Thursday, October 26, 2006

Los Panero


Debe de ser la familia más rara después de los Monster. Quizás por eso nos caen tan bien...
Disfrutaban de un estatus social envidiable, tenían una bonita casa en Astorga y mucho me temo que pasarán a los anales mitológicos del malditismo, esa religión absurda en la que se adora por igual a "un yonqui que escribe" que a "un gran poeta que se droga".
El padre, Leopoldo Panero (1909-1962), era considerado el “poeta oficial” del franquismo, protagonizó un famoso duelo lírico con Pablo Neruda y se bebía hasta el agua de los floreros. La madre, Felicidad Blanc, era tan guapa y elegante como malvada, con esa maldad sutil que sólo tienen las personas inteligentes. Y los tres hijos, Juan Luis, Leopoldo María y Michi, unos auténticos personajes, a cual más rarito y rocambolesco: los dos mayores, como el padre, se han dedicado a la poesía (me gustan los dos, pero sobre todo el segundo), mientras que el tercero -que es el que mejor me cae- se dedicó básicamente a pasárselo bien hasta que falleció de cáncer hace un par de años.
En 1976 Jaime Chavarri dirigió El desencanto, una mítica película-documental en la que aparecían los tres hijos y la madre contando distintas historias de la familia y poniendo a caldo al padre muerto. El ambiente decadente de la casa familiar sirve de perfecta metáfora a la sordidez de un linaje envuelto en el fracaso: "el fin de una raza", como dice Michi Panero. En su día supuso un verdadero escándalo para los bienpensantes... Ahora parece un simple juego de niños comparado con cualquier reality o programa del corazón. Estamos curados de espanto.
Eso sí: después de ver la película uno se queda pensativo, meditabundo, un poco incómodo, desencantado.
Tres poemas (uno de cada poeta Panero):

HIJO MÍO
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
(Leopoldo Panero)

A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO

Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
(Juan Luis Panero)

A MI MADRE
(reivindicación de una hermosura)
Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)
(Leopoldo María Panero)
Y una canción de Nacho Vegas ("El hombre que casi conoció a Michi Panero"):


PD: Para no extenderme más hoy, otro día contaré al detalle la experiencia que viví "in person" con Leopoldo María Panero, hace unos siete u ocho años, los dos de tiendas por la calle Princesa (surrealista total, pero verídico).

5 comments:

Anonymous said...

Lánzate a contarnos esa anécdota con LMP, anda... dos conocidos míos se han encontrado con él en distintas ocasiones y vamos, es una persona que impacta,jeje... Yo soy fan de su poesía atormentada, y "El desencanto" es un documental que pone los pelos de punta, tengo pendiente de comentarlo algún día en el blog..

conde-duque said...

La contaré, Deconvencida, non ti preocupare. Creo que es interesante por lo desmitificadora (sólo hablé con él de calzoncillos, calcetines y tiendas de ropa)...

conde-duque said...

Quería decir DeSconvencida. Por cierto, ¿se dice deconstrucción o desconstrucción?

conde-duuqe said...

Estoy que no duermo con la duda...
(Qué manera de rellenar los comentarios, hablando conmigo mismo... Qué triste...)

El detective amaestrado said...

Leopoldo transita mucho por las calles de Las Palmas de GC, pues está internado en un psiquiátrico de la ciudad. Es todo un personaje, es un habitual de las librerías donde suele ir a ver si quedan ejemplares de sus libros.
A mí, lo siento, me aburre con su verborrea imposible de seguir,, me da la impresión de que se está convirtiendo simplemente en un icono, y nada más...