Saturday, September 29, 2007

Red de afectos

Sigo esperando a Dodot.
Y echo muchísimo de menos a Té con Leche. Pero muchísimo...
Igual que siempre (es un decir) que entro en una librería miro a ver si hay un nuevo libro de Bufalino, aunque sé que es imposible, a veces le doy a sus links con la esperanza de que hayan vuelto.
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En otro orden de cosas, Lula Fortune me ha hecho recordar mi infancia, cuando el expreso Rías Baixas paraba -al amanecer- en Redondela, ese pueblo que para mí siempre tuvo nombre de chapas. Allí el tren hacía una maniobra en la que se separaban los vagones que iban a Vigo y los que iban a Pontevedra. Mi padre, que es un ser de costumbres tercas, siempre se bajaba en la estación a tomar un café y esperaba a que regresasen los vagones al andén para volver a subirse. A mí siempre me daba miedo que se quedase allí tirado, y no me quedaba tranquilo hasta que le veía arrojando el cigarrillo y entrando de nuevo en el tren.
Yo me asomaba al ventanal del tren desde la litera, con los ojos muy abiertos (de pequeño era sólo ojos; debía de estar siempre asombrado). Quizás la pequeña Lula merodeaba por allí.
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De otros amigos, ya no digo nada. No hace falta. Sin ellos el mundo sería mucho más triste. Y afortunadamente en algunos casos eso no se puede ya dar. Ya no se escapan.
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Pienso por un momento en esta situación (que daría, quizás, para un relato): lees todos los días el blog de una persona, pero no sabes su nombre real ni tienes contacto por mail ni nada. Con el transcurso de los meses ya forma parte afectiva de tu vida, porque -pese a la virtualidad- aquí algunas cosas son muy verdaderas. De repente se muere, y ahí sigue su blog, flotando en la nada. No hay nuevos posts. Su familia y amigos no saben que lleva un blog (suele pasar) y no pueden avisar de la mala noticia. Los lectores habituales no saben qué hacer. Comentan entre ellos: ¿qué será de X?, ¿por qué no sigue escribiendo?

10 comments:

firenze said...

Yo también he pensado en eso, imagínate que no puedes escribir durante un tiempo tu blog...tus seguidores dirían ¿qué pasa con éste? Pero claro, si nadie sabe de la existencia del blog no pueden avisar de que están enfermo o algo así...

Lula Fortune said...

Es como una pequeña muerte (espero que virtual). A mí me pasó con "Serenatas de New York", me encantaban sus crónicas de la ciudad, me sentía de nuevo allí, con sus olores y colores (como cuando tú hablas de Italia). De pronto, Fernando desapareció, como un ahogado que de sumerge, se desdibuja, se ondula en las oscuridades del fondo y no lo ves más. Algunas veces vuelvo por allí con la esperanza de que haya dejado una señal, de que está en otro sitio, de que se llama de otra forma... pero todo me parece polvoriento y sin vida. Como esas casas cerradas a las que vuelves
después de una ausencia. Espero que si tú decides bajarte de tren y no subir más, me dejes un
e-mail o mejor un apartado de correos para escribir cartas de verdad, con papel y sobre, de esas que amarillean en una caja de cartón.
Un beso emocionado.

Diarios de Rayuela said...

Es curioso, Conde, pero he pensado muchas veces en esa hipotética situación. Un blog que lees y de repente se calla por un tiempo que se nos antoja eterno. Sin una dirección de correo a la que dirigirse. Sin lugar alguno donde buscar. Y piensas inevitablemente en la muerte. Desasosiega. También pensar que un día no pueda uno seguir escribiendo por cualquiera cosa que de repente acontezca y sea inevitable y nos situe a un lado de todo esto. Quizás mudos, pero aún con vista y oído. Quizás mudos, sordos y ciegos. Quizás nada. Y quién avisará al mundo de que nos hemos ido. Somos Condes o Señores Portorosa o Lulas o Jardines Secretos o Mabalots o Diarios o..
Riesgos de la semiclandestinidad. Zozobra de la vanidad. Extraño mundo éste. El de la blogosfera.
Ah, mi más sincera felicitación por ese maravilloso texto que le has colado por comentario al amigo Mabalot. Roma os va poner una calle a ambos. Merecidas.
Un abrazo.

conde-duque said...

No os preocupeis. Si veo que voy a palmarla yo os aviso antes, para que os vayáis haciendo a la idea...
Ya en serio, sí que es extraño esto de la blogosfera, como dice Diarios (y es que esas situaciones pueden suceder fácilmente...).
En otros casos uno no sabe qué hacer. Me pasó últimamente con don Porto. Quería decirle algo pero no sabía qué, porque no sabía suficiente, me faltaban datos... Y preferí callar.
Pues Lula, te tomo la palabra. Esto de la Red está bien y es muy cómodo, pero donde estén las cartas amarillentas...
Un abrazo, amigos.

MLL said...

Tampoco es tan difícil. Creo. Mis datos (nombre y lugar) son reales. Aunque espero -tóquese madera- que no hagan falta.

Claro que lo que no es difícil para uno sí puede serlo para otro.

conde-duque said...

No te entiendo, Martín. ¿El qué no es difícil?
El nombre real tampoco serviría de mucho en estos casos. Habría que conocer a algún amigo o familiar.

la luz tenue said...

A veces he pasado unos días (bastantes) sin escribir y he pensado: debo hacerlo para que no se preopupen por mí los que me leen. Para seguir en esa rueda tan placentera de escribir, y leer lo que otros escriben.

¿Y el agradecimiento? Cómo agradecer lo que has escrito, Conde, o lo que ha escrito Mabalot, o Diarios, o Juan Domingo, o tantos otros...

Lo mío, en este mundo de los blogs, ya es devoción.

conde-duque said...

Supongo que la mejor manera de darnos las gracias es regalándonos textos unos a otros, poniendo lo mejor de uno sin pedir nada a cambio.
Como dices: una rueda muy placentera.

M. said...

Llego tarde al debate. Hace varios meses escribí un artículo en el que venía a abordar eso. Corto y pego sólo lo último, para no cansar. Bicos.

PD: Precioso el post, por cierto. Y los comentarios. Me ha encantado.

"(...) Olvidé el tema hasta que pasados unos días leí en el periódico que se había muerto una adolescente en un accidente de tráfico. Evidentemente, existía una posibilidad entre millones de que fuese ella. Pero sólo entonces se activaron esos resortes que confunden con habilidad la imaginación con la realidad, y que ella había sabido ver antes. La edad reposa el argumento: lo amarga, y las casualidades suelen revestirse de drama. Lo que para ella fue un encuentro azaroso que ensoñadoramente acabaría en un amor incierto, para mí fue el principio de una pequeña tragedia a la que tendría que acercarme con delicadeza. Pero bajé el telón. Era un mecanismo delicioso para una novela, como tantos: le puse un título y la di por escrita. Sí pensé, y pensé cuidadosamente, en internet, y en su relación con la muerte. Pensé en los correos sin respuesta de la gente que tenemos un poco perdida, y en blogs parados en un día cualquiera a cargo de seudónimos con los que hemos mantenido conversaciones, confidencias. Pensé en que si alguien muere se le da de baja en Telefónica, pero no en la Red, donde quizás su familia no sabe que existe: ¿cómo enterrar a un seudónimo? De ahí que se siga exhibiendo su cadáver caliente en la web, ajeno a los comentarios, indiferente a las visitas, hasta que definitivamente se cubre de olvido, de misterio y también, de forma insólita, de una extraña paz".

Miguel Sanfeliu said...

Acertado post. Yo también he pensado en ello. Especialmente, porque me pasó algo así con alguien que firmaba como Asmadeus. Intercambiamos comentarios y nos teníamos cierta simpatía, pero un día dejó de escribir. Yo iba de vez en cuando a su blog y veía que estaba sin actualizar. Ahora, su dirección ha sido usurpada por otra persona, no sé cómo lo ha hecho ni por qué, pero sí sé que ya no está Asmadeus en la red.

(Ah, y fantástico también el texto que aporta "m").

Un saludo.