Saturday, July 19, 2008

César Aira sobre Cortázar

"Cortázar es el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él —y yo también lo encontré en su momento— el placer de la invención. Pero con el tiempo se me fue cayendo. Hay algunos cuentos que están bien. El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges, o mediano. A propósito de una de las cosas más feas que hizo Cortázar en su vida, el prólogo para la edición de la Biblioteca Ayacucho de los cuentos de Felisberto Hernández, un prólogo paternalista, condescendiente, en el que prácticamente viene a decir que el mayor mérito del escritor uruguayo fue anunciarlo a él, cuando en verdad Felisberto es un escritor genial al que Cortázar no podría aspirar siquiera a lustrarle los zapatos. Sus cuentos son buenas artesanías, algunas extraordinariamente logradas, como Casa tomada, pero son cuentos que persiguen siempre el efecto inmediato. Y luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable."
Hace unos meses se me ocurrió decir en este mismo sitio -o sea, mi blog- que Rayuela de Cortázar y Los detectives salvajes de Bolaño me parecen los típicos libros para adolescentes que quieren ser escritores a toda costa (no es que escriban o quieran escribir, sino que quieren ser escritores, alcanzar esa posición mitificada) y tuve que soportar algún ataque bastante desagradable. Ahora leo esta entrevista del año 2004 de César Aira y veo que no soy el único que piensa algo parecido. Por supuesto, podré estar igual de equivocado que hace unos meses, pero ya no me siento tan solo. Y me alegro. Sinceridad frente a los intocables.
(PD, por si acaso: quede claro que a mí hay relatos de Cortázar y Bolaño que me gustan mucho. Y 2666 y Estrella distante, también)

Tuesday, July 15, 2008

L. B., monaguillo

L. B. era un chico callado, absurdo y aragonés. Tenía la mirada torcida y dispar, como de mula coja. Al amanecer acudía a la iglesia de San Gil Abad con sus ropajes místicos, sus lienzos de misa, sus beatas inconfesas, y nada le excitaba más que imaginar el olor a chocolate caliente derramándose por las piernas de las prostitutas. Las campanas repicaban en la torre mudéjar como cabezas de infieles columpiándose. L. B. observaba los tacones altos de las arrodilladas y se santiguaba frente al sagrario sin mucha convicción. A veces le dolía la mano de tanto masturbarse. Sentía una irresistible repulsión hacia el cura, que disfrutaba dándole collejas.
Adolescente nervioso, corría por las calles saltando para tocar los toldos y gritaba sin venir a cuento. Algunos, sobre todo los quiosqueros, le creían idiota. Inexorablemente, se paraba a babear ante el escaparate de la pastelería de Manuel Segura. Pasaban por su lado los esclavos, los moribundos, los condenados a muerte. Él, sin embargo, estaba convencido de que el mundo es un reloj que no se para, que tiene muy larga cuerda. No hay prisa por fichar. Están los parques, las rocas, la cantina. La melodía del pájaro en el árbol, que cae a plomo sobre el mantel a cuadros y reposa entre los restos de merienda. Cadáveres de obispos entre las rocas y el caballo en descomposición.
A instancias de P., el de quinto, acabó probando las sustancias que nos hacen otros. Se le hinchó el pecho y empezó a llevar la barbilla demasiado alta. Incluso amenazaba con el puño en el patio. Quería ser boxeador. Su madre intuía el peligro en cada gesto. El porro de hachís en la mirada roja, el sabor a aceite viejo de los cáñamos, la rosa de vino en el pecho como un lamparón que no ciega. Una camiseta rota y un muslo de niña que se deja besar. No pasa nada más allá del instante en que se mueren las cosas, cada segundo. Y L. B. lo sabía.

Thursday, July 10, 2008

Sergio Algora, el rey de los juguetes

“A todos los que prendimos de las ramas para ser frutas y acabamos ahorcados: mañana adquiriremos palabras que por fin serán iguales a nosotros y se les concederán a las yemas de nuestros dedos, siempre a punto de morir, todas las orillas desconocidas”.
Sergio Algora, Otro rey, la misma reina.

Tras el último infarto, Nerón ha vuelto al desván de los juguetes, de donde sólo salió porque un día lo soñó alguien que no tenía cabeza. Nerón desfilará sonriente junto al soldadito de plomo, fingirá pitidos con la boca desde el tren de hojalata (agitando los brazos para saludarnos) y boxeará de broma con el osito de los parches escoceses en el culo. Cada noche promoverá revoluciones de un mundo mejor y todos los juguetes saldrán de sus cajas bebiendo vino, cantando y gritando: “¡Nos faltan piezas!”. Nerón inventará nuevos personajes felices y estrambóticos que se harán realidad a medida que él los vaya imaginando. En una esquina del Reino se dispondrá una hilera de camas para hacer mucho el amor. Nerón se asomará a la ventana, quitando las telarañas con la mano, y divisará al fondo el desierto gris de los Monegros. Cada viaje será como un crucero invernal, como un bar oscuro y vacío donde los seres fracasados no terminan nunca de tomar la última.

Quien inventó mi nombre ya no está. La última vez que lo vi bajaba sin tridente por las escaleras del Low Club, como un neptuno entre las aguas, como un emperador romano que se toma a broma la decadencia de su imperio. Sirva ahora de epitafio aquella frase inolvidable de El Niño Gusano: “Tengo un podio en mi casa, soy el primero cuando quiero”.

Saturday, June 28, 2008

Estaré un tiempo ausente por cuestión familiar (mi padre se ha puesto enfermo).
En este momento tan malo no hay hueco para la escritura.

Friday, June 27, 2008

Thursday, June 26, 2008

Ecce homo, de Nietzsche

Siempre he sido un gran admirador de Nietzsche. Hubo unos años -entre los 18 y los 20, más o menos- en que yo siempre decía lo mismo cuando me preguntaban que quiénes eran mis filósofos preferidos: "San Agustín y Nietzsche", respondía. Todo el mundo se quedaba un poco descolocado ante tan extraña pareja; desde luego, en cuanto al contenido de ideas, eran totalmente antagónicos, pero había algo en la forma de afrontar la tarea del escritor y del pensador -ese pensamiento apasionado, ese estilo desbordante, ese pathos filosófico- que me hacía admirarlos por encima de todo. Eran los tiempos en que también leía con devoción a Pascal, a Cioran, a Kierkegaard, a Schopenhauer, a Unamuno... En fin, todos los ilustres miembros del club del pensamiento apasionado, por así decirlo, que curiosamente -por algo será- copan también algunos de los primeros puestos en el escalafón de los mejores escritores de todos los tiempos. Son los que sienten y gritan sus ideas, y escriben como dioses.
Pues bien: dentro de la obra nietzscheana, siempre he tenido una especial predilección por Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es, una especie de autobiografía intelectual que escribió en sus ultimísimos momentos de lucidez (quizá ya estaba un poco tocado) y en el que hace un repaso somero pero muy contundente de todas sus obras. Su descaro, soberbia y brillantez siempre me emocionan. Para empezar, los títulos de los capítulos son desternillantes: "Por qué soy tan sabio, "Por qué soy tan inteligente", "Por qué escribo libros tan buenos"... A ver quién más se atreve a poner esos encabezamientos. No creo que haya un Índice tan ególatra en toda la historia de los libros.
La colección de frases memorables de este libro es tan grande que tendría que transcribir el libro entero, pero os dejo algunas. Se pueden leer como una colección de chistes de ese gran humorista que fue Friedrich Nietszche:
-Creo que el más alto honor que se puede tributar una persona a sí misma es tomar un libro mío entre sus manos; incluso acepto que se quite los guantes, y no digamos ya los zapatos, antes de hacerlo.
-Tampoco ha llegado mi hora. Hay quien nace póstumo.
-A cualquier lugar que llego -aquí en Turín, por ejemplo- todas las caras se alegran y se emocionan al verme. Lo que más me ha complacido hasta ahora es que algunas viejas vendedoras de fruta no descansan hasta haberme escogido sus mejores racimos de uva. Hay que ser filósofo hasta ese extremo.
-Vivo de la confianza que tengo en mí mismo, aunque afirmar que vivo no sea tal vez más que un prejuicio.
-Mi verdadera unidad de medida ha ido siendo cada vez más preguntar qué grado de verdad soporta un espíritu, qué dosis de verdad se atreve a afrontar.
-No es aquí un fanático el que habla, ni se predica ni se exige ninguna fe. Las palabras van cayendo una tras otra, gota a gota, desde una luz de plenitud infinita y una alegría de una hondura infinita.
Aunque en este caso es aún más evidente, los libros de Nietzsche siempre hablan más de sí mismo que de otra cosa. Lo que hizo Nietzsche desde la infancia fue ir contándose por escrito, libro a libro, y así nos fue contando también a los demás hombres, a lo que podemos llegar a ser.
Sigo pensando que Nietzsche es uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Y san Agustín también. Siempre es una gozada leerlos.

Thursday, June 19, 2008

Imágenes

Un inciso en las crónicas neoyorquinas. El pez, la lonja, el cielo, la marisma...
1. Una noche sin noche, escurrida, nublada y prieta. La pescadera porta en la cabeza un mundo de centollos y algas, y sus brazos —manivelas de carne— dan la hora del té. Al fondo, como la nieve, un gato saluda a un gato.
2. Los peces moribundos agitan sus lomos plateados en las cajas de la Lonja. Cualquiera diría que sufren ataques de epilepsia.
3. Un grupo de mariscadoras recogen los reflejos del misterio. Todo es luto en el paisaje: los paños que cubren la superficie calva de la marisma, las barcas varadas en la arena, los vestidos recogidos y arrugados de las mujeres encorvadas, los cánticos que surgen de las cuevas de sus bocas, la sombra de cicatrices y vieiras en sus muslos blanquísimos...
4. Una niña atraviesa el crepúsculo montada en su bicicleta, y en su pupila se refleja el horizonte impar: el infinito. En su memoria virginal no hay ni una sola mancha, pero a los 16 será violada por una horda de marineros borrachos, tantos como veces ha soñado ser princesa.
5. Arriba, según dice el hombre del tiempo (a ratos teólogo, a ratos meteorólogo), el cielo se está cayendo a pedazos, como la piel de los leprosos.

Monday, June 16, 2008

Fotos NY

Aquí podéis ver las fotos. Espero que os gusten. Pongo enlace permanente a la derecha.

Thursday, June 12, 2008

Goodbye New York

Se acabó lo que se daba. Ya estoy de vuelta, vivito y coleando pero un poco atontado por el jet lag. En este estado será mejor dejar las crónicas para otro momento. Mientras me recupero os pongo el minivídeo que grabé la última noche: la de la despedida.
Está hecho desde el ferry que va a Staten Island. A la izquierda, medio en penumbra, podéis ver la Estatua de la Libertad. A la derecha, el skyline de Manhattan. Se ve bastante mal, borroso, por culpa de la oscuridad y la capa de neblina que presagiaba la tormenta que en breve se cerniría sobre nuestras cabezas. Nos alejábamos de allí. Nos despedíamos.

Friday, May 30, 2008

Del Rubicón a la Gran Manzana

La noche del 11 al 12 de enero del año 49 a.C. Julio César se detuvo un instante ante el Rubicón atormentado por las dudas. Según el derecho romano, a ningún general le estaba permitido cruzar aquel pequeño río con su ejército en armas. Hacerlo, por tanto, significaría cometer una ilegalidad, convertirse en criminal, en enemigo de la República, y provocar una guerra civil.
Yo hace tiempo que abandoné las armas y me declaré en rendición ante la Esfinge. He dormido muy bien esta noche, con algo de nervios pero sin ninguna duda. Me pienso lanzar de cabeza al Rubicón, cruzarlo a nado y conquistar Roma, que es la ciudad más hermosa de todos los tiempos.
Después me espera la otra gran capital imperial, Nueva York, con sus infinitas cosas: pasear por la Quinta Avenida y por Central Park, disfrutar la panorámica desde el Empire State, navegar por el Hudson, bizquear junto al Flatiron, revolver libros en el paraíso de Barnes&Noble, cruzar el puente de Brooklyn, recorrer el Metropolitan, etc, etc, etc. Sólo imaginándoselo ya disfruta uno.
Reuniendo las dos versiones (la de Suetonio y la de Plutarco), exclamaré como Julio César: alea iacta est ("la suerte está echada") y &νερρίφθω κύβος ("¡que empiece el juego!"). Pues eso. Hasta la vuelta...

Wednesday, May 28, 2008

Un cucurucho de arenques ahumados

En 1925 John Steinbeck desembarca por primera vez en Nueva York. No tiene un duro. Se pone a trabajar de peón de albañil en una obra (se está terminando de construir el Madison Square Garden). Una vida muy dura...
"Mi conocimiento de la ciudad era vaporoso; luces lacerantes, y el retumbar del metro, el hueco de la escalera que había que subir, cuatro paredes de un verde sucio, una cama donde derrumbarse a medio lavar, guiso, café, pan, cafetera, una acera que cabecea ligeramente bajo mis pasos, luego, de nuevo la larga cola de carretillas. Había grandes fogatas de coke llameante donde calentar las manos, y allí calentaba las mías, lo justo para respirar un poco, mucho tiempo después de que ya no las sintiera en absoluto. Recuerdo a un hombre cayéndose de su andamio, colgado del techo a treinta metros de altura, y viniendo a aterrizar a un metro de mí. En el momento de tocar el suelo estaba rojo, pero la sangre se retiró de su rostro como un telón que se levantara y quedó azul y blanco bajo las luces de la obra".

Poco tiempo después se pone a trabajar como periodista en el New York American. Vive con una chica. De repente todo se acaba:
"Luego todo llegó a la vez. Y me alegro de que el encadenamiento de los acontecimientos fuera tal como fue. La chica tenía la cabeza más sólidamente anclada sobre los hombros de lo que habría creído. Se casó con un banquero del Mediano Oeste y se fue allá con él. Todo sucedió sin palabras inútiles. Dejó sencillamente una carta; y dos días más tarde me despedían del American. Y ahora, finalmente, la Ciudad me cercaba, y yo tenía miedo. Me puse a buscar trabajo, pero no lo encontraba. Escribí algunos cuentos e intentaba venderlos. Ofrecí mis servicios a otros periódicos, pero eso era evidentemente ridículo. Y la Ciudad, fría y cruel, continuaba trepando sobre mí. Empecé a atrasarme en el pago. Siempre me quedaba una carta en la manga: podía buscar contrato en una obra. Tenía un amigo que me prestaba algún dinero de vez en cuando. Pero al final llegué a hundirme lo suficiente para volver a la carga como peón de albañil. Pero ya estaba marcado por mi régimen forzoso de jockey. Apenas si podía levantar una pala. Me costaba ganar de nuevo los seis pisos hasta la cama. Mi amigo me prestó un dólar y compré dos barras de pan negro y un cucurucho de arenques ahumados y me encerré en mi habitación durante una semana. Tenía miedo de salir a la calle, un miedo terrible a los coches y al ruido. Miedo del propietario y miedo de los hombres. Miedo de los amigos".
(John Steinbeck, Un americano en Nueva York)

Sunday, May 25, 2008

Parejas


Estoy leyendo el nuevo libro de José Manuel Martín Peña, nuestro Luz Tenue. Son once relatos que tratan sobre el mundo de las parejas.
La seña de identidad de JMMP es la sencillez. Escribe con estilo sencillo historias cotidianas sobre gente corriente y moliente a la que le ocurren hechos nada extraordinarios. Pero que nadie se equivoque: lo sencillo no tiene nada que ver con lo fácil. Más bien es al contrario.
Lo que consigue JMMP, como se suele decir de los grandes futbolistas, es hacer que lo difícil parezca muy fácil. Porque escribir bien (sin caer en excesos retóricos, cursiladas o pedanterías) creando personajes vivos y emocionando al lector no es nada fácil; o al menos eso parece al hojear un poco los libros que abarrotan las mesas de novedades y que desprenden olor a cadáver. Y los menos pretenciosos suelen ser los que llegan más lejos, los que cavan más hondo.
Si en Zeppelin JMMP hacía un repaso escueto y brillantísimo de momentos y compañeros de infancia y de juventud en un barrio periférico, en Parejas se ocupa de hombres y mujeres maduros (en torno a los 40) que pertenecen a distintas subclases de la clase media: triunfadores profesionales derrotados en lo más íntimo, matrimonios que se ahogan en el torbellino de los hijos y la hipoteca, parejas con secretos y mentiras que afloran en cuanto se hurga un poco en el felpudo, relaciones que se acaban, gentes que arrastran su fracaso diario entre la ciudad y el campo… Un mundo frágil, desencantado, en general rutinario y gris, a veces -por eso mismo- terrorífico, muy lejos de los sueños y aventuras que adornaron la juventud, una carrera de fondo agotadora con una meta repetida cada fin de mes y su pequeño dios omnipresente: la Hipoteca.
Hay un párrafo que ilustra a la perfección los miedos de un padre en paro (que no consigue trabajo por muchos currículos que envíe). Pocas veces puede uno leer cosas tan reales como ésta:
"Estamos a un paso de la miseria. Puedo verla. Está ahí, cerca de nosotros, nos persigue. La miseria es un estado de ánimo. La miseria es mirar con rencor las cartas que nos envía el banco, y no abrirlas. Es ver que los pantalones les quedan cortos a las niñas y desear que no crezcan tan deprisa. Es pensar en la palabra hipoteca como en un hacha. Estamos tan justos que no sé qué vamos a hacer si se nos rompe el televisor, por ejemplo. No podremos comprar otro. No sabremos entretener a las niñas. Están en una edad en que necesitan referentes. En qué espejo se mirarán. A falta de televisión fijarán su atención en nosotros, en mí, en cómo soy, y entonces me despreciarán. Despreciarán al rey del currículo".
Es una realidad triste se mire como se mire, pero es lo que hay, ocurre en muchos hogares y eso es lo que piensa mucha gente al levantarse. ¿Por qué la literatura no suele ocuparse de estas personas? ¿Acaso los escritores lo consideran un tema menor?
Destaca la habilidad de JMMP para clavar en dos frases a un personaje: su forma de ser, su carácter, sus ambiciones, su pasado, sus miedos… quedan reflejados en un detalle bien visto. Genial. Y al leer estos relatos uno percibe cómo bajo la superficie de la "normalidad" se van abriendo multitud de grietas y extrañezas (en esto me recuerda a Raymond Carver).
Todavía no lo he terminado de leer (afortunadamente dura más que Zeppelin) pero os lo recomiendo vivamente. Lo que es una lástima es la edición (¡echa uno tanto de menos el buen gusto de Pre-Textos!). JMMP se merece mucho más. Con la cantidad de editoriales pequeñas de calidad que han surgido en los últimos tiempos, no entiendo cómo alguna no ficha a este hombre.
Para conseguir el libro hay que decir una contraseña en la librería: “Breogán” (que es el nombre de la distribuidora). Si no no te dejan pasar al universo de JMMP, cosa que merece muy mucho la pena.

Friday, May 23, 2008

El viento de Manhattan

"Quien ha vivido en Manhattan sabe hasta qué punto el viento preside la vida de la ciudad. El viento recrudece los fríos terribles del invierno, rompe los paraguas y los toldos, derriba los árboles y los semáforos, hace trastabillar y caer a los ancianos y a los enfermos, no deja dormir; a veces acelera el paso de los nubarrones y despeja los cielos, otras, trae los aguaceros de finales del verano o principios de otoño, cuando llegan las colas de los huracanes devastadores del Caribe, ya muy debilitados. En su faceta menos agresiva el viento anima las calles: hace planear las gaviotas y ondear las banderas y levanta las faldas de las chicas.
Tan excesivo como el viento es la lluvia. A menudo el cielo se encapota en pocos segundos, sin previo aviso, y empieza a caer el agua. El caos se produce de inmediato: los sótanos se inundan, las avenidas se convierten en ríos crecidos. En las calzadas el agua se acumula en los baches, donde los autobuses meten el morro, levantan surtidores de muchos metros de altura, que empapan a los viandantes. El viento no cesa cuando llueve: se lleva los paraguas y los sombreros y hace que la lluvia caiga casi horizontal, que penetre bajo las marquesinas y abofetee al que encuentra. En medio de la confusión pasan los coches de los bomberos, que acuden a las emergencias causadas por el aguacero, a través de los atascos, tratando de abrirse paso con las sirenas y las bocinas. Parece que haya llegado el fin del mundo.
En verano estas tormentas vienen acompañadas de mucho aparato eléctrico. Los rascacielos atraen los rayos, que bajan restallando por las fachadas mientras retumba el trueno. En invierno el viento viene del norte y como en el camino no encuentra sistema montañoso que lo detenga llega a Nueva York sin perder fuerza ni frialdad. Una vez en Manhattan, se mete por los callejones que forman los rascacielos alineados y corta la piel, porque a veces sopla a veinte o treinta grados bajo cero."
(Eduardo Mendoza, Nueva York)

Thursday, May 22, 2008

El Bremen

Hojeo el regalazo que me han hecho los amigos del Bremen: un libro con todos los relatos que hemos ido escribiendo desde octubre hasta ahora. El resultado es impresionante: doscientas y pico páginas de buena literatura, con momentos geniales. David, el editor, se lo ha currado.
Ayer fue una noche muy emocionante -y emocionada- en la cueva. Supongo que mi despedida era más bien un hasta luego.

Tuesday, May 20, 2008

Preparativos de Nueva York

He tardado en leérmelo lo que en beberme tres cañas. Me refiero a Esto es Nueva York, de E. B. White. Acabo de volver, menos triste de lo que salí, y os lo cuento. El ventanal del bar estaba abierto y la gente y los coches pasaban a mi lado, pero yo tenía la cabeza muy lejos, al otro lado del Charco. En ese momento era el único feligrés aparcado en la barra del Ladrón de Tinta.
Es un ensayo pequeñísimo, más bien un artículo literario. Lo escribió White en el verano de 1948, metido en una habitación con vistas a un patio interior, a 32 grados centígrados, en un hotel del centro de Nueva York. Supongo que tardaría en escribirlo algunas cervezas o whiskies más que yo en leerlo, pero poco más. Me lo imagino tirado sobre el colchón, sudando la gota gorda, mezclando imágenes, ideas, recuerdos.
Es un placer leer estas cosas: las ciudades, la gente, la vida... y una mirada que lo capta todo, que sabe hacer poesía de los pequeños detalles. Poco más se puede pedir:
El viajero estival se asoma a Hell Gate Bridge desde la ventanilla de su coche-cama mientras se desliza sobre los palomares y los patios traseros de Queens y mira hacia al suroeste, donde la luz de la mañana golpea por primera vez los picachos de acero del centro, y ve cómo se alza inconfundible la vigorosa lanza que acongoja el cielo: se elevan los altos muros y las torres, se eleva el humo, todavía no se eleva el calor, se elevan las esperanzas y la agitación de tantos millones de personas que despiertan en ese momento.
Allí he estado, acompañándolo, sesenta años después, desde Noviciado.

Monday, May 19, 2008

Winkler en Las Ventas

Lugar: Plaza de Toros de las Ventas (Madrid). Fecha: 18 Mayo de 2008. 19.00 horas. Cartel: los toreros Luis F. Esplá, Pepín Liria y "Serranito". Toros de Samuel Flores y Dª M. A. López Flores. Testigo de excepción: Josef Winkler, escritor.

Ayer Josef Winkler estuvo en los toros. El cielo amenazaba lluvia y algunas gotas cayeron sobre el albero. Por momentos el respetable tuvo que desenfundar sus paraguas. En una de las gradas estaba el escritor austríaco, uno de los grandes de la literatura actual, con media sonrisa dolorida y los ojos muy abiertos. Tomaba notas en un cuadernito de tapas anaranjadas. La pluma se deslizaba por las hojas en trazos delirantes. Winkler veía cuadros de la muerte viva, el toro y el torero en su pugna mortal, el caballo con su donquijote regordete a cuestas, las medias verónicas y los pases de pecho, el brinco de las banderillas, el ruido de la sangre... Si le faltaba algo para ser un autor solanesco, ya lo tiene todo: hoy ha probado la morcilla.
Dentro de unos años saldrán esas estampas winklerianas en una obra maestra. Hacedme caso. Recordad lo que os digo.

A lo mejor Winkler pensó algo parecido a lo que ha escrito hoy en El País Fernando Royuela: "En la inseguridad volátil de la vida, la muerte se alza como única verdad. En el toreo vida y muerte juegan a acompasar sus contrapuntos en el baile salvaje de la naturaleza. El animal y el hombre enfrentados ante la incógnita de la supervivencia desatan instintos aprendidos en la oscuridad de los tiempos. El hombre, sin embargo, es siempre el animal vencedor porque su estirpe ya lo ha sido. En realidad tan sólo se enfrenta consigo mismo para que los demás se estremezcan y le aplaudan. Por eso juega a ser salvaje. Con su actitud invoca ese pasado de violencia del que proviene. Pero también exhibe su presente hecho faena y olor a albero. El toreo es la fiesta de la supervivencia del ser humano, el espectáculo de su triunfo pasajero. El toreo homenajea el valor viril y enciende un ritual ancestral tan sólo comprendido en lo más profundo de su significado. El traje de luces es la máscara. Las miradas aguardan la celebración del rito. Lo humano se mezcla con lo animal. Los ojos miran, pero tan sólo la emoción explica lo que sucede. El calor ayuda a entender. Si hay vida habrá muerte y si hay muerte la vida revelará esa única verdad alzada por delante. La tarde aguarda. Hay una sensación de inquietud inexplicable. Ese animal que es el hombre se prepara para celebrar sus esponsales con la barbarie. Se antoja un baile, pero es sacrificio hecho de espadas y capotes, de cuernos afilados e hilos de baba que ondean como banderas sobre el silencio de la plaza. Suena el clarín y sale el toro y otra vez la verdad por delante".
PD1: Las fotos son de unos rejones del año pasado.
PD2: Enlaces recientes sobre Winkler: uno, dos.

Saturday, May 17, 2008

Thursday, May 15, 2008

Mendigos de Madrid

Siempre he pensado que la gran novela de Madrid está en su metro. Leyendo este capítulo sobre la mendicidad madrileña veo que Sánchez Ostiz también se ha dado cuenta:
"Los mendigos se matan mucho entre ellos por un quítame allá esas pajas. Riñen, se pegan y luego suelen ostentar costurones de sangre, postillas, costras. Los mendigos son unos misántropos.
Los que van en el metro pueden leer a diario, si quieren, la novela de Madrid, la novela por entregas de su pulule, el folletín de la vida urbana y callejera, Madrid, y no se enteran o no se enteran apenas, por hastío, por aburrimiento, porque tal vez una de las cosas que más difíciles resultan de ver es lo de todos los días. Los que no se enteran son los del coche oficial y la tarjeta del pesebrón. Esos, nada; esos, a la bibliofilia, a las monerías y a recolectar chucherías con las que amueblarse el alma.
Hay mendigos de la droga y mendigos de la calle, y enfermos más o menos terminales que explotan y exhiben cánceres linfáticos, eccemas diversos y úlceras sanguinolentas, y lo cuentan, para que nadie quede sin darse por enterado, en cartones improbables: "Me estoy muriendo", dice el más escueto."

(Miguel Sánchez Ostiz, Peatón de Madrid)

Monday, May 12, 2008

Cousas

Cuando uno se pasa dos días sin dormir y bebiéndose hasta el agua de los floreros camina por las calles con un aturdimiento que le hace hablar alto, escuchar en dolby stéreo y ver las cosas como a través de una neblina oceánica. Por momentos las palabras desaparecen: el pensamiento va más rápido que los movimientos de la lengua y uno no tiene fuerzas para seguir ese ritmo. Consecuencia: te paras. Empiezas las frases pero no las terminas. El interlocutor debe adivinar cómo continúa. Lo normal es que a cada rato la mente se te quede en blanco, se te vaya el santo al cielo y sonrías con cara de loco. Es fácil acabar descojonándose, sin más. Nadie te entiende. Has matado demasiadas neuronas. Y las pocas que te quedan están entumecidas...

***

Pasado el Cebreiro, apenas abandonada la frontera galaica, nos paramos a tomar algo en una aldea. Al comienzo de la única calle en que consiste el pueblo, descansa un anciano tipiquísimo. Seguramente esté allí todo el día, posando para las fotos, a sueldo del Xacobeo.
Nos cruzamos con varios peregrinos. Todos guiris. Parecen menos cansados que nosotros. Entramos en el único bar que hay -el Hostal del Peregrino- y pedimos unos bocadillos. Nos atiende una chica muy amable, simpática y guapísima, clavada a Alyssa Milano pero menos voluptuosa (quizás demasiado esquelética). Mientras nos alejamos en el coche pienso en todos los peregrinos que saldrán de allí enamorados. Irán rememorando su imagen a cada paso antes de llegar a Compostela. Una nueva fe alimentará sus espíritus.

***

Momento buñuelesco-mabalotiano del sábado noche:
Entramos en un restaurante vasco-gallego. Me dice nuestro cicerone: "Joder, cómo ha mejorado este sitio, cuando vine hace unos años era más de andar por casa...". Nos adentramos en un comedor lujosamente decorado y nos sentamos en una mesa con manteles de hilo y cubertería brillante. Un rato después, cuando ya estamos todos con los menús en las manos y a punto de pedir, regresa el cicerone y nos dice: "Oye, lo siento, que me he equivocado, que no es este restaurante. Que es otro sitio que está aquí al lado...". Pedimos mil disculpas a la mâitre: qué vergüenza pordiós, lo lamentamos mucho; ella se hace cargo: no os preocupéis, no pasa nada. Nos levantamos y nos vamos. "Ya me parecía que había mejorado demasiado..."
Como podéis ver por la foto, salimos ganando con el cambio:



El final de la escapada

Fue bonito mientras duró.

Thursday, May 08, 2008

Santiago me espera

La verdad es que no creo mucho en el poder de las raíces ni del terruño, pero reconozco que hay algo que me tira hacia las Galicias. Supongo que ese "algo" es simple querencia sentimental y nostálgica (sobre todo por los recuerdos de infancia), nada que ver con cuestiones sanguíneas o genéticas.
El caso es que toda mi familia paterna es de allí. De la zona de Santiago y Padrón proviene buena parte del linaje que me precede.
Según dicen, mis antepasados lejanos fueron de esos normandos despistados que llegaron a tierras gallegas en época de los romanos... y allí se quedaron. No sé si creérmelo.
No tengo tiempo ahora (ni inspiración) para contar lo mucho que Santiago significa para mí. Como digo, multitud de recuerdos, pero también muchas historias (oídas, contadas, leídas...), mucha literatura.
Porque Santiago de Compostela es sobre todo una creación literaria, del género fantástico-mágico, al más puro estilo cunqueirista. (Por ejemplo, ¿quién se puede seguir creyendo a estas alturas que ahí está enterrado el apóstol?)
Pasearé por sus calles, me beberé sus vinos y disfrutaré de sus viandas... mientras el cuerpo aguante. Bajo sus soportales perseguiré el rumor de las leyendas. Y con un poco de suerte podré ver a mi amigo Mabalot. La cosa promete. Ya os contaré a la vuelta.
Por cierto, que hoy en Madrid hemos tenido un clima muy compostelano, para ir abriendo boca.
Unas fotos de este verano:





Monday, May 05, 2008

La primera nieve

"En Moscú todo tenía aspecto invernal. En casa encendían las estufas, y por las mañanas, cuando los niños se preparaban para ir a la escuela y desayunaban, en la calle era oscuro, y la niñera prendía por un rato la luz. Ya habían empezado las heladas. Cuando cae la primera nieve, el primer día en que se toma el trineo, es agradable ver la tierra blanca, los tejados blancos, se respira con ligereza y a placer, y con este tiempo vienen a la memoria los años jóvenes. Los viejos tilos y abedules, blancos por la escarcha, tienen un aire bondadoso y llegan más al corazón que los cipreses y las palmeras; junto a ellos ya no apetece pensar en las montañas y el mar".
(Anton Chéjov, "La dama del perrito")

Friday, May 02, 2008

Tuesday, April 29, 2008

Natura Morta

"Un hombre pequeño y jorobado, con el rostro de cera y una piel amarilla cadavérica, llena de manchas negras, se santiguó y se besó las manos flacas, con puntos negros, cuando varios obispos vestidos de rojo que se saludaban mutuamente con la cabeza y se secaban el sudor de la frente con pañuelos en los que había bordadas mitras amarillas se dirigieron, pasando por su lado, a la plaza de San Pedro. Tenía los párpados y cejas pintados con rímel, los ojos amarillos e inyectados en sangre, el escaso cabello teñido de negro y el bigote canoso. Jadeando, abrió varias veces sucesivas la boca y, sin aliento, se llevó a la garganta la mano adornada de anillos dorados. Los peregrinos que pasaban torcían asqueados el gesto y se susurraban mutuamente: Sida."
(Josef Winkler, Natura Morta)

Monday, April 28, 2008

Concerning the UFO Sighting Near Highland

(Vídeo casero: Jym Davis. Música: Sufjan Stevens).

Sunday, April 27, 2008

Las dos esfinges



Empieza para mí una época de mucho ajetreo: festejar la Liga del Madrid, cumplir 31, un viaje gastronómico a Compostela, la mudanza (con su gran dilema existencial: ¿cuántos libros -y cuáles- tendré que desechar en el traslado?), pasar el Rubicón -como decía Jabois- junto a la Esfinge, once días en Nueva York...
Por cierto, qué opináis: aunque me cambie de barrio, ¿no me tengo que cambiar de nombre, verdad? Es que ya le he cogido cariño a esto de ser aristócrata; además, Conde-Duque no es sólo la calle con su famoso Centro Cultural, sino también -entre otras cosas- una mítica canción de El Niño Gusano.
(La foto es del pasado mes de noviembre, en el Museo Egipcio de Berlín. ¿A que tienen un airecillo las esfinges?)

Wednesday, April 23, 2008

Tiempo muerto



El tiempo

que pierdes

durmiendo,

haciendo colas,

rebañando

el envase del yogur...


Monday, April 21, 2008

Fobias

¿Cuál te gusta más? Yo me quedo con la dromofobia.
Acrofobia: a los lugares altos. Aerofobia: a los aviones. Agorafobia: a los lugares abiertos. Aigmofobia: a los objetos puntiagudos. Algofobia: al dolor. Apitofobia: a las abejas. Bacilofobia: a los bacilos. Brontofobia: a los truenos. Cancerofobia: al cáncer. Cardiopatofobia: a las enfermedades cardiacas. Ceraunofobia: a los relámpagos. Cinofobia: a los perros. Claustrofobia: a los lugares cerrados. Criptofobia: a los espacios pequeños. Dismorfofobia: a la deformidad. Dromofobia: a cruzar las calles. Emetefobia: a vomitar. Entomofobia: a los insectos. Ereutofobia: a ruborizarse. Fobofobia: a sufrir angustia. Gefirofobia: a cruzar los puentes. Gelofobia: a los gatos. Hematofobia: a la sangre. Hidrofobia: al agua. Hipografofobia: a firmar. Lisofobia: a la rabia. Misofobia: al contagio. Muridofobia: a los ratones. Neofobia: a lo nuevo. Nictalofobia: a la noche. Ofidiofobia: a las serpientes. Pirofobia: al fuego. Potamofobia: a los ríos. Queimofobia: a las tempestades. Siderodromofobia: al ferrocarril. Sifilofobia: a la sífilis. Tafiofobia: a ser enterrado vivo. Talasofobia: al mar. Tanatofobia: a la muerte. Teniofobia: a los gusanos. Toxicofobia: a envenenarse. Traumatofobia: a los accidentes. Tuberculofobia: a la tuberculosis. Veberofobia: a las enfermedades venéreas.

Sunday, April 20, 2008

La luz, la hoja, la nieve

"La luz nunca es la misma en todos los lugares. En cada ciudad, en cada pueblo, tal vez en cada barrio, tal vez en cada casa, existe una luz propia. Me gusta pensar que la luz del día no es sólo la que viene del cielo, sino también la que emana de las personas, de la arquitectura, de la naturaleza... Hay ciudades alegres y ciudades tristes. Hay ciudades luminosas y ciudades oscuras. El sol sale para todos, es verdad, pero su luz es recibida siempre de muy diversas maneras. En algunos lugares la luz es iluminación y nos invita a mirar; en otros, sin embargo, la luz parece querer cegarnos, nos invita a cerrar los ojos".
"Se diría que en la belleza de una hoja mojada el mundo recupera su pulso verdadero. Los colores, como escribió Goethe, son solamente aventuras nuevas de la luz".
"Salimos a caminar en la nieve, sobre la hierba blanca. Los copos caen vacilantes, lentamente, hasta que se posan, con una delicadeza extrema, como si en el último momento hubieran tenido que pensárselo un poco... Se posan sin violencia, para no hacer daño, se diría, a nada ni a nadie. Se posan sin ruido. Y el silencio de la nieve es entonces tan hermoso como la nieve misma".

(Vicente Valero, Diario de un acercamiento, Pre-Textos, 2008)

Saturday, April 19, 2008

Microcosmos

Con música de Rahiodead ("All I need").

Friday, April 18, 2008

El viaje de las pléyades

Hace tiempo que soy fan de Aroa. Y eso que desconfío -y mucho- de las poetisas...
Aroa es una chica dulce, de apariencia callada (enseguida descubres que no lo es tanto), escucha siempre con una sonrisa -mejor dicho, una media sonrisa- plácida, por muy cansada o jodida que esté; en realidad yo creo que sonríe con el semblante, luminoso y suave. De una cosa estoy convencido: si se lo propusiera, Aroa podría quitarle el puesto a los peluches del Vips.
Además, Aroa escribe como los grandes, está tocada por las Musas, tiene algo especial. De su mano salen imágenes preciosas, fulgurantes, contundentes, que hacen sentir y dan que pensar, que son capaces de glosar lo que casi nunca vemos de las cosas, lo que realmente importa, lo más verdadero. Porque Aroa da vida a los objetos, los llena con lo que sentimos, con lo que ellos nos hacen sentir, con el significado que al darles nos devuelven como si fuesen espejos. Y todo viaja a lomos de la música, una melodía cada vez distinta pero siempre bella, muy bella.
Y es que Aroa cuando escribe es siempre una niña (una niña que se enfada, se entusiasma, maldice, colorea...). Por eso ve la verdad de las cosas, colmando de sentido -o sinsentido- nuestra brega cotidiana.
Acaba de llegarme esto por mail, que me ha gustado mucho:
"Paso hambre de dos a cuatro de la tarde, es la hora crítica. Luego comienza el ajetreo, los papeles se revuelven en las mesas. Comienza la tarde a caerse sin método que la detenga. Y el sol se refleja cada día en los edificios lejanos de la Castellana, donde la gente gana mucho más dinero que nosotros, los periféricos, los extrarrádicos. Les veo reunirse en sus despachos acristalados, deslumbrándonos, brillan entre sus monedas, matando el color de nuestras pantallas."
Su
blog se ha tomado un descanso. Espero que se acabe ya (el descanso, digo, no el blog), que ya van para doce días... y tenemos mono.

Thursday, April 17, 2008

Links & News

Un paseo por las noticias en Internet.
Todavía no nos habíamos repuesto de la pérdida de Chema, el mítico panadero de Barrio Sésamo (que -como dice David- se follaba a Espinete, y nosotros sin saberlo), cuando nos llega la noticia del fallecimiento en Cambridge a los 90 años de edad de Edward Lorenz, uno de los fundadores de la Teoría del Caos e inventor del famoso efecto mariposa, que tanto ha influido (no siempre para bien) en el cine y la literatura de nuestro tiempo.
Leo -entre otras muchas cosas- un artículo sobre la soledad de Ronaldinho, asisto al viaje de una maleta radiactiva robada y veo que los filósofos siguen en huelga, como siempre.
Termino mi paseo agotado. Ufff, es que me cansa tanto la actualidad, esa creación inútil del periodismo...
En El Cultural le dedican dos páginas a Chris Marker, misterioso cineasta francés considerado "el padre del ensayo fílmico". Os dejo con su corto de ciencia ficción La Jetée (1962), que por lo visto es su obra más conocida. Dura 26 minutos (aprox.):

Los pájaros sabios de la plaza de la Cebada

De mi ídolo Solana podría seleccionar cientos de textos para este "Madrid literario". He escogido éste, un poco al azar:

"Es una tarde de sol, y vemos en la espaciosa plaza los carros repletos de melones de Las Vistillas y cargados de legumbres; las viejas sentadas en las porterías; algunos vecinos desocupados, tomando el sol echados boca arriba, y vendedores de mojama. Una masa de gente se apiña delante de un cartelón de forma de estandarte con unas pinturas como una aleluya, que están chorreando sangre. El crimen de Gádor, el moruno, sacando, ayudado por sus cómplices, las mantecas al niño. Otros curiosos forman corro y escuchan los romances sangrientos que canta un ciego acompañándose de la guitarra, de un chico que rasca un rallador y de una mujer tuerta, con una venda en un ojo, como los caballos de los toros, con la boca desdentada, negra como una fosa; una mujer zamba y manca que toca las castañuelas con movimiento de muñeco al alzar los pies con alpargatas como si bailase, mientras que el viejo entona sus romances".

(José Gutiérrez-Solana, Madrid. Escenas y costumbres, Primera Serie, 1913)

Wednesday, April 16, 2008

Tuesday, April 15, 2008

Mar de Galilea

"La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho".
Sin camisa, sonriente y con la mirada perdida, Angelo Caratenutto se paseaba por la plaza del pueblo con un fardo en sus manos. Iba de arriba abajo y de abajo arriba, de la tienda de ultramarinos a la iglesia y de la iglesia al ayuntamiento. Giraba en una de las palmeras y volvía a tomar el camino de regreso. "Es la cabeza de mi madre", le decía a todos los vecinos con los que se cruzaba.
Tras media hora de paseos, subió las escaleras del ayuntamiento, destapó la cabeza de su madre, le dio un beso en la frente y gritó: "La he 'matao'... ahora estás callada, te quiero mucho". Su bar se llamaba Mar de Galilea.
Lo ha contado La Verdad de Murcia.

Monday, April 14, 2008

Cien paseos romanos

Es uno de los mejores regalos que se me podía hacer. Lene me dedicó ayer su precioso puzzle de fotos de 100 casas de Roma.
Lene (Sara Olmos) es una artista genial: sus fotos, sus diseños, sus dibujos, sus carteles, sus stop motions... son mucho mejores que lo que se expone en las galerías de arte contemporáneo. Igual que tengo clarísimo que Mabalot va a triunfar antes o después en las letras hispánicas, sé que Lene va a hacerlo en el mundo del arte. Y ojo: no lo digo sólo por lo que vayan a hacer en el futuro, que obviamente no lo sé (aunque imagino que cada vez será mejor), sino por lo que ya han hecho, por lo mucho que he disfrutado con sus cosas. Es una suerte habérmelos encontrado.
Contemplo el puzzle de "Números romanos" y me emociono. Si algún día consigo terminar mi libro sobre Roma me gustaría ponerlo en la cubierta. Muchas gracias, Sara.

Sunday, April 13, 2008

Los monstruos de Einstein

Recuerdo que mi "relación" con Martin Amis empezó muy mal. Cogí en la biblioteca dos de sus libros más conocidos -Dinero y Campos de Londres- y no pude con ellos (años después me los compraría en inglés, en Londres, y los disfrutaría bastante, aunque a trozos, casi a golpe de frases, y en voz alta). Escaldado por esta primera experiencia, no volví a coger ninguno de sus libros durante un tiempo. Hasta que llegó el día en que, por casualidad (como suele ocurrir con los buenos libros), me tropecé -en la misma biblioteca- con Los monstruos de Einstein.
Lo abrí por la primera página y empecé a leer. Aquello fue toda una revelación:

Nací el 25 de agosto de 1949: cuatro días más tarde los rusos probaron con éxito su primera bomba atómica y así apareció la disuasión. De modo que tuve esos cuatro días de tranquilidad, más de lo que nunca tuvieron los de menor edad. En realidad no los aproveché mucho. Me pasé la mitad del tiempo dentro de una burbuja. Apacibles como pintaban las cosas, nací en estado de conmoción aguda. Mi madre dice que parecía Orson Welles desencajado de furia. Al cuarto día me había repuesto, pero el mundo había dado un giro para peor. Era un mundo nuclear. Si tengo que decirles la verdad, no me sentía nada bien. Tenía un sueño y una fiebre terribles. No dejaba de vomitar. Me entregaba a incontenibles accesos de llanto... Cuando tenía doce o trece años la televisión empezó a mostrar mapas de objetivos del sudeste de Inglaterra: Londres era el centro del blanco; los condados cercanos eran las franjas periféricas. Yo solía irme de la sala lo más rápido posible. Ignoraba por qué había armas nucleares en mi vida o quién las había metido ahí. No sabía qué hacer con ellas. Quería quitármelas de la cabeza. Me enfermaban.

Después leí Experiencia, La información, Tren nocturno... Naturalmente, unas cosas me han gustado más que otras, pero Martin Amis ya se ha quedado como "uno de los míos", unido inseparablemente a ciertos recuerdos. Momentos y lugares de mi vida. Me veo esperando el autobús, junto a la Biblioteca Central, en Iglesia, enfrascado en un libro verde oscuro, con la lluvia cayendo. Y mi madre llamando a comer, y el frío de los pies descalzos, y una aguja de hojaldre desmigándose sobre las páginas... Me veo tumbado en la cama deshecha de Inverness Terrace, recitando las frases como un mantra (I know the murderer, I know the murderee. I know the time, I know the place. I know the motive (her motive) and I know the means. I know who will be the foil, the fool, the poor foal...), mirando a veces de reojo por la ventana -un edificio triste enfrente y el cielo rojo grisáceo-, y una cajita de sushi con arroz encima de las sábanas. Y el amarillo seco del césped, y el suelo pavimentado lleno de manchas, y la cajera china de Waterstones...
Lo demás es ficción, o teoría. Y nada vale.
Nueva idea para editores ciegos: ahora que algunos creen haber inventado la pólvora por hacer literatura con los datos científicos (y prometo no volver a hablar del Proyecto Nocilla, al menos durante un tiempo), convendría que se volviese a editar esta obra maestra: Los monstruos de Einstein, de Martin Amis. Y, ya puestos, también una de título casi idéntico: Los sueños de Einstein, de Alan Lightman. En un pack, con una faja dorada que rece: "Ya lo decía Goya. El sueño de la razón produce monstruos".

Friday, April 11, 2008

Wednesday, April 09, 2008

Los cartógrafos rusos

Un guiño del Proyecto Morcilla al Proyecto Nocilla

Konstantin Paustovski, considerado por muchos el más importante cronista de la revolución rusa y del período de construcción del comunismo, escribió en 1932 La bahía de Kara Bogaz, una novela sobre el intento de "eliminación de los desiertos" proyectado por un grupo de hombres mediante la construcción de unas plantas industriales de obtención y trata­miento de sal en la costa este del mar Caspio. Merced a la extracción de agua y petróleo y a la explotación del carbón, pretendían formar en torno al complejo industrial una serie de oasis desde los que poder emprender una sistemática campaña contra la arena.
En el mapa que aparecía al inicio del libro se observaba perfectamente la forma de la bahía de Kara Bogaz, sólo rodeada de desiertos deshabitados y de mesetas sin nombre. Los puntos de referencia más próximos eran el delta del Volga y el mar de Aral, ambos a unos quinientos kilómetros de distancia.
A mediados del 2000, Frank Westerman no se cansaba de contemplar aquel mapa, pero le resultaba extraño no haberse fijado nunca antes en aquella inmensa bahía de 800 km de perímetro. Él, que era corresponsal en Moscú y especialista en historia rusa, tendría que haberla visto en alguno de los múltiples mapas que había analizado en sus horas de estudio. Un día, en uno de los túneles del metro de Moscú, le compró a un geólogo en paro cuatro mapas enrollables. Al extenderlos y unirlos, los mapas ocupaban un espacio de dos metros veinte de ancho y abarcaban los once husos horarios del antiguo im­perio soviético, desde Kaliningrado en el oeste hasta el estre­cho de Bering junto a Alaska.



El mapa mural databa de 1991, el año de la extinción de la Unión Soviética. Ciudades como Leningrado, Gorki y Andro­povsk habían recuperado en esa edición sus nombres prerrevo­lucionarios. Con una salvedad: la montaña soviética más alta (7.495 metros) conservaba el nombre de «Pico del Comunismo».
Pero la bahía de Kara Bogaz no aparecía por ningún lado...
¿Cómo era po­sible? ¿Acaso era la bahía de Kara Bogaz una creación imagi­naria de Paustovski? De no ser así: ¿qué había sucedido después de 1932 con esa laguna del tamaño de Flandes? ¿Había desaparecido del ma­pa? ¿O de la faz de la tierra?
La ausencia de un mar interior de mediano tamaño en el mapa soviético podía deberse naturalmente a una manipula­ción cartográfica. Ciudades como Krasnoyarsk-26 y Tomsk-7, centros de producción de plutonio a escala industrial, tampo­co figuraban por ningún lado. Y, habida cuenta de que los car­tógrafos soviéticos llegaron al extremo de desplazar toda una cadena de montañas de Crimea (con el fin de disimular el em­plazamiento de una base de submarinos), no era descabellado pensar que hubieran retocado el mapa para borrar una bahía. Quizá el "cinturón industrial" descrito por Paustovski conte­nía un terreno para experimentar con ántrax o gas mostaza y la bahía de Kara Bogaz había sido borrada del mapa por temor al espionaje.

Sunday, April 06, 2008

Las viejas y yo

Mucho me temo que me estoy convirtiendo en un sujetador de viejas.
A ver, me explico. No es que me esté transformando en el soporte íntimo de los pechos blandos y caídos de la tercera edad. No, pordiós, qué asco. Lo que pasa es que cuando voy en el autobús siempre tengo que agarrar a alguna anciana antes de que se me caiga de bruces al suelo, o sujetarla in extremis cuando sale volando por culpa de los frenazos del conductor, o ayudarla a bajar a la calle sin que sucumba en el precipicio. De hecho, soy todo un experto. Un profesional. Cuando subo al autobús ya ni siquiera me siento. Me quedo de pie en el centro, a la altura de la puerta, y desde allí vigilo todos los peligros que acechan a las viejas, como un Mitch Buchanan pero más urbano y en menos hortera (esto último no es nada difícil). Digo yo que el ayuntamiento me podría poner gratis el Abono Transportes.
He aprendido a anticipar con gran prestancia y seguridad las caídas y mareos y golpes de las señoras mayores. En cuanto percibo un leve tambaleo de piernas o un giro brusco del cuerpo me saltan las alarmas, alargo el brazo y rescato del abismo los esqueletos ya descalcificados y las crismas frágiles de las ancianas. Soy bastante eficaz, la verdad. Modestamente creo que he salvado a unas cuantas de acabar en el hospital con la consabida rotura de cadera.
Creo que empecé a tomarme en serio mi misión de salvador de viejas el año pasado, allá por el mes de febrero, cuando se me escoñó una en el 21, en la parada de Sagasta con Francisco de Rojas. No fue un golpecito sin importancia. Se metió una hostia tremenda. En mi descargo debo decir que la señora estaba saliendo por la puerta del autobús y no me dio tiempo a reaccionar. Al bajar el escalón… desapareció, literalmente. Fue increíble. Sonó un golpe seco en el suelo. Qué susto nos pegamos los pasajeros. Desapareció de la vista. Tal cual. ¡Se había caído a plomo sobre la acera! Salí escopetado de la silla, bajé y estaba allí la pobre señora, tumbada bocabajo en el suelo, casi pegada al bordillo, como cuando en los dibujos animados atropellaban a alguien y se quedaba hecho una lámina. Me agaché a recogerla… pero no podía con ella. Era una anciana pequeñísima, bajita y muy delgada, casi esquelética, pero ¡cómo pesaba la jodía! Hasta que bajó otro de los pasajeros y me ayudó a cogerla no pudimos ponerla en pie. El conductor del autobús también salió -blanco del susto- a ver cómo se encontraba. Lo curioso es que la señora decía que estaba perfectamente, que no le dolía nada y que no hacía falta que nadie la acompañase a casa, que se bastaba ella sola. Hasta pedía disculpas por habernos pegado el susto. Decía: “Nada, nada, no ha sido nada, muchas gracias, no se preocupen, y disculpen…”. Tendría ochenta y muchos o noventa y pocos, creo yo. Cuando llegué a casa todavía me temblaban las piernas del susto.
Todo esto me recuerda que hace bastante tiempo que no veo a una anciana que vive dos portales más arriba. Me la solía encontrar cuando iba al bar de la esquina a tomarse su café con leche y su croissant (en verano se sentaba en las mesas de fuera, al solecito). Daba pasitos cortísimos, como de tortuga. Debía de tardar como media hora en un trayecto de doscientos metros. No parecía estar enferma, pero sí parecía un poco tocada de la cabeza. Iba siempre como algo desorientada o perdida. No creo que tuviera Alzheimer, porque llegaba bien al bar, pero a lo mejor un poco sí tenía. A mí me daba mucha pena por eso y porque iba siempre sola y con la misma ropa (ya sabéis que no soy muy sentimental, pero lo del Alzheimer es que me supera: se me pone un nudo en la garganta y me entran ganas de llorar). Estoy seguro de que los camareros del bar le hacían caso y la atendían muy bien, pero siempre estaba sola (yo me imaginaba que estaba viuda y no tenía hijos).
Un día me la encontré en el semáforo y me cogió del brazo primero para cruzar y después ya hasta llegar a la cafetería. Joder, con qué fuerza agarraba la señora… Qué vitalidad, coño. Os juro que me duraron dos días las marcas en el brazo.
Pues calculo que no la habré visto desde hace cuatro o cinco meses. Es posible que se haya muerto. Espero que no, que esté bien, en alguna residencia o en otro sitio, con su café y su croissant. Ojalá.
PD: Otro día os hablaré de la anciana que se dedica a recoger periódicos en un carrito, que este post ya me ha salido demasiado largo.

Friday, April 04, 2008

La zona de pulmón y la zona de los enfermos mentales

Desde que la leí por primera vez, se me quedó grabada esta imagen:
"Era verdad que una zona estaba separada de la otra por una alta verja, pero esa verja estaba parcialmente tan oxidada que ya no resultaba infranqueable; por todas partes había grandes agujeros en aquella verja, por los que se podía pasar fácilmente de una zona a otra, al menos arrastrándose, y recuerdo que todos los días había enfermos mentales en la zona de los enfermos de pulmón y, a la inversa, siempre enfermos de pulmón en la zona de los enfermos mentales, pero entonces, cuando intenté por primera vez ir del pabellón Hermann al pabellón Ludwig, no sabía aún nada de ese tráfico continuo entre una zona y otra. Los enfermos mentales en la llamada zona de pulmón fueron para mí más tarde un diario espectáculo familiar, al atardecer tenían que ser capturados por los guardianes y metidos en camisas de fuerza, y tenían que ser sacados de la zona de pulmón y devueltos a la de los enfermos mentales con porras de goma, como vi con mis propios ojos, y eso no ocurría sin gritos lastimeros que me perseguían hasta en mis sueños nocturnos".
(Thomas Bernhard, El sobrino de Wittgenstein)

Vista de Roma desde el Gianicolo

Es la hora del atardecer. Il tramonto. La ciudad está en calma, a pesar del ruido de los coches que vuelven a casa después del trabajo. Los restos de un Imperio se extienden a nuestros pies. La sombra de Garibaldi lo preside todo. Su fantasma a caballo está dormido sobre un pedestal.

Thursday, April 03, 2008

La envidia del maestro

"Llegué finalmente a París, ciudad en que ya hacía tiempo que esta disciplina [la Filosofía] se cultivaba floreciente­mente. Allí me establecí al lado de Guillermo, el Capellense, mi preceptor, que por aquel entonces era fa­moso y realmente eminente en este magisterio.
Por algún tiempo permanecí escuchándole. Al prin­cipio me tenía simpatía, pero después se puso molestísimo conmigo. Esto aconteció cuando me atreví a refutarle alguna de sus sentencias y opiniones, cuando comencé a razonar contra lo que él sostenía y a ma­nifestarme en el curso de las polémicas, algunas ve­ces, superior a él.
Esto mismo hizo también que algunos que gozaban de fama de sobresalientes entre más condiscípulos se indignasen contra mí que era más joven y con menos tiempo de estudios que ellos.De aquí en verdad data el principio de mis cala­midades que continúan hasta el día de hoy; pues, cuanto más se extendía mi fama, más me socavaba la envidia ajena".
(Pedro Abelardo, Historia de mis desventuras)

Wednesday, April 02, 2008

Monday, March 31, 2008

Un prólogo vagamente asténico

Aprovechando que acaba de salir La manía, el 15º volumen de los diarios de Andrés Trapiello, os pongo -dentro de mi sección "Madrid literario"- este genial prólogo que escribió A.T. para Una caña que piensa, el tomo correspondiente a 1993:
´
"No sé bien para qué o para quiénes están escritas las páginas de este Salón de pasos perdidos.
Algunos amigos me preguntan: ¿hasta cuándo vas a seguir publicando ese diario? Se dan cuenta de que podría volverme loco. No sé, les digo, pero mientras siga apareciendo, me gusta que lo haga como hasta hoy, en esta editorial, para estos lectores, en una razonable penumbra.
Madrid es un pueblo defectuoso, pequeño, con las aceras estrechas y perpetuamente levantadas. Ni siquiera tiene un río digno de ese nombre. Hubo un alcalde que quiso darle esa apariencia, lo canalizó, lo represó y lo sembró con unas docenas de patos y ánades que amanecieron a la semana descalabrados y muertos a cantazos. Cada día desaparecen media docena de casas viejas y levantan en su lugar otras horribles, pero algunos pocos seguramente no lo cambiaríamos ya por ninguna otra ciudad, por hermosa que fuese. Ni siquiera París. Esto es quizá, en el fondo, lo que peor lleva uno: ser tan poco cosmopolita.

Por esa razón le tienta a uno viajar un poco más, conocer otras gentes y orearse algo. Quizás de ese modo estos diarios tuviesen garantizada una vida longeva. Pero he de limitarme, una y otra vez, a hablar de mi vieja calle, de Las Viñas, de un rosal, de un mendigo, de los libros viejos, de un frenético, de las oropéndolas que tanto le impacientan y disgustan a ese crítico del ABC (pobre, me estará leyendo, espiando, en su intemperie), de mis hijos, de mi mujer...
Es cierto que podía ensayar también los giros cósmicos, hablar del mundo y sus terribles problemas, del hambre, de las guerras, de los opresores y de los oprimidos, de la Solidaridad, de Dios o de la Historia, el juego que darían Chiapas y Sarajevo, el juego que están dando ya en la literatura catalana los genocidios y los genocidas, en fin, de todos esos grandes y estocolmeños asuntos que nos comprometen bastante poco y que no suelen cambiar nuestros hábitos de vida, pero es difícil imprimir a la voz un timbre adecuado para abordarlos, si no se es, como decía Stendhal, un pequeño farsante.
Aseguraba Renard que a él su Diario le vaciaba. Si yo notara que a mí éste me vaciaba, lo dejaría. Al contrario, uno procura llenar el diario de casi todo. No sé por qué, los diarios me han parecido siempre uno de aquellos viejos ultramarinos en los que se vendía de todo, de aquí y de las colonias, y en cuya trastienda solía reunirse, al final de la tarde, una selecta cofradía. También yo, al atardecer, "la hora de la pintura" y de las confidencias, vengo al diario, colmado mío solo, y tertulio conmigo sin resignarme a que el día se lo lleve la noche como una pavesa. Asimismo creo que se van publicando estas estancias para que tú y yo, mutuas ficciones, nos hagamos compañía un rato, a la espera de ese invierno que deseo no nos sea demasiado cruel ni largo. Luego vendrán esta y otras muchas primaveras, y muchos otros inviernos, cantarán de nuevo los jilgueros y petirrojos, las acacias del Rastro se llenarán de flores y la plaza de París se cubrirá de las hojas secas de los castaños. Estamos aquí para celebrar que la vida pasa igual para todos. Estos diarios son los ojos míos y los tuyos, y deben mirarlo todo, incluso les sorprenderemos guiñándose aquí y allá, cuando tengan esa fantasía o cuando la realidad se contonee inesperada y llamativamente.
´

Ésta no es una buena época, oye uno por todas partes, y Madrid es una ciudad inhabitable. En realidad la época no es ni peor ni mejor que otras ni Madrid mejor ni peor que otros pueblos. Vamos montados en el péndulo de un reloj que va y viene con una ciega determinación. Podríamos, desde luego, arrojarnos al vacío aprovechando el impulso de una de sus sacudidas, y ensayar la pirueta artística, pero en el fondo es mucho más elegante seguir como hasta ahora y alegrarnos de corazón por aquellos que vengan después, mucho más afortunados que nosotros en todo, aunque se creerán unos desdichados porque imaginarán que la época verdaderamente buena fue la nuestra.
Mientras tanto, tratemos de vivir conforme a aquella máxima, "nadie es más que nadie". Es el único modo que tienen las almas de acercarse unas a otras y enaltecerse un poco, cuando comprenden que la verdad es de todos.
Madrid, invierno de 1998."
`

No me diréis que no es un texto maravilloso... De lo mejor que se ha escrito en las últimas décadas. (Aquí es donde el lector del blog se sonríe y piensa: "Hala, ya está otra vez el exagerado del Conde, que cuando algo le gusta es que se pierde..."). Igual que se hizo una pequeña antología de textos sobre Extremadura extraídos de estos diarios (Capricho extremeño se titulaba), yo creo que se debería hacer otra con textos sobre Madrid.

Sunday, March 30, 2008

La pintura de paisajes

"Una historia, cualquiera, se desvanece, pero la vida que ha sido rozada por esa historia queda por toda la eter­nidad. El recuerdo se borra, pero queda otra cosa en su lugar. La tierra toma formas eternas, mientras que el agua se adapta a la fugacidad de todas las cosas, transcu­rriendo sobre ellas. No se pierde en los repliegues de la multiplicidad sino que toma de ellos una cualidad de in­finito que la vuelve perfecta e inmodificable. En cuanto al aire, es un destino de las cosas y las vidas; cuando sólo el recuerdo se aferra a los giros de una hoja desprendi­da, el vacío que ha cavado en el aire intermedio entre los cielos delicadamente superpuestos y la tierra opaca res­plandece de pronto, en una eternidad que imita la del si­lencio y oyen los que tienen el oído muy aguzado. Pero las vidas pasan, y con ellas todo lo demás: civilizaciones, imperios, y hasta la visión y la belleza de los paisajes en su ciclo acuarelado de estaciones.
Nuestro arte siempre ha sido pródigo en la pintura de paisajes. Prácticamente ningún rincón de las casi infinitas provincias carece de un recordatorio historiado en la seda o el bambú. Lo cual produce, si se reflexiona un mo­mento, un efecto curioso sobre la imaginación. Cuando todo lo que podemos ver en un extenso viaje imaginario (que podría llevarnos la vida entera, ¡tan corta es nuestra vida!), todos los lugares y miradas, han sido traducidos al modo de un arte tranquilo y mudo, que se ejerce con cierta independencia del tiempo y sus muchos avatares, entonces la traducción misma, el trabajo del que han sur­gido, se vuelve precisamente imaginaria, fantástica, como el dragón...".
(César Aira, Una novela china)

Thursday, March 27, 2008

La palabra que sostiene

Último post filosófico durante un tiempo (volveré a mis novelas, pelis, fotos y paseos, que son menos aburridos, ¿no?). Después de haber buceado un poco en la cuestión de la condición humana (al menos, lo que resulta imposible negar es que somos una especie que parece llamada a reflexionar sobre su propia naturaleza), veamos una de las posibles hipótesis de trabajo. Hay otras muchas, pero ésta me parece particularmente interesante:
"Para estimar que la dignidad de la condición humana está garantizada y en consecuencia -entre otras cosas- que la ética tiene un sentido, no es necesario -contrariamente a lo que afirma cierto héroe de Dostoyevski- recurrir a la hipótesis de Dios. Es suficiente tener una base sólida para sostener que se da en la vida humana y como rasgo fundamental de la misma aquello que designamos por el término palabra. [...]
La palabra, en suma, redime de la finitud inherente a la condición natural, no por ser trascendente a la naturaleza, sino por ser un fruto perturbador e intrínsecamente subversivo de la misma. [...]
Determinaciones (triviales para cualquier estudiante de lingüística) como la vinculación meramente opositiva y la arbitrariedad hacen de la palabra algo potencialmente infinito y con ello del ser de palabra un posible demiurgo de un universo ilimitado."
"No hay proyecto de mayor dignidad que el consistente en asentar sobre base racional el singularísimo hecho del lenguaje, es decir: un conjunto limitado de elementos fonéticos que abre la vía a un conjunto potencialmente infinito de elementos de significación; una suerte de filtro que mediatiza toda presencia exterior o interior y que, en razón de ello, parece realmente tener la dignidad de ese verbo que, según el mito, un día tomó forma de hombre.
No cabe racionalmente discutir si el verbo se hizo carne, pero siendo, como es, indiscutible que la carne se hizo verbo, cabe perfectamente preguntarse cómo tal cosa ocurrió. Cabe preguntarse por la razón de que en el registro genético se operara esa revolución por la cual a los instintos que reflejan simplemente la tendencia de la vida a perseverar diversificándose, se sumó ese "instinto de lenguaje" al que se refiere Steve Pinker, es decir: tendencia no meramente a perseverar sino a perseverar loquens; tendencia no tanto a conservar la vida como a conservar una vida impregnada por la palabra.
El carácter subversivo de este nuevo instinto se refleja en el hecho de que puede llegar a no ser compatible con los instintos directamente vitales, tal como sucede cuando, bajo amenaza de tortura o muerte, un hombre no traiciona convicciones forjadas a través de una palabra compartida."
(Víctor Gómez Pin, El hombre, un animal singular)

Sunday, March 23, 2008