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Wednesday, July 15, 2009

La Gran Vía

Hace mucho tiempo que no pongo una entrada del Madrid literario. Aquí va un texto de Cansinos Assens, de cuando se estaba construyendo la Gran Vía:
"La Gran Vía, el sueño dorado de los madrileños, va a ser al fin una realidad. Ya la piqueta ha empezado su labor demoledora y esas viejas y tortuosas calles de Jacometrezo, Horno de la Mata, Carbón, etc., son ya totalmente o en parte montones de escombros, por los que en la noche merodean perros vagabundos. Todo ese antiguo barrio de casas de huéspedes, para estudiantes, de prostíbulos y chirlatas, refugio de vidas miserables y truncadas, de viejas viviendas llenas de chinches y cucarachas, sin luz y sin aire, con toda la suciedad y la falta de higiene del Madrid de fin de siglo, es ya una ruina lamentable como los seres que albergaba. En su solar, los arquitectos han trazado los contornos de la proyectada Gran Vía, ancha y espaciosa, que por el momento no es sino una larga fila de zanjas profundas y siniestras como osarios...
El paisaje recuerda esas estampas de la guerra, que publican los periódicos gráficos, obtenidas despuñes de un bombardeo. Interiores de casas a medio demoler, trozos de alcoba, en las que miles de seres ignorados habrán amado y muerto oscuramente, y que dejan ver su empapelado de un rosa tierno como una desnudez. [...] ¿Qué habrá sido de aquella muchacha que como una cariátide en la puerta de aquella casa de la travesía del Carbón nos llamaba al pasar, sonriéndonos como una novia?"
(Rafael Cansinos Assens, La novela de un literato)

Saturday, June 27, 2009

El poeta cartero de Cansinos

Voy por la página 56 del tomo 3 de La novela de un literato de Rafael Cansinos Assens. Otro día cogeré los tomos 1 y 2 en la biblioteca (mirando el índice, me apeteció más éste, no sé por qué). Creo que alguna vez lo había hojeado, pero nunca me había puesto a leerlo. Antes de que se me pase la emoción, tengo que decirlo: esto es una obra maestra, sobre todo por sus retratos de los personajes de la época, especialmente de la vida literaria, de la bohemia (abarca de 1898 a 1936), pero también por los diálogos, las descripciones, etc. Hasta ahora todo lo que había leído de Cansinos me gustaba mucho pero se postraba demasiado ante la belleza, en un estilo melodioso y redondo, con afán preciosista y quizás un pelín pomposo. Aquí no. Aquí el estilo es directo, claro y sencillo. Yo creo que, junto con las memorias de Baroja, son la mejor crónica de una época... que merecía ser contada. Pocas veces he leído retratos tan buenos. Cansinos ha inmortalizado -literalmente (olvidemos el cliché)- a mucha gente.
Inolvidable, por ejemplo, el poeta cartero:
Ricardo Martínez es un tipo popular en el barrio. Es el hombre que nunca tiene prisa, que se detiene a hablar de literatura en cuanto se encuentra a un amigo, discutiendo valores, exponiendo argumentos de dramas patológicos, quejándose amargamente de la incomprensión de los empresarios y proclamando que en este país de ignorantes y cretinos no es posible hacer nada; todo lo cual lo refuerza con frases de grandes escritores, que son sus amigos. [...]
Martínez explaya sus peroratas y lucubraciones en plena calle, recostado sobre una pared o un farol, cargado con su cartera, en la que lleva la correspondencia siempre atrasada, juntamente con sus no menos atrasadas cuartillas, y un cuarterón de picadura. A veces, cuando el interlocutor se presta, lo mete en una tasca y le lee unas escenas de algún drama suyo. [...]
Cuántas horas no me ha tenido así el terrible Martínez, detenido por su verbosidad inagotable en la esquina del Viaducto, al salir de casa impaciente por lanzarme al mundo y a la vida, sin reparar en mis gestos desesperados y mis pies piafantes..., y cuántas, después de eso, cuando ya finalmente me iba, no me ha dicho, de pronto: "¡Ah, se me olvidaba..., tengo aquí una carta para usted!".
(Rafael Cansinos Assens, La novela de un literato, 3, Alianza Editorial)
*****
Inevitable decir algo de Michael Jackson, que nos ha acompañado desde pequeños. Supongo que el artista murió hace tiempo. Ahora ha muerto la máscara mortuoria, que se fue modelando poco a poco, dando vueltas en el luminoso carrusel de Neverland. «Soy Peter Pan», decía, con su sonrisa triste. Recuerdo perfectamente la cassette de Bad, gastada de tanto ponerla, una y otra vez, cuando tenía 10 años. Para mí, su mejor disco.