Saturday, December 29, 2007

Coketown, la ciudad sin fantasía

Se acaba el año. Es hora de recuentos y sinopsis. Pero no pienso hacerlo, porque no tengo ganas ni fuerza para esa muerte prematura. Los que habéis visto el vídeo de la casa romana ya sabéis por qué prefiero mirar para otro lado. La resaca, en estos casos, también ayuda un poco.
Abro un libro de Charles Dickens y leo esta maravillosa descripción de una ciudad, Coketown, que representa el triunfo absoluto del realismo:
"It was a town of red brick, or of brick that would have been red if the smoke and ashes had allowed it; but as matters stood it was a town of unnatural red and black like the painted face of a savage. It was a town of machinery and tall chimneys, out of which interminable serpents of smoke trailed themselves for ever and ever, and never got uncoiled. It had a black canal in it, and a river that ran purple with ill-smelling dye, and vast piles of building full of windows where there was a rattling and a trembling all day long, and where the piston of the steam-engine worked monotonously up and down, like the head of an elephant in a state of melancholy madness. It contained several large streets all very like one another, and many small streets still more like one another, inhabited by people equally like one another, who all went in and out at the same hours, with the same sound upon the same pavements, to do the same work, and to whom every day was the same as yesterday and tomorrow, and every year the counterpart of the last and the next."
En traducción pierde un poco, pero sigue sirviendo:
"Era una ciudad de ladrillo rojo, es decir, de ladrillo que habría sido rojo si el humo y la ceniza se lo hubiesen consentido; como no era así, la ciudad tenía un extraño color rojinegro, parecido al que usan los salvajes para embadurnarse la cara. Era una ciudad de máquinas y de altas chimeneas, por las que salían interminables serpientes de humo que no acababan nunca de desenroscarse, a pesar de salir y salir sin interrupción. Pasaban por la ciudad un negro canal y un río de aguas teñidas de púrpura maloliente; tenía también grandes bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el día un continuo traqueteo y temblor y en el que el émbolo de la máquina de vapor subía y bajaba con monotonía, lo mismo que la cabeza de un elefante enloquecido de melancolía. Contenía la ciudad varias calles anchas, todas muy parecidas, además de muchas calles estrechas que se parecían entre sí todavía más que las grandes; estaban habitadas por gentes que también se parecían entre sí, que entraban y salían de sus casas a idénticas horas, levantando en el suelo idénticos ruidos de pasos, que se encaminaban hacia idéntica ocupación y para las que cada día era idéntico al de ayer y al de mañana y cada año era una repetición del anterior y del siguiente."
(Charles Dickens, Tiempos difíciles)

11 comments:

lene said...

Yo de este año también me llevo entre otros lugares que recreo a diario mis días en Roma.

conde-duque said...

Pues nada, que al puñetero vídeo no le da la gana de subirse... Mi dispiace.

Lula Fortune said...

" Il passato ancor di più, il caro, il dolce, il pio passato". Micol Fintzi-Contini.
Feliz Nuevo y Prometedor 2mil-8.
Besos.

conde-duque said...

Ahora sí. Ya está puesto...
(Feliz año, Lene, Lula)

Xavi said...

Feliz Año Nuevo, conde-duque.

Interesantísimo vídeo. Me ha llamado la atención los cuatro minutos que invertías cada día en llegar hasta tu piso desde la puerta de la calle. Para que luego digan que hay sedentarismo. :)

Y casi te pillamos, ¿eh? sólo se te ven los mocasines...

NáN said...

Menos mal que he pasado hoy, sábado, por aquí, a tiempo de verlo.

Menos mal que esos romanos están locos.

Esta misma semana leí Responso por la escalera, un ensayito de Oscar Tusquets. Incluye esto:

«Ya nadie, y los norteamericanos menos que nadie, quiere subir escaleras; por eso, en las deprimentes salas de musculación de los gimnasios ... ha aparecido una máquina para obligarlos a realizar exactamente los mismo movimientos que harían subiendo escaleras. O sea suben al gimnasio -que naturalmente está situado en un penthouse- esperando impertérritos el ascensor y, una vez allí, se ponen a subir escaleras virtuales en una máquina. Se ve que la gracia y el negocio radica en estas bobadas.»

Eso no va con los romanos de los barrios populares. Por cierto, además de vírgenes, vi una amable construcción y verdes plantas y árboles por todas partes.

Un abrazo c-d.

Diarios de Rayuela said...

Calles, luz, jardín, llave...
Un placer haber llegado a tiempo a estas imágenes.
Un abrazo.

conde-duque said...

Gracias, Xavi, Nán, Diarios. Me alegro de que os haya gustado el vídeo romano.
Ya lo he quitado, como os dije ayer, porque hay que liberarse de la nostalgia para seguir adelante.
Ahora os endoso un Dickens.
Un abrazo y Feliz Año a tutti.

lene said...

Me encantó del vídeo el momento en que entreabres la ventana de tu cuarto y se cuelan los sonidos de la calle... bonita banda sonora.
Feliz año para ti también.
:)

Mar Calíope said...

No he visto ningún video:(

Pero me encantó el post. Feliz año, amigo.

Mar

conde-duque said...

Feliz Año, Lene, Mar.
Muchos besos.