Thursday, September 21, 2006

La dama de Shanghai


Una maravillosa Rita Hayworth, perversa y hermosa como toda femme fatale que se precie, involucra a un hombre idealista y cargado de inocencia en una frenética aventura de misterios, venganzas y asesinatos.
Aparte de la famosa escena final de los espejos (homenajeada por Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan), esta obra maestra del gran Orson Welles incluye algunas de las escenas más memorables de toda la historia del cine. Por ejemplo, cuando en la orilla de una playa, durante una fiesta nocturna, O'Hara cuenta la historia de los tiburones que, enloquecidos, acaban matándose a dentelladas entre ellos, llenando de sangre el mar. O cuando en lo alto de un desfiladero el socio del abogado le pide a O'Hara que le mate. O cuando los enamorados se citan en el acuario y vemos cómo se besan sus cabezas entre las sombras de los tiburones. O cuando ella canta sobre la cubierta fumando un cigarrillo. O cuando vemos a través de unos prismásticos cómo se lanza de cabeza al mar desde una roca. O cuando... Realmente todo.

3 comments:

desconvencida said...

La última vez que la vi fue hace muuuchos años, y casi no la recuerdo, ¡me has dado ganas de verla de nuevo! A ver si lo hago pronto...

fenixcaliope said...

¿Los enamorados también se devoran?

conde-duque said...

Ahí está la metáfora que hace Orson Welles, que anticipa el final (y que había sido anunciado a su vez en la historia de la playa).