Friday, October 06, 2006

Rafael Sánchez Ferlosio

Nació en Roma en 1927 y tiene la sintaxis castellana metida hasta los tuétanos. Pasa de la vida literaria y se limita a escribir desde su cueva. Es el último sacerdote de la palabra. Cualquiera diría que ha jurado los votos de castidad, humildad y pobreza sobre las tapas de la Gramática de Nebrija...
Releo una y otra vez, con placer infinito, sus relatos cortos, reunidos en el libro El geco. Cuentos y fragmentos. "El pensil sobre el Yang Tsé o la hija del emperador" es el texto más bonito que he leído en mi vida. De vez en cuando, para olvidar las penas cotidianas, me zambullo en el discurso anestesiante y absorbente de El testimonio de Yarfoz, una novela tan difícil como inolvidable, escrita por un Kafka de Chamberí.
Para atreverse a cruzar los vericuetos de sus ensayos filosóficos no sólo hay que ser muy valiente, sino tener más moral que el Alcoyano y más paciencia que el santo Job. En el colegio empecé a leer El Jarama y me aburrió tanto que lo dejé para siempre. Lamentablemente tampoco pude con Industrias y andanzas de Alfanhuí. Una verdadera pena...

"Cuatro colegas"
De los cuatro colegas que yo tenía en aquella oficina, uno era simpático y educado, otro antipático y educado, el tercero antipático y maleducado y el cuarto simpático y maleducado. Yo, que soy más bien amigo de las distancias, guardaba el siguiente orden de preferencia: primero, con gran ventaja, el antipático educado, después el simpático educado y, casi a la par con él, el antipático maleducado, y finalmente, a enorme distancia, el simpático maleducado, del que si la objetividad no me obligase a reconocer que era, realmente, una buenísima persona, diría que resultaba un ser absolutamente abominable. El antipático maleducado era bastante duro de tratar, pero con él cabía la alternativa de la fuga y la prudencia, en tanto que la comparación entre el segundo y el cuarto me daba la ocasión de reparar en cómo mientras la buena educación es un remedio enteramente eficaz contra la antipatía, por el contrario, la simpatía, lejos de aliviar en nada la mala educación, la agrava y la potencia. [...]

5 comments:

Anonymous said...

A mi "El Jarama" me encantó, y no pude con el surrealismo de "Alfanhuí", quizás ahora lo leería de otra manera, ambas novelas fueron lectura "obligada" en el instituto...

José Manuel Benítez Ariza said...

Releí el "Alfanhuí" hace poco, llevado por un comentario que hacía Trapiello en uno de sus diarios. Y me encantó. Quizá, porque ya no veía en él nada de surrealismo, sino un relato diáfano, tanto en su prosa purísima como en la mirada que proyecta sobre las cosas. Efectivamente, conviene despojar a ciertos autores del aire escolar que han adquirido por permanecer largos años en las listas de lecturas obligatorias. En este caso, merece la pena.

conde-duque said...

Sin duda, la de Ferlosio es la prosa más pura de la literatura española contemporánea. En sus páginas queda a salvo la lengua, como en Cervantes.
Intentaré volver a "Alfanhuí", pero me temo que "El Jarama" lo he perdido para siempre...

Jesús Sanz Rioja said...

El Jarama es un experimento muy audaz, pero como solaz literario quizá baste una cala. Gracias por la recomendación de El Geco. Lo pongo a la cola.

Anonymous said...

Comparto mi admiración por Ferlosio en:
www.lageometriadelaire.blogspot.com