Sunday, April 13, 2014

13 citas lisérgicas de Felipe Martínez Marzoa

A veces siente uno la necesidad de meterse un poco de filosofía académica en vena, y es en esos momentos cuando la mejor solución es tener a mano un libro de Felipe Martínez Marzoa (Vigo, 1943), que nunca falla. Caso insólito el de este catedrático de Filosofía, ya jubilado, que lleva más de cuatro décadas dedicado a una tarea ímproba, formidable, minuciosa y oscura, destinada al disfrute y admiración de unos pocos friquis que, como yo, nos lanzamos corriendo a las librerías en cuanto nos enteramos de que Marzoa ha publicado un nuevo librito. Digo librito por el formato y número de páginas, pues su lectura da para meses o años de prolongado viaje alucinógeno.

El meollo de esta colosal tarea hermenéutica consiste en estudiar, analizar e interpretar los textos de grandes autores de la historia de la filosofía -Platón, Hobbes, Leibniz, Hume, Kant, Marx o Heidegger, entre otros- para extraer la lógica interna de su pensamiento, aquel reducto de consistencia pura e inalienable verdad que los sostiene. La rigurosidad y el afán de precisión casi patológicos del profesor Marzoa, que vuelve una y otra vez a los mismos textos y problemas matizando sobre las matizaciones previas, podrían exasperar a los espíritus más inquietos. A ojos de sus admiradores, en cambio, la historia de esas matizaciones se nos revela como una aventura fascinante, de una importancia trascendental, a la altura de la seriedad de la labor que se ha impuesto; lo que en otros autores conformaría una pesadilla libresca soporífera, en este caso adquiere tintes epifánicos. Bajo las infinitas capas eruditas del discurso (imprescindibles para decir algo nuevo con sentido en este mundo-que-ya-está-por-escrito), en el fondo de la buena filosofía académica -escasísima, por cierto- late una profunda verdad. Una verdad que resulta, incluso, emocionante. Y peligrosamente adictiva. Conviene advertir que la adicción a esta droga dura de la filosofía académica perjudica gravemente la salud de las meninges y puede conducir a la devastación más absoluta. Cuando uno ha experimentado esa calma beatífica, ese estado de ataraxia al que conduce, esa placidez sublime del concepto, no hay remedio: volverá a reincidir en el delito. Se recomienda hacerlo siempre a pequeños sorbos, manteniendo lejos el fantasma de la sobredosis, que sería letal. Lo importante está en saber cómo leer los textos, más que en captar la literalidad de lo que dicen. Se trata la de Marzoa, en cualquier caso, de la más revolucionaria -esto es, antiacadémica- de las filosofías académicas contemporáneas. En el fondo de su pensamiento sigue presente una llamada a la acción: «Desde el momento en que se sabe cómo funcionan las cosas, ya no pueden seguir funcionando de la misma manera». 
Cuando me puse a dar clases de filosofía, siempre consultaba los dos tomos de Historia de la filosofía de Marzoa antes de empezar a exponer el pensamiento de cualquier autor, pues necesitaba tener unos ejes de coordenadas distintos, un referente nuevo que me anclase en el horizonte, desde su sesgo peculiar, siempre alejado del cliché, advirtiéndome de los peligros. Los profesores de filosofía enseñan, por definición, los clichés. El cliché es lo que se enseña, puesto que lo que se enseña se convierte en cliché. Ante esa circularidad viciosa hay que estar siempre alerta. No en vano la filosofía surge -nos dice Marzoa- como el intento de decir aquello en lo que todo decir habita y ya se mueve, un peculiar e insolente modo de querer decir lo que siempre está ya supuesto. Quizás el libro suyo que más me ha marcado sea Ser y diálogo; después de leer la interpretación de los textos de Platón que ofrece esta obra, nunca podremos acercarnos a los diálogos platónicos de la misma manera. 
 En fin, aquí dejo 13 chutes de sus obras, seleccionados entre múltiples pasajes subrayados:
1. “No dices nada” 
«Cuando en el curso de un diálogo de Platón uno de los personajes reclama de otro el asentimiento o el disenso con respecto a lo que él, el preguntante, ha dicho, es muy frecuente cierta situación en la que nuestras traducciones no pueden evitar una distorsión sin la cual simplemente no podría haber traducción; dicen, en efecto, algo del tipo “¿Digo algo acertado?”, y tenemos que aceptarlo así, aunque sabemos perfectamente que el texto griego no dice eso, sino meramente “¿Digo algo?” (légo ti;). Este uso es, por otra parte, especialmente consistente, pues, para la declaración que constituiría respuesta negativa a la mencionada pregunta, no se emplea “Lo que dices no es cierto” o cosa parecida, sino sencillamente “No dices nada” (oudien légeis). Formulemos, pues, provisionalmente este fenómeno con un término de la gramática escolar: el “objeto directo” del verbo “decir” no es un “dicho” que pudiese concertar o no con la cosa, sino que es la cosa misma». (El decir griego, p. 17)  
2. La autocrítica del “tener por” 
«Cada vez que abordamos algo, lo hemos tomado ya de una u otra manera, lo hemos situado de antemano en una u otra perspectiva, lo hemos tomado “como” esto o aquello, “como” este o aquel tipo de cosa. Este previo “tener por” es, desde luego, merecedor de continua revisión; lo que nunca ocurre es que no lo haya, pues, si no hubiésemos tomado de una u otra manera la cosa en cuestión, sencillamente no estaríamos en relación alguna con ella y nada sabríamos ni nos plantearíamos a propósito de ella. El que el mencionado “tener por” sea “previo” no significa en modo alguno que sea posible una previa exposición de él; por el contrario, si lo fuese, estaríamos en un regressus in infinitum. Sólo en el trabajo mismo con la cosa puede ocurrir -y ocurre si el trabajo es especialmente serio- que el precio “tener por” se ponga de manifiesto e incluso que llegue a poder ser discutido. La seriedad del trabajo con algo se mide por la capacidad de someter a continuada autocrítica el “tener por”». (Ser y diálogo, p. 7) 
3. Lo tardomoderno y la crisis económica 
«No acepto la idea de que haya en la agenda algo que sea posterior a la modernidad, algo post-civil o post-moderno. Yo utilizo el concepto tardomoderno. Lo que Marx teoriza en El capital es la modernidad, pero lo hace pensando que el hecho mismo de teorizarla producirá una ruptura con lo anterior por la simple distancia implícita en el conocimiento. No obstante, Marx no tenía un modelo alternativo, ni existe hoy tampoco. Al comienzo de la Filosofía del Derecho Hegel citaba a la lechuza, que ya en la mitología griega representa la consciencia, el saber, porque tiene los ojos grandes y una gran capacidad de observación. Ese pájaro sólo emprende el vuelo en el atardecer, al final del día. En definitiva, no existe otro modelo que la modernidad, pero a partir de Marx la característica del momento que aún dura es el conocer que estamos en el final del trayecto. Lo que queda por saber es si la modernidad está en crisis o simplemente en putrefacción. Hay que destacar que en la frase anterior “crisis” tiene una connotación de clarividencia. En su origen griego, esta palabra quiere decir discernimiento. Las crisis económicas se llaman así porque se supone que permiten filtrar lo que es válido, viable, de lo que no lo es». (Entrevista de Xurxo González para el diario A Nosa Terra
4. La inocencia final 
«Los conceptos que empleamos o tesis que formulamos atendiendo a las palabras de un poema, no pueden en modo alguno tener la pretensión de exponer el “sentido” del poema mismo, ni mucho menos el “pensamiento” del poeta. Son conceptos o tesis que nosotros necesitamos sólo para poder en última instancia prescindir de todo ello y simplemente escuchar o decir el poema. Ahora bien, en efecto necesitamos de todo eso, porque la lectura inmediata, presuntamente aconceptual, es en realidad la más conceptual de todas, sólo que sus conceptos son los de la pura banalidad y por eso no se hacen notar como tales; justamente para evitar esa conceptualidad trivial, es preciso todo el trabajo de la “interpretación”, el cual, por lo tanto, no tiene como función instaurar otra conceptualidad, que fuese la buena, sino desaparecer y dejar estar pura y simplemente el poema. La inocencia que vale es la que está al final; la del principio es un pseudónimo de la trivialidad». (De Kant a Hölderlin, pp. 123-124, tomado de Diaporía
5. Escepticismo 
«La palabra sképsis significa el acto o la actitud de mirar, observar, considerar. Tal actitud o acto comporta una distancia; no se puede “ver” si se está lisa y llanamente dentro, si sin más se “pertenece a”. A la vez, sin embargo, sólo se “ve” aquello a lo que de alguna manera se pertenece. Parece seguirse de todo esto que el ver tiene en todo caso el carácter de una ruptura o suspensión; ruptura o suspensión de la familiaridad, del obvio habérselas-con. Ello admite una interpretación relativamente trivial cuando la distancia lo es con respecto a algún ámbito o juego determinado; el que reconozcamos las reglas del juego implica entonces, en efecto, que nuestro ser no se agota en ser jugadores de ese juego». (Pasión tranquila. Ensayo sobre la filosofía de Hume, p. 101)  
6. El diálogo platónico 
 «El diálogo platónico se relaciona, ciertamente, con la prosa enunciativo-doctrinal, pero de muy otra manera, a saber, en el sentido de que es la constante ruptura con o distanciamiento frente a lo enunciativo-predicativo. Ello empieza ya por el hecho de que haya algo así como una situación escénica, lo cual implica que las enunciaciones se sitúan en una distancia, o que autor y lector se sitúan en una distancia frente a ellas; y se desarrolla mediante un amplio y sofisticado repertorio de técnicas de distanciamiento y destematización (diálogo contado por alguien que a su vez lo oyó contar a otro, doctrina aludida como cosa ya conocida, diversos modos de exposición no asertiva); puede decirse que no tenemos ni una sola manifestación de Platón que no esté enmarcada en estos recursos». (Historia de la Filosofía, I, p. 97) 
7. Interpretando, que es gerundio 
«Interpretando, ocurre también que la interpretación de ciertas cosas apoya la de otras cosas, no en el sentido de que la fundamente, sino en el de que contribuye a la elaboración de conceptos que el hermeneuta emplea en su trabajo. El que esto ocurra presupone que las interpretaciones lo son y, por lo tanto, que los interpretandos lo son, es decir, son materia que siempre vuelve a requerir exégesis, o, si se lo quiere decir así, simplemente son. En las citadas conexiones (por las que la interpretación de unos interpretandos apoya la de otros) ocurre a veces que algo, cierto bloque a interpretar, perteneciendo a cierta línea de desarrollo, tiene en relación con ella el papel de un camino (o de un no-camino) por el que las cosas no fueron ni podrían haber ido ni hay que lamentar (ni nada parecido) que no pudiesen o hayan podido ir». (La soledad y el círculo, pp. 5-6) 
8. El mero texto 
«Todavía en el tiempo de Platón eso del “mero” texto, de la secuencia “meramente” lingüística, no es lo que hay. Desde comienzos del Helenismo es, en cambio, obvio, y esa obviedad determina incluso toda la recepción de la literatura griega; la reducción a texto abarca incluso la pérdida material de lo que no entra en ese concepto. Así, las odas de Píndaro son para nosotros mero texto; a lo sumo podemos mediante penoso y a menudo problemático análisis métrico describir un ritmo, ciertamente sólo en el sentido de una descripción conceptual, nunca de percepción sensible; pero aun eso no es nada si se lo separa de otros aspectos definitivamente perdidos (incluso físicamente) ya desde el Helenismo. Por así decir: lo que Píndaro hacía no era componer un texto, sino poner a cierto conjunto de gente a actuar de cierta manera; el texto es el resultado de una operación abstractiva realizada en época posterior». (Lingüística fenomenológica, p. 72) 
9. Sobre derechos y libertades 
«Así entendido, lo civil está ciertamente marcado por una ruptura, pues lo inmediato es, por el contrario, la pertenencia a algún tipo de comunidad; inmediatamente, no estamos nunca ante el ciudadano, ni siquiera simplemente ante el individuo, sino ante cosas como el cabeza de familia, el maestro de taller, el cura o el obispo. La cual, cuando se reclaman garantías de derechos y libertades, hace posible el efecto perverso, de segura producción si esos derechos o libertades se reclaman desde la inmediatez y frente a la mencionada ab-solutez, de que lo que se esté reclamando no sean derechos y libertades del ciudadano, sino el “derecho” y la “libertad” que el obispo, el cura, el maestro de taller o el padre de familia tendrían para impedir que haya en verdad ciudadano. Los vínculos están ya ahí, son pre-civiles o a-civiles o in-civiles; si la cuestión de las libertades se plantea como una cuestión de “respeto a” lo que hay y ya manda, entonces las “libertades” son lo que acabamos de decir». (Distancias, pp. 116-117)  
10. Tomar en serio lo escrito 
«Lo vergonzoso no es, pues, “escribir”, sino tomar en serio lo “escrito”, donde “escrito” no se refiere al trivial hecho material, sino a la fijación o posición. De lo que se trata, pues, no es de no “escribir”, sino de que el “escribir” no se tome en serio a sí mismo, y esto es precisamente la distancia dialógica, sobre la base de la cual ya hemos considerado también otras distancias o sobredistanciamientos. La distancia frente a lo “escrito” no tiene, pues, nada que ver con medio alguno que constituyese una alternativa frente a ese, sino que es la mera distancia en sí misma; lo que se pusiese y transmitiese “oralmente” sería ello mismo en términos esenciales “escrito”, aunque en sentido trivial no lo fuese. Sobre todo si además ocurre que lo que motiva en parte el interés por las “doctrinas no escritas” es la insatisfacción producida por el rehusar propio del diálogo; entonces son precisamente las “doctrinas no escritas” lo “vergonzosamente” “escrito”». (Muestras de Platón, pp. 42-43) 
11. La lengua de Cervantes 
«No sólo no hablamos la lengua de Cervantes (porque la lengua de Garcilaso y Cervantes no es una lengua moderna), sino que estructuralmente nuestra lengua está más cerca de, por ejemplo, el inglés actual que de la lengua de Cervantes y Garcilaso; no constituye argumento en contra el que quizá resbalando por las páginas del Quijote tengamos cierta impresión como de estar en nuestra lengua y no así cuando leemos prensa inglesa de hoy; primero porque nunca observaciones tan impresionísticas son argumento alguno, pero además porque incluso la presunta mayor facilidad que, en comparación con un anglohablante actual, creamos tener para leer el Quijote contiene bastante de falacia; unos y otros, para poder leer a Cervantes, tenemos que aprender, incluso (y en primer lugar) lingüísticamente y, en ese aprendizaje, el anglohablante puede estar algo más libre que nosotros de algunas interferencias, mientras que, en los aspectos verdaderamente graves, él y nosotros estamos en la misma situación». (Lengua y tiempo, pp. 83-84) 
12. El retorno de Ulises 
«Nunca aparece en aquella antigüedad, ni a propósito de Troya ni de cosa otra alguna, ese relato secuencial, ese continuo narrativo, en el que para llegar a la destrucción de Troya se empieza por una boda regia en la que por una manzana pasa algo entre tres diosas. La “acción” de la Ilíada dura unos pocos días y, en sí misma y como acción relatada, es un episodio muy puntual, mínimo dentro del amplio continuo narrativo; bien es verdad que quien “lee” hoy la Ilíada, aunque sea en traducción, o quien “cuenta” “qué pasa en” la Ilíada, toma conocimiento del material que constituye el contenido del aludido relato secuencial; necesariamente, o bien lo relata o bien lo da por conocido; asimismo, una tragedia, en sí misma y en lo que tiene de relato, es un instante, un vuelco, y también aquí ocurre lo que hemos dicho que ocurre con quien la “lee” y la “cuenta”. Puede suscitarse (y de hecho se suscita ya desde relativamente antiguo) la impresión de que, con independencia del canto, el espectador u oyente poseía ya el continuo narrativo del cual el canto glosa algún punto. Sin embargo, esto solamente es cierto en el mismo sentido en que es vacío, a saber: que el canto nunca es el primer canto que hay ni siquiera el primero que el oyente oye. Por lo demás, el continuo narrativo y el relato secuencial no son en absoluto (ni siquiera como posibilidades) presuposiciones del canto, sino que, por el contrario, son resultado o consecuencia de la compilación, superposición e integración de los materiales narrativos de cantares diversos, tal como los systémata helenísticos en los que, seleccionando unas u otras posibilidades, se obtiene una u otra harmonía no son ni expresan presuposición alguna de las harmoníai mismas, sino, bien al contrario, el resultado de una operación que las compone. Es así como se constituye, a comienzos del Helenismo, lo que llamamos “el mito” o “la mitología” (así como cada uno cualquiera de sus conjuntos o bloques); mŷthos es una de las palabras con las que en griego se dice “decir”; en Homero ni siquiera tiene relación particular con lo narrativo, relación que, incluso después, en época clásica, es más un resultado de contextos determinados que algo inherente a la palabra misma». (Interpretaciones, pp. 76-78, tomado de Diaporía
13. Digo lo que digo 
«Digo lo que digo; lo que no digo, sencillamente no lo digo; por tanto, lo que digo es precisamente lo que digo, y así, no puedo equivocarme; o lo mismo dicho de otra manera: comparece lo que comparece, hay lo que hay; lo que no, no; con lo cual lo que nunca ocurre es despiste, equivocación. La posibilidad del error (y, por lo tanto, de la verdad) exige que al decir mismo, o sea, a la presencia misma, le sean inherentes algo así como dos momentos o niveles, que de algo se diga algo (o a propósito de algo ocurra algo), que algo se diga (o acontezca) como algo, de manera que yo pueda estar diciendo lo uno como lo otro (lo uno pueda estar compareciendo en lugar de lo otro), referirme a Pedro llamándole Pablo, echar mano de la tiza o para escribir con ella en el encerado, sino para llevármela a la boca». (Lingüística fenomenológica, p. 26)
Esperemos que Marzoa pueda seguir ofreciéndonos perlas de este nivel desde su ociosidad socrática. Yo sigo soñando (dejo caer la idea desde aquí) con una Historia de los clichés filosóficos firmada por este hombre. Podría tratarse de una de las mayores aportaciones de la filosofía española a la historia universal del pensamiento. Creo yo.

Monday, March 24, 2014

Far from any road

(The Handsome Family)

Saturday, February 08, 2014

La ciudad de los pasos lejanos

"De entre todas las capitales del mundo, París es seguramente la más literaria. La «ciudad literaria» por antonomasia. No sólo por la cantidad de libros que se han escrito en ella o sobre ella o tomándola como decorado, ni por los numerosos movimientos o corrientes literarias que ha generado, ni por la cantidad de jóvenes letraheridos que han habitado sus buhardillas con el único propósito de convertirse en escritores, sino también -y sobre todo- porque, en cierto sentido, París existe sólo en la literatura. París es un libro redactado por cientos de escritores. 
En La ciudad de los pasos lejanos, obra de José Muñoz Millanes editada por Pre-Textos, aparece en primer plano y de manera privilegiada el París de Azorín, a quien acompañamos en sus paseos por la ciudad del Sena durante los años de la guerra civil. No es el París monumental y esplendoroso al que nos tienen acostumbrados las películas o las novelas, sino más bien un París apagado, humilde, escondido, en cuyos detalles mínimos refulge, sin embargo, una poderosa verdad. Azorín se dedica a pasear la ciudad en soledad y silencio, sin rumbo fijo, divagando por las calles, observando a la gente y escuchando desde la distancia sus conversaciones (aunque no las entienda bien, pues no domina el francés), descubriendo rincones secretos en parques e iglesias o sentándose en las estaciones del metro en medio del caos de los pasajeros. Los misteriosos pasajes, las plazas luminosas, las tiendas evocadoras, la quietud de los jardines, los cementerios apacibles… Recibimos toda la ciudad a través de su mirada escrutadora, acompañada de las glosas descriptivas -en gran parte arquitectónicas- de su comentarista. 
Se entrecruzan también en estas páginas el París de Baroja, el París de Gutiérrez-Solana y el París de Torrente Ballester (a través de su personaje Javier Mariño), así como los apuntes de Mihail Sebastian o Henri Calet, entre otros, trufados a cada rato por el París de Patrick Modiano, seguramente el novelista contemporáneo que más ha utilizado esta ciudad como escenario de sus historias, hasta hacer de ella prácticamente su principal argumento. [...]" 
("El París literario de Azorín", en El Cuaderno, nº 53)

Saturday, January 18, 2014

Sunday, January 12, 2014

Una prosa callejera

"Todas esas ciudades son más bien una excusa para que B. pueda practicar una prosa callejera que inmediatamente queda emparentada con esa tradición española que va de Baroja a Trapiello pasando por Gómez de la Serna, Solana, González Ruano, Pla o Umbral. Enemigo declarado del "arte por el arte" (según él, "una de las cualidades imprescindibles del verdadero gran arte es no pretender serlo": p. 219), B. se acoge a la actitud general de esos escritores, que, más que sorprenderse ante lo que iban encontrando, tendían a encogerse de hombros y seguir deambulando tras, eso sí, tomar buena nota. Una actitud algo desapasionada e incluso misantrópica [...]"
(Juan Marqués, "El mundo de E.B.", Revista Clarín, nº 108

(NY, diciembre 2013)

Tuesday, January 07, 2014

Lo real absoluto

"Cuando consideramos el drama de la ciencia moderna que descubre sus límites racionales hasta en lo absoluto matemático; cuando vemos, en la física, que dos grandes doctrinas fundamentales plantean, una, un principio general de relatividad, otra, un principio “cuántico” de incertidumbre y de indeterminismo que limitaría para siempre la exactitud misma de las medidas físicas; cuando hemos oído que el más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y garante de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocaba la intuición para que socorriese a lo racional y proclamaba que “la imaginación es el verdadero terreno de la germinación científica”, y hasta reclamaba para el científico los beneficios de una verdadera “visión artística”, ¿no tenemos derecho a considerar que el instrumento poético es tan legítimo como el instrumento lógico?
En verdad, toda creación del espíritu es, ante todo, “poética”, en el sentido propio de la palabra. Y en la equivalencia de las formas sensibles y espirituales, inicialmente se ejerce una misma función para la empresa del sabio y para la del poeta. Entre el pensamiento discursivo y la elipse poética, ¿cuál de los dos va o viene de más lejos? Y de esa noche original en que andan a tientas dos ciegos de nacimiento, el uno equipado con el instrumental científico, el otro asistido solamente por las fulguraciones de la intuición, ¿cuál es el que sale a flote más pronto y más cargado de breve fosforescencia? Poco importa la respuesta. El misterio es común. Y la gran aventura del espíritu poético no es inferior en nada a las grandes entradas dramáticas de la ciencia moderna. Algunos astrónomos han podido perder el juicio ante la teoría de un universo en expansión; no hay menos expansión en el infinito moral del hombre: ese universo. Por lejos que la ciencia haga retroceder sus fronteras, en toda la extensión del arco de esas fronteras se oirá correr todavía la jauría cazadora del poeta. Pues si la poesía no es, como se ha dicho, “lo real absoluto”, es por cierto la codicia más cercana y la más cercana aprehensión en ese límite extremo de complicidad en que lo real en el poema parece informarse a sí mismo."
(Saint John Perse, extractos de su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura, 1960)

Tuesday, December 31, 2013

Sin título



(Postales de NY, diciembre 2013)

Saturday, November 30, 2013

Sunday, November 03, 2013

Gran Vía (1): publicidad


(Gran Vía, 2-11-2013)

Wednesday, October 30, 2013

La intimidad, la voz baja, el apunte suelto

"Un libro de viajes, de viajes “pequeños”, ahora que el sentido deportivo nos empuja al estrambote, a largarnos a Tasmania en flotador o a recorrer el Camino de Santiago con una venda en los ojos. Un libro de viajes a los lugares a los que no deberíamos dejar de ir, cercanos, parte de nuestra cultura, de nuestro modo de percibir, de nuestro arte; a esos lugares en los que no hay otra manera que el paseo, que generan su propia narración, lenta como la mirada, que han aprendido a ser libros y a ser cafés y esquinas. Un libro en el que E. B. recoge lo que no deberíamos haber perdido en nuestras modernas caminatas por selvas y desiertos: la intimidad, la voz baja, el apunte suelto, las pocas palabras tras las que se intuyen las ciudades, su tiempo, su espejos" (A. M. R., Revista Ariadna, nº 59, primavera de 2013).

(Madrid, Rastro, 11-XII-2011)

Saturday, October 26, 2013

Patinadores

Los fantasmas también proyectan sombras.



(Madrid, 25-11-2013, grabado con el móvil)

Sunday, October 20, 2013

Variaciones sobre un cuadro de Antonio López

El original: Gran Vía (1974-1981): óleo sobre tabla, 90,5 x 93,5 cm



Copia y detalles: Gran Vía (4 de agosto de 2013, 7:32 a.m.): fotos



Sunday, October 13, 2013

Autorretrato en Cuenca

Sunday, October 06, 2013

Apuntes del escritor en trance

"A las guías ilustradas de los lugares a los que viajamos —siempre es bueno servirse de lazarillos cuando afrontamos lo desconocido—, conviene acompañarlas de libros que hablen de esos mismos lugares pero de un modo parcial y apasionado. Poemas sobre rincones que podrían pasar desapercibidos, leyendas sobre naufragios que no dejaron pecio alguno, recuerdos de infancia apuntados en diarios de letra menuda, fotografías de muros que al atardecer parecen rothkos y de casas sin encanto aparente donde se traficaron amores o se salvaron patrias. [...]
El diario de quien no sólo fija en palabras los pasos con que descubre las ciudades a las que llega, sino también del que busca el rastro propio y el de sus lecturas en esas impresiones apuntadas con cierto vértigo de escritor en trance pero sin descuido; en esas imágenes de fotógrafo en blanco y negro que, como en los textos en que se insertan, no encuadran los lugares con que habitualmente los turistas certifican su estancia, sino los barrios, parques, casas y rincones con que se alimentan las pasiones arbitrarias. [...] un diaporama sentimental sobre el que urdir itinerarios urbanos desacostumbrados, más atentos a la representación de la vida diaria que acogen que a la monumentalidad del teatro sobre las tablas de cuyo escenario discurre".
Cortesías: Diarios de Rayuela, José Carlos Díaz Pérez mejorando el original. 

Tuesday, September 24, 2013

El viejo París: inventario previo a la liquidación

París para la memoria. El libro negro de las destrucciones haussmanianas (Paris pour memoire. Le livre noir des destructions haussmanniennes) es el elocuente título de un precioso libro que se ha publicado en Francia. En él se reproducen las 632 planchas de los dibujos de las fachadas de los edificios del centro parisino realizados entre 1851 y 1854 bajo la dirección del arquitecto Gabriel Davioud (con la ayuda de J. Pappert), justo antes de que la monomanía higienista y modernizadora del ínclito Barón Haussmann arrasara con todo e hiciese desaparecer esas casas para siempre. 

La Prefectura de París tuvo el buen gusto de hacer este encargo para registrar y preservar “al menos en la memoria” estos barrios que serían destruidos. Los bocetos están llenos de detalles e información: los escaparates de las tiendas, las decoraciones de puertas y fachadas… Se trataba de realizar una especie de postrer Inventario Previo a la Liquidación. Casi un millar de edificios reproducidos, dentro del perímetro de Las Halles, la rue de Rivoli y la rue Saint-Jacques. Fue el historiador Pierre Pinon quien descubrió estos diseños en la biblioteca histórica de la ciudad, cuyas láminas coloreadas se destruyeron en un incendio durante la Comuna de 1871.
Viendo las casas y tiendas de este libro nos invade una melancolía similar a la que nos abate cuando recorremos las fotografías de Los palacios de la Castellana (Turner, Madrid, 2010). Presenciamos allí las ciudades que nos han robado. Las vidas que nos han hurtado y que ya sólo podemos imaginar. El placer extinguido, inalcanzable, en nuestros paseos y visiones. 
Querríamos pasear por ese viejo París, por esos barrios destruidos, como desearíamos recorrer La Castellana contemplando preciosos palacios. Ciudades fantasmas que sólo perviven en la memoria común gracias a los dibujos y las fotografías. Mientras caminamos por allí se puebla nuestro cerebro de imágenes que reemplazan los espacios vacíos. Donde antes se elevaban las piedras ahora flotan los espectros.
Todo en nombre del Progreso, que, como dijo Baudelaire, es el paganismo de los imbéciles. 

Saturday, September 14, 2013

George Santayana: una filosofía del viaje

Anduvo toda su vida Santayana soñando con viajes: posibles e imposibles, físicos e intelectuales, en el espacio y en el tiempo, hacia otros cuerpos y por mentes extrañas. Dice, incluso, que si algún día alcanzara el cielo, enseguida saldría a buscar sus límites y se pondría a pasear por las afueras. 
Entre el cuaderno de viajes, el libro de memorias y el ensayo filosófico, la tercera y última parte de la autobiografía de George Santayana Personas y lugares, publicada póstumamente bajo el epígrafe «Mi anfitrión el mundo», es un compendio ejemplar de su pensamiento, su vida y su escritura, unas páginas inolvidables que, junto con los maravillosos Soliloquios de Inglaterra, dan probablemente la medida literaria más alta de su autor. 
[...] Materialista platónico, hombre de porte elegante como su prosa, se imagina uno al anciano Santayana caminando a paso lento por la Riva degli Schiavoni o por el entorno de San Pietro in Montorio, junto a la fontana Aqua Paola, apoyado en un bastón, vestido con traje y sombrero, contemplando el delicioso cuadro veneciano de San Giorgio Maggiore o asomándose al espectacular crepúsculo romano desde el mirador del Gianicolo. Abismado en la observación de lo inmediato, en el hecho súbito de la experiencia, como algo no adulterado ni explicado: imágenes impresionistas, esencias de la belleza que llegan a través del aire, que también es -como él mismo afirmó- una forma de arquitectura. 
Personas y lugares, vistas instantáneas del mundo que cautivaron su mirada al pasar y quedaron fijadas en su memoria. 
"George Santayana: una filosofía del viaje", en la revista Clarín, nº 106.
 
PD: Siete años después del comienzo, quizá sea buen momento para hacer un cambio de título en el blog.

Monday, September 02, 2013

Paris qui dort (1925)

París que duerme es un cortometraje mudo de ciencia ficción dirigido por René Clair. Los primeros cinco minutos son una maravilla. El vigilante nocturno de la Torre Eiffel se despierta una mañana y ve que nada se mueve en la ciudad, como si todos hubiesen muerto. Baja de la torre, se pone a caminar por las calles y no encuentra a nadie, todo está vacío, hasta que por fin descubre a algunas personas que están paralizadas: es como si se hubieran quedado congeladas, en distintas posturas. Todo se había parado a las 3.45 horas a causa del rayo paralizante de un científico loco. 

Sunday, August 18, 2013

Manu, de Manuel Jabois

Este año para mí no hay Galicia y me he quedado sin cena solanera. Para aliviar la morriña desde este asfalto sin playa, vuelvo a leer Manu, la crónica exagerada y hardcore del embarazo de la criatura.
Puede que haya dos lectores opuestos e irreconciliables de este libro: los que –como dijo Elvira Lindo en la presentación en Tipos Infames– creen que todo Manu es un mero prólogo hilarante y excesivo que sirve de excusa o parapeto a las cinco páginas emotivas y magníficas del final, que es donde Jabois se quita el disfraz afterjaus y muestra su corazoncito; y los que consideran que todo va de puta madre hasta que a Jabo le salió el sentir, que diría JRJ.
Estos dos tipos de lectores –el sentimental y el cínico, digamos, por etiquetar y resumir, con dos cojones– nunca se pondrán de acuerdo, ni falta que hace, pues no van a quedar a comer ni a tomar cañas juntos, salvo que algún día se celebre un Jabois Parade y haya que organizar las mesas, que todo puede ser. Donde aquél se escandaliza (o se remueve un poco incómodo en el asiento, con el dedo casi dispuesto a marcar el teléfono de urgencias de la asistente social), éste se descojona sin parar; donde aquél se emociona, éste se ruboriza (o se remueve un poco incómodo en el asiento, casi avergonzándose de su condición humana). ¿Pero qué más da? Jabois puede tener tantos tipos de lectores como estilos, tonos, temas y géneros se proponga ametrallar con su prosa (uno de sus grandes valores, precisamente, es la versatilidad).
Yo puedo disfrutar tanto del Jabois exhibicionista pasado de rosca como del Jabois tierno, tímido y sentimental. Sé que son el mismo, los percibo a cada paso, en cada página, y si me faltase uno se resentiría el otro. A mí lo que me gusta, sobre todo, es la mezcla: ese personaje carismático y un poco patoso que se ha creado y que tanto se hace querer.
Me imagino a Jabois con dos versiones preparadas del mismo artículo dudando antes de adjuntar archivo y darle al botón de “Enviar”: ¿mando a El Mundo el que le gustará a mi madre o el que romperá los récords de retuiteos en Twitter? Como sabe que si envía el primero luego se arrepentirá o le dará vergüenza, suele enviar el segundo. Por pudor.
Como digo, a mí lo que más me gusta es la mezcla, ese Jabois blended, destilado como el whisky de refinería gallega Rías Baixas, con el sabor sutil y un poco ácido del Albariño, el color apasionado –sangre coagulada– del tinto de Barrantes y el humor eufórico del licor café, maravilloso, insuperable. La mezcla, Jabo, la mezcla, siempre con medida, en su punto de sal... (aunque sea sal gorda, como en el pulpo a feira).
Hace un año Jabois tuvo un hijo y todos temíamos que su personaje literario acabase sucumbiendo entre pañales y biberones. Para disipar todas las dudas, el autor retomó su pluma (el disfraz de su pluma) y escribió Manu, donde explota su veta más extrema y descacharrante, aquella que germinó gozosamente en los artículos de Frontera D: el de la autoparodia elevada a una de las bellas artes. Otra vuelta de tuerca –muy siglo XXI– sobre una fértil tradición hispánica: la caricatura quevedesca, el esperpento valleinclaniano, la retranca afinada de Julio Camba (por mencionar la inevitable bicha, aunque yo no la vea), las palabras esdrújulas de Umbral…
He aquí al autor con barba y melena reflejado en el espejo del Callejón del Gato, como un Bradomín que sale del after a media mañana: descamisado, el pelo enmarañado, los ojos rojos, el aliento a rayos (o como un Melendi en vuelo, al que cada vez se parece más en las fotos). Un autorretrato beodo, un ecce homo con resaca. No hay un escritor actual con el que me haya reído tanto.
Todo envuelto en una prosa perfecta, magistral, que nunca falla.
Este verano me he quedado sin Sanxenxo, pero leo a su hijo más ilustre (con permiso del aviador Piñeiro). No, Rajoy es sólo una visita veraniega, de esos que dicen "Sanjenjo".

Friday, August 16, 2013

Nine O'Clock

Pasábamos de vuelta a casa de Arvor, cuando vi que en el reloj del Big Ben (que para mí estará siempre asociado a los dibujos de Willy Fog de La vuelta al mundo en 80 días) iban a dar las nueve. Me dio tiempo justo de poner la cámara de fotos en el poyete que da al Támesis y darle al clic. 

Friday, June 28, 2013

La excomunión de Spinoza, la sinagoga vacía

Recuerdo la primera vez que leí la fórmula del Herem que promulgó la comunidad judía de Ámsterdam para expulsar de su seno a Baruch de Spinoza. Era una tarde de invierno, en principio trivial y anodina, como si yo fuese el protagonista de una novela de Benet. Anochecía tras los cristales. Todo estaba en silencio. Por los pasillos de la facultad (Filosofía, Complutense, Madrid) no había nadie en aquel momento. De repente una voz grave, siniestra, profunda, empezó a resonar en mi cabeza conjugando verbos crueles: excluimos, expulsamos, maldecimos, execramos. Quedé profundamente sobrecogido.

Estaba leyendo, como solía hacer, en una de las bancadas de madera del primer piso, frente a la cristalera hiperfragmentada del vestíbulo, apenas separado del vacío por una barandilla. Era la hora habitual de los estudiantes noctámbulos y de los profesores primerizos o denostados; también a veces pasaban con su mopa las señoras de la limpieza. Pero aquel día no había nadie. Maldito sea de día, maldito sea de noche; maldito sea durante el sueño y durante la vigilia. Maldito sea al entrar y al salir. Quiera el Eterno jamás perdonarle. Retumbaba la cólera divina en cada maldición, en cada condena. Como disparos de mosquetón en un fusilamiento.
El reloj de la facultad —un reloj redondo, futurista, como recién salido de Metrópolis de Fritz Lang, o eso me gustaba imaginar— daba siempre las demasiado pronto, una hora que parecía irreal, infinita, una hora que nunca llegaba, que se desvanecía en la lectura, en la letra impresa, página tras página, y moría, como las olas de las canciones francamente mejorables, antes de llegar a la orilla. Que su nombre sea borrado de este mundo (…) Sabed que no debéis tener con él comunicación alguna, ni oral ni escrita, ni hacerle ningún favor, ni permanecer con él bajo techo, ni acercársele a menos de cuatro codos, ni leer cosa alguna por él escrita. Noté en mis brazos los pelos de punta.
Acababa de abrir La sinagoga vacía. Un estudio de las fuentes marranas del espinosismo, el libro escrito por Gabriel Albiac que había tomado prestado en la biblioteca. Aunque se había publicado solo una década antes, parecía un ejemplar antiguo, como curtido en piel de oveja, casi un incunable. Durante años lo estuve buscando sin éxito por las librerías de viejo. Nada. Imposible.
Portentoso entramado de erudición, pensamiento y poesía, La sinagoga vacía abre tantas puertas a la conciencia como laberintos y espejos hay en los versos de Borges. Es un ensayo contundente, riguroso, profundo, pero también se puede leer como una novela, como una colección de historias apasionantes y misteriosas (y cada pie de página, con especial mención al gran Gershom Scholem y a la Historia de los heterodoxos españoles de Menéndez Pelayo, se convierte en un nuevo laberinto de posibilidades). Así lo leí yo entonces, y así lo estoy volviendo a leer ahora, cuando, por fin, se ha vuelto a editar, en una versión corregida y aumentada, un cuarto de siglo después de la primera.

Thursday, May 16, 2013

Algunas herejías

Arrianismo.  Sostenía que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo
Docetismo. Declara que Cristo  no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real.
Adamismo.  Para retornar  a la inocencia originaria del  Edén descrita en el  Génesis, defendía la absoluta desnudez y  una estricta abstinencia sexual
Maniqueísmo, fundada por el sabio persa  Mani (o Manes), quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. Se presenta como la legítima superación del zoroastrismo, del budismo y del cristianismo. Supone una concepción básicamente gnóstica y fuertemente dualista entre Dios y cosmos, Bien y Mal.
Simonianismo. Defiende la divinidad de Simón el Mago, al poseer poderes mágicos tales como volar, y la posibilidad de obtener poderes y favores del Espíritu Santo a cambio de dinero.
Gnosticismo. Defiende que ni por la sola fe ni por el perdón gracias a la muerte de Cristo bastan para salvarse; sino que el ser humano es autónomo para salvarse a sí mismo gracias a la gnosis o conocimiento introspectivo de lo divino.
Ofismo  (rama gnóstica). Considera a la serpiente del Génesis como una bendición (al ofrecer a los seres humanos la posibilidad del conocimiento verdadero y absoluto, representado en la manzana) y a Dios con la maldad del Demiurgo.
Monofisismo. Declara que en Cristo existen las dos naturalezas pero “confundidas”, de forma que la naturaleza humana se pierde, absorbida, en la divina.
Pelagianismo. Afirma que el pecado de Adán no debilitó la capacidad humana de hacer el bien y puede salvarse sin la ayuda de la gracia divina.

Sunday, April 14, 2013

Saturday, March 23, 2013

La DGT al estilo Dreyer


Carl T. Dreyer: They caught the ferry (1948).
PD: El cuestionario Sanfeliu.

Tuesday, March 19, 2013

Como pájaros muertos

"Quien escribe corre dos riesgos: el peligro de ser demasiado bueno y tolerante consigo mismo, y el riesgo de despreciarse. Cuando se siente inundado de felicidad por todo lo que piensa y escribe, cuando se tiene en demasiada estima, escribe con una facilidad y fluidez que deberían parecerle sospechosas. No tiene sospechas porque en su espíritu, que brilla con fuego fatuo, no queda espacio para sospechas o juicios y todo lo que inventa, piensa y escribe le parece felizmente legítimo, útil y destinado a alguien. Cuando por el contrario empieza a despreciarse, tira por tierra de inmediato los pensamientos propios, los derriba de un tiro en cuanto se levantan y respiran, y se encuentra con que acumula a su alrededor de manera compulsiva cadáveres de pensamientos, engorrosos e inoportunos como pájaros muertos. O bien se siente lleno de desprecio por sí mismo pero también de alguna oscura esperanza y escribe y reescribe la misma frase desde el principio en un folio infinitas veces, con la absurda confianza que de aquella frase fija broten de repente, por milagro, vitalidad y reflexión". 
(Natalia Ginzburg, "Interlocutores", Ensayos)

Thursday, March 14, 2013

Akutagawa Ryunosuke

"¿Es que no hay nadie que me haga el favor de venir y estrangularme silenciosamente mientras duermo?" escribió Akutagawa Ryunosuke, el autor de Rashomon (el relato que inspiraría la película de Kurosawa). Leo su Vida de un idiota. Tenía tanto miedo a haber heredado la locura de su madre que finalmente se volvió loco. "La vida es una olimpiada patrocinada por un grupo de locos".
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Antes de suicidarse, en 1927, con 35 años, escribió esta carta a su amigo Kume Masao:
"Aproximadamente en los últimos dos años, he pensado sólo en la muerte, y con especial interés he leído un relato que trata sobre este proceso. Mientras el autor se refiere a esto en términos abstractos, yo seré lo mas concreto que pueda, incluso hasta el punto de sonar inhumano. En este punto yo estoy moralmente obligado a ser honesto. En cuanto al vago sentido de ansiedad respecto de mi futuro, creo que lo he analizado por completo en mi relato "La vida de un loco", excepto por el factor social, llamémoslo la sombra del feudalismo, proyectada sobre mi vida. Esto lo omití a propósito, al no tener la certeza de poder clarificar realmente el contexto social en el cual viví.
Una vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la forma en que lo ven los occidentales, es decir como un pecado), me resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí, por razones prácticas y estéticas, la posibilidad de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacío u otras formas de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino más satisfactorio. Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín, al igual que Kleist y Racine, pensé en la compañía de una amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar fue asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de mi familia. Después de unos meses de preparación me convencí de la posibilidad de realizarlo.
Nosotros los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza más hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido más que otros, en esto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado.
P.S.: Leyendo la vida de Empédocles, me di cuenta de cuán antiguo es el deseo de uno de convertirse en Dios. Esta carta, en cuanto a mí concierne, no intenta esto. Por el contrario, yo me considero uno de los hombres más comunes. Recuerda esos días, veinte años atrás, cuando discutimos "Empédocles sobre el Etna" bajo los árboles de tilo. En esos tiempos yo era uno de los que deseaba convertirse en Dios."

Saturday, March 02, 2013

"Está bien" (y otros breves)

A mí también me gustaría retirarme a escribir a Castel Gandolfo.
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Tomando mejillones en escabeche. Pienso en los kilómetros de cuerda que nos habremos tragado desde pequeños.
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Aunque suene mal, a veces la violencia es un aliado propicio de la justicia poética. Paradigma: cabezazo Zidane-Materazzi.
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Si hubiese reedición (improbable), la editorial podría poner una de esas llamativas fajas rojas con la leyenda: Lector Malherido: "Está bien".
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El día menos pensado meten tu cuerpo en un archivador gigante y te cuelgan una etiqueta del dedo gordo.
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"Puedo perder la razón, la compostura y la vergüenza, pero siempre estaré ahí. No colgado de una percha" (un amigo, todavía sobrio).
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"Para silencio, el aeropuerto de Zúrich" (otro).
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"Intentas ir de guay, pero no te sale" (otro a otro).
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Palabra de honor. Palabra de horror.

Sunday, February 24, 2013

Friday, February 22, 2013

Medio hombre, medio cerdo


La poeta Marcela Iacub, sobre Dominique Strauss-Kahn: "Es un artista de las alcantarillas, un poeta de la abyección y de la suciedad". "El hombre es horrible, el cochino es maravilloso, pese a ser un cochino, es decir, un ser intratable". "Nunca he dejado de verte como un cerdo malvado y es porque eres un cerdo que me enamoré de ti". "Mezquino, machista, vulgar, encadenado de manera servil a su esposa, Anne Sinclair, que financió toda su carrera política por su propia ambición personal". "Está convencida de que ella y su marido pertenecen a la casta de los dueños del mundo, para ella el mundo se divide entre señores y sirvientes, entre dominadores y dominados, como si viviéramos en el Antiguo Régimen".