Wednesday, March 28, 2007

George Santayana

Me emplaza Portorosa a hacer un "memis" de esos, y yo, que soy muy diplomático y obediente, le sigo la corriente al amigo cunqueirista. (Es broma, siempre es un placer).
Gracias a Dios no tenía a mi lado una de esas revistas de moral relajada que a veces hojeo en mis ratos libres, sino un estupendo libro del escritor y filósofo George Santayana (1863-1952), uno de mis ídolos desde hace bastante tiempo (de esos ídolos que tengo yo, a los que en realidad me habría gustado tener como amigo para charlar un rato con él, tomando tranquilamente una pinta en Princess Louise). Se trata de Personas y lugares. Fragmentos de autobiografía, publicado en 2002 por la Editorial Trotta. Como digo, un libro maravilloso, sobre todo cuando habla de sus viajes por Europa. Los recuerdos de sus estancias en Londres o en Roma, por ejemplo, son inolvidables.


A ver. Os sitúo rápidamente. Aunque Santayana nació en Madrid, enseguida se fue a vivir fuera de España. Escribió todas sus obras en inglés, frecuentó a personajes ilustres como William James o Bertrand Russell y fue durante muchos años catedrático de Filosofía en la Universidad de Harvard.
En este capítulo está hablando sobre Ávila, una ciudad a la que tenía un especial cariño y admiración, por vínculos familiares, intelectuales y afectivos. Pues bien, allá voy:
En esta dirección existía una meta interesante para un largo paseo en el tiempo fresco; y un paseo es más agradable cuando se dirige hacia algún sitio concreto, donde uno puede detenerse, mirar alrededor y descansar un poco, antes de dar la vuelta satisfecho hacia casa. Esto era la ermita de Nuestra Señora de Sonsoles, una amplia capilla de piedra con una casa de labranza anexionada, construida sobre una eminencia al pie de las sierras, con una arboleda delante, una fuente y algunos bancos de piedra. En tiempos de mi padre, rara vez la visitamos, porque mis visitas caían entonces en pleno verano y el camino a través de todo el valle era largo y polvoriento bajo el sol; pero posteriormente, cuando podía quedarme con mi hermana en el otoño, me iba andando hasta allí solo, o acompañado a veces de mi cuñado, quien iba no obstante en mula, mientras su hijo Rafael (mi compañero habitual) y yo íbamos a pie.
Celedonio, de cierta edad y pesado, no iba por mí, aunque así aparentaba hacerlo. Él iba en peregrinación religiosa.
Y le paso la bola a Desconvencida, Mabalot (que está en Japón y seguro que tiene al lado un libro muy curioso) y Manuel Jabois. Se trata de coger el libro que tengas más cerca, abrirlo por la página 139 y escribir las cinco primeras frases del segundo párrafo.

5 comments:

Portorosa said...

Magnífico.

Gracias. Un abrazo.

conde-duque said...

De nada. Para eso estamos.
Un abrazo.

desconvencida said...

Vengo a cumplir tu encargo, conde-duque... veamos, ahora estoy con "Retrato del artista adolescente" de James Joyce:

"Al cruzar la plaza, ya de regreso, llegó hasta sus oídos congestionados la risa jovial de una muchacha. Aquel son alegre y quebradizo conmovió su corazón más profundamente que el sonido de la trompeta, y no atreviéndose a levantar los ojos, se volvió hacia un lado y miró, mientras pasaba, hacia la umbría de un grupo de arbustos. Una oleada de vergüenza se leventó de su corazón herido e inundó todo su ser."

conde-duque said...

Muy bonito fragmento, Descon... Leí ese libro hace tiempo, habrá que volver a echarle un vistazo.

memento said...

Pues has conseguido picarme la curiosidad con el tal Santayana, sí señor.