Tuesday, June 22, 2010

O libro dos amigos

Curioseando en la biblioteca de mi padre me encuentro con dos libros de preciosos títulos, tan evocativos como prometedores: Por os camiños da saudade y O libro dos amigos, ambos escritos por este hombre de toga y gafas redondas llamado Ramón Otero Pedrayo (1888-1976). Seguro que los había visto otras veces, pero no les había prestado atención.
Los abro y empiezo a hojearlos. Primero de pie; después sentado; finalmente tumbado en el sofá. El primero es un libro de viaje por Buenos Aires. Casi mejor lo dejaré para otro día, porque el segundo me ha atrapado: O libro dos amigos. Como declara el título, se trata de una sucesión de retratos emocionados de sus amigos, entre los que figuran algunos personajes gallegos conocidos, como Castelao o Bóveda. Salen en sus páginas muchos recuerdos, bastantes cafés, algunos entierros. No entiendo todas las palabras, pero me gusta cómo suenan. El ejemplar que tengo entre las manos está fechado en 1953 y fue publicado por Ediciones Galicia del Centro Gallego de Buenos Aires.
Copio un trozo sobre Antón Vilar Ponte, el inventor del nombre de este blog:
Era un día de neve seródea, estaban ben tristes os montes de Castro de Dozón, cando os pasamos ainda de mañán Alexandre Bóveda, Vicente Risco e mais eu pra seguir deica a foxa do seu descanso, beira do mar dos Artabros, o corpiño de Anton Vilar Ponte. [...]
En Cuba exercitou Antón Vilar fidalgamente o xornalismo. Sostivo con dinidade sin concederle demasiada importanza un desafío a espada. Por as condiciós do terréo decidiron os padriños que se descalzaran os duelistas. Tivo medo Anton de locir algunha falla no calcetín e con desventaxa deixouse cos zapatos...
Contabao Antón, fumegando seus caraiterísticos cigarriños, co ar cânso, de súpeto fermoso e aceso sí se tratare de unha inxustiza que combatire, unha pureza que gabare... Sabía disfrutar dos folgos e os silencios. As horas do serán, as da noite coruñesa non tiveron millor nin mais xentil e delicado intérprete. O café do Cantón, o latexar do Faro brigantino, a opinión, nada nunha tertulia, maquiada en circos e discusiós, ou xurdida e espallada de sutaque por a cidade era deseguida collida e corporeizada por Antón como si a uliscara no clima social, pra erguela ou pra castigala cun artigo de punta de frolete...

Wednesday, June 09, 2010

"Historias de Roma" de Enric González

Hace año y pico hablé aquí de las historias de Enric González (del mismo género “lectura en terracita” que los Diarios de Iñaki Uriarte: o sea, coca-cola en mano, libro y sonrisa) y suspiraba por unas de Roma, que acaban de llegar. Vi el libro en la Feria del Retiro, me lo compré y me lo he leído en un par de tardes. Tengo que reconocer que tras las primeras páginas me entró cierto temor a que las Historias de Enric González fueran la crónica, por compromiso o por prisas, de una espiral en decadencia. El primero, el de Londres, es con diferencia el mejor de sus libros; el segundo, el de Nueva York, está muy bien pero no llega a la altura del primero; este tercero, el de Roma, no está mal pero podría –¡debería!– ser mucho mejor. El de Historias del calcio no lo he leído. Pensando mal, podría parecer que la emoción y la necesidad de escribir el primer libro han sido sustituidas progresivamente por una mera obligación contractual, casi burocrática. A veces se le nota casi con prisas por terminar…
Tras unas primeras páginas caóticas y absurdas de síntesis histórica, que me hicieron pensar en lo peor, Historias de Roma remonta el vuelo por el lado del costumbrismo y de las anécdotas periodísticas: cuenta, enseña y entretiene, que es de lo que se trata. Pero uno se pregunta si no hay editor de estos libros, alguien que sepa aconsejar y orientar, al menos en cuanto a orden y estructura. La respuesta seguramente es que el editor sea simplemente ese pelmazo de RBA que mete mucha prisa. El resultado es digno, sí, pero demasiado poca cosa. Roma tiene muchísimo más (y mejor) que contar. Ya sé que contarlo todo es imposible, porque sería infinito, pero el tema merecía más esfuerzo, más tiempo, más calma, más páginas. Y de este autor esperábamos más. En fin, olvidemos las pegas por culpa de las expectativas, que el libro está bastante bien (seguro que con el tiempo, pasado el desengaño, lo iré apreciando más). Además, espero algún día poder escribir mi prometido libro sobre Roma y resarcirme de todas las carencias.
Lo cierto es que Historias de Roma contiene páginas muy buenas. Cuando Enric González hace de Enric González, cuando se olvida de los nombres de los emperadores y de las fechas antes o después de Cristo (que parecen traídas sólo para rellenar páginas) y simplemente nos habla de su casa, del restaurante al que solía acudir o de un personaje romano que conoció en tal sitio, sale lo mejor de su estilo. No necesitamos más que verlo saboreando un capuchino en una plaza o elucubrando sobre los complots vaticanos, con eso nos llega. Por otra parte, la semblanza que hace de Alberto Sordi es inolvidable (para mí lo mejor del libro), al igual que la historia del marqués Casati Stampa, que “sólo disfrutaba del sexo por persona impuesta: le gustaba que su esposa fornicara con jóvenes desconocidos, mientras él fotografiaba, filmaba y anotaba en su diario”. En un alarde de síntesis oratoria, el autor confecciona un monólogo hilarante con frases literales tomadas de Berlusconi:

"Quiero empezar saludando a los asistentes a esta Cumbre contra el Hambre, y muy especialmente a las bellísimas delegadas. Soy el ungido del Señor. Cargo con la cruz, aunque no me gusta mucho hacerlo. Y cada año practico un retiro espiritual, en las Bermudas. El referéndum, sépanlo, será un juicio de Dios. Y beberé el amargo cáliz de volver a gobernar. Vivo bajo el terror de un Estado policial. Acusarme a mí de corrupción es como acusar a la Madre Teresa de Calcuta. También Jesús fue traicionado, y no soy mejor que Jesús. Por supuesto, soy éticamente superior a cualquier otro político europeo. Estoy en contacto permanente con la Divinidad. He escrito las tablas de la ley, como Napoleón o Justiniano. A veces noto que me asalta un complejo de superioridad, pero entonces me digo: menos mal que soy yo. Soy el único italiano que escribe sambas en napolitano. Me han envenenado con armas bacteriológicas. Nunca salgo en televisión. Mi vida está llena de sacrificios. ¿Saben que Margaret Thatcher me dijo que habríamos hecho una gran pareja?"

Además, me ha descubierto varias películas de Mario Monicelli, que pienso ver en cuanto pueda, porque creo que me van a gustar.
El capítulo 4, en el que nos guía en un paseo por el centro histórico, me ha llenado de nostalgia y de la necesidad de volver pronto a Roma. Es como estar allí caminando: visualizas perfectamente todos los lugares (si los conoces, claro). No, definitivamente no puedo estar más tiempo sin volver. Ya son casi tres años. Una eternidad, una condena.
Párrafos tan verdaderos como éste lo corroboran: "Hay pocos paseos tan placenteros como una caminata nocturna por el antiguo gueto romano. Todo el centro de Roma, en especial las zonas más cercanas al río, con las matas silvestres que crecen junto a los muros, la iluminación tenue, la suave atmósfera de pueblo pequeño y adormecido, está hecho para la nocturnidad. Vale la pena salir a caminar de madrugada, cuando la Fontana de Trevi o la armoniosa Piazza Farnese esperan en soledad y los gatos se hacen dueños de las calles".

Sunday, June 06, 2010

Diarios de Iñaki Uriarte

He vuelto a leer los Diarios de Iñaki Uriarte, esta vez ya en papel, en formato libro, y he disfrutado tanto como la primera vez. Una gozada. Tiene que quitarse uno la sonrisa para volver a encarar el mundo dignamente. Es de esos libros que no hacen ruido, que es raro ver en las mesas de novedades de las librerías, que casi hasta cuesta encontrar aunque uno se lo proponga, pero que seguirán en pie ahí dentro de muchos años, redondo y entero, sin perder ni un ápice, cuando todos los demás se hayan resquebrajado, olvidado o hundido. Incluso podrá mejorar con el tiempo. Literatura de reserva.
“Es evidente que cualquiera de los que están arriba ha tratado a los otros como un medio y no como un fin. Sea lo que sea eso de Kant de tratar a las personas como un fin, así solo se va cuesta abajo”. No pasará el tiempo para genialidades como ésta.
El personaje-narrador de estos diarios nos cae bien. Es un hombre que no trabaja, porque no lo necesita, y que presume de vago: “¿Qué has hecho hoy? Fumar”; “Trabajar es como estar enfermo. En cuanto se te pasa, te pones contento”. Por supuesto, nos da envidia de esta posibilidad de vivir sin trabajar. Gran admirador de Montaigne, sabe captar con gran inteligencia los movimientos de la psicología. Realismo sin prejuicios ni corrección política: “Hasta que no desaparezcan las joyerías habría que mantener un poco en cuestión todo eso del feminismo”. Además, una visión profundamente antirretórica de la literatura: “Pla dice que hay que escribir como se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado. Aquí voy a hacerlo como si hasta las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo”.
Algunos aforismos. Bastantes citas y anécdotas (personales, literarias, históricas). Una escritura transparente, en el sentido de que transparenta un carácter, una personalidad, unas ideas... Y mucha, mucha ironía. “Con lo fácil que es no escribir un libro malo”.
La siempre agradecida concisión. La siempre bendita contradicción. Aquí, un hombre. Un estilo sencillo, un tono amable, una mirada llena de humor, a veces cínica. “Ni espíritu de sacrificio, ni afán de superación, ni aspiración a la excelencia. Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas”. Y cierta misantropía: “Uno de los secretos del placer estético que produce la naturaleza es que no hay gente”. Muchas dosis de Montaigne, Proust y Borges. Los maestros, los gustos, son los mismos.
Cuando se habla de la literatura de entretenimiento, yo pienso en este tipo de libros. Salir a la terraza con una coca-cola y leer los Diarios de Uriarte. No se necesita más. ¿A qué esperáis para conseguirlo?

Tuesday, June 01, 2010

Conde-duque's Photostream

Hoy las calles olían a lejía.
*****
Después de mil años regresé a la cuenta de Flickr y encontré el programa Picnik, que permite editar/retocar las fotos. No soy muy partidario del photoshop porque le da a las imágenes un aire demasiado artificial e irreal, con colores y contornos excesivos, a veces casi de cómic.
Es la primera vez que me he atrevido a hacer un poco de postproducción. Básicamente le he dado a algunas fotos algo más de contraste, saturación o agudización. Y en un par de ellas me he permitido alguna mayor frivolité. Son las mismas que subí hace tres años. Varias las he pasado a blanco y negro.
AQUÍ.

Thursday, May 27, 2010

El final de la historia

Por el pasillo del tren cruza una niña tambaleante.
El hombre del sombrero oscuro se asoma a la ventanilla y ve el paisaje huyendo veloz, difuminándose a impulsos de su propia inercia: postes telefónicos, árboles, puentes, casas…
En la retina de la viajera se acumulan los recuerdos: el mercadillo de telas, las legumbres de colores, los animales muertos. Tantas cosas que no quiso decir en el momento de la verdad.
Tumbado en la litera, sólo noto una mano caliente y venosa que me acaricia el pelo para que me duerma. Soñaré un sueño blanco, muy blanco, como las ristras de bacalaos desalados que cuelgan en las tiendas de Lisboa.

Monday, May 24, 2010

Las noches europeas

Me gustan las noches europeas. En los prolegómenos de los partidos, en las noches europeas, me gusta dar un paseo por el Bernabéu para ver el ambiente, con toda la gente arremolinándose con sus banderas, bocadillos y bufandas a las puertas del estadio. Supongo que lo hago por contagiarme un poco de la emoción; así llego a casa ya “ambientado” y sólo tengo que pulsar el botón del televisor. Claro que, normalmente, en las noches europeas del Bernabéu juega el Real Madrid.
Este fin de semana el barrio se llenó de alemanes vestidos de rojo (con rayas blancas) bebiendo cerveza. Descubrieron la Mahou. Iban todos con su lata en la mano.
Bajamos la Esfinge y yo por Concha Espina inmersos en la corriente humana de los alemanes, con sus grandes corpachones, sus cánticos y su aliento a cerveza. Algunos llevaban los pantalones marrones típicos de Baviera, que no pegaban nada con la camiseta del equipo. Una chica iba con el vestido folclórico de la región, ése que parece entregar los pechos en bandeja, engordándolos, como en los bailes de la corte francesa del XVIII pero sin tanto lujo, más de mantel de mesa de cuadritos con mucha carne. La chica me recordaba un poco a aquella camarera del mesón de Santiago que nos traía a la mesa enormes cadáveres de animales recién troceados, con gran sonido de cuchillos y hachas en la trastienda, como si estuviésemos en una aldea de los Cárpatos.
Algunos grupos cantaban y bailaban entre los coches, junto al trompetista improvisado; otros se limitaban a declamar cosas ininteligibles (también para un alemán). En las terrazas de los bares compartían mesa familias de hunos y hotros, los mayores con cerveza y los niños con Sprite.
Atravesamos por el lateral del Bernabéu y pasamos al otro lado, donde se agrupaban los tifossi del Inter. Estaban muy calmados, pensábamos que estarían armando más bulla. Sólo algunos pocos cantaban oeoeoééé o gritaban algo. Los reventas mostraban sus entradas en alto (600 euros, le oímos decir a uno) y algunos llevaban un cartelito de “Cerco biglietto” o “I need a ticket”. Unas chicas exageradamente voluptuosas vestidas con minifalda repartían tarjetas de un cabaret-puticlub de Azca. Una de ellas, con largas piernas, se trasladaba en patines entre la gente. Desde la distancia veías su cabeza desplazándose.
Pasaron por nuestro lado dos pijos milaneses larguiruchos y engominados, de pantalones rojos y camisita mema, que contrastaban con el resto de la afición. Daban ganas de ponerles la zancadilla.
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Me gustaría escribir un libro con ese título: Las noches europeas. O, mejor aún, me gustaría tener escrito un libro y ponerle ese nombre. Da un poco de pereza tener el marco o el título vacío y tener que rellenarlo después, con tantas y tantas y tantas páginas. Casi mejor al revés.
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El cuerno saliendo por la boca del torero, como una lengua de Satán.
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Termina Lost, esa enorme maquinaria de McGuffins. Y había muchos fans -ilusos y perdidos- que pensaban que se resolverían los enigmas...

Friday, May 14, 2010

El estilo Gordon Lish

Tanto hablar de Carver y resulta que Carver no existe. Tanto Carver pararriba y parabajo, tanto trajín con el modelo literario de Carver, con su figura, su revolución. Tantas tesis doctorales sobre el estilo sobrio y minimalista y frío y seco y neutral de Carver, que todo lo sugiere sin decir nada, ese realismo transparentemente sucio lleno de personajes cotidianos... Y ahora resulta que quien creó el estilo Carver fue Gordon Lish, su editor. La historia es, al parecer, muy antigua, pero yo no la conocía. La leí el otro día en un suplemento cultural o dominical que ya no encuentro, que ya he perdido para siempre. Resulta que ahora salen en Anagrama los relatos originales, con todas las cursiladas y sentimentalismos y exageraciones del autor, que ahora, por comparación, parecerá casi una Drag Queen. Otro botín de viuda asesinando al difunto.
El editor le había corregido los cuentos y le había quitado un 50% del texto (que se dice pronto), haciéndolos inmortales. Hasta les cambiaba el final. Esos finales tan carverianos.
En cualquier caso, a mí siempre me pareció un-poco-demasiado parco, como si el iceberg de Hemingway se hubiese convertido en el piquito helado del Mont Blanc.
Aquí lo contó, hace mucho y mucho mejor, Alessandro Baricco.

Saturday, May 01, 2010

Gran Vía: 100 años (I)

Homenaje a Catalá Roca.



La diferencia es abismal, claro: la que separa el arte fotográfico del churroclic.

Thursday, April 29, 2010

Entrevista a Hitchcok (1964)

Hoy se cumplen 30 años de su muerte.


Thursday, April 22, 2010

El Bremen en el Ladrón de Tinta

No podré asistir, aunque me gustaría:
El viernes 23 de abril (mañana) celebramos «La noche de los libros».
La tripulación del Bremen irá al Ladrón de Tinta a jugar con las palabras.
Si te apetece participar en nuestro concurso de microrrelatos solo tienes que pasarte por la calle Noviciado, número 2.
Nosotros te daremos el papel, el boli y el tema. Tú pones el resto.
Si además te apetece podrás leernos tu cuento.
El lunes 26 pondremos todos los textos participantes en el blog, para empezar una votación on-line que terminará el siguiente viernes (30 de abril).
El ganador recibira un ejemplar de nuestro libro y una invitación para asistir a una de nuestras reuniones quincenales y conocer nuestro barco-gruta.
Los dos finalistas podrán llevarse también un ejemplar de «Camarote 503. 16 historias desde el Bremen»
¡Te esperamos!
Ladrón de Tinta
c/Noviciado 2
23 de abril
20.00h

Godot, como un extraño

Me había quedado en Chinchón, pareciera, tumbado al sol en la plaza, como una lagartija. (Por no tener no tengo ni sintaxis.) Pero no. Estaba donde siempre, aunque sin estar. Y sigo no estando, creo.
Andas pateándote la ciudad de norte a centro, a primera hora de la mañana, como un chucho herido y, lo peor de todo, sin mirar (sin recrearse en lo otro, en los otros). Metido hacia adentro, huyendo de ti mismo, en una carrera veloz por llegar pronto al otro lado… de nada. Sigues estando en ti.
Es curiosa la psicología. Te lanzas el cadáver y te superpones a él. Y vas muriendo.
Y cuando más te hundes, tú solito, por deporte, más abrazas el silencio. Porque para no decir nada mejor no aparecer ¿no? Pues eso.
De estar en algún lado estoy en la misma esquina desolada en la que Steve McQueen y Natalie Wood esperan a Godot en una escena en Love with the Proper Stranger. Es una esquina vacía, en un suburbio de Nueva York. Hace frío y apenas se conocen, aunque tienen que destruir algo común. Las paredes están desconchadas. No se atreven casi ni a mirarse.
Aquí (minuto 3:38).

Saturday, April 03, 2010

Sunday, March 28, 2010

Polanski hace de Hitchcock

Así se cuenta una historia, pensaba esta tarde mientras veía The Ghost Writer, la última película de Roman Polanski. Me ha parecido un ejemplo notable de cine entretenido y bien hecho. El estilo, el ritmo, la caracterización de los personajes, la ambientación de los escenarios... todo está perfectamente orientado a un mismo fin: la narración de una historia. La ves tan a gusto, tan atento, que al final de las dos horas te da igual si algún hilo argumental se queda suelto o si alguna duda flota en el aire.


No digo que sea una obra maestra como Chinatown, pero está bastante bien. El mejor elogio que puedo hacer es que por momentos me ha recordado a Hitchcock. Los momentos de angustia y de suspense tienen relieve, fuerza, no como los refritos endebles a los que nos tienen acostumbrados tantas películas del género thriller o suspense. La banda sonora, al igual que la casa de la playa y algún otro detalle, me han hecho pensar inevitablemente en Con la muerte en los talones. No sé si son homenajes conscientes, pero desde luego lo parecen.
Hace poco vimos Shutter Island, de otro de los grandes, Martin Scorsese, que también transcurría en una isla de ambiente opresivo. Era otra película claramente "de género" (tirando más hacia el terror), aunque en este caso la historia se iba bastante de la olla. El estilo me gustó, sobre todo al principio de la película. Quien tuvo retuvo, eso está claro. Pero se me hizo un poco larga, tenía algunos detalles innecesarios y en conjunto no es tan redonda como The Ghost writer. Por cierto, supongo que han traducido el título como El escritor porque lo de El negro sonaría muy mal, además de equívoco.
Inolvidable la imagen final, cuya belleza te hace olvidar el absurdo comportamiento que acaba de mostrar el protagonista. Es lo que tienen los macguffins de Hitchcock, que están tan maravillosamente envueltos que no te importa nada el contenido.


Polanski (76 años) y Martin Scorsese (67 años) han demostrado que los viejos son capaces de hacer buen cine. Otro caso sería el del aclamadísimo Clint Eastwood (79 años), aunque éste me suele parecer -no lo puedo evitar, lo siento- demasiado melodramático, tramposo y sentimentaloide (menos en Sin perdón).

Sunday, March 21, 2010

Desgracia impeorable

Así se llama el libro que escribió Peter Handke en recuerdo de su madre. Lo escribió pocas semanas después del suicidio de ésta por una sobredosis de narcóticos. Pero no hay nada morboso ni eso.
Se trata, simplemente, de contar la historia de su madre. Me está gustando mucho. Hay una especie de honestidad, de claridad, de desnudez, de escribir la historia de alguien sin tretas ni disfraces literarios. Además, a los recuerdos les acompaña en todo momento la reflexión directa, evocativa, sin trampa ni cartón. Por ejemplo, hay unos párrafos dedicados a la época del nazismo que me parecen más ilustrativos que muchos tochos de historia escritos sobre el tema:
"Los ladrones reincidentes que acababan de soltar se denunciaban a sí mismos alegando que los objetos robados los había comprado en almacenes que, por haber pertenecido a judíos, ya no existían.
Proclamas con desfiles de antorchas y solemnidades; los edificios, equipados con las nuevas insignias tenían su lado frontal y saludaban; los bosques y las cumbres de las montañas se ataviaban; a la población del campo los acontecimientos históricos se le presentaban como un espectáculo de la Naturaleza.
"Estábamos bastante excitados", contaba mi madre. Por primera vez hubo experiencias de vida en común. Incluso el aburrimiento de los días de labor se convertía en un clima festivo "hasta altas horas de la noche". Por fin se revelaba una gran coherencia en todo lo que hasta ahora había sido incomprensible y extraño: las cosas se ordenaban poniéndose en relación unas con otras e incluso el trabajo, que tenía un automatismo alienante, adquirió sentido, se convirtió en una fiesta. Los movimientos que uno llevaba a cabo en este trabajo, debido a la conciencia de que al mismo tiempo los estaban realizando infinidad de otros seres, se ensamblaban formando un ritmo deportivo... y con ello la vida cobraba una forma en la que uno se sentía bien arropado y, sin embargo, libre."
(Peter Handke, Desgracia impeorable)

Thursday, March 18, 2010

News & Links

Leyendo El Cultural. Viene interesante este número.
Pasada la polvareda de los elogios institucionales (cuando un político recita ante el micrófono las alabanzas que le han escrito sus colaboradores, da bastante repelús y hasta vergüenza ajena), podemos leer un especial sobre Delibes.
***
Parece que se pincha la burbuja del nocillismo, si todavía quedaba alguien que la viera inflada.
Rafael Chirbes da en el clavo varias veces, con simples dosis de sentido común:
—“En narrativa creo que se ha hecho de todo. Sterne ponía páginas en negro para contar que era de noche, se saltaba la paginación como elemento narrativo, y manejaba el tiempo como chicle. Eso ocurría hace más de doscientos años. Cada uno que haga la literatura que pueda, si sirve para contar su tiempo. Pero conviene no olvidar que obras son amores y no buenas razones. La novela no necesita de pontífices, sino de novelistas.”
—“En literatura es muy difícil dar saltos. Se puede saltar para llamar la atención, pero eso lo hacen los autores, no los libros. Dos Passos escribió sabiendo que existían el cine, los periódicos, la radio, los rascacielos, los ascensores, el paro y la guerra... En cada tiempo se escribe desde los materiales que se tiene a mano. Nada nuevo bajo el sol. Lo único verdaderamente peligroso cuando se escriben libros es no saber que existen las bibliotecas (aunque sean virtuales). Se corre el peligro de repetir (como payaso) lo que alguien ya ha contado como escritor”.
—“Lo que hace daño a la literatura es la mala literatura. Lo que sí que es muy malo cuando se escribe es escuchar mucho ruido, o hacerlo: el ruido, en novela, se escribe en silencio”.
Por su parte, Álvaro Pombo recuerda que el fragmentarismo no es ninguna novedad y se remonta, por lo menos, a los años veinte, con T. S. Eliot y su Tierra baldía. Yo le diría que se remonta a Heráclito. José María Guelbenzu lo tiene bastante claro: “La ansiedad por el cambio parece ir por delante del cambio. Ya Claude Simon planteó que, como nuestra percepción de la realidad es fragmentaria, la novela, en la medida que trata de representarla, ha de serlo también. Pero lo que hay responde más bien a un juego de corta, pega y mezcla que a la verdadera búsqueda de un sentido que justifique nuevas formas. A mí me parece que esta especie de inquietud sobre el futuro de la novela responde antes a un asunto clásico (la necesidad de matar al padre) y a una estrategia comercial (la búsqueda de un hueco de poder y un trozo de mercado) que a una verdadera aventura del estilo y de la expresión”. Y Molina Foix, de los que hablan seguramente el peor dotado para la narrativa, es el que se muestra más nervioso, más contundente: “Todo está inventado. Lo que pasa es que la gente hace sus experimentos, con más o menos interés y profundidad, aunque resulte evidente que lo fragmentario, el collage, la literatura prismática, si quiere llamarla así, existe desde hace décadas. Por eso no creo que podamos hablar ni de inventos ni de revoluciones literarias. Sólo son inventos publicitarios, propagandísticos incluso, promovidos por los autores y sus círculos mediáticos. No hay nada más”.
Las respuestas de los aludidos no se atreven a entrar en materia ni están a la altura. Sólo el victimismo de Mallo está a la altura del nerviosismo de Foix. A ver si con esto se acaba ya el debate ficticio-coñazo.
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Seguimos leyendo. Supuestas poesías inéditas de Quevedo.
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Por último, Juan Bonilla nos cuenta con cinismo y facturas en dólares el periplo de la cultura, su descenso subvencionado a los infiernos, someros y apagados. El sumidero por donde se escapan nuestros impuestos.
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Ya fuera de El Cultural. Por primera vez podemos ver cerca la derrota de ETA, que se ha sentenciado matando a un policía francés. Lo positivo de la idea no quita su fondo vergonzoso, siniestro.

Tuesday, March 16, 2010

Friday, March 12, 2010

"Sentí el exprés de Galicia"

"El sol es fuego y la casa está imposible. La madre y yo dormimos con las ventanas abiertas y comunicadas, pero ni aun así. Cada tren que pasa es un susto y a la madrugada, con los vencejos, no se puede parar. Pero menos malo es esto que ahogarse. El chaval de Crescencio lleva unos días durmiendo en la azotea, sobre un jergón, y cada mañana se levanta con la cara perdida de carbonilla.
Anoche vino por casa Aquilino. Renquea un poco de la pierna izquierda, pero está muy mejorado. [...]
Me avisó el maestro de Villagina que están concluyendo la vendimia y, a la tarde, me agarré la burra y me fui para allá. Si aguardo dos días, las ovejas se meten en los bacillares y cosa perdida. El campo, a pesar del buen tiempo, ya va para abajo. Los chopos de la carretera se deshojan y las huertas de Villavieja amarillean. Nada más apearme me recomendó un tipo que anduviera al quite, porque el pregonero del pueblo había anunciado que merodeaba por allí un perro rabioso. Le pregunté si sabía las señas y me dijo que era negro, rabón, como de diez kilos de peso. Añadió que el alcalde había prometido una recompensa a quien lo despachase. [...] De regreso, me topé con un perro negro, acostado junto a las ruinas del transformador. La Doly empezó a gruñir y se le pusieron de punta los pelos del espinazo. La llamé y me acerqué al paredón con tiento. El animal se incorporó con las orejas gachas y ciertamente me miraba torcido. Era rabón, de pequeño tamaño y me gibaba liquidarlo, pero en cuanto se arrancó, me armé y lo tendí de un tiro. Subí al pueblo en la bicicleta y le planté al cabo que acababa de matar un perro negro, rabón, como de diez kilos de peso. Él andaba de cháchara y no me hizo mucho caso. [...]
Llevo unos días con pesadillas. Sin ir más lejos, anoche soñé que mataba a tiros a un perro rabioso, y cuando me llegué donde él resultó que era un pastor. Tomasito me conducía de las orejas donde el cabo, y el cabo, al vernos, rompió a reír y le dijo a Tomasito que los dos éramos responsables, puesto que el pastor tenía dos tiros. Me desperté medio ahogado. Por la tarde estuve cobrando unos recibos. Pero no pasa día sin que recuerde al perro negro de Villagina. Deben de ser los remordimientos."
(Miguel Delibes, Diario de un cazador)

(Valladolid, 17 de octubre de 1920-12 de marzo de 2010 )

Sunday, February 28, 2010

El Museo Romántico de Madrid

Por fin, tras más de ocho años de reforma, ha vuelto a abrir sus puertas (hace unas semanas) el Museo Romántico de Madrid, fundado en los años veinte por el marqués de la Vega-Inclán y que ahora ha cambiado su nombre por el de Museo del Romanticismo.
Fuimos a verlo el domingo pasado. Todos estos años había querido llevar a la Esfinge y le había hablado mucho de lo bonito que era, pero siempre que pasábamos por San Mateo el edificio seguía misteriosamente cerrado. Ya lo había dado por perdido...
Por supuesto, nos gustó mucho. Es muy bonito. Pero mientras lo recorríamos no pude evitar la sensación de que todo estaba demasiado nuevo, demasiado luminoso, demasiado limpio. No sé si será un absurdo mío o simple trampa de la memoria, pero yo creo que antes de la reforma el Museo Romántico era más Romántico. Recuerdo haberlo visitado en melancólicas tardes de invierno, por la tarde, medio en penumbra, con todo un cortejo de sombras y fantasmas persiguiendo mis pasos. Qué le voy a hacer si, para mí, el Romanticismo siempre ha estado asociado, en cierto modo, al decadentismo. Pongo unas fotos que hice:





Monday, February 22, 2010

Jean Genet en Chatila

"Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla de un televisor también, ni la una ni la otra pueden recorrerse. De un lado al otro de una calle, doblados o arqueados, los pies empujando una pared y la cabeza apoyada en la otra, los cadáveres, negros e hinchados, que debía franquear eran todos palestinos y libaneses. Para mí, como para el resto de la población que quedaba, deambular por Chatila y Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño muerto puede a veces bloquear una calle, son tan estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos. Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí no me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto, venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban de alimentarse ahí. El primer cadáver que vi era el de un hombre de unos cincuenta o sesenta años. Habría tenido una corona de cabellos blancos si una herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba en el suelo, junto a la cabeza. Todo el cuerpo estaba tumbado sobre un charco de sangre, negro y coagulado. El cinturón estaba desabrochado, el pantalón se sujetaba por un solo botón. Las piernas y los pies del muerto estaban desnudos, negros, violetas y malvas. [...]
Las fotografías no captan las moscas ni el olor blanco y espeso de la muerte. Tampoco dicen los saltos que hay que dar cuando se va de un cadáver a otro.
Si miramos atentamente un muerto, sucede un fenómeno curioso: la ausencia de vida en un cuerpo equivale a la ausencia total del cuerpo o más bien a su huida ininterrumpida. Aunque nos acerquemos, creemos que no lo tocaremos nunca. Eso si lo contemplamos. Pero si hacemos un gesto en su dirección, nos agachamos junto a él, le movemos un brazo, un dedo, de repente se vuelve presente e incluso amigo. [...]
Aquí, en las ruinas de Chatila, ya no queda nada. Algunas mujeres ancianas, mudas, se esconden rápidamente tras una puerta en la que hay un trapo blanco clavado."
(Jean Genet, Cuatro horas en Chatila)

Friday, February 12, 2010

Una historia inmortal

Un Macao español, música de Satie, el hombre del sombrero, Jeanne Moreau con su sombrilla sentada junto a un árbol envuelta en el humo, un perro caminando al fondo... Me encanta esta escena de Orson Welles. De las que no se olvidan. Tiene el aire de los sueños.

Tuesday, February 09, 2010

Céline dixit

"Los ricos no necesitan matar en persona para jalar. Dan trabajo a los demás, como ellos dicen. No hacen el mal en persona, los ricos. Pagan. Se hace todo lo posible para complacerlos y todo el mundo muy contento. Mientras que sus mujeres son bellas, las de los pobres son feas. Es así desde hace siglos, aparte de los vestidos elegantes. Preciosas, bien alimentadas, bien lavadas. Desde que el mundo es mundo, no se ha llegado a otra cosa.
En cuanto al resto, en vano te esfuerzas, resbalas, pati­nas, vuelves a caer en el alcohol, que conserva a los vivos y a los muertos, no llegas a nada. Está más que demostra­do. Y desde hace tantos siglos que podemos observar nuestros animales nacer, penar y cascar ante nosotros, sin que les haya ocurrido, tampoco a ellos, nada extraordina­rio nunca, salvo reanudar sin cesar el mismo fracaso insí­pido donde tantos otros animales lo habían dejado. Sin embargo, deberíamos haber comprendido lo que ocurría. Oleadas incesantes de seres inútiles vienen desde el fondo de los tiempos a morir sin cesar ante nosotros y, sin em­bargo, seguimos ahí, esperando cosas... Ni siquiera para pensar la muerte servimos.
Las mujeres de los ricos, bien alimentadas, bien enga­ñadas, bien descansadas, ésas, se vuelven bonitas. Eso es cierto. Al fin y al cabo, tal vez eso baste. No se sabe. Se­ría al menos una razón para existir."

(Louis Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche)

Saturday, February 06, 2010

El pasaje del deseo

Yo creía que nunca cerraba...

Thursday, February 04, 2010

Fiat Lux

Hágase la luz. Y la luz se hizo.
Se hizo la luz y la belleza y el fuego y la muerte y la destrucción. Todo en un instante.
Había tanta luz que no se veía nada. Primero fue un todopoderoso flash blanco, una impenetrable luz mística, el brillo de los ojos de Dios en la retina de un átomo. Aunque estuvieses de espaldas sentías cómo la luz divina te atravesaba el cerebro. Y cualquier centímetro de piel que estuviese al aire se abrasaba.
A continuación una vertiginosa lengua de fuego se expandió por la ciudad en décimas de segundo, arrasándolo todo: casas, árboles, cuerpos... El Espíritu Santo aleteaba a cuatro mil grados celsius. El mundo se volvió ceniza. Los cuerpos se deshicieron, se evaporaron o cayeron carbonizados, sin rostro. La radiación y los rayos gamma revirtieron los planos de la materia.
Decenas de miles de personas desaparecieron de la faz de la tierra en fracciones de segundo.
Primero fue el silencio de la nada. Acto seguido, el estruendo imposible de la devastación. Una nube negra devoraba el espacio a ras de suelo: montañas, bosques, ríos… Enormes cúmulos de polvo y ceniza lo cubrieron todo. La ciudad quedó a oscuras, ahogada en humo denso y en olor a muerte.
Desde las afueras de Hiroshima se veía cómo una gigantesca nube en forma de hongo se elevaba hacia el cielo. Aquello era precioso.
De repente nos dimos cuenta de que estábamos desnudos. La ropa se había desintegrado. Mirábamos horrorizados nuestros cuerpos en carne viva.
Salimos de entre los escombros. Las calles estaban llenas de cadáveres. Hogueras en cada esquina para calentar el alma. Sólo había muerte. Era una ciudad de muertos. Algunos zombis deambulaban con la mirada helada en el momento del pánico. Se dejaban llevar por la inercia. No había escapatoria.
Eran tan fuertes la sed y el calor que nos lanzábamos a los charcos. Bebíamos la lluvia negra. La lluvia radiactiva.
El infierno había llegado el mismo día 1 de la creación.
Su onda expansiva es la historia de los hombres.


Tuesday, February 02, 2010

Víctor Farías: Heidegger y el nazismo

"La intención de mi trabajo es una, y compleja: poner de manifiesto el germen de inhumanidad discriminadora sin el cual la filosofía de Martin Heidegger no es pensable como tal, pero sólo en la medida en que esta denuncia incluya —al mismo tiempo— el intento de contribuir a poner a salvo lo humano agredido, precisamente por una de las así llamadas «cumbres» filosóficas del siglo. Esta pretensión mía (que también incluye —como lo ha visto R. Maggiori— la puesta en cuestión de una época que elige tales «cumbres») ha sido —en la mayor parte de los casos— ignorada. En lugar de discutir mi tesis central y de ver en ella la explicación fundamental para entender primero la adhesión de Heidegger al nazifascismo y luego su curiosa relación con él hasta su muerte, algunos críticos han querido establecer, como un dogma, la separación entre una «persona» miserable y una «filosofía» grande, intocada e intocable.



La defensa de esa «grandeza» ha delineado vanas y multicolores estrategias. La más primitiva —la de los guardianes del Grial— ha optado por negar los hechos y atribuir mi trabajo al simple deseo de hacer daño y causar escándalo (F. Fédier) o crear «objetos sensacionalistas» (K. Nolte). A esta opción ha contestado brillantemente R. Rossanda. Otra estrategia estableció que «ya se sabía todo», pero urgió, paradójica y precisamente sólo ahora, a pensarlo «todo de nuevo», llamando vaga y frívolamente a los hechos «abismos fascinantes» sin proponer nada más concreto que variantes en la «lectura» (Derrida). Ante la masa de evidencias, otros intentos encubridores optaron por disociar «la persona» del filósofo, de su «obra» (G. Vattimo). Ello, por cierto, sin reparar ni por un instante en que la actividad política de Heidegger por mí tematizada estuvo siempre —según su inopia versión— fundada en momentos esenciales de su filosofía, que su praxis política durante el Tercer Reich fue articulada por Heidegger mismo en los textos filosófico-políticos que mi libro analiza. Común a todas las estrategias es, por lo demás, desconocer que, después de 1945 y hasta su muerte, Martin Heidegger cimentó su relación con el nazifascismo, con el «destino de Occidente» y con los alemanes, entendidos como «el corazón de los pueblos», sin abandonar un ápice el fundamento ideológico genéricamente nazi que lo llevó a sumarse al movimiento, a querer incluso dirigirlo espiritualmente, a censurar con dureza el desviacionismo posterior a 1934 y a pasar por alto, y para siempre, sus monstruosidades. En efecto: convertido, tras 1945, el «Ser» en «acontecimiento» (Ereignis), entendido el lenguaje como «la casa del Ser», el lugar en el que el ser humano deviene propiamente tal, la afirmación suya de que únicamente el lenguaje de los alemanes puede rescatar y salvar el «Ser» sólo puede ser comprendida como una radical discriminación en el mayor nivel, en el nivel decisivo en que la historia fáctica deviene ontológica. Puesto frente al peligro que trae consigo la «expansión planetaria de la técnica», Heidegger afirma en su texto póstumo que sólo el nazismo (el verdadero, el del inicio y sólo él) estuvo en el camino de enfrentar el problema esencial del hombre moderno. Es en este mismo texto donde Heidegger reafirma su desprecio por la democracia y por los sistemas que la practican. En cambio, no escuchamos ni una palabra de censura sobre el Holocausto, ni tampoco sobre un eventual interés de los periodistas por saber la opinión de Heidegger a propósito de los crímenes nazis. Si hay algo que Heidegger reprocha a los alemanes, no es el exterminio y la guerra, sino el no haber filosofado con profundidad."

(Víctor Farías, Heidegger y el nazismo, Prólogo a la edición española)

Monday, February 01, 2010

Aire de familia

Bigott - She is my man
Miguel Ríos - El río

Sunday, January 31, 2010

Ácidos breves

En San Bernardo hay una farola que siempre suena a grillo.
Chéri, de Stephen Frears: resumiendo, una Michelle Pfeiffer viejuna pero aún de buen ver se enamora de un niñato mariquita, hijo de una señora asquerosa que carece de cuello. Hay imágenes bonitas, pero no recomiendo ir a verla.
Me da grima la nariz de Pepa Bueno, la del Telediario de La Primera. Cuando aparece tengo que cambiar de canal. También me pasa con Leire Pajín (con toda ella, no sólo su nariz).
El marketing en literatura tiene muchas formas, pero un único objetivo: la presencia, la notoriedad, el éxito. Salinger, que logró la meta (y más allá) de un solo golpe certero, optó el resto de su vida por una especie de marketing post-mortem, para disfrute –en todo caso– de los bolsillos de sus hijos (si no han sido desheredados, que no lo sé). El long-seller no suele deberle mucho al marketing. Miro la frase que puse hace diez años en la última página de mi ejemplar del guardián: “A Holden Caulfield las cosas o le hacen gracia o le dan pena o le dan rabia o le dan ganas de vomitar”.
Cojo en la biblioteca Aire nuestro, de Manuel Vilas. Dicen que está muy bien. Sólo he escuchado elogios. Empiezo a leerlo con curiosidad. El prólogo está bien, es un batiburrillo de ideas que despierta el interés. Sigo avanzando y empieza a caer el interés, el ánimo... Se va desinflando el globo. Avanzo y cada página que paso aumenta mi incredulidad, mi desconcierto. ¿Esto es eso tan bueno? ¿Se supone que aquí hay ingenio, agudeza, inteligencia? ¿De verdad? ¿Tiene gracia? ¿Y cuándo hay que reírse? Que me den la señal, que no me entero. No pillo este sentido del humor. ¿Será que es un humor para frikis muy frikis? No sé, yo puedo jurar que a veces me río viendo Muchachada Nui...
La polla de Johnny Cash, jijiji. Manuela Vilas y el trasvestismo poshispánico, jijiji, qué ingenioso. José Luis Valente, jijiji, es que me parto…
Ni puta gracia, lo siento.
Lo único que me gusta es la falta de pretensiones. He llegado a la página 66. No sé si más adelante cambiaré de opinión, pero por ahora yo me inclinaría a decir que este libro es una gilipollez. O, más propiamente, un cúmulo posmoderno (sic) de gilipolleces. Se le podría aplicar lo mismo que dice Vilas cuando habla de Como Dios, la peli de Morgan Freeman: “una comedia asquerosamente aburrida” (p. 64). Por ahora, por lo que he visto, es puro marketing nocillesco. Otro ejemplo de marketing: aquí.
A ver cuándo conseguimos librarnos de ciertos personajillos eternos del deporte como Carlos Sáinz o David Meca. ¡Pesados, dejadnos en paz! Iros a vuestra casa de una vez... (Añadiría a Raúl y Fernando Alonso, pero ya sé que por ahora es imposible.)

Saturday, January 30, 2010

El metro de París

Entre Barbès-Rocheuart y La Chapelle


En Chatelet

Friday, January 29, 2010

J. D. Salinger (1919-2010): el otro gran silencio

Yo hablando ayer del gran silencio y va y se muere Salinger. El definitivo silencio de quien optó ya antes por el silencio definitivo. Definitivo sólo de cara a los demás, pues supongo -espero- que habrá escrito muchas cosas en estos años. Ya sabéis: el hombre famoso por no querer ser famoso. El hombre de las poquísimas imágenes (ahí le gana Pynchon, el nunca aparecido). Miro los resultados de Google Images: 1) parece un joven muy formalito, repeinado, tranquilo, quizás aburrido, de chaqueta, chaleco y corbata, con moderado tupé y sospecha de canas, paciente, casi bondadoso, bastante insulso, como un funcionario de algo; 2) de viejo, en cambio, hace de búho asustado y enloquecido, paranoico, blandiendo el puño a la defensiva. Digo “hace de” porque, supongo, está posando. El personaje a cuestas, por delante de la cámara, venciendo al gran escritor. Siempre agresivo en su defensiva.
La hemeroteca instantánea nos da las claves del personaje: el escritor solitario, el recluso literario, el hijo del comerciante judío de quesos kosher (todos repiten esto, como un mantra, quizás sea la clave oculta de su obra), el ex combatiente de la II Guerra Mundial que vuelve a casa deprimido y traumatizado, el iluminado zen, el creador de Holden Caufield (ídolo de los jóvenes rebeldes y de los asesinos de famosos), el autor de culto, el eremita de las letras, etc. Resulta imposible, en este caso, salirse del cliché.
Él lo tenía muy claro: "Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer", “Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”, “Escribo y vivo para mí mismo”, etc. Ya lo había anunciado antes Holden Caufield, el niñato antihéroe, phony and goddam: "Me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente". Sus grandes mandamientos literarios se resumen en dos: “Sólo te inmiscuirás en asuntos de arte si piensas dedicarte monásticamente” y “Usarás siempre la palabra más sencilla”.
Desde junio de 1965, cuando publicó "Hapworth 16, 1924" en la revista The New Yorker, no hemos podido leer nada nuevo de Salinger. Casi cuarenta y cinco años de silencio. Pero lo hemos llevado con nosotros, inevitablemente, desde la adolescencia; desde esa biblia de la edad del pavo que es El guardián entre el centeno, tan identificados con ese orgullo, esa apatía, ese desprecio... Y después pasan los años y viaja uno a Nueva York y llega a Central Park y lo primero de lo que se acuerda es de la duda de Holden, casi tan filosófica como la de Hamlet: ¿dónde se meten los patos en invierno, cuando se hiela la superficie del estanque?
Mientras, la amante, la hija, la biografía prohibida. Hablaron todos desde sus perspectivas, como a la muerte de Charles Foster Kane, pero en este caso el homenajeado seguía vivo. Recluido, pero vivo. Todos coincidían en dibujar una figura bastante siniestra: pederasta, maltratador, machista, egoísta recalcitrante, iluminado religioso (tocó casi todos los palos: judaísmo, cristianismo, budismo zen, hinduismo vedanta, cienciología), etc. Es lo de menos, para nosotros. Quizás sin esa obsesión por su arte, sin ese perfeccionismo ascético, sin ese egoísmo supino, no hubiera escrito lo que ha escrito. “Se vuelve distante cuando se trata de tu dolor, pero su dolor se lo toma más en serio que un cáncer” decía la hija; la descripción exacta, quizás, del escritor recluido en sí mismo. Y si con el tiempo se convirtió un fanático de la homeopatía y de la acupuntura y creía en las fuerzas bioenergéticas y psicoanalíticas y se metía a dormir la siesta en una caja de orgón o se bebía su propio pis como si fuese Tang... todo eso ya es cosa suya. Nos la pela.
La muerte de Salinger puede ser una gran noticia para sus seguidores. Si no hay cláusulas raras en el testamento (que seguro que las hay), podrán llegar editores y familiares a arramplar con todo y forrarse sacando sus papeles a la luz. Ojalá. ¿Cuántos libros habrá escrito Salinger en todos estos años de silencio? Espero que muchos. Novelas, relatos, ensayos, memorias…
Soñamos con unas obras completas inéditas y póstumas. Muy gordas.
Esta vez podemos decirlo sin miedo: ha muerto Uno De Los Grandes. Esperemos que en esta ocasión la muerte acabe, además, con el silencio. [Si normalmente nos quejamos de que la muerte nos roba la futura obra de aquellos autores que admiramos, en este caso es al revés.]
Murió este asceta en New Hampshire el 27 de enero de 2010, mientras yo veía El gran silencio.
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Links: artículo de NY Times y sus relatos en The New Yorker. Copio su última entrevista (1974):
J. D. Salinger Speaks About His Silence
By LACEY FOSBURGH
San Francisco, Nov. 2--Goaded by publication of unauthorized editions of his early, previously uncollected works, the reclusive author J. D. Salinger broke a public silence of more than 20 years last week, issuing a denunciation and revealing he is hard at work on writings that may never be published in his lifetime.
Speaking by telephone from Cornish, N. H., where he makes him home, the 55-year-old author whose most recent published work, "Raise High the Roof Beam, Carpenters" and "Seymour, an Introduction," appeared in 1962, said:
"There is a marvelous peace in not publishing. It's peaceful. Still. Publishing is a terrible invasion of my privacy. I like to write. I love to write. But I write just for myself and my own pleasure."
For nearly half an hour after saying he intended to talk "only for a minute," the author, who achieved literary fame and cultish devotion enhanced by his inaccessibility following publication of "The Catcher in the Rye" in 1951, spoke of his work, his obsession with privacy and his uncertain thoughts about publication.
The interview with Mr. Salinger, who was at times warm and charming, at times wary and skittish, is believed to be his first since 1953, when he granted one to a 16-year-old representative of the high school newspaper in Cornish.
What prompted Mr. Salinger to speak now on what he said was a cold, rainy, windswept night in Cornish was what he regards as the latest and most severe of all invasions of his private world: the publication of "The Complete Uncollected Short Stories of J. D. Salinger, Vols. 1 and 2."
During the last two months, about 25,000 copies of these books, priced at $3 to $5 for each volume, have been sold--first here in San Francisco, then in New York, Chicago and elsewhere, according to Mr. Salinger, his lawyers and book dealers around the country.
"Some stories, my property, have been stolen," Mr. Salinger said. "Someone's appropriated them. It's an illicit act. It's unfair. Suppose you had a coat you liked and somebody went into your closet and stole it.
That's how I feel."
Mr. Salinger wrote the stories, including two about Holden Caulfield, the pained, sensitive hero of "The Catcher in the Rye," between 1940 and 1948 for magazines like The Saturday Evening Post, Colliers and Esquire.
Prefiguring his later writing, they concern themselves with lonely young soldiers and boys who eat egg yolks, girls with "lovely, awkward" smiles and children who never get letters.
'Selling Like Hotcakes'
"They're selling like hotcakes," said one San Francisco book dealer. "Everybody wants one."
While "The Catcher in the Rye" still sells at the rate of 250,000 copies a year, the contents of the unauthorized paperback books have been available heretofore only in the magazine files of large libraries.
"I wrote them a long time ago," Mr. Salinger said of the stories, "and I never had any intention of publishing them. I wanted them to die a perfectly natural death.
"I'm not trying to hide the gaucheries of my youth. I just don't think they're worthy of publishing."
Since last April, copies of "The Complete Uncollected Short Stories of J. D. Salinger, Vols. 1 and 2" have reportedly been peddled in person to bookstores at $1.50 each by men who always call themselves John Greenberg and say they come from Berkeley, Calif. Their descriptions have varied from city to city.
One such peddler told Andreas Brown, manager of the Gotham Book Mart in New York City, that he and his associates did not expect to get in trouble for their unauthorized enterprise because, as Mr. Brown related, "they could always negotiate with Salinger's lawyers and promise not to do it any more."
Mr. Brown, who described the young man as "a hippie, intellectual type, a typical Berkeley student," said, "I asked him why they were doing it, and he said he was a fan of Salinger's and thought these stories should be available to the public.
"I asked him what he thought Salinger would feel, and he said, 'We thought if we made the books attractive enough he wouldn't mind.'"
Gotham refused to sell the books and alerted Mr. Salinger to the unauthorized publications.
"It's irritating," said Mr. Salinger, who said he still owns the copyright on the stories. "It's really very irritating. I'm very upset about it."
According to Neil L. Shapiro, one of the author's lawyers here, the publication or sale of the stories without Mr. Salinger's authorization violates Federal copyright laws.
A civil suit in Mr. Salinger's name was filed last month in the Federal District Court here against "John Greenberg" and 17 major local bookstores, including Brentano's, alleging violation of the copyright laws.
The author is seeking a minimum of $250,000 in punitive damages and injunctive relief.
The stories have since been enjoined from all further sales of the unauthorized books, and, according to Mr. Shapiro, they still face possible damage payments ranging from $4,500 to $90,000 for each book sold. Additional legal action, he said, was being planned against bookstores elsewhere.
The mysterious publisher and his associates remain at large.
It's amazing some sort of law and order agency can't do something about this," Mr. Salinger said. "Why, if a dirty old mattress is stolen from your attic, they'll find it. But they're not even looking for this man."
Discusses Opposition
Discussing his opposition to republication of his early works, Mr. Salinger said they were the fruit of a time when he was first beginning to commit himself to being a writer. He spoke of writing feverishly, of being "intent on placing [his works] in magazines."
Suddenly he interrupted himself.
"This doesn't have anything to do with this man Greenberg," he said. "I'm still trying to protect what privacy I have left."
Over the years many newspapers and national magazines have sent their representatives to his farmhouse in Cornish, but the author would turn and walk away if approached on the street and was reported to abandon friends if they discussed him with reporters. There have been articles reporting on his mailbox, his shopping and his reclusive life, but not interviews.
But last week, he responded to a request for an interview transmitted to him earlier in the day, by Dorothy Olding, his New York literary agent.
Did he expect to publish another work soon?
There was a pause.
"I really don't know how soon," he said. There was another pause, and then Mr. Salinger began to talk rapidly about how much he was writing, long hours, every day, and he said he was under contract to no one for another book.
"I don't necessarily intend to publish posthumously," he said, "but I do like to write for myself.
"I pay for this kind of attitude. I'm known as a strange, aloof kind of man. But all I'm doing is trying to protect myself and my work." "I just want all this to stop. It's intrusive. I've survived a lot of things," he said in what was to be the end of the conversation, "and I'll probably survive this."

Thursday, January 28, 2010

El gran silencio

Veo en casa El gran silencio. Me quedo anestesiado ante la pantalla. Casi tres horas.
Pero verlo así, en DVD, es una gran mentira, porque nunca hay silencio. Hay un ruido de fondo, eterno, leve pero ensordecedor, que es el de la televisión o el DVD o la nevera o todos los aparatos enchufados a la vez con el volumen alto sin que suene nada. Esa especie de sutil moscardón constante que, si te fijas mucho, acaba desesperándote. Y si quitas el volumen del silencio, es más mentira todavía. Hay que oír el silencio. Además, aquí, en casa, siempre se oye algún ruido. Las tuberías, los vecinos, la calle. Tu propio cuerpo pudriéndose por dentro. Siempre hay algo que nos mata el silencio, porque el silencio no existe. No existe.
En el pasillo se mueven las cortinas. Entra el sol. Las nubes, el monte, el cielo, la nieve, los árboles, los pájaros, las campanas, alguna flor, el movimiento de las plantas. Un avión que pasa tan alto que ni se le oye.
Siempre hay pájaros piando en la Grande Chartreuse. No hay silencio.
Muy mal debo de estar porque, por momentos, me da envidia de estos cartujos, de su vida, de su silencio. Ese aburrimiento sostenido, magnífico. Ese reverso de Dios que es el aburrimiento. Quiero irme allí. Mejor, acabar allí. Primero beber, comer, viajar, escribir, reír, follar, bailar, conocer gente y ver mucho mundo. Después, meterse a cartujo. (Estilo san Agustín, tan agustín.) Te rasuras la cabeza y, hala, a descansar de tanto lío. Lejos del IVA y de Cristiano Ronaldo. Que te dejen tranquilo.
El hombre mastica. Mastica y mastica. El hombre se pasa la vida masticando, masticándose. En el silencio se oye más la masticación, allegro desagradable.
Cuando salen al paseo semanal, por el bosque, charlan, ríen y se ponen alegres. Quizás entonces es cuando dan un poco de pena. Hombres espirituales. Hombres cercenados. Hombres sin pene.
Salen al prado unas vacas místicas con cencerro. Misterio en Super8.
Gotas en el agua. Dibujan ondas concéntricas, como un cuadro abstracto verdadero. Se acerca la tormenta. La niebla invade poco a poco el monasterio.
Manchas blancas caminando, de dos en dos, por la nieve. Se divierten como niños lanzándose por las laderas de los Alpes franceses. Eso está bien, que se diviertan un poco.
Quitar la nieve de la huerta, cantar gregoriano, trocear el apio, rasurar las cabezas, pasar la mopa al suelo, leer en el refectorio… Trajines de monasterio. Y un etcétera tan largo como hondo es su silencio.
No hay mayor placer que ver agitarse, desde arriba, las copas de los árboles.

Friday, January 22, 2010

Concisión

"Paso la última parte de la noche en el burdel. Paquita."
(Josep Pla, El cuaderno gris, 7 de noviembre de 1918)

[Addenda para los confusos:
El cuaderno gris es un diario de Josep Pla. El que habla, por tanto, es él, no Paquita, a no ser que Pla se trasvistiera de puta y tal. El texto es el final de la entrada del día 7 de noviembre de 1918.
Agrando la cita:
Los aperitivos me deshacen la última parte del día. Después de cenar, innumerables cafés. Al bacarrá pierdo hasta la camisa. "Ressopó" por la noche, con los amigos. No tengo nunca dinero pero siempre hay uno u otro que lo tiene. Además, me fían. Gori come con una gravedad sacerdotal. A alguien se le ocurre pedir manzanilla. La bebida española me da un dolor de cabeza horrible. Un dolor en la parte alta de la cabeza, entre la masa encefálica y el cráneo. Paso la última parte de la noche en el burdel. Paquita.
Y el original en catalán:
Els aperitius em desfan l’última part del dia. Havent sopat, innombrables cafès. Al bacarà, perdo bous i esquelles. Ressopó a la nit, amb els amics. No tinc mai diners, però sempre hi ha un o altre que en té. A més a més, hom fia. Gori menja amb una gravetat sacerdotal. A algú se li ocorre de demanar mançanilla. La beguda espanyola em fa un mal de cap horrible. Un dolor a la part alta del cap –entre la massa encefàlica i el crani. Passada la darrera part de la nit al bordell. Paquita.]
PD: El ressopó es una especie de recena o postcenilla nocturna. Vamos, el típico bocata que te tomas a las tres de la mañana cuando estás de marcha y tienes el estómago vacío.
Adiós a la concisión...

Wednesday, January 20, 2010

En Macerta

"No era una mañana. No era un mediodía ni siquiera una tarde de un día cualquiera, ni un domingo ni un día de semana, en la neutra soledad rural anterior a los días festivos y laborales. Era una hora neutra y carente de luz propia, bajo un cielo encapotado y un sol a media altura, como una mancha de ácido en la gastada franela de una mesa de plancha.
Desde su observatorio, tras la ventana, observó (sic) el descenso de los tres hombres por la colina, por encima de las copas de los manzanos. Uno de ellos caminaba rezagado respecto a los otros dos y, observado con los prismáticos, creyó reconocerlo. Parecía tener dificultades para caminar y se apoyaba en un grueso cayado. [...] Cuando se acercaron al arroyo ya no eran los mismos; uno se arrodilló a beber y el que caminaba rezagado se unió a los otros dos para formar una estampa casi inexistente, un previo esbozo de una composición más longeva, ensayada desde tiempo atrás y nunca cabalmente concluida. No procedía del inmediato antes y tal vez ni siquiera de la espera. Porque antes apenas habían existido como si el alejamiento los hubiera engendrado de nuevo no para devolverlos a su puesto sino para señalarles el nuevo, mucho más cerca del destino final, tan sólo emparentado con el anterior por la quimérica continuidad de un tiempo ausente, como un grupo de colegiales tras un corto período de vacaciones que ha borrado todos los avatares del curso anterior, reunidos por un vínculo sobreimpuesto al alfabético, que reanudan su trato sin pararse a pensar en las pruebas que se avecinan."
(Juan Benet, Herrumbrosas lanzas, Libro XV)

Wednesday, January 13, 2010

Wednesday, January 06, 2010

12.000 millones de años

Un regalo de Reyes de la NASA (vía Hubble).

More than 12 billion years of cosmic history are shown in this unprecedented, panoramic, full-color view of thousands of galaxies in various stages of assembly. This image, taken by NASA's Hubble Space Telescope, was made from mosaics taken in September and October 2009 with the newly installed Wide Field Camera 3 (WFC3) and in 2004 with the Advanced Camera for Surveys (ACS). The view covers a portion of the southern field of a large galaxy census called the Great Observatories Origins Deep Survey (GOODS), a deep-sky study by several observatories to trace the evolution of galaxies.
The final image combines a broad range of colors, from the ultraviolet, through visible light, and into the near-infrared. Such a detailed multi-color view of the universe has never before been assembled in such a combination of color, clarity, accuracy, and depth.

Thursday, December 31, 2009

Nochevieja o el eterno retorno de lo mismo

Uvas, campanadas, fuegos artificiales, confetti, champán...
Fantasmas de un pasado idéntico (no menos idéntico que el futuro), aprendices de cadáveres simulando una borrachera de alegría, celebrando -supongo- que aún estamos aquí, que no nos hemos ido, que no han dicho nuestro nombre en la sala de espera.
Sólo eso. Lo mires como lo mires, es absurdo... extraño... irreal.