Saturday, April 21, 2007

Moyano revisited

Paseo mañanero por mi pueblo, siguiendo uno de los itinerarios habituales: de Conde-Duque al Palacio de Oriente, de éste a la Plaza Mayor, y desde aquí hasta la glorieta de Atocha, con una breve parada para desayunar -como Dios manda- un café con churros en una terraza al sol... Sí, tenéis toda la razón: ¡qué vida más dura la de este hombre!
La cuesta vista desde abajo.
La noticia de hoy es que han vuelto a abrir la Cuesta de Moyano con sus casetas de libros. Además, ahora es una calle peatonal y mucho más espaciosa. Da gusto pasear por allí. (Es lo bueno que tiene la proximidad de las elecciones, que los políticos se afanan en inaugurar todas las obras con las que nos han estado puteando en los últimos años).

La cuesta vista desde arriba.

Cuando he pasado por allí todavía estaban colocando la mayoría de los puestos y había poca gente. El señor mayor del guardapolvos azul -esa típica bata de impresor o tipógrafo- ha volcado un montón de libros sobre la mesa y ha puesto el cartel de "0'20 euros cada volumen". He hurgado sin mucha esperanza de encontrar algo interesante, pero la verdad es que he visto algunas cosas que me resultaban apetecibles. Ya sabéis que soy un poco escrupuloso con los libros usados, pero aun así me he comprado estos cinco: El difunto Matías Pascual de Luigi Pirandello, La maldición de los Dain de Dashiell Hammett, La gran dama de Pearl S. Buck, La huella de Dios de Maxence Van der Meersch y La casa de las dunas del mismo autor. Por supuesto, las ediciones son cutres, pero míticas: los dos primeros de la Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV, el tercero de la Colección Goliat de la editorial Planeta y los dos útimos de Ediciones G.P./Plaza y Janés.

Una efigie de don Pío preside la Calle de los Libros Usados.

No diréis que esta vez no he comprado barato: cinco libros por un euro. Sólo con lo que he disfrutado hojeándolos en el autobús de vuelta a casa ya he amortizado el gasto con creces. Es cuando más disfruto los libros: cuando los hojeo volviendo a casa en el autobús o cuando me tumbo en la cama a echarles el primer vistazo. Después siempre me acaban decepcionando, los muy cabrones, pero en ese ratito prometen el paraíso y, en cierto modo, me lo dan.

11 comments:

firenze said...

Da gusto, eres feliz con muy poco. Y se nota que lo disfrutas de verdad.

conde-duque said...

Sí, la verdad es que no necesito mucho más (al menos mientras siga "exiliado" de Roma).
Baratito que es uno, F. Me vendo por poco...

Mabalot said...

El programa de tu mañana de sábado me parece de lo más feliz. Y el último párrafo, las últimas líneas, da en el clavo, en lo que a mí se refiere por lo menos. Te hace más feliz comprarlos que leerlos; nos hace feliz lo que prometen, y lo que CASI nunca cumplen. Y ese CASI, ese (querer)creer que el mejor libro que hayamos leído nunca está por aparecer, como la aparición de un tesoro enterrado, te hace revolver como un adicto los kilos de papel impreso y cosido que surten las librerías de viejo.

Yo encontré los mejores libros, a los que más cariño les tengo, en librerías de viejo. Y por dos patacones, aunque sean ediciones cojonudas. A veces se encuentra el tesoro. Ese es el problema.

Decía don Pío (tan bien traído en este post) que la bibliofilia no tiene cura, entendida esta como la entendía el propio Baroja; libros para leer, no por su valor bibliográfico ni zarandajas pijas.

Un saludo.

conde-duque said...

Ay, Mabalot, ahora que acabo de llegar a casa (cansado pero sin sueño, ¡maldito imsomnio!) a las tres y pico de la mañana y con un pedillo majete, no excesivo pero considerable, puedo afirmar sin miedo a equivocarme que nos hicieron en la misma fábrica... Lo digo sin entusiasmo pero con convicción.
Salimos de allí en un 77 recientemente posfranquista, con la Transición en ciernes y el futuro negrísimo (negrísimo para nosotros, claro, décadas después, cuando el futuro se hace presente, y los progres de entonces nos explotan con espíritu mediocre y mano dictatorial), de la misma fábrica semiderruida, desengañada y escéptica.
Algo hay que hacer, digo yo. No sé. Ya se verá.

Mabalot said...

¿No te referirás a dar un golpe de estado?

Creo que no nos va quedar más remedio que hacer lo que todo el mundo, trabajar como cabrones... y a ver si metemos algún gol. También lo digo sin entusiasmo pero con convicción. Y por cierto, por aquí se ven más los fachas de entonces, y los progres son los nacionalistas, vaya progres, que son chupiriflautiricos y tal y dicen grazas, probábel y cosas que a mi abuela le parecen tan extrañas como zarza, regazo etc...

Ahora también yo parece que tengo un pedillo, aunque no. Me levanto temprano porque tengo insomnio retrospectivo, vaya pedantería, y que es que se despierta uno demasiado pronto como si estuviese loco, con lo que me gusta a mí la cama.

Será que me gusta para otras cosas.

conde-duque said...

Oye, pues qué buena idea, no lo había pensado: un golpe de Estado en toda regla. Imagínate la escena: los dos entrando en el Congreso acompañados de cheerleaders en vez de picoletos: "¡Se sienten, coño! ¡No, mejor túmbense y follen entre ustedes: Acebes con De la Vega, Zerolo con Rajoy, Zaplana con Pepiño Blanco... ¡A follarsus!". ¡Sí, cambiar de estado!: del gaseoso -de estos políticos pedorros- al líquido -¡absenta y ribeiro para todos!-, electrolisiando si fuera menester a todos los banqueros y promotores inmobiliarios del Reino.
Si gobernásemos nosotros, el universo sería una inmensa Cuesta de Moyano con todos los libros a 0'20 euros. Y la vida de Camba por decreto y con cargo a los Presupuestos del Estado: aperitivos, ciudades, charlas, mujeres, postres, copas...

conde-duque said...

Sería el infierno de la Felicidad...

Mabalot said...

No me disgusta ese panorama, la verdad. Ojalá se cumpla. Crucemos los dedos.

Miguel Sanfeliu said...

Amigo Conde, también estuve yo este sábado en Madrid, mirando libros, por Gran Vía.
Un saludo.

desconvencida said...

Feliz día del libro :D

memento said...

El tío ese de la bata azul yo creo que es la pareja de la loca chillona. Casi siempre tienen cosas interesantes y baratas. Eso sí, puestas de cualquier manera y mal cuidadas. No he visto todavía la calle remozada; tendré que pasarme por allí un día de estos, aunque creo que está la feria de Recoletos.