Monday, November 06, 2006

Rey, Dama, Valet

Rey, Dama, Valet fue la segunda novela que publicó Vladimir Nabokov (1899-1977). Por entonces tenía 28 años y vivía en Berlín. Varias décadas después, a finales de los años sesenta, cuando se tradujo el libro del ruso al inglés, el autor reelaboró muchos de sus pasajes.
El argumento está perfectamente resumido en la contraportada de la edición de Anagrama: "Un jovencito miope, provinciano, mojigato y desprovisto de sentido del humor irrumpe en el frío paraíso de un matrimonio de nuevos ricos berlineses. La esposa seduce al recién llegado y lo convierte en su amante. Poco después le convence para intentar eliminar al marido".
Al comienzo de la novela, Nabovok pone en juego su prodigiosa capacidad de sugerencia para reproducir las sensaciones que provoca la salida de un tren en quienes van dentro:
La enorme manecilla del reloj sigue inmóvil, pero está a punto de hacer su ademán de cada minuto; ese elástico sobresalto pondrá todo un mundo en movimiento. El rostro del reloj se apartará lentamente, lleno de desesperación, desprecio y tedio, mientras las columnas de hierro, una a una, comenzarán a pasar ante nosotros, llevándose consigo la bóveda de la estación, como suaves atlantes; el andén comezará a alejarse, y con él irán hacia un destino desconocido colillas, billetes usados, puntos de luz solar y saliva; un carrito de equipaje se deslizará ante nuestra vista sin que sus ruedas dejen de estar inmóviles; y tras de él irá un kiosco de periódicos cubierto de revistas de seductoras portadas: fotografías de bellezas desnudas, color gris perla; y la gente, la gente, la gente del andén móvil, moviendo también ellos los pies sin salir de su inmovilidad, dando largos pasos hacia adelante y retirándose al mismo tiempo, como en un agonizante sueño lleno de increíble esfuerzo, náusea, presas las pantorrillas de una algodonada debilidad, se inclinará hacia atrás, hasta caer casi boca arriba.
No sé por qué me gustan tanto las películas y novelas que presentan a sus personajes viajando en tren... En este momento recuerdo algunos libros que empiezan así, con sus protagonistas montados en un vagón de tren, bien contemplando el paisaje, bien charlando con otros pasajeros: El idiota, de Dostoyevski; Sonata a Kreutzer, de Tolstoi; Las veleidades de la fortuna, de Pío Baroja; Pnin, del mismo Nabokov; quizás valen también Nada, de Carmen Laforet (Andrea llega a la estación de Francia, en Barcelona), Extraños en un tren, de Patricia Highsmith, y Austerlitz, de W. G. Sebald; y, por supuesto, Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo.
¿Alguien recuerda más?

9 comments:

Joaquín said...

Tengo más memoria cinematográfica. "El hombre que pudo reinar", de John Huston.

marcaliope said...

"Mar Calíope agobiada". Es el título que le pondré a mi autobiografía; y comenzará con una mujer, yo, luchando por un asiento. Seguro que me lo patrocina RENFE.

conde-duque said...

Mar, ese libro debe ser del género "Cercanías", ¿no?

Anonymous said...

Sí que era el día del tren ;). Leí "Rey, Dama, Valet" hace mucho tiempo, cuando tuve mi época Nabokov, jajaja, y me lo leí casi todo de él (incluido "Ada y el ardor"!)... A ver, así de pronto me han venido a la mente varia novelas sobre el Holocausto, en las que se narran los terribles viajes en tren hacia los campos de concentración, como "Sin destino" de Imre Kertesz o "El humo de Birkenau" de Lilliana Milu...

Anonymous said...

Spider, de David Cronenberg

Mariano zen said...

Acá van un par de narrativas argetinas: El hombre del rápido de H. Quiroga; Las Noches de Goliadkin de Borges. En Semprún hay un par de escenas muy buenas en El Desvanecimiento y en La escritura o la vida. ¿Qué más? haré un esfuerzo por recordar... ah, una narración fascinante en La modificación de Butor.

Krust said...

A mí me gustó bastante esta novela de Nabokov, el humor negro que destila sobre todo. Diferente del resto de su obra...
Recuerdo aquella estación de Moscú en el pasaje del tren de 'Ana Karenina', si no recuerdo mal con fiambre entre las vías incluido...

Saludos.-

H. Q. said...

El tren se detiene.
André Mazarelles recorre con la vista los primeras y segundas, pero el corpachón de Bernard no aparece en ninguna de las puertas.
"Tate -piensa André-. Viene en tercera..."
- Le Gros: Al fin te encuentro...¡Estupendo!...
Se miraron sonriendo, divertidos, molestos un poco de volverse a ver, vestidos como todo el mundo después de diez meses de vida común enfundados en el uniforme militar.
- Ven. El auto nos espera ahí fuera.


Comienza así "¡Devenir!", de Jean Barois. Llego 8 años tarde a la entrada; acostumbrado al tren hasta Galicia no parece tanto desde luego.

Un abrazo.

H.Q. said...

(Jean Barois no, Martin du Gard. Tanto devenir.)