Monday, August 29, 2011

Retomar el tono

Se acabó el verano y, aunque hay cosas que contar, no hay ganas de contar nada. Cuestión de ánimo, supongo. Un mes, o más, trampeando con las palabras, evitándolas, refugiándome en las imágenes. En realidad me gustaría trocear las ciudades, recorrerlas calle a calle, repasarlas edificio a edificio, como un mapa plegable de recuerdos, pero no hay humor para aburrir. Incluso hay miedo de aburrirse a uno mismo, que quizás es peor. La escritura es un tono. Contar que no hay ganas de contar quizás sea la única forma de retomar el tono, aunque en el trance es inevitable aburrir, aburrirse. Esta parte, escalera necesaria, hay que saltársela, hacer como si no existiese, hacerla para olvidarla, subirla pero no leerla. De Beckett para abajo, más allá del grado cero. Bajo cero.
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Refugiarse en los libros es, quizás, la mejor solución. Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía, de Rüdiger Safranski. “Una filosofía entre cuyas páginas no se escuche las lágrimas, el aullido y el rechinar de dientes, así como el espantoso estruendo del crimen universal de todos contra todos, no es una filosofía”. Son los años salvajes de la filosofía: Kant, Fichte, Schelling, el Romanticismo, Hegel, Feuerbach, el joven Marx… Según se dice, nunca hasta entonces se había depositado tanta pasión en el pensamiento filosófico. La causa principal fue el descubrimiento del YO.
Schopenhauer pensó las tres grandes humillaciones de la megalomanía humana:
-La humillación cosmológica: nuestro mundo no es más que una de las innumerables esferas que pueblan el espacio infinito.
-La humillación biológica: la inteligencia sirve únicamente para compensar la falta de instintos y la inadecuada adaptación al medio.
-La humillación psicológica: nuestro yo consciente no manda en su propia casa.
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Ni siquiera esta vez he contado la cena gallega del Círculo Solana. La crónica repetida de todos los años, como un eterno retorno de lo bueno, mientras el cuerpo aguante. Mejor no estropear la postal nocturna con palabras: a nuestros pies, la playa de Areas; las luces al fondo, tras la oscuridad del mar, como estrellas que se han caído; en la mesa, vino, palabras, navajas (de mar). Sólo hay que pulsar el botón de debajo de la mesa y empiezan los fuegos artificiales por el horizonte.

3 comments:

Portorosa said...

Cuéntanos lo poco que te apetece contarnos tu viaje a Londres, a ver si así, sin darte cuenta...

Un abrazo.

conde-duque said...

Ok, lo intentaré, pero lo mismo os aburrís...
Un abrazo.

M. said...

Este año trataré de contarla yo. Por cierto, me agregó la valenciana del Dux al Facebook. ¡Y se compró el libro! Menos mal, con el ridículo aquel de enseñarle mis entrevistas y no sé qué.