Wednesday, October 03, 2007

La literatura como hipnosis (o como droga)

En el Círculo Solana seguimos hipnotizados por el relato que nos ha regalado Luisa Cuerda (profético apellido): "Un galgo entre la niebla".

Cuando te encuentras con un texto tan magnético no te queda más remedio que leerlo una y otra vez. Te quedas como atrapado. No puedes salir de ahí. Es lo que me está pasando también desde hace varias semanas con el primer capítulo de Falling Man, la última novela de Don DeLillo (no pongo el título en castellano porque es una cagada absoluta de la editorial Seix Barral). Son cuatro páginas tan espectaculares que casi no puedo seguir avanzando en la novela, y tengo que volver otra vez al principio. Lo habré leído veinte veces y no me canso. Es más. Sigo enganchado. Os pongo unos párrafos (todos conocemos la escena: el 11-S):

Ya no era una calle sino un mundo, un tiempo y un espacio de ceniza cayendo y casi noche. Caminaba hacia el norte por los escombros y el barro y pasaban junto a él personas que corrían tapándose la cara con una toalla o cubriéndose la cabeza con la chaqueta. Iban con pañuelos apretados contra la boca. Llevaban los zapatos en la mano, una mujer con un zapato en cada mano pasó corriendo junto a él. Iban corriendo y se caían algunos de ellos, confusos y desmañados, con los cascotes derrumbándoseles en torno, y había gente que buscaba cobijo debajo de los coches.
El estrépito permanecía en el aire, el fragor del derrumbe. Esto era el mundo ahora. El humo y la ceniza venían rodando por las calles, doblandos las esquinas, arremolinándose en las esquinas, sísmicas oleadas de humo, con destellos de papel de oficina, folios normales con el borde cortante, pasando en vuelo rasante, revoloteando, cosas no de este mundo en el fúnebre cobertor de la mañana.
Llevaba traje y maletín. Tenía crisal en el pelo y en el rostro, cápsulas veteadas de sangre y luz. Dejó atrás un rótulo de "Desayuno Especial" y pasaron corriendo junto a él policías y guardias de seguridad, con la mano apoyada en la culata de la pistola, para mantener estable el arma.
Las cosas de dentro estaban lejos y quietas, donde se suponía que él se encontraba. Sucedía por todas partes, en derredor suyo, un coche medio enterrado en escombros, con las ventanas reventadas y ruidos emergiendo, voces radiofónicas escarbando en las ruinas. Vio personas chorreando agua al correr, y cuerpos empapados por los sistemas de irrigación. Había zapatos descartados en la calle, bolsos y ordenadores portátiles, un hombre sentado en el bordillo tosiendo sangre. Vasos de papel llegaban en extraños rebotes.
El mundo era esto, también, figuras en las ventanas, en lo alto, a trescientos metros, cayendo al espacio libre, y la pestilencia del carburante en llamas, y el desgarrón sostenido de las sirenas en el aire. El ruido se hallaba por donde corrían ellos, sonido estratificado que se les juntaba en torno, y él se adentraba en el ruido y se apartaba, al mismo tiempo.
Hubo otra cosa entonces, fuera de todo esto, no perteneciente a nada de esto, arriba. La vio bajar. Una camisa surgió del humo alto, una camisa que se levantaba y que flotaba a la deriva a la escasa luz y que luego volvía a caer, hacia el río. [...]
(Trad. de Ramón Buenaventura)

7 comments:

Mabalot said...

Yo también caí en las redes de esta novela. El primer capítulo parece la prosa de un visionario, casi en trance. He leído también una y otra vez este capítulo y está claro que me gusta, pero sigo leyendo los siguientes y me aburren un poco, me parecen rellenos o al menos bastante podo interesantes.

Ayer llegué al capítulo de los moros, y parece que vuelve a levantar la cabeza, la novela. Sí, tiene cosas geniales. Tengo curiosidad ahora por sus tochos anteriores. Si algún día me siento optimista le hinco el diente a Ruido de fondo, del que varias personas de gusto respetable hablaron muy bien.

conde-duque said...

Sí, a mí también me ha pasado eso con los siguientes capítulos. Quizás por eso vuelvo una y otra vez al primero...
Prefiero no seguir.

Portorosa said...

Hace un mes empecé "Ruido de fondo", primer libro suyo que leía... ¡y lo he dejado por la mitad!

¿Será algo malo? ¿Tendrá cura?

Un abrazo.

conde-duque said...

Pues no sé, porque ese no lo he leído, pero si yo tuviera que ir al médico cada vez que empiezo y no termino un libro me pasaría el día en la puerta de Urgencias.
Vamos, es que básicamente yo me dedico a eso: a empezar libros y no acabarlos. Rara vez llego al final, en serio. ¿Será algo malo? ¿Tendrá cura?
Otro para ti.

desconvencida said...

Yo he de confesar que también empiezo y no termino muchos libros...

No he leído nada de él, pero este capítulo efectivamente es brutal...

Miguel Sanfeliu said...

Es que muchos libros no merecen ser terminados, tan sólo aquellos que nos aportan algo, aunque ni siquiera sepamos el qué.
El fenómeno zapping llegó también al libro y, con frecuencia, se nos cruzan otras lecturas a mitad de la que llevamos entre manos. Los libros se amontonan.
A mí me gustó "Ruido de fondo", me interesó el clima de paranoia que refleja, pero es que también me gusta la película "The trigger effect" ("El efecto dominó") con la que le veo muchos puntos de relación.
En cualquier caso, sólo por este primer capítulo ya vale la pena este último libro de DeLillo.

Es un autor importante, pero tampoco me declaro defensor a ultranza ni voy buscando todo lo que ha escrito ni nada de eso. Creo que tiene páginas geniales y algunas muy aburridas, que no es poco. Y, en cualquier caso, pienso que es un autor al que hay que conocer.

Un saludo.

jorge villanueva said...

impresionante el capitulo