Monday, November 27, 2006

"Into the night", de Cornell Woolrich

Se trata de un libro escrito a cuatro manos: dos de ellas pertenecen a un muerto y las otras dos a un vivo. El muerto es Cornell Woolrich (el de la foto de abajo, con sombrero de ala ancha y mirada triste), uno de los grandes de la literatura noir y de suspense; el vivo, un tal Lawrence Block, que tuvo que rellenar los huecos que aquél dejó en distintos lugares del manuscrito (es lo que tiene la muerte, que te pilla desprevenido y con las cosas a medio hacer).
El argumento de la novela es bastante burdo e inverosímil, la verdad, pero no sé qué tiene -será la atmósfera misteriosa, o el poder de seducción de la protagonista- que te engancha desde la primera línea. Empiezas a leerlo y no puedes parar. La cosa es como sigue.
Una joven llamada Madeline está sentada a oscuras en su habitación. Le abate una honda depresión, no aguanta más, no quiere seguir viviendo. Se levanta de la silla, trepa a una caja para alcanzar el estante más alto del armario y agarra una bolsa de terciopelo: en ella guarda la pistola que en una ocasión le regaló su padre alcohólico ("Por si acaso alguna vez quieres matar a alguien. O por si acaso alguna vez quieres matarte"). Después de pensárselo un buen rato, se mete el cañón de la pistola en la boca (nota el sabor del metal en la lengua), rectifica, apunta a la sien, al oído, al cuello... Sigue dudando. Pero no encuentra ninguna razón para no matarse.
Por fin apoya la pistola en la sien, alza el percutor y aprieta el gatillo. Clic. La recámara está vacía. De repente, recupera la ilusión de vivir. Se le han quitado todos los males. El mero hecho de vivir ya es un aliciente de por sí...
Enciende la luz, conecta la radio y se pone a bailar al compás de la música. Guarda el arma en la bolsa de terciopelo y la arroja sobre la mesa. Al chocar contra la superficie de la mesa, la pistola se dispara.
En fin, resumiendo y sin desvelar gran cosa (por si alguien lo quiere leer): resulta que el disparo ha salido por la ventana y ha matado a una chica que pasaba por la calle. Starr Bartlett es su nombre. La gente cree que le han disparado desde un coche que pasaba por allí.
Martirizada por el sentimiento de culpa, Madeline -que no dice nada a la policía- emprende una curiosa investigación siguiendo las huellas de la chica e intentando vivir su vida. Su razonamiento es irreprochable, por absurdo: "Starr -dice para sus adentros-, yo quería morir porque mi vida carecía de sentido. Ahora puedo encontrarle un sentido en vivir por ti, y tú puedes seguir viviendo por medio de mí". (Hasta aquí puedo leer)


Cornell Woolrich fue tan desgraciado en la vida real como sus personajes en la ficción. Vivió siempre agarrado a las faldas de su madre y, cuando ésta murió, inició su imparable decadencia física y moral. Diabético y alcohólico, se refugió en una habitación del Sheraton Russell Hotel de Manhattan, con la sola compañía del whisky. Le tuvieron que amputar una pierna por no curarse una herida y acabó postrado en una silla de ruedas. Murió en 1968, de una embolia. Había nacido el 4 de diciembre de 1903, en Nueva York.

10 comments:

mabalot said...

Tal cómo lo cuentas parece realmente interesante el argumento, a pesar del absurdo o por eso mmismo. Cioran decía que el suicidio era una salida como posibilidad (esta siempre ahí, esperando, por si se quiere) y que saber que está ahí le permitía seguir viviendo. Que yo sepa Cioran no se cargó a nadie, por error, en un intento fallido de suicidio.

conde-duque said...

Después el argumento se lía más todavía. Cioran en eso era muy estoico...

conde said...

Ah, por cierto, Cornell Woolrich es el que escribió el relato de "La ventana indiscreta" en el que se basó Hitchcock para su genial película.

mabalot said...

Me encanta esa película; yo creo que el tema de la ventana tiene algo, además de que es Hichtcock, claro. Tengo ganas de volver a verla. Buena época.

Miguel Sanfeliu said...

Hubo una época en que leí muchos relatos de Woolrich. Este libro no lo conocía y me ha picado la curiosidad. El anticipo del argumento me ha enganchado. Lo has contado muy bien.
Además, Lawrence Block es un buen escritor de novela negra, autor de un titulo que debería ser ya un clásico: "Hit man".
Saludos.

conde-duque said...

Gracias por la información, don Miguel. La verdad es que no estoy muy puesto en novela negra y no conocía a Lawrence Block (retiro lo de "un tal", evidencia de mi ignorancia). Le seguiré la pista...

firenze said...

El argumento del libro parece interesante, aunque algo extraño. Dicen que los diabéticos tienen cambios de humor, por lo que no me extraña que fuera desgraciado.

conde said...

Será eso: la diabetes, que es muy mala.

Jorge Ordaz said...

Woolrich, intrigante escritor, ciertamente.
¡Y excelente blog!

conde-duque said...

Gracias, don Jorge. Espero que vuelva por aquí.