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Saturday, May 05, 2007

La Ética de Spinoza

Acaba de salir en Tecnos una nueva edición de la Ética demostrada según el orden geométrico, de Baruch Spinoza (1632-1677). La traducción es de Vidal Peña García, que también escribe una interesante introducción. Incluye asimismo un epílogo y notas al pie de Gabriel Albiac. Ambos son expertos en Spinoza y han cuidado hasta el extremo esta edición que me parece definitiva. Para quien quiera acercarse gozosamente a la Ética de Spinoza en español, ya ha llegado su momento. Yo estoy disfrutando muchísimo.
Hay muchos Spinozas, o mejor dicho, Spinoza es muchos. Como enumera Vidal Peña en un párrafo genial:
El hombre "ebrio de Dios" que pronuncia sin cesar su sagrado Nombre, el que deposita una mosca en la tela de araña y contempla sonriente el necesario desenlace, el que rechaza ofertas de dinero y honrosos cargos académicos, el que que labra cristales, el que envía a prisión a un deudor, el que se informa cortésmente de las enseñanzas que su huésped ha obtenido en un sermón dominical, el que no puede evitar una sonrisa cuando rezan en su presencia, el que declara que la guerra y la matanzan no le incitan a risa ni a llanto, el apacible fumador de pipa, el arrebatado personaje que intenta salir a la calle -panfleto en mano- para llamar bárbaros a quienes han atentado contra sus amigos y protectores políticos, el que dice que en la naturaleza no hay ni bien ni mal, el que llama Ética a su obra cumbre, el defensor de la democracia, el que menosprecia al vulgo, el tísico, el que habla serenamente de las pasiones como de "líneas, superficies y cuerpos", el que acota quizá abruptamente -tratando de los celos- que esa pasión se incrementa al imaginar los genitales y secreciones de quien posee al objeto amado... Ese hombre es, al parecer, el mismo, pero la reconstrucción de su identidad habría de integrar cosas dispares: la imperturbabilidad estoica, el resentimiento, el culto a la verdad, el sadismo.
Siempre me ha impactado mucho la fórmula del Herem que utilizaron los judíos ortodoxos de Ámsterdam para expulsar a Spinoza de la sinagoga:
Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Spinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de esta comunidad; [...] que sea maldito de día y de noche; maldito cuando se acueste y cuando se levante; maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no lo perdone; que su cólera y su furor se inflamen contra ese hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y los separe de las tribus de Israel.
Tremendo. Más que palabras son cañonazos en la conciencia...