensa la presencia en devenir de lo idéntico uno. El pensamiento de Nietzsche piensa el constante volverse consistente del devenir de lo que deviene en la presencia una del repetirse de lo idéntico.

Thursday, April 05, 2007

Caso Janouch: el timo de Destino

Yo entiendo que hay que vender libros y esas cosas, pero también debe haber ciertos límites marcados por la decencia. La vergüenza torera, que dicen. La dignidad, eso que les permite dormir bien a los no insomnes y caminar con la cabeza alta por la calle a los bien alimentados. Pues eso es lo que yo creo que ha faltado en este caso por parte de la editorial Destino.

Me diréis que no es para tanto y que se ven a diario cosas mucho peores en este mundillo de los libros. Seguramente, pero en este caso la cuantía del delito se ve magnificada por la dimensión de la persona contra quien se comete, pues estamos hablando de uno de los clásicos del siglo XX: Franz Kafka. (Yo creo que en un arte ocioso e inútil como el literario no pueden valer las leyes de la democracia. La igualdad sería una injusticia. Que vendan todos los Códigos da Vincis que quieran, que me parece bien, pero que no utilicen torticeramente a los grandes para enriquecerse.)
Dice la contraportada de la edición española de Conversaciones con Kafka, de Gustav Janouch: "Un libro bellísimo y cargado de emoción, que nos presenta a un Kafka íntimo y humano. La cara desconocida del genio". Y un poco antes se atreven a comparar este libro ¡¡¡¡con las Conversaciones con Goethe de Eckermann!!!! Lo de "bellísimo y cargado de emoción" lo podemos admitir, porque después de todo es cuestión discutible y subjetiva, pero lo de que presente "un Kafka íntimo y humano" es de risa. No he visto un Kafka más artificial, pedante y acartonado que el que aparece en este libro. Quiero decir que Kafka no aparece por ningún lado, no está, no es, no brilla ni por su ausencia. En la comparación con Eckermann no hace falta ni entrar, por grotesca y desvergonzada.

En ningún lugar del libro (y mucho menos en la cubierta) se hace mención al más que probable carácter "apócrifo" de estas conversaciones de Janouch con Kafka. Vamos, que este libro lo escribió el tal Janouch, sí, pero que de las frases que pone en boca de Kafka no hay que creerse nada de nada. No habría que aceptar como verdadera ni una sola (creo yo).

Abrí el libro con total credulidad e inocencia, pero me bastó leer las explicaciones sobre la historia del libro que hace el propio autor en el prólogo a la segunda edición para saber que estaba ante un auténtico timo. Así entiendo yo, al menos, la explicación: cuando era joven Janouch conoció a Kafka, que era compañero de oficina de su padre; años después, tras todas las humillaciones y derrotas que tuvo que sufrir como judío de Praga durante la Segunda Guerra Mundial, y cuando Kafka ya gozaba de reconocimiento póstumo en todo el mundo, Janouch estaba en la miseria más absoluta; entonces decidió sacarse de la manga este libro de conversaciones con Kafka y ganar un poco de dinero para salir adelante (es comprensible que lo hiciera). Después de todo, Janouch siempre había tenido ínfulas literarias. El apoyo de Max Brod, que no sé si tendría también parte en el negocio (imagino que sí, porque el tío no hizo otra cosa que vivir a costa de su amigo muerto), bastó para darle un aire de rigor y veracidad al asunto.

Me lanzo al vacío y sin paracaídas: no soy un experto investigador sobre la obra de Kafka, pero mi poquito de sentido común me basta para concluir que este libro es un bluff y que la editorial Destino pretende sacarle jugo al timo obviando las dudas más que razonables sobre el tema. Vamos, que la editorial está intentando timar a sabiendas al comprador.
Gracias a Dios (hombre precavido vale por dos), cogí el libro en la biblioteca y no me he gastado un duro en la apuesta. Así no me he sentido tan timado; sólo un poco, colateralmente, en cuanto lector inocente y ciudadano que paga sus impuestos (y por eso lo denuncio aquí, donde puedo).
Ya hablé en su día de otro libro apócrifo, en aquel caso de Nietzsche, pero el espíritu y la letra son totalmente distintos. A mí me parece que el autor anónimo de aquel libro lo hizo por admiración hacia Nietzsche; en cambio, este Janouch, que grita su idolatría sin límites por Kafka, lo que hace es apropiarse rastreramente de su figura. Y lo peor de todo, como digo, son las artimañas de la editorial para seguir vendiéndonos, cincuenta años después, ese robo.

Monday, April 02, 2007

Zaragoza (Semana Santa 2006)

El año pasado estuvimos el Jueves y Viernes Santo en Zaragoza. En el tren de regreso a Madrid, escribí -con caligrafía mínima y sinuosa- estas breves líneas en mi cuadernito azul:

Todavía resuenan en nuestras cabezas el eco de los tambores y notamos el olor a incienso de las cofradías. Zaragoza parecía tomada por tribus de capuchinos o ejércitos de cofrades. Desde cualquier punto de la ciudad se escuchaba el resonar de tambores y bombos. Incluso de madrugada, entre las tinieblas del sueño, se oían los pasos de gigantes que invadían la ciudad como una procesión de fantasmas con sus antorchas encendidas...

La mezcla de misterio, Pasión, incluso miedo, con el olor del incienso, el fervor religioso y, sobre todo, el redoble atronador de los tambores, envuelve el ánimo en una especie de exaltación lúgubre, funeraria, pero también -en cierto modo- festiva.
Quedan muchas cosas en la memoria: las vistas del puente de piedra desde la ventana del hotel, los arcos de la Alfajería, el viento golpeándonos en la cara en lo alto de la basílica del Pilar (los cuatro puntos cardinales, con su panorámica de los confines de la ciudad), la salida de la Seo de la Cofradía del Prendimiento del Señor y del Dolor de la Madre de Dios (¡qué nombrecitos tienen!), la Casa de los Marlones, la calle de Don Jaime I y la de San Pablo, el Mercado Central, etc.

Lo último que hemos presenciado, como traca final (y en primera fila), ha sido la Procesión del Santo Entierro, en la que participan todas las cofradías, congregaciones y hermandades de Zaragoza.

Este año nos quedamos en Madrid, que ya bastante hemos viajado últimamente.

Sunday, April 01, 2007

Don Cipote de Archidona

Parece que, sobre todo desde que se murió, todo el mundo odia a Cela. No sé cuántos libros han salido poniéndolo a parir, recordando sus miserias de posguerra al ofrecerse como delator del franquismo y otras hazañas de dudosísima calidad ética. Pues vale, muy bien. Seguro que no entrará en el Reino de los Cielos (si lo hubiere), como, por otra parte, tantos otros millones de seres vivos. Pero hablemos de literatura.
Para mí Cela es uno de los más grandes escritores que ha dado el siglo XX en nuestra lengua. Me resulta raro tener que decirlo (porque me parece una obviedad), pero como hay tantas personas, estudiosos, críticos y escritores -muchos de ellos a los que admiro- que lo consideran un escritor menor, si no francamente malo, pues lo digo. Cela -que, como dice el tópico, fue un gran escritor pero un mal novelista- escribió obras maestras como Viaje a la Alcarria, La colmena, San Camilo 1936... Sólo estos tres títulos bastan para situarlo entre los grandes de la literatura española contemporánea (creo yo). Y como personaje, pese a sus innumerables defectos, que tantas antipatías y odios han despertado, a mí siempre me ha resultado gracioso. Un guarro gracioso, digamos. Como ejemplo, os dejo con este vídeo, que podría ser perfectamente un discurso de Quevedo o una escena de Berlanga (transcribo unos trozos):
El mozo archidonero se corrió de cuchara, esto es, hacia atrás y por encima de la cabeza, como chutaba Zarra. [...] Acostumbra a autocascársela tres veces al día: al despertarse, de postre del almuerzo y al acostarse para adecuar los buenos sueños, salvo moza propicia, a la que, claro es, no desaira. Su ritmo es rápido y breve y no suele pasar más allá de los primeros compases del pasodoble El gato montés. Se la zurra con la derecha porque, dada su edad y prepotencia, no precisa cambiar de mano. [...] Según informes de la Guardia Civil, ni babeó ni bizqueó.

Friday, March 30, 2007

Desaparecidos

Ayer vi en el telediario una noticia que me dejó pasmado. Ya sé que no hay que creerse mucho lo que dicen los periodistas, pero digo yo que el dato lo habrán sacado de algún lado: más de doce mil personas desaparecen en España... ¡¡¡cada año!!! La mayoría lo hace voluntariamente. Se bajan a comprar tabaco... y no vuelven. No avisan a sus familias ni les explican el porqué de su huida; simplemente se van... y empiezan una nueva vida.
El otro día hubo un congreso nacional en Bilbao o por ahí en el que se reunieron los familiares de desaparecidos. Están todos destrozados. Como decía una de las afectadas, "es peor que si supieras que está muerto": ese no saber por qué (si se ha ido voluntariamente o le ha pasado algo), ese no saber si está vivo o muerto, ese no saber si puedes hacer algo o no, si podías haberte dado cuenta antes de que sucediera, en fin, esa incertidumbre permanente, brutal, martilleante... debe de ser horrible.
Cabe la posibilidad de que la noticia fuese una simple excusa de Antena 3 para hacer un anuncio subliminal de la serie que ponían a continuación en esa misma cadena (una serie sobre gente desaparecida) y que el dato estuviese un poco inflado (me parece excesivo: ¡doce mil al año!), pero la verdad es que me dejó muy pensativo y por la noche he tenido varios sueños/pesadillas que trataban sobre el tema. Kafka era el guionista.
Padres, hijos, hermanos, maridos... que de repente cogen la puerta y se largan. Y nunca más vuelven a dar señales de vida.
No sé, todavía estoy un poco noqueado, no lo asimilo del todo. O hay gente muy rara por el mundo, o es que todo -en general- es muy extraño... Qué se le va a hacer, c'est la vie. Bueno, me voy a comprar tabaco. Ahora vuelvo.

Wednesday, March 28, 2007

George Santayana

Me emplaza Portorosa a hacer un "memis" de esos, y yo, que soy muy diplomático y obediente, le sigo la corriente al amigo cunqueirista. (Es broma, siempre es un placer).
Gracias a Dios no tenía a mi lado una de esas revistas de moral relajada que a veces hojeo en mis ratos libres, sino un estupendo libro del escritor y filósofo George Santayana (1863-1952), uno de mis ídolos desde hace bastante tiempo (de esos ídolos que tengo yo, a los que en realidad me habría gustado tener como amigo para charlar un rato con él, tomando tranquilamente una pinta en Princess Louise). Se trata de Personas y lugares. Fragmentos de autobiografía, publicado en 2002 por la Editorial Trotta. Como digo, un libro maravilloso, sobre todo cuando habla de sus viajes por Europa. Los recuerdos de sus estancias en Londres o en Roma, por ejemplo, son inolvidables.


A ver. Os sitúo rápidamente. Aunque Santayana nació en Madrid, enseguida se fue a vivir fuera de España. Escribió todas sus obras en inglés, frecuentó a personajes ilustres como William James o Bertrand Russell y fue durante muchos años catedrático de Filosofía en la Universidad de Harvard.
En este capítulo está hablando sobre Ávila, una ciudad a la que tenía un especial cariño y admiración, por vínculos familiares, intelectuales y afectivos. Pues bien, allá voy:
En esta dirección existía una meta interesante para un largo paseo en el tiempo fresco; y un paseo es más agradable cuando se dirige hacia algún sitio concreto, donde uno puede detenerse, mirar alrededor y descansar un poco, antes de dar la vuelta satisfecho hacia casa. Esto era la ermita de Nuestra Señora de Sonsoles, una amplia capilla de piedra con una casa de labranza anexionada, construida sobre una eminencia al pie de las sierras, con una arboleda delante, una fuente y algunos bancos de piedra. En tiempos de mi padre, rara vez la visitamos, porque mis visitas caían entonces en pleno verano y el camino a través de todo el valle era largo y polvoriento bajo el sol; pero posteriormente, cuando podía quedarme con mi hermana en el otoño, me iba andando hasta allí solo, o acompañado a veces de mi cuñado, quien iba no obstante en mula, mientras su hijo Rafael (mi compañero habitual) y yo íbamos a pie.
Celedonio, de cierta edad y pesado, no iba por mí, aunque así aparentaba hacerlo. Él iba en peregrinación religiosa.
Y le paso la bola a Desconvencida, Mabalot (que está en Japón y seguro que tiene al lado un libro muy curioso) y Manuel Jabois. Se trata de coger el libro que tengas más cerca, abrirlo por la página 139 y escribir las cinco primeras frases del segundo párrafo.

Tuesday, March 27, 2007

Hollywood

Miles de imágenes, historias, personajes, emociones...

Monday, March 26, 2007

Tres estampas cordobesas



Fotos: el patio de la Mezquita, un caballo despeluchado y una estatua del Alcázar.

Córdoba o el jardín de los senderos que se bifurcan

"A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde" (Lucio Anneo Séneca).
Ya he vuelto del paraíso de los paseos laberínticos: callejuelas largas y estrechas, increíbles senderos que se bifurcan, plazas, fuentes, jardines, patios, torreones, pozos... y un asombrado etcétera.
Tierra de grandes filósofos (Séneca, Averroes, Maimónides) y poetas desiguales (Lucano, Juan de Mena, Góngora, el duque de Rivas), Córdoba fue en su día la ciudad más grande del mundo y sigue siendo, para mi gusto, una de las más bonitas del Reino. Más allá de sus riquezas históricas, artísticas y religiosas, que son ciertamente apabullantes, para mí Córdoba es el lugar sagrado de los flaneurs que, como yo, fatigamos a diario las calles de la gran ciudad en busca de no se sabe muy bien qué.
Del Cristo de los Faroles a la entrada de la Sinagoga, de la Puerta de Almodóvar a la Torre de la Malmuerta... somos vagabundos irredentos en pos de nuestra propia sombra.
Nunca olvidaré nuestro paseo del sábado por la noche por el barrio de la Judería. Estaba todo oscuro y en silencio, no había nadie, ni un alma (y cuando digo "nadie" significa nadie), sólo se oía el eco de nuestros pasos y las respiraciones de los muertos. A veces nos parábamos y mirábamos hacia delante y hacia atrás, hacia el infinito. Era como contemplar de frente la nada, los ojos vacíos de Dios. (Y cuando digo "Dios" me refiero al Dios de los cristianos, musulmanes y judíos.)

Saturday, March 24, 2007

A Córdoba me voy



Fotos: mayo de 2006, en la semana de los patios.

Friday, March 23, 2007

Don Hamlet y el Diluvio Universal II

Los libros van y vienen, vienen y van, huyen, regresan, se escurren, marean, impactan, desaparecen, unos dejan huella profunda, otros son simples suspiros que se lleva el viento, los libros se sumergen, corretean, claman por su vida, y al final se esconden en el limbo de las cosas muertas... Hasta que llega un golpe de suerte que las resucita.
Recuerdo que tendría doce o trece años. Era una madrugada de insomnio o de pesadillas, una maldición constante en esta mi puñetera vida de alelado insomne. Me fui al cuarto de estar (¡qué gran nombre: cuarto de estar!) y encendí la luz. Cogí un libro de la estantería y lo empecé a leer. No sé si entendería bien lo que leí (estaba en gallego y el estilo era difícil), pero lo cierto es que sentí muchas cosas que no son fáciles de nombrar y que se me quedaron grabadas para siempre: era como meterse en una fantasía a través de unas páginas amarillentas con dibujos fantasmagóricos, caminar entre personajes legendarios, dejarse mecer por las palabras y habitar felizmente un mundo de ensueño (yo, que no conseguía dormir ni a tiros).
Años después estuve buscando aquel libro por toda la casa, pero nada, no lo encontré. Le pregunté a mi padre pero no él no lo recordaba (tanto libro en gallego distorsiona la mente). Yo tenía la sospecha -equivocada- de que se trataba de una obra teatral primeriza de Gonzalo Torrente Ballester sobre un personaje shakespeariano (sigo sin estar muy seguro de que no exista también ésta, porque juraría haberla leído en otra noche de insomnio).
Pues bien: el otro día lo encontré y es O incerto señor Don Hamlet, príncipe de Dinamarca, de Álvaro Cunqueiro. Es una edición de 1958, de la editorial Galaxia, con ilustraciones de Xoan Ledo, que se terminó de imprimir en los talleres Peón, de Pontevedra, el 16 de febrero de 1959 (será que primero se registraban los libros y varios meses después se imprimían, no sé). Al final del libro he encontrado un verdadero tesoro: tres recortes de periódico de esa misma época (imagino que son del Faro de Vigo y que los recortaría mi abuelo, o mi padre de jovencito) con artículos de Cunqueiro: "El diluvio universal", "De que los peces oyen" y "Las noches salmantinas".
Está bien, no os ofusquéis, transcribiré unas líneas del primero:
Pocas veces he visto caer de las negras nubes tanta agua como el martes y miércoles pasados. El miércoles, en Lugo, a las doce de la mañana, estaban las bien abastecidas nubes tan cerca de la tierra, y traía el poderoso vendaval tan apretada el agua sobre la ciudad, que si fueran antiguos tiempos y la muralla se cerrase con fuertes puertas, yo, Regidor Mayor, mandara abrirlas en seguida, de miedo que la taza de la que son borde las murallas romanas se llenase y revertiera. Y regresando por la noche a Mondoñedo, otra que tal. "Memorable fecha, 15 de abril de 1959. Comenzó el Diluvio Universal II. Que la recuerde quien se salve". Y me sorprende a mí mismo recordando que según el arzobispo de Usher, de la Iglesia de Inglaterra, el Diluvio Universal I terminó precisamente un 15 de abril, el del año 2730 antes de Cristo, a las doce de la mañana.
De nada. Ha sido un placer.

Wednesday, March 21, 2007

Un cuadro cubista

Ya puse en su día un cuadro abstracto y uno impresionista. Este paraíso del cubismo es el cementerio judío de Praga (diciembre, 2006).

Tuesday, March 20, 2007

Las pildorillas del Padre García

Escritor serio, elegante y erudito, don Juan Valera (1824-1905) recorrió el Viejo y el Nuevo Continente como diplomático. También dirigió periódicos, fue diputado en el Congreso y académico de la Española. Se dedicó con especial fortuna a la crítica literaria y, como podéis ver a continuación, también hizo sus pinitos en el humor surrealista:
El benéfico prurito de educar y de corregir que había en el alma de Rafaela llegó a tener influjo hasta en su confesor y director espiritual el Padre García.
Era éste un venerable siervo de Dios, diserto y suave en sus coloquios, notable teólogo dogmático y severo moralista, cuyos consejos y advertencias valieron mucho a Rafaela, aunque a menudo, y muy a pesar suyo, no los seguía: culpa acaso del irresistible ímpetu de su apasionado carácter.
Sólo deslustraba el indiscutible mérito del Padre García una inveterada y perversa maña, que desde la infancia había en él, y que le había valido entre sus condiscípulos del seminario el farmacéutico apodo de Pildorillas. Era prodigiosa la inagotable fecundidad del filón de donde el Padre García las sacaba y las fabricaba. Sus narices eran venero inexhausto. Eran como los encantados cubiletes del prestidigitador más aplaudido. En cuanto cabe en lo humano, daban una idea aproximada del milagro de pan y peces. ¡Pues bien: apenas parece creíble! Rafaela, con gracioso talento, con amistosa delicadeza, sin dar a conocer que notaba en el Padre aquel vicio y censurándole sólo en los otros, logró curarle de él radicalmente, y esto, hasta tal extremo de perfecta curación, que, según los informes que he podido adquirir, el Padre García en los muchos años, que para bien y provecho de las almas, ha vivido después, no ha fabricado una sola píldora siquiera.
(Juan Valera, Genio y figura)

Monday, March 19, 2007

La Mala Vieja

En verdad os digo, amigos, que se nos ha escapado la primavera. Ha sido un visto y no visto que nos deja con la cara al ralentí, a expensas del biruji.
La nieve, el viento y la lluvia han llenado la Península de abrigos, paraguas y bufandas que no nos dejan caer en la tentación, mas nos libran del mal, amén.
Por cierto, ya que estoy tan eclesiástico, os confesaré una cosa: cuando de pequeño oía en misa lo de la plaga de langostas, siempre pensaba: "Joe, qué suerte tenían los tíos, se ponían tibios de marisco..." Y me los imaginaba ahí a todos sentados con sus platos en mitad del desierto, arremangados y con la servilleta en el cuello (como Carpanta), pelando langostas. De verdad, no es coña.
Y lo del "acto de contricción" me sonaba a diarrea.
Eso sí: no creo que hubiera una frase más hermosa y anhelada que el "Podéis ir en paz" del final de la misa, seguido del novamás de la ironía: "¡Damos gracias a Dios!"
Y no sigo, que no acabo...

Sunday, March 18, 2007

Nuestro Café de Pombo


Mientras Diarios nos invita a su maravillosa jornada campestre y Jabois se erige en Sumo Pontífice del Culo Prieto, Portorosa intenta moderar -con infinita paciencia- un diálogo razonable en esta nuestra maldita Guerracivilandia, que (no lo olvidéis nunca) es sólo el país de los políticos. Por su parte, Narrow y Mabalot se unen para cantar las glorias de la patria lusa, Descon nos recuerda la lágrima final de Leonard Cohen y Logan nos hace revivir el gran día de Los Planetas. Etcétera.
Así se va tejiendo esta Red de voces, de vidas, de imágenes, de ideas, de opiniones, de palabras... que siempre nos conforta y nos clarifica. De Galicia a Madrid, pasando por Pamplona, Gijón, Mallorca, Cádiz, Valencia, Zaragoza, Barcelona, Almería... Ésta es nuestra nación, nuestro particular Café de Pombo. Sus enlaces, aquí, a la derecha.

Friday, March 16, 2007

Tolstoi guionista

Toma 1. Exterior. Día. El amanecer de una ciudad gloriosa en un frío día de invierno:

Moscú estaba en calma. Sólo se dejaba sentir de tarde en tarde el crujir de algunas ruedas sobre la nieve. No había luz en las ventanas y hacía rato que los faroles habían sido apagados. Se oían las campanas de las iglesias anunciando la llegada del día. No había nadie por las calles; únicamente el cochero, intentando mantenerse despierto, permanecía a la espera de algún rezagado. En la iglesia, débilmente iluminada por la luz de algunos cirios (que se reflejaban en los dorados de las imágenes), había alguna vieja que otra.
La población trabajadora, después de una larga noche de reposo, se disponía a emprender las rudas faenas del día. Pero para los señores era de noche aún.
Por una de las ventanas del hotel Chevalier se filtraba la luz (que prohibía el reglamento) a través de las rendijas. Ante la puerta del hotel permanecía un coche y una troica de postas. El portero, acurrucado y envuelto en su pelliza, parecía estar escondido en el portal de la casa.
De la habitación vecina llegan las voces de tres jóvenes. Están sentados a la mesa, en la que aparecen restos de la cena y del vino.
(León Tolstoi, Los cosacos)



El conde Tolstoi, que escribió unas cuantas obras maestras (mis preferidas son las narraciones cortas, como La muerte de Ivan Illich y La sonata a Kreutzer), empezó llevando una alocada vida de joven juerguista, metido hasta las trancas en esa Santísima Trinidad del catecismo hedonista que son las mujeres, el alcohol y el juego. No sé si sería por la ingesta excesiva de vodka, pero el caso es que se le acabó yendo la cabeza: se dejó barba de profeta bíblico y decidió tomar partido por la Utopía, esto es, por el fracaso más absoluto. De ahí que proclamara a los cuatro vientos los principios del cristianismo libertario, se convirtiera en vegetariano y pacifista recalcitrante y defendiera enérgicamente el esperanto como lengua oficial de la humanidad. Acabó viviendo solo en el campo, donde se afanó en un oficio más honrado que el de novelista: el de zapatero remendón. Como digo, se le fue bastante la olla.
Murió heroicamente, como sólo los grandes pueden hacerlo, en el lugar más hermoso que hay para decir adiós a la vida: una estación de ferrocarril perdida en la estepa rusa. La causa: una neumonía. La fecha: 20 de noviembre de 1910.
[Addenda de Mabalot: Tolstoi se larga de casa, a sus ochenta y tres años, por una discusión con su mujer, que debió ser de escándalo para que el viejo, ya gloria nacional, se las pire como un vagabundo aristócrata. La primera noche la pasa en un monasterio. A la mañana siguiente se va en dirección a Rostov, que es no sé dónde, pero que debía ser lejos, y no llega, se pone malo en Astàpovo, donde no hay nada, ni fonda, ni hotel ni nada de nada. No habría ni fuente. Lo meten en el cuarto del jefe de estación, y allí pasa sus dos últimos días el más grande escritor ruso del momento. Acuden periodistas, curiosos, escritores... y su mujer e hijos. Palma después de una lenta agonía de dos días, según el tomo de Ana Karenina que tengo delante, el 7 de noviembre de 1910. Será calendario ruso. Ya sabemos que la Revolución de Octubre no fue en octubre.]
[Addenda 2, de Martín L. L.: Una estación ferroviaria en medio de la estepa rusa, finis vitae de León Tolstoi; perdido en el pacifismo, en un cristianismo propio de primeros tiempos, y de máxima espera. Yo entiendo que Tolstoi se pierde en lo utópico, aquello que no va a ninguna parte: allí, un sitio admirable, ha encontrado el lugar de una paz aún mejor que el pacifismo que predica ad usum de las masas. Si ha encontrado la esperanza, la propia y de nadie más, no sé si se puede decir que haya perdido la razón, a no ser que ésta haya de abonarse al escepticismo. Me imagino al viejo Tolstoi arrastrando a ninguna parte la razón suya que por fin ha encontrado.]

Wednesday, March 14, 2007

Tres escenas de cine

La de los espejos de La dama de Shanghai (Orson Welles):

La de la Fontana de Trevi de La dolce vita (Federico Fellini):


Y la del final de El tercer hombre (Carol Reed):

Monday, March 12, 2007

La Buena Nueva

En verdad os digo, amigos, que ha llegado la primavera...
¡He visto los primeros escotes de la temporada!
Salid y contadlo, pues.

Sunday, March 11, 2007

11-M

Todo el día buscando una palabra, una sola palabra, pero nada, no sale nada. Ni una gota; estás seco. Sólo un nudo de angustia en la garganta, dolor -imaginado- por la ausencia.
Lo más indigno de ser hombre: la mentira hecha tiempo, la traición de las horas, día a día... Tres años de vacío en el recuerdo.
Y, mientras tanto, todos gritan. ¡Qué pena que no sea eterno el minuto de silencio!

Thursday, March 08, 2007

Una protesta contra Pre-Textos

Antes de nada, que quede claro que no tengo nada personal contra Pre-Textos (es una de las mejores editoriales que tenemos en España, si no la mejor), pero es que vengo de ver en El Corte Inglés el último de los diarios de Andrés Trapiello, que ya ha salido a la venta, y me he puesto de mala hostia: ¡¡¡Pretenden cobrarnos 35 euros y no se han molestado ni en corregir el texto de las solapas!!! Yo es que lo flipo... Como dirían Fernán Gómez o Panero de sus fans: "¡A la mierda!".
Diréis que soy un tiquismiquis, pero es que a mí ver un Berckeley con "ck" me sienta como una patada en los cojones (con "c" y con "j"). Más o menos me ha pasado lo mismo que a A.T. cuando se encuentra con un escritorcillo pedante y comenta en su diario (es una de sus frases antológicas): "Hoy me he encontrado con uno de esos que escriben empero". (Jajaja... El tío da en el clavo. ¿A que los que escriben "empero" tienen una pinta especial? Supongo que muchos de ellos fuman en pipa.)
En fin. Que una editorial que hace alarde de buen gusto (y pretende cobrárnoslo) no puede permitirse estas cosas. Creo yo.
Esperaré a que lo tengan en la biblioteca. Lo mismo algún usuario bondadoso le quita la "c" con típex.

Capra Vs Hitchcock

¿Cómo sería Qué bello es vivir en versión de Alfred Hitchcock?

Wednesday, March 07, 2007

Contra Roma

"Mediocre hasta la opresión",
dijo Melville de Roma.
A Longfellow le deprimía.
Joyce dijo: "Roma es como un hombre
que se ganase la vida enseñando
el cadáver de su abuela" [...].
Roma que te meas
en las puertas de las iglesias,
Roma abarrotada de gatos
como una casa abandonada
o como una vieja solterona,
Roma en la que el cardenal
folla con el monaguillo
y la matrona con el hijo de la portera,
te pareces demasiado a los hombres.
(Martín López Vega, Elegías romanas)

...Y otras tres

El Tíber por la noche

Una casa del Trastevere

El Vittoriano desde arriba

Tuesday, March 06, 2007

Tres estampas romanas

Como este blogger no me deja subir más fotos, por ahora os enseño estos tres lugares que no había visto en mis otros viajes a Roma y que me han encantado. Como podéis ver, ha hecho un tiempo estupendo:

La basílica de San Paolo Fuori le Mura

Los jardines de Villa Médici

El lago de Villa Borghese

Thursday, March 01, 2007

A Roma

Con permiso de las desgracias y miserias que corroen los sótanos del mundo, voy a intentar ser feliz durante cuatro días: me voy a Roma.
Salimos mañana temprano y volvemos el lunes por la noche.
Es lo bueno de ser un fracasado y tener la vida en el aire: que te puedes permitir estos lujos de vez en cuando.
Si no se cae el avión de bajo coste (toquemos madera), dentro de unas horas estaré paseando por la via Giulia, la Villa Borghese, la piazza Navona... Me emociono sólo de pensarlo.
Con la cantidad de trattorías que me ha recomendado el amigo Jacopo, no creo que pasemos hambre.
Prometo volver con muchas fotos y alguna historia que contar.
Hasta pronto.

Wednesday, February 28, 2007

"Aquí comió Félix de Azúa"

A veces tiene uno que salir de casa para que la inspiración le conceda sus mejores dones. Quizás sea porque cuando está fuera de su ámbito cotidiano uno lleva los ojos más abiertos y está más receptivo a los detalles y a las novedades, no sé, el caso es que a la literatura le suele venir muy bien que la aireen y la saquen de paseo. Eso le pasó al escritor Félix de Azúa cuando, allá por el mes de octubre, vino a pasar unos días a Madrid. En su blog -el mejor que ha existido nunca- nos regaló a sus lectores unos párrafos geniales, unas impresiones tan exactas como sugerentes, unas metáforas perfectas sobre nuestras calles (que los que pasamos por allí a diario no habíamos sido capaces de percibir, pero al leerlas supimos que eran la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad). Por ejemplo:
También en Madrid llueve a cántaros. Cuando llueve, el conductor madrileño se lanza a la ocupación del espacio reservado para el paso de vehículos en dirección perpendicular. Al cabo de pocos minutos, todos los automóviles impiden el paso de todos los automóviles. La ciudad se convierte en un río de hierro.
Fantástica superficie de metales mojados que reflejan las inútiles luces de los semáforos y sobre la que parpadean los azules giratorios de las ambulancias, los verdes policiales, los intermitentes anaranjados del autobús, el rojo vivo de los frenos. Alberto Aguilera es un dragón multicolor.
Verdaderamente genial. No hay palabras.
Pues bien, a lo que voy. Resulta que el 19 de octubre de 2006 por la noche el señor Azúa salió hambriento del hotel en que se alojaba, presumiblemente el NH Alberto Aguilera, en busca de algún lugar donde saciar su hambre. Quiso la casualidad (o la cercanía) que acabase entrando a comer en el Iberia, bar de la glorieta Ruiz Jiménez, famoso -sobre todo- porque en él se reúnen a todas horas cientos de taxistas (por eso la glorieta siempre está llena de taxis aparcados) y porque los fines de semana es de los pocos sitios que están abiertos al amanecer y sirve de abrevadero a los jóvenes medio borrachos que necesitan un desayuno reponedor o la última copa tras la larga noche de farra.
Si un día antes había clavado las imágenes de la ciudad bajo la lluvia, en este caso Azúa nos brindó una genial crónica costumbrista, entre solanesca y esperpéntica, que hace las delicias de cualquier lector. No sé a qué está esperando don Félix para venirse una temporada a vivir a Madrid y escribir el libro del año (o de la década). Tampoco sé a qué esperan los dueños del bar para poner un cartel que diga: "Aquí comió Félix de Azúa".
Costumbrismo ontológico
Tremenda fatiga. Llego al hotel a las diez de la noche, tiro los trastos y salgo en busca de algún alimento, cualquier cosa, lo que sea, fideos, donuts, esturión al ajillo, me da lo mismo. No he comido nada desde las ocho de la mañana. Entro casi sin mirar en la primera puerta que encuentro, la Cafetería Bar Iberia Salón Comedor y me asalta una emoción intensa, adolescente.
Suelo de losa verde, apoyadero de mármol plástico imitación jade chino hasta media altura, el resto gris rata, apliques de latón con tulipas translúcidas floreadas, percheros de bola, manteles de papel a cuadros marrones, un aparador lleno de flanes de huevo y periódicos viejos. En la tele retransmiten el partido Real Madrid vs. Steaua de Bucarest. Tomo asiento.
Se acerca un camarero cojo vestido de mandilón con lamparones y chaleco blanco al que falta un botón. Pido dos primeros, ¿es posible?, (no contesta), lentejas y patata con carne, dos clásicos de cuando estudiaba y el mundo iba a ser mucho mejor y lo íbamos a conseguir nosotros. Se va tic toc tic toc.
Un escalofrío de voluptuosidad me recorre el espinazo. Estoy a punto de pedir tinto El Sotillo con La Casera, como mi vecino de mesa, un hombre sin barbilla y nariz pontifical, pero me contengo. En el salón comedor Iberia sólo hay hombres y el más joven tendrá sobre los cincuenta y siete. “¿Y beber?”, dice. Ha vuelto como un aparecido. Me pido una cerveza, pero que no esté muy fría, por favor, hoy he caminado bajo la lluvia y estoy temblando. El cojo me mira con una sabiduría secular, abismal, paleolítica y me trae una cerveza helada. Tiene razón. ¿Cómo se me ocurre pedir estas tonterías?
Cuando el Madrid marca su cuarto gol, todos los comensales dicen: “gol” con una voz neutra, sin expresión, minimalista, como si saludaran a un colega que acaba de entrar, pero todos al mismo tiempo, con una exquisita articulación a capella. Uno de ellos, solista, añade para sí mirando al plato y pinchando una albóndiga: “Muy bonito. Mu-y bo-nito”.
El cojo se acerca a un caballero rebozado en chándal amarillo limón, pelo rapado y gafas culo de vaso y le pregunta con rotunda seriedad: “¿Hace el segundo, guapo?”. El del chándal asiente de mala gana y sorbe la coca-cola de su vaso de tubo. “¿Qué era, el codillo?”. El del chándal levanta la cabeza como si le hubiera picado un áspid y se le queda mirando al camarero de hito en hito y con expresión indignada: “¿Voy yo a comer esa mariconada?”. Y luego, con un gesto de infinita paciencia y venga-ya-que-no-me-molestes-más-en-toda-tu-puta-vida grita: “¡Tráeme el chicharro, no me fastidies!”.
Estos lugares conservan la belleza infinita de una sociedad sana, digna, señorial, inasequible al diseño y en donde los restaurantes son como han de ser y como eran en tiempos de Mesonero Romanos. Ocho euros treinta.
Al salir me cruzo con un punto de enorme caja torácica, coleta, patillas a lo Machaquito, collares de oro y un palillo en la boca. Avanza despacio, no sin cierto contoneo bien estudiado. Al fondo se oye: “¡Cuidao las carteras, que llega el Carota!”. El Carota avanza como un buque oxidado, aún valiente, aún marinero, capaz de cruzarse el Atlántico aunque sea a remo, y sonríe con inmensa satisfacción.
Regreso al hotel totalmente reconciliado con el mundo y con la Creación en general.
Sólo me queda aplaudir... y agradecerle el regalo. Qué grande, don Azúa.

Tuesday, February 27, 2007

La ojeras más bonitas de Europa (II)


Me gustaría escribir una Enciclopedia Universal sobre las Ojeras de las Muchachas Bellas y Tristes.
La dulce Grace no sabe qué hacer con su vida. Parece aturdida: "¿qué he hecho?", se pregunta. Se sujeta para no caerse. Podría interpretarse como miedo a una explosión de reproches o a perder la ondulación del pelo. Pero no: es sólo la pose sensual de quien suaviza con el gesto la volcánica pasión de la mirada. Todo forma parte de la divina seducción. No hay deseo más grande que el que esos ojos muestran. La comisura de los labios, como mordiéndose las ganas, delata a la fiera (un atisbo de sonrisa cómplice, de ironía del alma). El fuego de un témpano de hielo, como diría Hitchcock.
Qué brazos tan suaves, qué elegante peinado, qué ojeras tan maravillosas... Dios.

Monday, February 26, 2007

Thursday, February 22, 2007

Rua do Alecrim

Existe en Lisboa una calle, a la que dicen del Alecrim, que desciende desde el Chiado hasta el río con una inclinación suavísima. En su fondo, entre tiendas que venden bacalao en tiras y productos para las embarcaciones, hay una pequeña plaza de la que parten otras calles, no recuerdo ya cuántas, y en la que se respira un aire que muy marinero debe de ser por la gente que por allí cruza. [...]
A eso de las cinco ya había revuelto las librerías de lance de la rua Misericordia, había comprado algún libro de versos y bajaba con el melancólico sol la calle del Alecrim para tomar una cerveza, mientras repasaba lo comprado, en el British Bar. Allí, donde curiosamente había un reloj que daba las horas al revés (de manera que si entraba a las cinco y diez, salía, según el singular aparato, a las tres menos cuarto), me entretuve muchas tardes leyendo, soñando, escribiendo cartas que no enviaba pues sabía que no serían contestadas.
Así empieza "Alguien que se cruzó conmigo", genial relato de Los cuarteles de la memoria de Xuan Bello, un libro lleno de poesía, ciudades y recuerdos, como a mí me gusta. Sólo le falta alguna gota de ironía o de cinismo, de realismo contundente que contrarreste un poco el almíbar de la memoria poética.

Monday, February 19, 2007

Si volviera a nacer...

...me gustaría ser Claudio Rendina. Es decir: de profesión, Roma.

Foto: Villa Adriana, diciembre 2005.

Saturday, February 17, 2007

El Niño Gusano

Todavía lo recordamos como el mejor concierto de nuestras vidas. Fue en la Sala Arena, hace muchos años, con Meteosat como teloneros. Menos mal que me empeñé en que teníamos que ir (mis amigos todavía me lo agradecen). Nunca he disfrutado tanto en un concierto como aquel día... Como dijo nosequién, no podía salir de mi apoteosis.
Sergio Algora, que era el cantante del grupo y el artífice de sus geniales letras (ahora forma parte de La Costa Brava), es uno de los escritores más prometedores de nuestras letras: una especie de Felisberto Hernández a la aragonesa. Llevo mucho tiempo soñando con un libro de cuentos eróticos y de ciencia-ficción escrito por Algora e ilustrado por la persona que diseñaba las portadas de sus discos. Podría ser la bomba, con esos personajes absurdos y surrealistas deambulando desconsolados por los intríngulis de la vida... (Otra idea para editores ciegos.)

Ya que estoy, voy a recuperar algunas de mis intervenciones del mes de julio en el blog de Algora, en respuesta a sus "Recomendaciones desde Zaragoza":
Tomar torrijas en La Flor de Almíbar y chipironcitos encebollados en la plaza de los Sitios, no comprar recambios de las piezas que nos faltan, saludar a las gaviotas con la mano, humillar a los chulos, no leer por encima del hombro de los seres apacibles, caminar y caminar hasta llegar al borde del mundo, hacer reír a los bebés ajenos desde el asiento de enfrente (sin que la madre se dé cuenta, porque es un secreto único...), esquivar las palabras rencorosas, zapear sin ton ni son, no olvidar a los muertos, romper los esquemas de los serios profesionales (que no les quede más remedio que claudicar y sonreír), dar collejas a los estirados, ser siempre y bajo cualquier circunstancia un Zinedine Zidane, y nunca un Materazzi... Respetar la siesta ajena, zigzaguear por las cornisas en hoteles altos, hacer la O con dos canutos, multiplicar los leucocitos por 10, asesinar a los ruidosos jugadores de dominó, pedir un sol y sombra en las terrazas, contactar con el fantasma de Rocío Dúrcal, jugar al Rasca y Gana de la Once (siempre pone lo mismo: "Gracias por colaborar con una buena causa", y acto seguido te imaginas a una legión de ciegos descojonándose de ti), no tirarse pedos ni bajo el amparo de la soledad, guiñarle el ojo al tonto del espejo, viajar todo el día en tren (ay, esos paisajes...), paladear el tedio del domingo, rezarle a dioses desconocidos, seguir haciendo peyas hasta cumplir 80, beber horchata a tutiplén, soplar las velas de la otra tarta, morir de cáncer al menos una vez, dejarse querer por las locas graciosas, quemar los libros de autoayuda, pegarse un tiro en plena sien... Observar cómo la ropa da vueltas en la lavadora, no cortarse las uñas de los pies, nadar a espalda sin mover los brazos, dejarse caer al mar desde las rocas, tomar vieiras en Portonovo, no patinar en hielo ni montar en moto ni hacer surf en verano ni esquiar en invierno, dejar el deporte para los más débiles, ver moverse las cortinas con el viento, follar día sí día también, llevar el fracaso con dignidad, tender la ropa sin lanzarse al vacío, dejarse llevar por la risa floja, merendar todos los días (esto es importantísimo), hablar con los muñecos y las cosas, decir tonterías sin parar, hacer barbacoas en iglús, recorrer la ciudad en paseos infinitos... No saludar al vecino imbécil, enamorarse de casi todas, matar a los burócratas, cruzar la Gran Vía de Madrid en autobús sentado en la parte de atrás y verlos a todos sin que nadie nos vea, acariciar los peluches del Vips, cenar en la cocina cosas hechas por los dos, ponerse los jerséis de Algora sin ser gay (como Ed Wood), emborracharse de cuando en vez, y, desde luego, no hacer cola ni para conquistar nuestros sueños... Ah, y recordad: "Si vais a la felicidad, llevad sombrilla".
Encima, tuvieron el buen gusto de dedicarme una canción: "Conde-Duque" (siempre que la escucho se me pone la pel de galiña).

Wednesday, February 14, 2007

La biblioteca Strahov


El señor K. camina por los pasillos del monasterio como un agrimensor del Paraíso, con las manos a la espalda y gesto meditabundo. En la calle hace frío, pero desde dentro sólo se intuye el poderoso sol, que asoma por las ventanas y proyecta su pálida luz contra el techo.
La bilioteca consta de dos salas y en sus estanterías se acumulan más de 130.000 volúmenes, libros de los más diversos temas, géneros y épocas. El señor K. intenta imaginar las horas de lectura necesarias para cubrir tantos kilómetros de letra impresa. Días, meses, años, siglos... Un laborioso viaje en pos de la locura.
En el centro de la Sala Teológica hay dos enormes globos terrestres fabricados en los siglos XVII y XVIII. El señor K. los arranca con fuerza de su sitio y los lanza contra el suelo: la Tierra se disuelve, los mares se desbordan, los continentes y las naciones se hacen añicos... Polvo en el aire, pigmentos de colores dispersos por la alfombra.
El señor K. abre la ventana para que se airee un poco la biblioteca. Se oyen las voces de los trabajadores que vienen del Castillo, el chillido férreo de los tranvías y el canto de los pájaros del entorno. El mundanal ruido... La vida...
Finalmente el señor K. se tumba bocarriba en el suelo de la Sala Filosófica y contempla absorto el techo, que está decorado por un hermoso fresco del siglo XVIII: "La lucha de la Humanidad por el conocimiento de la sabiduría auténtica". Así, en silencio, medio dormido, con la mente en blanco, el señor K. es moderadamente feliz.

Monday, February 12, 2007

Nina Persson


Siempre me ha fascinado la cantante de The Cardigans, de rubia o de morena, de buena o de mala, en todas sus diferentes versiones, poses y looks:

1) De chica dulce y modosita, un poco dorisdayiana...







2) De misteriosa femme fatale:




3) De morenaza con ojos infinitos:




4) De chica mala y peligrosa, con venda y tatuajes incluidos:



Tiene un aire a Kristen Dunst, pero Nina es mucho mejor.

Thursday, February 08, 2007

Metrópolis


Hace frío. Anochece. Recuerdo de la lluvia en el asfalto. Un Ícaro dorado nos vigila. Paseas de la mano de tu sombra por la ciudad dormida.
No hay cielo más hermoso que éste. Ese azul... ni Velázquez.

Morphine

Monday, February 05, 2007

De compras con un poeta maldito

El poeta en cuestión se llamaba -y se sigue llamando, porque, pese a todo, el tío sigue viviendo tan ricamente (y eso que fuma como un carretero)- Leopoldo María Panero. Muchos lo consideran un exiliado del Parnaso, un protegido de los dioses, un genio sin par, un auténtico Ser Superior (como decía el Buitre de Florentino Pérez); otros piensan, en cambio, que es cáscara sin nuez, puro fuego de artificio, una mezcla ridícula de locura fingida, blasfemia y escatología (o sea, un poquito de "Dios ha muerto" y otro tanto de "caca culo pedo pis", todo bien aderezado con los excesos de una biografía escandalosa). Lo que sí parece claro es que nos encontramos ante el único superviviente de una raza extinta: L. M. PANERO, EL ÚLTIMO POETA MALDITO.
[Vaya por delante que a mí me gusta -y mucho- su poesía]



Bueno, a lo que iba...
Yo tendría unos 20 años (hace nueve, por tanto). Era media tarde. Acababa de ver en vídeo con mi hermano Después de tantos años, la segunda parte de El Desencanto, el famoso documental sobre la familia Panero.
Salí a la calle para cortarme el pelo. Cuál fue mi sorpresa cuando, al pasar por El Corte Inglés de Princesa, veo salir por la puerta a Leopoldo María Panero. Sí, allí estaba, en carne y hueso, el mismo personaje que acababa de ver -tan mitificado, tan literario, tan truculento- en el largometraje de Ricardo Franco.
Seguramente, si no hubiera visto cinco minutos antes aquel documental, ni se me hubiese pasado por la cabeza acercarme a Panero, pero como tenía tan vívidas y recientes aquellas imágenes del poeta maldito (sobre todo las del final, cuando se acerca al banco donde está sentado su hermano Michi, y se ve a los dos paseando por el parque, satisfechos con el reencuentro) me planteé rápidamente la situación y sopesé los riesgos: desde luego, este hombre no está muy bien de la cabeza y nunca se sabe cómo puede reaccionar alguien así. Lo mismo se quiere casar contigo que te manda a la mierda o te da un mal golpe... Pero su apariencia era tan frágil, tan desvalida, tan tierna, que no había nada que temer.
Iba solo, mirando al suelo, fumando un cigarro. Lo que más me llamó la atención es lo limpito y bien vestido que iba el tío, hecho un pincel, con el pelo canoso perfectamente cortado al cepillo. Caminaba despacio, en dirección hacia plaza de España.
Me puse a su altura. Me acerqué y le dije, con mi educación habitual:
-Perdone, ¿es usted Leopoldo María Panero?
Fue como si le despertase de su empanado mundo de ensueño:
-Eh, sí...
Miraba sin mirar, como quien tiene miedo a algo que no sabe descifrar.
-Es que... bueno, he leído algunos libros suyos y me gustan mucho...
-Ahhhh, gracias... -me dijo sin mirarme, como si no le importase lo más mínimo. Su voz era más un balbuceo gangoso que un lenguaje articulado. De pronto, maquinalmente, se giró hacia mí y me espetó-: Oye, ¿puedes hacerme un favor?
-Sí, claro... -dije, sorprendido.
Yo ya empezaba a temerme lo peor. A ver qué favor me pedía ahora éste. Lo mismo acababa metido en un lío de drogas o me hacía una proposición indecente, qué sé yo. ¿Quién me habría mandado ponerme a hablar con un loco?
-¿Sabes dónde está Sara? -me preguntó.
-¿Cómo?
Pensé que ya estaba delirando. Seguramente se había escapado del psiquiátrico y no había tomado la medicación.
-Que si sabes dónde está "Zssara", que me han dicho que está por aquí...
-Ahhh, ¿Zara? Sí, creo que está ahí enfrente... Ah, no, ése es de señoras. Espere, que le voy a preguntar a alguien.
Le pregunté a una señora dónde estaba el Zara de caballeros y me lo indicó.
-Pues me ha dicho esta señora que está por allí, en la otra acera, después de cruzar el semáforo... -le señalé a Panero.
Él miraba mis indicaciones con cara de no enterarse de nada, como si aquello fuese un jeroglífico dificilísimo o un enigma imposible de resolver... Imagino que tampoco tenía muchas ganas de esforzarse y concentrar la atención en aquellas nimiedades.
-¿Me puedes acompañar, por favor? -dijo, con voz de pena, casi suplicante, como si fuese un niño perdido en la feria del mundo.
-Sí, claro...
Emprendimos el rumbo hacia Zara, a paso muy despacio. Él me hablaba mirando al suelo, fumando sin parar. Le daba hondísimas caladas al cigarro, como con desgana. Después de varias caladas, lo tiraba al suelo y se encendía otro. (Panero, esa tortuga que fuma...)
Íbamos tan despacio que el trayecto duró unos diez minutos. La verdad es que me hacía gracia la situación. Me sentía un poco como Tom Cruise en Rain Man llevándole la bolsa de deportes a Dustin Hoffman.
Fuimos hablando todo el rato. Pero no penséis que hablamos de la muerte de Dios ni del futuro de la literatura, ni de "la tecnología del yo" de Michel Foucault o del cuervo de Poe o de los maravillosos Cantos de Maldoror, ni de sus intentos de suicidio o de sus estancias en el manicomio o de la muerte de su madre Felicidad Blanc. No. Lo cierto es que sólo hablamos de tiendas, precios de ropa, calcetines, calzoncillos y cosas similares. Lo juro.
-¿Y Zara es barato? -me preguntó.
-Pues... Bueno, supongo. Yo creo que sí.
-Es que estos cabrones -se refería a los de El Corte Inglés- me querían cobrar no sé cuánto por unos calzoncillos y una camiseta... No te jode.
-Es que es lo que tiene El Corte Inglés -razoné, con toda la sabiduría que Dios me ha dado-, que tienen de todo pero es un poco más caro... Zara sólo tiene ropa y es más barato.
-¿Y venden calzoncillos en Zara?
-Pues no estoy seguro, pero me imagino que sí...
De este estilo fue toda nuestra conversación.
Sólo un par de veces insistió en preguntarme, un poco desconfiado:
-¿Seguro que vamos bien por aquí?
-Sí, sí, si está ya aquí al lado.
Cuando llegamos a la puerta del Zara, preferí hacer mutis por el foro. Pensé que lo mismo a Panero le daría por bajarse los pantalones delante de las dependientas para probarse los calzoncillos y que se iba a montar un escándalo circense en el que prefería no verme envuelto.
-Bueno, pues ya estamos aquí -le dije señalándole la entrada de Zara-. Yo le dejo, que tengo que ir a cortarme el pelo...
-Muchas gracias -me dijo.
Parecía un agradecimiento muy sincero, como si le hubiese rescatado de un naufragio o algo por el estilo. Mientras me marchaba, me giré para echar un vistazo y vi cómo entraba en la tienda el último poeta maldito.

PD: Cuando llegué a casa y se lo conté a mi hermano (que había estado un rato antes viendo el documental conmigo), os podéis imaginar su sorpresa.

[Ya sé lo que os estaréis preguntando, y sí, la respuesta es sí: me cortaron bien el pelo]


En fin, aquí os dejo con un vídeo del susodicho que acabo de encontrar. Bunbury no queda mal del todo, pero el otro da una vergüenza ajena tremenda. Es como el que les ríe las gracias a los tenistas o a los monarcas, pero a otro nivel:


Saturday, February 03, 2007

Oda a Zinedine Zidane


Ahora que Ronaldo ha vuelto a las Italias y el Madrid de las estrellas se ahoga en el fango de su propia decadencia como los grandes Imperios del pasado, es hora de recordar al futbolista más elegante de todos los tiempos, ese adorador sublime del balón, ese artista del cuerpo en movimiento, ese deportista genial sólo comparable -en nuestra época- a Carl Lewis o Michael Jordan.
Estoy hablando del único ídolo que he tenido en mi vida: Zinedine Yazid Zidane.
Divino Nureyev de los rectángulos de juego, Zidane ha reencarnado en nuestros días el anhelo de triunfo y el canon de la perfección que impulsaba, como sueño esforzado e ideal regulativo, a los atletas de la Antigua Grecia. Si Fidias esculpió las figuras de éstos en mármol y Píndaro cantó sus triunfos como hazañas gloriosas en el campo de batalla, había que dedicarle -al menos- un homenaje al héroe marsellés desde este humilde blog.
Hasta su última obra de arte -el cabezazo a Materazzi en la final del Mundial- es un destello ejemplar de elegancia, nobleza y pundonor. Si todos actuásemos así en la vida con la gente que se lo merece (tramposos, rastreros, mediocres, cobardes...), el mundo sería mucho más justo y habitable.
Gracias, Zinedine, por lo tantísimo que nos has hecho disfrutar.

Moraleja colateral: El abanico de la humanidad se despliega entre dos polos opuestos: genios y mediocres, mozarts y salieris, zidanes y materazzis.

Friday, February 02, 2007

Piano con ciudad al fondo

Suena la campana que pone fin a las clases, los chavales salen del instituto y empiezan a hacer figuras en la calle con sus cuerpos: una cara, un barco, un coche... La última imagen de la ciudad (¿Los Angeles, Nueva York?), con el piano en primer plano, es para quedarse en la azotea para siempre. La canción se llama Mad World y la canta un tal Gary Jules. Me recuerda mucho a REM:

Wednesday, January 31, 2007

El increíble blog de Álvaro Cunqueiro


A nosotros, que desgraciadamente ya no podemos disfrutar de sus crónicas a diario en El Faro de Vigo, sólo nos queda soñar con una bitácora imposible, la que podría escribir Álvaro Cunqueiro desde el más allá. Supongo que no hablaría del rabo del demonio ni del rostro de Dios ni de agrias polémicas entre furiosos querubines, sino de mitologías terrenales sobre -por ejemplo- el arte de llegar a fin de mes, el precio de los mercados de abastos y cómo lidiar con el Alzheimer de la abuela.
Los libros de no-ficción (con toda su carga de sabiduría ficticia, mágica y maravillosa) de este Borges a la gallega son un festín permanente para la inteligencia, un descanso del espíritu que se olvida de las miserias cotidianas y navega sin dirección por el mundo de la fantasía, dejándose llevar por la corriente. Hay uno que me fascina especialmente: Fábulas y leyendas de la mar, publicado en una colección irrepetible, en el sentido de que nunca más podrá volver a ser la misma (Marginales, de Tusquets, una de las mejores que conozco). Se trata de una recopilación de artículos de Cunqueiro sobre el líquido elemento y sus fantásticos personajes. La selección y edición estuvo a cargo de Néstor Luján:
Un amigo que vive en una colina que vigila la muerte de un dulce y breve río en el verde mar me escribe una extensa carta. La posdata dice así: "Ayer subió el primer salmón. Lo dejé entrar". Como un portero mayor de los ríos, mi amigo ha permitido al plateado salmón que remonte la corriente verdinegra del Masma y se pose en un recanto a desovar, quieto y aburrido, hasta que llegue la hora de emprender el viaje de regreso al fondo submarino.
Los viajes del salmón están muy estudiados. Su memoria, una memoria secular, lo trae y lo lleva siempre por los mismos caminos. El salmón se sabe la antigua geografía, la geografía de los días de la Creación, cuando el Támesis era afluente del Rin y el Avon del Loira, o, en otro lenguaje, cuando Gog y Magog eran validos de Sigfrido, y Shakespeare y Peguy cantaban el mismo verso... El salmón no abandona nunca el cauce sumergido de los antiguos grandes ríos ni los fosos de las foces hundidas. Donde la diestra de Dios lo depositó, perpetuamente navega.
Perdidos en el marasmo del día a día y huérfanos de verdadera literatura, sólo nos queda soñar con ese blog increíble, con la erudición prodigiosa del genio de Mondoñedo, con infinitas conversaciones sobre libros antiguos frente a una caldeirada de rape y una botella de Albariño, con las olas del mar repartiendo a nuestras espaldas su rumor de caracola... Ay, quién pudiera ser amigo de don Álvaro Cunqueiro...

Tuesday, January 30, 2007

La pasión de C. T. Dreyer

Aquí está. Enterita y silenciosa. Como debe ser.