Friday, November 24, 2006

Diario de una peregrinación

En una de las noches más frías del mes de enero de 1870 conversábamos agradablemente al amor de la lumbre varios amigos en casa de uno de nosotros, a la sazón convaleciente de una gravísima enfermedad. Encima de la mesa en torno de la cual nos apiñábamos, para que no se escapase el brasero, había un libro: Viajes a Jerusalén y al Monte Sinaí, del P. María José de Geramb.
Lo abrimos y empezamos a leerlo. No se necesitó más para que la conversación, hasta entonces un tanto fría y descolorida, tomase tal animación, que nos sorprendieron las más altas horas de la noche hablando de Jerusalén, Belén, Nazaret, el Jordán, el mar Muerto, el lago de Tiberíades, el Tabor, el Carmelo. Desde aquel punto y hora quedó resuelta nuestra peregrinación a los Santos Lugares.
Durante los cinco años que corrieron entre la resolución y la partida, apenas sabíamos hablar de otra cosa que de la Tierra bendita de nuestra redención; y tanto y tanto crecían nuestras ansias, que las horas se nos figuraban años y los días, siglos.
Así comienza el Diario de una peregrinación de José María Fernández Sánchez y Francisco Freire Barreiro, catedráticos de la Universidad de Santiago a finales del XIX. Siempre que lo leo me da una envidia tremenda: me gustaría estar allí con ellos, asistir a sus conversaciones, participar en los preparativos de la aventura, sentir esa ilusión casi infantil, como si volviese a creer en los Reyes Magos o en el Séptimo de Caballería...
En el año del jubileo universal de 1875, estos seres eruditos y piadosos emprendieron un larguísimo viaje de peregrinación que fueron plasmando con minuciosa fidelidad en un monumental diario; después, ya en casa, lo aderezaron con hermosos grabados y generosa documentación. Santiago, Jerusalén y Roma son los hitos fundamentales de este viaje en el que atraviesan mares, montes, continentes... y recorren cientos de ciudades.
En tardes de lluvia como ésta, me zambullo al azar en cualquiera de sus tres mil páginas y me pongo a soñar un rato para combatir las asechanzas del tedio. Despliego sobre la cama el mapa que viene al final del primer tomo (publicado en 1880, como "el turrón más caro del mundo"), sigo con el dedo el itinerario marcado de su viaje y me uno a ellos, como un pasajero más, en la aventura. Es una gozada...
Las comparaciones son odiosas, pero seguramente si estos señores hubieran nacido en Inglaterra y hubieran sido profesores de Oxford, sus libros habrían sido reeditados hasta la saciedad en distintos idiomas, como ocurre, por ejemplo, con Los siete pilares de la sabiduría, de T. E. Lawrence. En cambio, a los pobres Fernández y Freire no los conoce ni su padre. Ni falta que hace, por otra parte.
Foto: desde el castillo de Coca.

10 comments:

mabalot said...

A mi quién me da envidia es usted; tiene toda la pinta de pasárselo bomba. No es para menos. Yo disfruté de esa manera un poco El peor viaje del mundo, uno de los mejores libros de viajes.

Firenze said...

Tienes razón, si hubieran nacido en Inglaterra la cosa cambiaría. El libro parece interesante.

conde-duque said...

Pues no he leído yo ese libro, don Mabalot, pero tiene muy muy buena pinta. Es el de Apsley Cherry-Garrard, ¿no?
Ya estoy tardando en conseguirlo...

conde-duque said...

Firenze, supongo que es lo que nos pasa con el género de biografías y memorias a los que somos un poco anglófilos y gabachofóbicos. Menos para la comida, claro.

mabalot said...

Sí, sí, exactísimo. Una gozada, aunque me temo que difícil de conseguir por normales vías; está descatalogado, creo. Ya lo intenté conseguir yo. Me lo zampé recurriendo a la biblioteca. Lo estrené yo hace un par de años; la edición era del 1999, me parece.

marcaliope said...

Pero lo conoces tú y nos lo das a conocer a nosotros. Gracias por la información y por cómo nos invitas a compartirla.

Anonymous said...

¡Qué buena pinta! Me gustan los relatos de viajes, y las buenas revistas de viajes (como Altaïr), te hacen viajar con la imaginación...

conde-duque said...

Intentaré conseguirlo, Mabalot, a ver si hay suerte.
Gracias, Mar, siempre es un placer compartir estas cosas...
Descon, tú si que me das envidia, que en breve vas a estar paseando por la Ciudad Eterna. ¡Yo también quiero!

filarete said...

Aquí estoy yo, no te quejarás. Muy interesante el comentario, me recuerda a mi propia experiencia como peregrino en el 99 (me dieron una acreditación y todo, fíjate). Teniendo en cuenta la total ausencia de agua caliente y el estado de algunos albergues no parece que las cosas evolucionaran del todo en los últimos 100 años.

conde-duque said...

A ver si te dejas caer más a menudo por aquí, que no produce cáncer (sólo, a veces, tedio).