Tuesday, January 07, 2014

Lo real absoluto

"Cuando consideramos el drama de la ciencia moderna que descubre sus límites racionales hasta en lo absoluto matemático; cuando vemos, en la física, que dos grandes doctrinas fundamentales plantean, una, un principio general de relatividad, otra, un principio “cuántico” de incertidumbre y de indeterminismo que limitaría para siempre la exactitud misma de las medidas físicas; cuando hemos oído que el más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y garante de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocaba la intuición para que socorriese a lo racional y proclamaba que “la imaginación es el verdadero terreno de la germinación científica”, y hasta reclamaba para el científico los beneficios de una verdadera “visión artística”, ¿no tenemos derecho a considerar que el instrumento poético es tan legítimo como el instrumento lógico?
En verdad, toda creación del espíritu es, ante todo, “poética”, en el sentido propio de la palabra. Y en la equivalencia de las formas sensibles y espirituales, inicialmente se ejerce una misma función para la empresa del sabio y para la del poeta. Entre el pensamiento discursivo y la elipse poética, ¿cuál de los dos va o viene de más lejos? Y de esa noche original en que andan a tientas dos ciegos de nacimiento, el uno equipado con el instrumental científico, el otro asistido solamente por las fulguraciones de la intuición, ¿cuál es el que sale a flote más pronto y más cargado de breve fosforescencia? Poco importa la respuesta. El misterio es común. Y la gran aventura del espíritu poético no es inferior en nada a las grandes entradas dramáticas de la ciencia moderna. Algunos astrónomos han podido perder el juicio ante la teoría de un universo en expansión; no hay menos expansión en el infinito moral del hombre: ese universo. Por lejos que la ciencia haga retroceder sus fronteras, en toda la extensión del arco de esas fronteras se oirá correr todavía la jauría cazadora del poeta. Pues si la poesía no es, como se ha dicho, “lo real absoluto”, es por cierto la codicia más cercana y la más cercana aprehensión en ese límite extremo de complicidad en que lo real en el poema parece informarse a sí mismo."
(Saint John Perse, extractos de su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura, 1960)

4 comments:

Portorosa said...

Impresionante.

Y feliz año nuevo, chico.

NáN said...

Si hay una ventaja del científico puro sobre el poeta, Perse la roza demasiado ligeramente: el científico sabe que trabaja con paradigmas que serán cambiados cuando se encuentren otros mejores pero, incluso con esos paradigmas incompletos, su método de comprobación permite encontrar los modos de afectar a la realidad.

Por tanto, el científico es consciente de que pertenece a una "etapa" de la historia, cuyos descubrimientos serán alterados ante la presentación de un nuevo paradigma.

El poeta recoge todas la historia lingüística y sensible del pasado, pero nunca se sitúa como parte del futuro.

conde-duque said...

Feliz Año, Porto.

Hola, Nán. No lo tengo claro. En poesía no hay progreso como en ciencia, pero ¿por qué no futuro?
Quizá ni pasado ni presente ni futuro. Lo intemporal, no sé.

La independiente said...

Decía Wallace Stevens algo como que es imposible citar lo que no se ha escrito (más o menos, cito de memoria y me viene la cita al pelo porque ya me hubiera gustado a mí escribir estas palabras), que dicen mucho mejor lo que pienso desde hace tiempo: son dos maneras de aproximarse esa línea de sombra que es lo más interesante de todo.

Abrazo,

Nán: hay verdades científicas que no se discuten hace quinientos años (o mil). El método científico es igual para todos. Lo que hay son descubrimientos que desbancan ideas antiguas, solo eso. No creo que Newton pensara que se trataba de una etapa lo suyo, de hecho, sus ideas siguen funcionando bien para lo que observó. En poesía no hay nada parecido, afortunadamente.

Y ahí precisamente está la gracia.