Saturday, March 22, 2008

Si esto es un hombre

Al hilo de la entrada anterior (que trataba sobre una tontería) me ha surgido una pregunta terrorífica sobre la que me gustaría reflexionar: en los campos de exterminio nazis o del Gulag soviético, ¿quiénes son realmente más humanos: las víctimas o los verdugos?

Da miedo hasta el mero hecho de planteárselo, pero yo creo que si analizáramos esta cuestión en todos sus posibles significados, interpretaciones o derivas, algo aprenderíamos. Por un lado está la deshumanización sistemática a que es sometida la víctima y, por el otro, la violencia extrema -¿"humana, demasiado humana"?- de los verdugos.


Supongo que el quid de la cuestión estaría en determinar qué es ser humano, qué concepción tenemos del hombre. ¡Nada más y nada menos! Entre la misantropía y el humanismo me debato.

PD: Las fotos las hice el otro día en el Paseo del Prado. Son esculturas de Igor Mitoraj.

Wednesday, March 19, 2008

De la vergüenza ajena (o el humanismo doloroso)

¿Qué es la vergüenza ajena? ¿En qué consiste exactamente? ¿Qué tipo de acciones o actitudes nos provoca, en general, ese sentimiento maldito? ¿Cuántas clases de v. a. hay? ¿Qué posibles medidas o remedios se pueden tomar para evitarlo? Etc.
Mientras esperamos a que alguien le eche huevos y escriba un Tratado sobre la vergüenza ajena para dar respuesta a esas cuestiones tan urgentes y necesarias, aquí van algunas ideas sueltas.
Pese a lo que algunos puedan pensar, la vergüenza ajena no es un síntoma de elitismo ni de soberbia, sino un efecto de "humanidad": una demostración de intensa y absoluta compenetración con el género humano. Yo casi lo igualaría con el respeto a los derechos humanos, en este caso a la propia dignidad: no la dignidad de uno como individuo sino en tanto que miembro de la especie. Tiene también una dimensión ética, en la medida en que busca la ejemplaridad de todo acto humano.
La v. a. equivale a sentir el ridículo ajeno como algo propio, como algo que nos pertenece, que nos incumbe. Es una situación dolorosa, totalmente incompatible con la risa. No te puedes reír. Sólo cabe sufrir. Eres como la víctima colateral de un suicida irresponsable. Y tu sentido de la dignidad humana es el billete a la condena.
Por lo general la vergüenza ajena es una señora muy puñetera. Hay veces en que, de repente, nos asalta a traición el recuerdo de una vergüenza ajena muy lejana, que ya casi habíamos olvidado, y la cabrona sigue escociendo igual...
Todo esto viene a cuento de que me han venido a la cabeza aquellas imágenes de Cañizares, el portero del Valencia, cuando perdieron la final de la Copa de Europa frente al Bayern de Múnich (año 2001). Cañizares, ya bastante mayorcito y con su pelo teñido de Piolín, lloraba como un niño histérico y mimado en plena pataleta y, alzando sus brazos al cielo, increpaba al mismísimo Dios llamándole hijo de puta. Daba puñetazos al suelo, tiraba la toalla y la volvía a recoger, se acurrucaba en el césped como un poseído y hacía extraños gestos, reclamándose víctima de una conspiración interplanetaria. Cuando repartían las medallas de los perdedores, se negaba a recoger la suya, enrabietado. "¡¡¡¡Hijo de puta!!!!", gritaba -llorando- dirigiéndose al Altísimo.
Todavía me corroe la vergüenza cuando me acuerdo... Qué dolor inefable. Ese no saber perder.

Tuesday, March 18, 2008

Monday, March 17, 2008

El árbol de los zuecos

Si ayer rumiaba el horror y la muerte, hoy rumio la vida y la belleza.
Fuimos por la tarde a la Filmoteca a ver El árbol de los zuecos (1978) de Ermanno Olmi, una preciosa película sobre la vida de unos campesinos en la región de la Lombardía a finales del siglo XIX. La vida que llevan es muy dura (a ratos también alegre), pero está contada con tal serenidad, compasión y sentido de la armonía que resulta siempre hermosa. Es pura poesía.
Dura tres horas y sólo cuenta la rutina diaria de estas familias italianas. No os la recomendaría porque a lo mejor os parece un coñazo tremendo, como a ese señor de las primeras filas que se pasó toda la película durmiendo (sus ronquidos resonaban por todo el cine Doré, e incluso alguien llamó al acomodador para que le despertase; a mí me entraba la risa viendo la escena, surrealista). Sin embargo, la película no me pareció ni lenta ni aburrida. Los planos no son artificialmente eternos y estáticos, sino más bien cortos (o eso me pareció a mí), y se suceden con ritmo adecuado. No hay casi trama argumental, pero pasan muchas más cosas de lo que puede parecer a primera vista. Ocurre la propia vida, que no es poco. Yo, que normalmente cuando llevo hora y media de película ya me empiezo a cansar y a ponerme inquieto, tengo que decir que aguanté perfectamente los 180 minutos de sesión, que se dice pronto.

En El árbol de los zuecos todo es sencillo, claro, natural, directo. La forma de contar las cosas está en los antípodas del manierismo, del intelectualismo y de la exageración melodramática, todo eso que tanto me molesta en directores -éstos sí lentos y coñazo- como Bergman o Antonioni. Este Olmi es más del estilo del neorrealismo italiano. Está más en la línea de un Rossellini, que para mí es de los más grandes.
Algunas imágenes me recordaron mucho al cine de Víctor Erice, que había dirigido El espíritu de la colmena cinco años antes. Los actores son la propia gente del pueblo y lo hacen fenomenal. La naturaleza está cargada de vida, de fuerza, de belleza... Como digo, pura poesía. Y la música de Bach también aporta su granito de arena.
La escena en que cae la nieve es de las más bonitas que he visto.

Sunday, March 16, 2008

Rumiando el horror

Sigo dándole vueltas a los reportajes sobre el nazismo que pusieron anoche en La 2. Es difícil quitarse esas imágenes de la cabeza: miles de cadáveres apelotonados en los campos de exterminio, los "experimentos" médicos del doctor Mengele, los fusilamientos y ahorcamientos posteriores de los culpables, etc, etc, etc.
Un horror tras otro, superando todos los límites de salvajismo imaginables.

Friday, March 14, 2008

Diccionario del Diablo (A-D)

Aburrido. Dícese del que habla cuando uno quiere que escuche.
Admiración. Reconocimiento cortés de la semejanza entre otro y uno mismo.
Año. Período de trescientos sesenta y cinco desengaños.
Autoestima. Evaluación errónea.
Belladona. En italiano, hermosa mujer; en inglés, veneno mortal. Notable ejemplo de la identidad esencial de ambos idiomas.
Cañón. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.
Cínico. Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.
Cobarde. Dícese del que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.
Confidente. Aquel a quien A confía los secretos de B, que le fueron confiados por C.
Congratulaciones. Cortesía de la envidia.
Convencido. Equivocado a voz en cuello.
Conversación. Feria donde se exhibe la mercancía mental menuda, y donde cada exhibidor está demasiado preocupado en arreglar sus artículos como para observar los del vecino.
Dentista. Prestidigitador que nos pone una clase de metal en la boca y nos saca otra clase de metal del bolsillo.
Disimular. Poner camisa limpia al carácter.
Discusión. Método de confirmar a los demás en sus errores.
(Ambrose Bierce, 1842-1914?)

Wednesday, March 12, 2008

Desmontando a Harry

Es mi película preferida de Woody Allen. El personaje de Harry Block es, en mi opinión, el perfecto resumen y quintaesencia de todos los personajes de Allen, que en el fondo son siempre el mismo personaje: el propio Allen autopsicoanalizado. Y la estructura narrativa en este caso es modélica.
Me acuerdo perfectamente de cuando la vi por primera vez. Primera sesión de un día entre semana, cines Conde Duque de Alberto Aguilera.
Lo recuerdo porque es la única vez que he estado solo en el cine. Y cuando digo solo no me refiero a ir sin nadie, sino a que no había nadie más en la sala. Yo solo. Lo juro. No sé ni por qué me la pusieron (pensaba que tenía que haber un quórum mínimo de tres personas o algo así). Allí estaba yo sentadito... y la sala vacía. No entraba nadie. Empezó la peli, el acomodador cerró la puerta... y nadie más entró.
Al principio me sentía raro, porque me daba nosequé reírme... allí... yo solo, sin nadie que me secundase, sin ninguna risa humana alrededor, sólo silencio. No sé, me daba cosa, como si me pareciera de pirado eso de reírse solo. Pero después me olvidé y ya me descojonaba tan tranquilamente. Qué le iba a hacer. Yo y Woody frente a frente.
Esta escena es la que más me gusta. Es realmente antológica. En cualquier selección de la historia de la comedia tendría que figurar entre las primeras, creo yo. Cada vez que la veo es que me parto... Kristie Allie está que se sale (para darle 20 Oscars sólo por estos cinco minutos de obra maestra), y ese Woody Allen con sus excusas, pasotismos y ocurrencias... que sacarían de quicio a cualquiera. Dan ganas de cogerle del cuello y asfixiarle, la verdad. Verdaderamente genial.

Lo siento. No la he encontrado en español.



Tuesday, March 11, 2008

Trouble every day

Dos canciones:

Saturday, March 08, 2008

14 de abril de 1931

Alfonso XIII ha abandonado España y se ha proclamado la Segunda República. De madrugada, Josep Pla se pasea por el centro de Madrid:

"Tras haber cenado, hallándome en la Puerta del Sol y en la calle Mayor, me parece indispensable acercarme a lo que hasta ahora ha sido el Palacio de Oriente o Palacio Real.
Grupos de aspecto suburbial, con alguna mujer, ligeramente bebidos, con banderas, latas de petróleo, trozos de estatuas mutiladas o derribadas, van y vienen por las calles, gritando y cantando, pero con aire de estar ya un poco cansados. Llego a la plaza. La enorme mole del edificio, cerrado a cal y canto y en la más absoluta oscuridad, produce una gran impresión. Su aspecto es tétrico, fantasmal, dramático.

La plaza es una caldera humana. En los jardines delanteros se ve algún cuerpo tumbado en el suelo, durmiendo (algunos, roncando). Las oleadas humanas se suceden sin parar, van y vienen enarbolando gritos y canciones, vivas y mueras, gesticulantes, con las facciones descompuestas y sudadas. El Palacio parece muerto. [...] Una mujer, sentada en un banco, con una criatura dormida en brazos, observa con mirada perdida el gran edificio...
Madrid vive una madrugada frenética. Vuelvo a pie, paso a paso, por la calle del Arenal. Paso frente al hotel donde vi, tras los cristales del comedor, a Menéndez Pelayo ante una taza de café y una copita de coñac. La oleada de gente dirigiéndose a la plaza de Oriente no cesa nunca.
En la Puerta del Sol oigo a una señorita de mal vivir decirle a una amiga, con aire resignado:
--Con esto de la República, todavía no me he estrenado..."

(Josep Pla, Notas para Sílvia)

Tuesday, March 04, 2008

Lisboa Dreaming

Lisboa es un sueño difuso, irreal. Tanta claridad deslumbra al visitante. Guiñas el ojo. Las gaviotas se emborronan. Las cosas se acercan y se alejan. El paisaje palpita.

Hitchcock + Cheever = un relato real.

Saturday, March 01, 2008

Revista de Prensa

Si un buen libro me recuerda a una rica merienda, los suplementos culturales son lo que hojeo distraídamente mientras me tomo la merienda (los jueves) o desayuno (los sábados). Normalmente sus efectos soporíferos suelen ser devastadores, aunque a veces traen agradables sorpresas.
En el ABCD de hoy viene una breve pero estupenda reseña de Rodrigo Fresán sobre Viajando en grupo, de Henry Green. Lo vi el otro día en una librería y la verdad es que sólo por la cubierta (la parte inferior de un reloj en el que pone "London") me apeteció comprármelo, aunque me contuve y sólo lo curioseé un poco. Habrá que hincarle el diente cuando llegue a la biblioteca. Es lo malo de ser anglófilo (sobre todo londonófilo), que me ponen una foto con el Támesis o el Big Ben y ya estoy perdido.
Por cierto, que la semana pasada en ABCD venía un trozo del libro que acaba de salir de Alejandro Sawa, ilustre habitante de la calle Conde-Duque. Tiene buena pinta. Se titula Crónicas de la bohemia: "Pelotón sombrío. Longfellow y Walt Whitman, el uno ungido con gracia apolínea, el otro alimentado con médula de leones, son americanos. Poe, no. Aun nacido en París, la ciudad del arte por excelencia, hubiera pertenecido al pelotón sombrío de los poetas malditos. Echado a la vida en el país de los magazines y del reclamo, Poe fue un aurífice saturniano venido al mundo para sufrir".
´

Placa en recuerdo de Sawa (c/ Conde Duque, nº 7)

En Babelia dedican el número de hoy al gran Ian McEwan: lo entrevistan en su casa (el cabrón vive en Fitzroy Square, ¡qué envidia!) y Eduardo Mendoza hace la crítica de su último libro. Así da gusto.
En cambio, todavía no he podido digerir las perlas que soltó el Señor de las Nocillas en la
entrevista de El Cultural del otro día. El titular da una idea bastante aproximada del nivel de ingeniosidad del conjunto: “Proust es un maestro pero su magdalena hoy nos viene envuelta en plástico y envasada al vacío”. No comment. Habla Fernández-Mallo de la "propuesta postpoética", la "nueva literatura", la "docuficción", el "punto ciego", el "afterpop" y otras etiquetas y eslóganes publicitarios. Parece que nos está intentando vender un producto de márketing (envasado al vacío, supongo). Es una pena, porque me parecía una persona cabal. Menos mal que nos aclara que no ha tratado a Wittgenstein en persona, que si no sería ya para preocuparse.

Afortunadamente, el que sigue sembrao es Rafael Reig. Pulsa uno su link y tiene asegurado lo que la mayoría de los libros actuales no nos ofrecen: buena escritura, inteligencia, sentido del humor... ¡y gratis! ¿Qué más se puede pedir? Muy grande.

Tuesday, February 26, 2008

De noche, la ría

El otro lado empieza a encenderse: farolas, bombillas, neones. En medio está el mar, por donde van los pescadores y los barcos de vela y los cargueros de Marín y las lanchas de los narcos y las familias de medusas, temblando de frío, todas cogiditas de la mano.

Saturday, February 23, 2008

El puchero humano

"Madrid se presenta a los geógrafos como un bubón en la meseta de Castilla. Su diseño no es ilustrado y francés, sino angustiado y ruin, y por eso a los literatos no les cautiva tanto su esqueleto como sus contenidos, lo que Vélez de Guevara llama el puchero humano, un burbujeo que define, a falta de otra singularidad, este antro de insatisfechos.
Para la vista de lince que a la distancia de Vallecas o Pinto traspase la polvareda alzada en la Corte por ciudadanos y carruajes, lo que se cuece en el Madrid de Cervantes, Góngora y Tirso de Molina recuerda una olla con garbanzos. Como ingredientes de esta cazuela, desvelados por los escritores costumbristas, figuran las artesanías. [...]


Vive el madrileño en confrontación verbal permanente. Gracioso con Lope, majo con don Ramón de la Cruz y menestral en zarzuelas y entremeses, pierde con los años el pelo de la dehesa para lucir su condición urbana de curioso parlante con Mesonero Romanos, o burócrata con Larra. [...]
Tres siglos después de aquella metáfora del puchero, la olla continúa hirviendo. Corte y suburbio, autopista y callejuela, buhardilla y corrala, soledad y vecindario sustancian ese caldo."

(Manuel Longares, La ciudad sentida, Madrid, 2007)

Wednesday, February 20, 2008

Mi blandiblú

La flema, sobre todo cuando presenta una textura compacta y viscosa, es como un alien que tienes ahí pegado a la garganta. ¡Qué placer tan inmenso proporciona sacártelo de encima gracias a un estornudo oportuno o a un estratégico golpe de tos!
¡Cuán orgásmico momento ver al extraterrestre verdoso saliendo de tu boca y viajando por los aires como un misil tomahawk! ¡A eso se le llama liberarse! ¡Qué gustazo, dios!
Para que luego digan que la felicidad es un ideal inalcanzable...
Y hablando de cosas agradables (y/o de aliens), ¿a que Sarkozy es clavadito a J. J. Santos? Véase.

Monday, February 18, 2008

La Serenissima

El 18 de febrero de 1953 Ramón Gaya escribía en su Diario: "Toda obra suprema parece estar asomada a una especie de... abismo. Incluso la de Velázquez -tan firme, tan segura, tan... justa- parece estar al borde de algo sin fondo, sin fin, que no acaba, que no concluye".
Hoy, exactamente 55 años después de esta anotación, he podido ver -gracias a la amabilidad de Juan Ballester- el documental La Serenissima, en el que la voz de Gaya nos acompaña por los canales y plazas de Venecia:
-"Venezia es líquida, transparente, di vetro".
-"Las gentes están en las plazas de Venezia como en ninguna otra parte. Suprimida la rueda, el hombre parece recobrar aquí un aplomo que ha perdido, una dignidad que ha perdido. Las personas, con una mezcla de sabiduría y capricho, se distribuyen con gracia por todo el espacio de la Piazza y la Piazzetta; van de un lugar a otro con esa misma solemnidad natural que vemos en las figuras de Carpaccio".
-"Atravesar la Piazza, de noche, con luna -con un poco de niebla iluminada por la luna-; las personas vagando, yéndose fantasmales; el frío, la soledad (mía); todo me produce algo así como una felicidad dolorosa".
-"Amanece con tanta niebla que no veo, al abrir el balcón, no ya la orilla de enfrente, sino las góndolas o las barcazas que pasan por el centro del Canal Grande. Salgo y voy al Florian a tomar un café; San Marcos y el Ducale están maravillosos. Parecen, no algo corpóreo que la niebla lograra borrar en unos instantes, sino algo ideado, pensado, y que empezara, de pronto, a tomar cuerpo, a convertirse en piedra. Siempre, por lo demás, se está aquí en una extraña situación, diríamos, de metamorfosis inminente, acechante. Todo aquí parece estar a punto de volverse otra cosa".
-"La Serenissima no es sólo una ciudad, un lugar, sino una... existencia, y nos hace, armoniosamente, ser personas de esa existencia suya. Porque si a Venezia le damos tiempo puede empujarnos, enseñarnos a ser, a ser nosotros... en ella, desde ella. Nos ofrece una posibilidad del ser y del vivir; nos da como un... sentimiento de vida, de la vida, un sentimiento nuevo, inesperado -o perdido- de vida. Porque Venezia es, ante todo, un espacio, una concavidad; es la palma de una mano -una mano extendida al aire, a la lluvia, a la luz-; es un refugio abierto, expuesto a la intemperie. Nos acoge en su regazo, nos educa, nos madura; y nos regala una forma de estar, del estar, del sentirnos sin apenas movernos, ya que ese punto en donde por casualidad estamos, en donde por casualidad nos encontramos, es como un centro, un centro... suficiente".
(Ramón Gaya, Diario de un pintor, Pre-Textos, 1984)

Al ver las imágenes del documental -tanto las nuevas como las de Super 8 (éstas grabadas por el propio R. G.)- no he podido evitar el asalto de mis recuerdos venecianos del último verano. ¡Cuántos momentos! Por eso, además de recuperar las reflexiones que ya os puse desde las Italias (escritas en el tren Venezia-Roma), me gustaría compartir con vosotros estos tres minivídeos de penosa factura (están grabados con una cámara de fotos):

1) la puesta de sol vista desde La Giudecca (allí sentados, la Esfinge y yo, durante horas, con los pies colgando en el aire), con ese horizonte que enseguida parecería una batalla sangrienta de Turner;

2) el gondolero cantante, como un eco que se va apagando con la distancia, perdiéndose en el dédalo de los canales;

y 3) la triste despedida de la laguna, a medida que me iba alejando de ella; porque, como dice R. G., "irse de Venezia es sólo eso, no puede ser más que eso: irse de Venezia y... basta, es decir, es algo que termina, radicalmente, en ese punto".

Saturday, February 16, 2008

Escenas de matrimonio

Escena de una de mis películas preferidas (Te querré siempre, de Rossellini):

que me recuerda mucho a otra de las mejores escenas de la historia del cine (Los muertos, de John Huston), aunque en este vídeo justo faltan los minutos anteriores en los que la mujer recuerda a su chico enamorado de la adolescencia (en términos muy parecidos a los de la diosa Bergman en la otra película):

Friday, February 15, 2008

Francesca y el horóscopo

A Lara Moreno, que escribe.
Podemos aventurar, así, a bote pronto, que si te llamas Francisca la has cagao. Y si encima la gente tiene la manía de llamarte Paca ya ni te cuento. Te has caído con todo el equipo. Pero si eres italiana y te llamas Francesca (léase Franchesca) y además eres simpática y resultona y tienes una sonrisa profident, pues entonces suena bastante mejor. Hasta mola y todo. Ciao, Francesca, come stai? Sei molto bella, Francesca. Francesca, dov'è la pasta? Ti va di venire, Francesca?
Francesca fue mi profesora de italiano durante dos semanas. Tenía unos 35 años, estaba soltera y era una fanática de la New Age. Yo me la imaginaba de noche en su casa, con las velas y los inciensos y haciendo meditación zen y escuchando música relajante y tirándose pedos sibilinos y bienolorosos. Todo muy oriental.
Cuando te conocía lo primero que te preguntaba, casi antes que tu nombre, era de qué signo del zodiaco eras. Hasta ahí, fácil. Pero cuando acto seguido te preguntaba "¿Y ascendente?", entonces la cosa se complicaba.
-¿Ascendente?
-Sí, ascendente.
-Pues de mi padre y de mi madre, como todo el mundo...
-No. Que de qué signo. Por ejemplo: yo soy Géminis ascendente Libra, y eso significa que blablabla -y te soltaba una retahíla de incoherencias.
-Ahhhh... Pues ni idea. Yo creo que soy huérfano de eso...
Francesca estaba en forma. Debía de hacer taichi, yoga, aerobic y pilates por las tardes. Todo a la vez, o por turnos. Siempre iba con su sonrisa a todas partes. Ya sabéis, ese buen rollismo universal, ese talante de masajear al mundo con la mirada, de mantener las distancias a toda costa para no causar ni sufrir daños, de negar la realidad para que nada nos entristezca... Ante todo, mucha calma. En fin, los chacras y las buenas vibraciones, paz, hermano, paz, lo importante es uno mismo... todo ese egoísmo supino disfrazado de altruismo espiritual y de amor al cosmos.
Un día estábamos hablando en clase de las supersticiones de los distintos países (el gato negro, el espejo que se rompe, pasar debajo de una escalera, etc) y no se me ocurrió otra cosa que decir que a mí todo eso del zodíaco y de los horóscopos también me parecía una superstición pura y dura. A Francesca se le puso la cara lívida. Se quedó callada, como pensativa o indignada. Yo creo que nadie le había dicho nunca algo tan horrible. Y nunca se había parado a pensar que algo así podría ser cierto. No, no podía tener nada que ver una cosa con las otras. No, imposible. Hasta se puso un poco roja. Después de un rato de meditación, me respondió:
-¡Qué dices! Si eso es antiquísimo, si existe desde hace miles y miles de años, desde las culturas más antiguas.
-Claro, como cuando adoraban al Sol Nocturno o hacían sacrificios humanos para festejar a sus dioses...
A partir de entonces ya no me sonreía tanto. El mundo profident tenía telarañas. Me miraba seria. Supongo que le caía mal.
Y a mí, curiosamente, me empezó a caer bien desde ese día, desde que vi que se podía enfadar, que tenía sangre en las venas, que podía tener un mal día y poner mala cara y protestar por esto o molestarse por lo otro y ser un ser humano vivito y coleando, de carne y hueso, no un mero pedrusco espiritual, buenrollista y sonriente.
Al final también conseguí caerle bien. Siempre se paraba a hablar conmigo cuando nos encontrábamos por los pasillos, y me contaba sus cosas y me preguntaba por las mías. Muy maja.
Antes de volverme a España nos despedimos, y me parece que sintió un poquito de pena.

(PD: Parole di burro era una de sus canciones favoritas. Nos la puso varias veces en clase para descifrar la letra y acabamos sacando todo tipo de interpretaciones -a cual más surrealista- sobre su significado. No está mal. Que paséis buen finde).

Thursday, February 14, 2008

Tuesday, February 12, 2008

Links & News

RAMÓN GAYA. Un blog dedicado a sus cuadros, a sus escritos, a sus conferencias... Una exquisita labor de homenaje y divulgación. Descubro allí este fragmento de La Serenissima, corto documental de Gonzalo Ballester. ¡Quiero verlo entero!

R.G. con María Zambrano en la Via Appia

LA ESTACIÓN DEL SUR. El final de una obra inacabada. Sólo nos cabe imaginar esa estación abandonada, el amor de los dos chicos, el paisaje de Carmona, el libro de Robert Louis Stevenson... Por habernos robado todo eso, que se diría inolvidable, habría que colgar del palo mayor a Elías Querejeta.

DESHIELO. Toni Nievas, "misterioso personaje de la cultura chundergrunden palmesana" (como él mismo se define), va colgando en su blog trozos de su primer largometraje. Por cierto, qué gran actor es Xisco, el gordito de barba. Debería triunfar en el cine español.
YO ETC. Martín López-Vega regresa a su blog y algunos vamos a empezar a aprender bable.
*****
PAU GASOL. Éste sí que es una persona normal y un tío inteligente y un deportista valioso, no como el idiota de Fernando Alonso. Lo que está haciendo es muy grande.
CANON. Ellos también pagan su canon. La ceja de ZP.
GUTI. Tiene más enemigos que ningún otro futbolista (empezando por él mismo, que es su peor enemigo). Es un genio incomprendido (ni él mismo se comprende). Llevo años y años defendiéndole contra viento y marea (peinados, tonterías, expulsiones...) y frente a todos (empezando por los propios seguidores del Real Madrid), pero al final la clase y la calidad se imponen. Ha llegado al punto más alto de la madurez artísica: hacer lo imposible con la mayor sencillez.
Daría cualquier cosa por escribir como pasa Guti. Si sus pases fueran frases...

Saturday, February 09, 2008

Paseos por Madrid

"Ya no es fácil en Madrid mirar al cielo. Hay toda una caballería aérea para cocearos la mirada, cuando no es un ángel exterminador el que os apabulla la vista. En verdad, señores arquitectos, están echando ustedes las patas por el aire".

"Y no se contentan ustedes con ángeles voladores y caballos galopantes para rematar los edificios. Ahí echan ustedes también castillos de juguete, linternas mágicas, columnas de rompecabezas, qué sé yo; sólo faltan los aeroplanos de bronce. Parece que han puesto ustedes al aire libre los desvanes de Madrid, donde en cada casa se guardan los trastos. ¿Por qué tales injurias al firmamento? Ofenden ustedes a esas casas madrileñas, las nubes, las maravillosas nubes; y, sobre todo, ofenden ustedes a nuestras miradas pecadoras. En Madrid, la corte celestial tenía ya un ángel caído, el del Retiro; y la caballería aérea, el magnífico caballo que galopa en el aire de la plaza de Oriente".

"Madrid, para el buen madrileño, es una casa de vecindad, con algún agrietado y desolado tiesto en las ventanas. […] No busquéis en mí nada esencial; soy hombre de ciudad, quiero decir, de café y de tranvía; vivo entre cosas movibles y pasajeras; no tengo el eterno espectáculo de los campos, sino la visión vertiginosa y chocante del tráfago del arroyo… Y por este arroyo he de navegar en la vana cáscara de nuez de la anécdota callejera."

(Corpus Barga, Paseos por Madrid, Alianza Editorial, Madrid, 2002)

Friday, February 08, 2008

Viaggio in Italia

El viaje es el lugar de la felicidad.

Thursday, February 07, 2008

La huella indeleble

Hay cosas que pasan. Que le pueden pasar (supongo) a cualquiera. Si es delante de miles de espectadores y queda grabado por la televisión tiene más importancia, sobre todo porque es reproducible, una y otra vez... Y aquel desliz o error de un minuto se estira, como un chicle, hasta el infinito.

Reconozco que me hace gracia, sobre todo el "perfao, por favor" y el "ma me bonita" (y el "no atisbo" también). Pero me entra la duda: ¿está mal reírse? Yo creo que no. Es inevitable en estos casos.

"Lo he lo he perfao, por favor, el decir gracias, porque, es, la, la noch, la mas! me fen, ma me bonita, es la mas exultante de mi vida... bueno no soy, no sé, no sé lo que me pasa, te lo juro que no que no sé no sé lo que me pasa, eeee hay algo que no que no atisbo, de verdad, no sé, yo quisiera decir a vosotros a la profesión maravillosa, yo quería, dejar una huella indeleble, mmm, diciendo gracias, gracias, he pop, he he he parecido..."

Joder, lo que hace la emoción.

Tuesday, February 05, 2008

Un buzón para los ojos

Me sentaba por las tardes en los bancos que rodean el Round Pond y abría mi recién comprado libro de Ian McEwan, titulado Saturday. Lo leía con mucho interés y cierta ansiedad, pues me habían ofrecido la posibilidad de hacer una entrevista al autor, y debía poner todo mi esfuerzo en prepararla lo mejor posible (al final la entrevista -por desgracia- nunca se produciría).
Todos los días el parque se llenaba de mujeres vestidas de negro, unas con pañuelos y otras con sus burkas; éstas sólo dejaban al aire una pequeñísima franja de la cara, como un buzón para los ojos. Curiosamente, iban siempre pintadísimas -rímel, colorete, sombra de ojos, pintalabios-, como auténticas cabareteras. A mí eso me extrañaba mucho.

(Aquí, "posando" para mi cámara)

Algunas iban acompañadas de sus hijos, que jugaban al balón y daban de comer pan a los cisnes del lago. No sé si sería por la falta de costumbre (o porque mi sentido del multiculturalismo termina donde empiezan los derechos humanos), pero a mí la visión de aquellas mujeres del burka -que estaban como secuestradas, metidas en una cárcel, condenadas a no ser vistas- me producía una incomodidad muy grande. Quizás la palabra exacta sea desazón, desasosiego. Y un poquito de indignación también, la verdad. Solía ver muchas también en Oxford Street, saliendo de las tiendas caras con mil bolsas en la mano y entrando en cochazos con chófer. Eran como manchas andantes que oscurecían la ciudad con su luto de muertas. Me daban mal rollo, vamos, y hasta un poco de miedo.

(Londres, Kensington Gardens, verano 2006)
Sirva esta última foto como metáfora del desasosiego fruto del 11-S, como el que siente el neurocirujano Henry Perowne en la novela de Ian McEwan.

Monday, February 04, 2008

Un Madrid futurista

"Frente a mi ventana se alzaba la siniestra pirámide de Chopeitia Genomics, el edificio más alto de Europa y el mejor protegido del hemisferio.
Acodado en el alféizar, veía los veleros amarrados en el puerto y el transbordador de bicicletas que unía Génova con Goya. El Canal Castellana atravesaba la ciudad de norte a sur y ya se había convertido en la principal vía de comunicación entre el centro y el resto de la península. También era un lugar apropiado para depositar a los sabihondos, los entrometidos, los deudores y los bocazas, todos con sus correspondientes zapatos de cemento. La policía lo dragaba cada pocos meses, lo que resolvía aproximadamente la mitad de los casos de desapariciones que teníamos pendientes.
´

Aguas arriba se encontraban los puertos deportivos de los chalets de los Recintos: Aravaca, Pozuelo, Puerta de Hierro: viviendas blindadas y jardines con estanque, como la de Cristina y el vil valenciano, donde estaba mi hija.
Hacia el sur la ciudad latía como una herida infectada. Casi podía sentir la inflamación, la fiebre y el olor a pus, dulce y deletéreo, brutal y embriagador como el de las orquídeas o el de la carne que se descompone.
Los días claros columbraba el muelle de carga de Puerto Atocha, las esqueléticas grúas y la sombra de la alambrada del primer Precinto, donde los adictos esperaban la muerte y trataban de entrar en calor quemando neumáticos.
Daban verdaderas ganas de beber: no digo más."

Rafael Reig, Sangre a borbotones, Madrid, 2002.

Sunday, February 03, 2008

Friday, February 01, 2008

"El regreso" (Alberto Manguel)

Cogí este libro en la biblioteca el otro día y me lo leí del tirón. En eso ayudan el estilo del autor y que sólo tenga 91 páginas con letra grande y muchas líneas en blanco. Es más un relato largo que una novela corta. Me gustó.
Buscando la foto de cubierta para ilustrar este post, me encuentro con este comentario de un lector indignado, con fecha de 18-01-2008: "Una bazofia. Me pareció realmente malo. Los diálogos son forzados, artificiales... Y es sumamente borgeano, cosa que resta puntos antes de empezar. Por momentos Manguel se quiere hacer el Soriano y no le sale. Los personajes desfilan por las 72 páginas del libro (tapa dura, ¡$32!) con una artificialidad notable. El yo principal, Fabris, es un Dante que recorre el Infierno sin ningún Virgilio que lo guíe. Por eso su desconcierto permanente. Pareciera también una obra de teatro griega new age. 2 puntos."
Imagino que este lector indignado es argentino, y por lo que veo allí no hincharon tanto la edición con espacios vacíos (20 páginas menos que aquí). No sé a cuánto equivalen exactamente los 32 dólares en euros, pero sí parece caro, sí. Lo que yo creo es que este lector tendría que haber cogido el libro en la biblioteca, como yo, y seguro que no le habría parecido tan malo. Lo coges, lo lees del tirón y lo devuelves... habiendo pasado un buen rato. Este señor está indignado más que nada por el dinero que le ha costado, creo yo, no por la calidad del libro. Y cada vez que lo vea en la estantería de su salón le escocerán las entretelas del bolsillo, que es un apéndice muy raro que también tiene su orgullo.
En cuanto a la influencia de Borges, pues supongo que sí (cualquiera que conozca algo de Manguel sabe que es un gran lector, experto y fan de Borges), pero yo sobre todo he visto en este relato la atmósfera de las pesadillas kafkianas (esa realidad absurda, pero real) y un poco también la de los sueños quevedescos (con ese punto de alegoría).
Como digo, es un libro que se lee con placer, con gusto, que ya es bastante. Agradezco que Manguel no haya querido disfrazar su historieta de otra cosa. Ya sabéis que los géneros me dan igual, pero ante la confusión reinante también le gusta saber a uno qué es lo que va a leer: Manguel es sobre todo un gran ensayista literario, sabe muchísimo de libros y literatura, pero cuando se pone a escribir ficción -como en este caso- no nos hace un mejunje facilón lleno de referencias metaliterarias, como nuestro amigo V-M, sino que se atiene a contarnos una historieta de ficción pura y dura, sin más. Sin disfraces eruditos para ocultar la falta de imaginación. Sin trampa ni cartón. (Otra cosa es que el contenido "alegórico" haga referencia evidente a una situación política real: los crímenes de la dictadura argentina).
Eso es arriegarse, eso es ser honesto, eso es literatura. No digo que sea una obra maestra inmortal que vaya a pasar a los anales de blablabla, pero a mí me ha gustado mucho.
En fin, que os lo recomiendo. 8 puntos.

Thursday, January 31, 2008

Bombardeos: el herrero gigante

La Puerta de Toledo (al fondo)
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"Madrid, con sus chimeneas, sus torres, sus portillas; Madrid se asemeja a un navío en alta mar. Madrid, blanca bajo las negras aguas de la noche. Una ciudad dura más que los hombres; Madrid, cargada de emigrantes, los lleva de una a otra orilla de la vida. Transporta una generación; con las bodegas repletas de hombres, mujeres y niños, navega, lenta, a través de los siglos. Encerrados en el navío de piedra esperan, temblando de miedo. Torpedean un navío de mujeres y niños. Quieren hundir a Madrid, como a un navío. […]
Esta tarde he asistido al bombardeo de la ciudad. Había sido preciso ese trueno, en la Gran Vía, para descuajar una vida humana, sólo una. Algunos transeúntes se sacudían trozos de estuco; otros corrían; un humo tenue se disipaba; pero el novio, que milagrosamente se había salvado sin un rasguño, se encontraba con la novia a sus pies, esa novia a la que sólo un segundo antes llevaba cogida del brazo, transformada en una esponja sangrienta, en un amasijo de sangre y ropas. […]
Con cada cañonazo algo se refuerza en Madrid. Los indiferentes, que dudaban, se deciden. Un niño muerto es algo muy fuerte, sobre todo si el niño es el vuestro. […] El teniente y yo subimos al terraplén. Rostro o navío, Madrid sigue allí, recibiendo los golpes sin responder. […]
El golpe retumba en el yunque; un herrero gigante está forjando Madrid".

Antoine de Saint-Exupéry, Un sentido a la vida. Visiones de España 1936-1938, Círculo de Lectores, Barcelona, 1995.

Caballos muertos tras bombardeo

Tuesday, January 29, 2008

Cléo de 5 a 7

Sólo he visto este trozo en YouTube y he leído el resumen de la Wikipedia, pero tiene buena pinta. Una cantante parisina frívola y egoísta se hace una biopsia. Tiene que esperar dos horas para recibir los resultados médicos. Durante ese tiempo (de 5 a 7 de la tarde) la acompañamos en sus paseos por París y en sus comeduras de tarro, mientras se pregunta si tiene cáncer o no. La peli es de 1961 y su directora es Agnès Varda, una señora muy fea (según he podido comprobar en Google Images, para cerrar el círculo informativo). ¡Qué haríamos sin Internete!

Monday, January 28, 2008

Accattone

El Accattone de la película siempre me pareció un ser tan desgraciado como desagradable.

Por eso cuando este verano vi a su doble sentado en la Fontana de Trevi, con ese rostro igualmente marcado por la desidia y el sufrimiento, pensé que algunas invenciones siniestras de Pasolini seguían siendo verdad. Continuaban con vida.

Y recordé aquellas dos escenas tremendas: su muerte y el sueño de su muerte.

Friday, January 25, 2008

La atalaya de la Corte

Para abrir esta sección bloguera del "Madrid literario", qué mejor que empezar con don Benito Pérez Galdos, el mayor descubridor literario de mi pueblo. Este texto (genial, maravilloso, me atrevería a decir que uno de los mejores de la historia de la literatura universal, al menos de la que yo conozco) lo escribió en 1865, es decir, con 22 añitos. No pertenece a ninguna novela, sino a un artículo que publicó en el periódico La Nación. Galdós toma la vieja torre de la iglesia de Santa Cruz como ficticia "atalaya de la Corte" y nos describe el espectáculo que se podría presenciar desde allí arriba:
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"Qué magnífico sería abarcar en un solo momento toda la perspectiva de las calles de Madrid; ver el que entra, el que sale, el que ronda, el que aguarda, el que acecha; ver el camino de éste, el encuentro, la sorpresa del otro; seguir el simón que es bruscamente alquilado para dar cabida a una amable pareja; verle divagar como quien no va a ninguna parte; verle parar depositando sus tórtolos allí donde un ojo celoso no se oculte entre el gentío; ver el carruaje del ministro, pedestal ambulante de dos escarapelas rojas, dirigirse a la oficina o a Palacio, procurando llegar antes que el coche del nuncio; mirar hacia la Castellana y ver la vanidad arrastrada por elegantes cuadrúpedos, midiendo el reducido paseo como si el premio de una regata se prometiera al que da más vueltas; sorprender las maquinaciones amorosas que en aquel laberinto de ruedas se fraguan durante el momentáneo encuentro de dos vehículos; ver al marido y a la mujer arrastrados en dirección contraria, rodando el uno hacia el naciente y la otra hacia el poniente, permitiéndose, si se encuentran, el cambio de un frío saludo; ver la gente pedestre en el paseo de la izquierda contemplando con envidia la suntuosidad del centro; seguir el paso incierto del tahúr que se encamina al garito; ver descender la noche sobre la villa y proteger en su casta oscuridad la pesca nocturna que hacen en las calles más centricas las estucadas ninfas de la calle de Gitanos; oír la serenata que suena junto al balcón y contemplar la rendija de luz que indica la afición musical de la beldad que vela en aquella alcoba; esperar el día y ver la escuálida figura del jugador que, tiritando y soñoliento, entra en el café a confortarse con un trasnochado chocolate; ver los mercados abriendo al público sus pestíferos armarios; ver al sacristán moviendo el pesado cerrojo de la puerta santa y contar las primeras mojigatas que suben las sucias escaleras del templo; ver de quién es el primer cuarto que recoge el ciego en su mano petrificada; ver salir de una puerta un ataúd gallegamente conducido, y saber dónde ha muerto un hombre; ver salir al comadrón y saber dónde ha nacido un hombre..."
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Si alguien de nuestra época consiguiese escribir así, me lanzaría corriendo a la librería a comprar todos sus libros. Pero me temo que no hay nada parecido... Ni de lejos.

Wednesday, January 23, 2008

Francesc Català Roca


Francesc Català Roca (1922-1998)

Monday, January 21, 2008

A vueltas con los locos

Maldita sea mi suerte. Decididamente tengo un don para cruzarme de manera fugaz con ciertos seres de rasgos mentales "peculiares" y comportamientos más o menos "extraños" que me dejan triste -enmohecido, chafado, cabizbajo- durante las siguientes horas, rumiando su desgracia como si fuese culpa mía.
Habitan mi vida durante unos segundos o minutos, pero me dejan pensativo para el resto del día.
Es como si me hiciera momentáneamente cargo de su situación y después los abandonara de la manera más vil. Así me siento, como un ser despreciable, mala gente, un auténtico traidor. En realidad lo que me gustaría es acompañarlos, hablar con ellos, ayudarles en lo posible... No por bondad, sino por puro egoísmo: para quedarme a gusto, tranquilo. Eso me haría sentir bien y me libraría del sentimiento de culpa (quienfuera que fuese el que inventó el sentimiento de culpa era un verdadero hijoputa). Pero nunca lo hago. No sé, supongo que me da vergüenza. Pienso que quién soy yo para juzgar la infelicidad de los demás y pretender aliviársela. ¿Qué me creo, un superhéroe? ¿Y quién me asegura que realmente lo pasan tan mal y que no son todo imaginaciones mías? En cierto modo, me siento culpable por sentir pena, como si fuese una chulería o un acto de soberbia. Por eso nunca hago nada, y me quedo jodido (doblemente jodido: por lo que veo y por lo que no hago).
Ya os lo dije un día: me dan mucha pena los locos. No lo puedo evitar. En cambio los discapacitados físicos no me dan tanta lástima, no sé por qué. Veo a un mendigo sin brazos o sin piernas y me da cosa, naturalmente. Una mezcla de grima y penilla, o algo por el estilo. Pero veo a un deficiente mental y me hundo, literalmente. Es posible que ellos sean felices, no digo que no, pero lo que sé es que a mí me dejan muy tocado. Y cuanto más "normales" parezcan, más pena me dan.
(Intento entender por qué me ocurre eso y sólo llego a una hipótesis, que no deja de ser -por lo demás- bastante enclenque: a lo mejor me dan pena los locos porque intuyo que yo mismo voy a acabar así. Según esto, cuando siento pena por ellos en realidad estoy sintiendo lástima de mí mismo, de mi yo futuro).
El de hoy ha sido un señor de unos 50 años que iba en el metro. Por el aspecto, parecía un señor normal. Tenía pelo canoso y gafas. Iba limpio y bien vestido (pantalón de pana, camisa de villela, jersey y abrigo). Tenía algún tic nervioso en el rostro. Llevaba en la mano la carcasa de un bolígrafo vacío y no hacía más que dar golpecitos con ella en la pared del vagón. Tac, tac, tac, tac... Sin parar. Los de alrededor mirábamos porque el ruidito nos ponía nerviosos. Siempre que entraba alguien nuevo miraba también molesto, pero enseguida se daba cuenta de la situación: aquel señor no estaba bien de la cabeza. Hablaba solo, en voz muy baja, como si estuviese rezando el rosario o poniendo a parir a alguien. No se le entendía lo que decía. Miraba al suelo y susurraba sus palabras ininteligibles. Ha habido un rato en el que ha estado repasando con el bolígrafo sin punta el contorno del mapita de las estaciones que está pegado junto a la puerta.
Lo que más me ha dolido es que el señor, en su nerviosismo constante, sí parecía sufrir mucho. Ponía un gesto inequívoco de dolor (de un dolor no físico), de no poder salir de algo, como si estuviera atrapado en la jaula de una mente enferma. Eso tiene que ser horrible, lo más horrible del mundo. Creo yo.
Se ha bajado en Alonso Martínez. He estado a punto de bajarme para seguirle y ver adónde iba, más que nada para verle entrar en una casa o en un bar y saludando a gente... y saber así que no está solo y que lleva una vida más o menos normal. Para quedarme tranquilo, vamos. Pero no he bajado. Allí me he quedado, con un nudo de angustia en la garganta y preguntándome: ¿qué hará ahora?, ¿adónde irá?, ¿tendrá familia?, ¿dónde comerá?
Sólo se me ocurre pedir a los dioses que, por favor, todo le vaya bien.

Sunday, January 20, 2008

Friday, January 18, 2008

Madrid literario

Me gusta mi pueblo. Mi pueblo es una novela en marcha. Una novela muy gruesa, un poco destartalada pero siempre vital, hermosa, sugerente, llena de narradores y personajes -a cual más surrealista- que la reinventan a cada paso.
Esta novela llamada Madrid siempre me sorprende. ¿Pertenece al género de aventuras, policiaco, de suspense? Pues no lo sé. Yo creo que es del género "biografía": la de todos sus habitantes. Cada bar, cada calle, cada paseante, cada gesto... es un capítulo inacabado que se reescribe día a día.
Sí, ya sé: la masa, el tráfico, el ruido, las obras... pero me da igual. No sé si podría vivir en otro sitio. Supongo que sí, que a todo se acostumbra uno, pero me cuesta imaginarlo.
Cada día necesito levantarme y leer la novela de mi pueblo.

Sirva esta breve introducción (escrita a vuelapluma y sin ganas, porque he tenido un día bastante duro) para avisaros de que a partir de ahora me gustaría, de vez en cuando, incluir en este blog referencias a textos y libros de lo que se podría llamar "el Madrid literario", es decir, de cómo la ciudad ha sido reflejada en la literatura. No el mundillo de los escritores, sino cómo la ciudad ha sido vista por ellos. Madrid como género literario.
Un paseo sentimental por las páginas de mi pueblo. Pasarán por aquí muchos de nuestros viejos amigos -Galdós, Gómez de la Serna, Solana, Cansinos, Valle-Inclán, Baroja...- y otros más recientes. Avisados estáis.

Tuesday, January 15, 2008

La muerte de Stendhal

"Ese pobre Beyle ha muerto. Me quería tanto como un hombre que come puede querer a otro. Murió de un ataque de apoplejía, después de comer, como el hombre inteligente que fue en vida: con una mano en el bolsillo del chaleco y el miedo de que le robaran la cartera que llevaba dentro. ¡Qué precaución tan extraña en aquel momento!
Era un viejo muchacho egoísta, pequeño, malhablado, abotargado, casi ciego, paradójico, entusiasta en frío, malo por detrás, azucarado por delante. Pero fue uno de los novelistas más ingeniosos y más verídicos que hemos tenido. Te prestaré La cartuja de Parma y tendrás tiempo de leerla. Buenas noches".
Carta de Forgnes a Gavarni (recogida por Josep Pla en sus Notas del crepúsculo)

Sunday, January 13, 2008

El olvido del ser

Para Heidegger la filosofía comienza con un «estado de ánimo»: admiración, angustia, preocupación, curiosidad, júbilo.
La suya es una filosofía del hombre (Dasein o ser-ahí) que se halla bajo un cielo vacío y bajo el poder de un tiempo que lo devora todo, de un hombre arrojado en el mundo y capaz a la vez de proyectar su propia vida. Una filosofía que interpela al individuo en su libertad y responsabilidad, y que toma en serio la muerte. Lo fundamental es la pregunta por el ser, que ha sido olvidada en la historia de la filosofía. Hay que iluminar el ser-ahí.
Quizás por eso Heiddeger sale de casa (recordad: "el lenguaje es la casa del ser") y se va de paseo por el campo. Tiene un cierto caminar de soldadito de plomo patizambo y barrilete. Mira con desconfianza hacia los lados. Esboza una sonrisa forzada, que pretende ser apacible. Lleva en la mano una boina. Los senderos del bosque, con esa luz brillante que se filtra entre las hojas de los árboles, pueden mostrarnos el camino: las huellas del ser.

Mucho me temo que Heidegger puede ser un pensador tan profundo como soporífero. En mi opinión, algunas de sus intuiciones -que son geniales- quedan sepultadas bajo el pesadísimo ladrillo de su lenguaje onanista. Al señorito le gustaba hacerse el interesante y se obstinaba en oscurecer su pensamiento. De esta manera, se ha ganado la pompa de la gloria académica (esa muerte marmórea consistente en millones de tesis doctorales), pero ha perdido la partida de la vida. Una verdadera lástima. ¡Ay, si se hubiera puesto la boina que llevaba en la mano!

Friday, January 11, 2008

Nessun dorma

Fue un momento tan intenso que nunca podré olvidarlo. Ocurrió la noche del 6 de septiembre, el día en que murió Pavarotti. En la Rai 1 pusieron, como homenaje póstumo al tenor de Módena, un concierto grabado unos años antes en el que salía Pavarotti acompañado de los mejores cantantes del momento.
G. y K., mis amigas berlinesas, que andaban de paseo por el barrio, me llamaron para tomar algo en un bar. Les dije que mejor subieran a casa a ver el concierto y tomar unas cervezas. A las pobres sólo les pude poner para picar lo poco que me quedaba, pues en breve me volvía a Madrid: una bolsa de patatas fritas y un poco de queso variado cortado en cuadraditos. Pero qué gran concierto...
La que más se emocionaba era K. (en el vídeo, la de la derecha), que ha estudiado música clásica y toca instrumentos y canta y sabe mucho de estas cosas. Por cierto, que cuando cantaban Los Tres Tenores, K. protestaba cada vez que metía baza José Carreras ("Qué mal, qué mal... ¡Qué diferencia con los otros!"). Yo, que no tengo mucha idea de estas cosas, intentaba recomponer el orgullo patrio: sí, sí, pero qué me dices de Plácido Domingo, y de Alfredo Kraus, y de Monserrat Caballé... A ver si hay otro país que pueda presumir de esa nómina.
En fin. Entonces se produjo el momento mágico, al menos para mí. Fue cuando llegó el Nessun Dorma, la obra maestra de Pavarotti. Puse el volumen de la televisión a todo trapo y abrí las ventanas para que todo el vecindario participase de aquella maravilla.
Era de noche y todo estaba oscuro. Brillaban las estrellas. La voz de Luciano retumbaba por la habitación, por el patio de la casa, por el barrio de San Lorenzo, por las calles de Roma, por todo el universo... Que nadie duerma. Que nadie duerma.
Pavarotti había muerto unas horas antes víctima de un tumor de páncreas, y pronto su orondo cuerpo reposaría bajo tierra, pero su voz -tan potente, tan hermosa, tan verdadera- seguía conmoviendo los cimientos del mundo.
En instantes así se te sube el corazón a la garganta, los pelos de los brazos se te ponen como escarpias y se mezcla en el estómago el hormigueo de lo bello con el volcán de lo sublime. ¡A eso se le llama piel de gallina! Yo creo que si en ese momento hubiera dado un salto por la ventana habría volado entre las nubes, como Peter Pan. Habría planeado sobre los edificios de Roma, como un niño feliz, con los ojos brillantes y la pel de galiña.
Lo siento, pero sólo pude grabar los últimos segundos.



PD: Por cierto, si alguien sabe alemán, que nos traduzca lo que dicen las chavalas, que no las entiendo.

PD2: Aquí lo tenéis entero. Impresionante. No se cansa uno de escucharlo.

Saturday, January 05, 2008

Friday, January 04, 2008

Infinitos conde-duques

Las tres y pico de la madrugada. Como no consigue dormir (alguien le ha condenado a la pena capital: el insomnio), conde-duque intenta distraer las horas nocturnas contemplando las fotos de cuando era pequeño. Ahora que se acercan los Reyes Magos es lícito volver a sentirse un poco así. A conde-duque le gusta ir a la cabalgata, a la altura de Cibeles, y ponerse de espaldas a las carrozas para coleccionar las caras de sorpresa de los niños. Es un espectáculo magnífico.
En el fondo conde-duque sigue siendo el mismo. De pequeño tampoco dormía bien. Siempre sufría pesadillas. Y se desvelaba, como ahora. Horas y horas maquinando en las tinieblas, mezclando los sueños con la realidad, imaginando cosas absurdas.
Me acuesto a oscuras, cierro los ojos y veo muchos yoes, muchos conde-duques de 2 años que entrecierran los ojos ante los rayos del sol o que miran asombrados a la cámara, muchos conde-duques imaginando cosas absurdas, mezclando los sueños con la realidad, horas y horas maquinando en las tinieblas... En vez de contar ovejas, me pongo a contar conde-duques. Son muchos, infinitos conde-duques. Me mareo... Son yo.
conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-

conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-duque conde-

Thursday, January 03, 2008

El pescador de Belém y el tranvía nº 15

Lo prometido es deuda, doña Lenita. Primero os enseño el mar en Lisboa; más exactamente, la desembocadura del Tajo, a la altura de Belém (fijaos en el pescador, a la derecha):



Y después os llevo de paseo en el tranvía nº 15...

Monday, December 31, 2007

Nochevieja o el eterno retorno de lo mismo

Uvas, campanadas, fuegos artificiales, confetti, champán...
Fantasmas de un pasado idéntico (no menos idéntico que el futuro), aprendices de cadáveres simulando una borrachera de alegría, celebrando -supongo- que aún estamos aquí, que no nos hemos ido, que no han dicho nuestro nombre en la sala de espera.
Sólo eso. Lo mires como lo mires, es absurdo... extraño... irreal.

Saturday, December 29, 2007

Coketown, la ciudad sin fantasía

Se acaba el año. Es hora de recuentos y sinopsis. Pero no pienso hacerlo, porque no tengo ganas ni fuerza para esa muerte prematura. Los que habéis visto el vídeo de la casa romana ya sabéis por qué prefiero mirar para otro lado. La resaca, en estos casos, también ayuda un poco.
Abro un libro de Charles Dickens y leo esta maravillosa descripción de una ciudad, Coketown, que representa el triunfo absoluto del realismo:
"It was a town of red brick, or of brick that would have been red if the smoke and ashes had allowed it; but as matters stood it was a town of unnatural red and black like the painted face of a savage. It was a town of machinery and tall chimneys, out of which interminable serpents of smoke trailed themselves for ever and ever, and never got uncoiled. It had a black canal in it, and a river that ran purple with ill-smelling dye, and vast piles of building full of windows where there was a rattling and a trembling all day long, and where the piston of the steam-engine worked monotonously up and down, like the head of an elephant in a state of melancholy madness. It contained several large streets all very like one another, and many small streets still more like one another, inhabited by people equally like one another, who all went in and out at the same hours, with the same sound upon the same pavements, to do the same work, and to whom every day was the same as yesterday and tomorrow, and every year the counterpart of the last and the next."
En traducción pierde un poco, pero sigue sirviendo:
"Era una ciudad de ladrillo rojo, es decir, de ladrillo que habría sido rojo si el humo y la ceniza se lo hubiesen consentido; como no era así, la ciudad tenía un extraño color rojinegro, parecido al que usan los salvajes para embadurnarse la cara. Era una ciudad de máquinas y de altas chimeneas, por las que salían interminables serpientes de humo que no acababan nunca de desenroscarse, a pesar de salir y salir sin interrupción. Pasaban por la ciudad un negro canal y un río de aguas teñidas de púrpura maloliente; tenía también grandes bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el día un continuo traqueteo y temblor y en el que el émbolo de la máquina de vapor subía y bajaba con monotonía, lo mismo que la cabeza de un elefante enloquecido de melancolía. Contenía la ciudad varias calles anchas, todas muy parecidas, además de muchas calles estrechas que se parecían entre sí todavía más que las grandes; estaban habitadas por gentes que también se parecían entre sí, que entraban y salían de sus casas a idénticas horas, levantando en el suelo idénticos ruidos de pasos, que se encaminaban hacia idéntica ocupación y para las que cada día era idéntico al de ayer y al de mañana y cada año era una repetición del anterior y del siguiente."
(Charles Dickens, Tiempos difíciles)

Thursday, December 27, 2007

La tumba de John Keats

Roma, agosto de 2007.

"Esta tumba contiene los restos mortales de un joven poeta inglés, que, en su lecho de muerte, con el corazón lleno de amargura, al malicioso poder de sus enemigos dedicó estas palabras para ser grabadas en su lápida: Here lies One Whose Name was writ in Water".
Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en agua. Éste es el hermoso epitafio que adorna la tumba de Keats (1795-1821) en el cementerio no católico de Roma.

Thursday, December 20, 2007

La fiebre, el cartero y el cadáver de Baroja

Uno está en cama, con fiebre. Por la ventana se ve caer la lluvia y se intuye el frío intenso de este Madrid tan cruento y desapacible. La garganta arde en cada trago de saliva, la cabeza noqueada como la de un boxeador, el cuerpo cansado y débil como si fuese de trapo… Sería el momento perfecto para volver a las páginas de Proust o del Cuaderno gris, como hago siempre que estoy convaleciente. Pero de repente suena el timbre de la puerta. Es el cartero. Un paquete para mí, qué ilusión...
Después de forcejear un rato con las tijeras, consigo abrirlo y aparecen dos libros. Escritores que escriben sobre escritores: Galdós evocando su visita de 1889 a la casa de Shakespeare en Stratford-On-Avon y Cela glosando las maravillas de los maestros del 98. Una gozada.
Tumbado bocabajo, con el libro abierto junto a la almohada, la fiebre se deja mecer por esos párrafos de prosa lenta y delicada. Se mueve uno lánguida, gozosamente, como si el virus de la gripe se dejase hipnotizar por el ritmo de la buena literatura. Una sonrisa de placidez termina por embadurnarnos la cara.
Los párpados pesan. El cansancio. En mitad de una página cierro los ojos y me imagino perfectamente al Baroja difunto. Es como si lo tuviese delante, de cuerpo presente (nunca mejor dicho). Paseo por la habitación, observo su rostro sin vida e intercambio algunas palabras con las personas que han ido a despedirle. Todo apunta a que la lectura ha dado paso a la imaginación, y ésta al sueño. El párrafo que acababa de leer decía lo siguiente:
Baroja, muerto y entre cuatro velas humildes, en su casa; en una habitación del fondo –puerta al pasillo, ventana sobre el patio, desnudas las paredes y, en el suelo, el frío baldosín– yace en un ataúd humilde y con una palidez humilde pintada en el semblante. (…) A mí, que me ha tocado –ni para suerte ni para desgracia– ver muchos muertos de cerca, ningún muerto me ayudó más a creer en la muerte que Baroja muerto. Cuando esperábamos la mala hora de tapar la caja y llevárnoslo al cementerio, me pasó por la cabeza el antojo de comparar su cara con las de los que estábamos allí a su alrededor. (…) quien, entre todos, tenía menos cara de circunstancias era el mismo Baroja.
(Camilo J. Cela, “Recuerdos de don Pío Baroja”, Obras completas, 15).

Pío Baroja, pajarito.

Vuelvo a abrir los ojos y miro por la ventana. Sigue lloviendo a cántaros. Tiene pinta de hacer mucho frío afuera. Me noto el cuerpo muy caliente y me recorren los escalofríos. Intento cerrar la mano en un puño pero no lo consigo. No tengo fuerza. Me cubro la cabeza con las sábanas, como si fuese un turbante o una mortaja, y continúo durmiendo.

Thursday, December 13, 2007

A Lisboa

"Hay sosiegos del campo en la ciudad. Hay momentos, sobre todo en los mediodías de estío, en que, en esta Lisboa luminosa, el campo, como un viento, nos invade. Y aquí mismo, en la Calle de los Doradores, tenemos el sueño agradable.
¡Qué bueno es para el alma ver entrar, bajo un sol alto quieto, estos carros de paja, estos cajones por hacer, estos transeúntes lentos de la aldea transferida! Yo mismo, mirándolos desde la ventana de la oficina, donde estoy solo, me transmuto: estoy en un pueblo tranquilo de provincias, me remanso en una aldehuela desconocida, y porque me siento otro soy feliz.
Lo sé bien: si levanto los ojos, tengo ante mi la línea sórdida de las casas, las ventanas por lavar de todas las oficinas de la Baja, las ventanas sin sentido de los pisos más altos donde todavía se vive, y, en lo alto, en el ángulo de los tragaluces, la ropa de siempre, al sol entre tiestos y plantas."

Pessoa de paseo (valga el jueguecito de palabras).

"Lo sé, pero es tan suave la luz que dora todo esto, tan sin sentido el aire tranquilo que me rodea, que no tengo una razón ni siquiera visual para abdicar de mi aldea postiza, de mi pueblo provinciano donde el comercio es un sosiego.
Lo sé, lo sé... Aunque sea verdad que es la hora del almuerzo, o del descanso, o de la interrupción. Todo discurre bien por la superficie de la vida. Yo mismo duermo, aunque me asome al balcón, como si fuera la amurada de un barco sobre un paisaje nuevo. Yo mismo pienso, como si estuviese en la provincia. Y, súbitamente, otra cosa me surge, me envuelve, me domina: veo, por detrás del mediodía del pueblo, toda la vida en todo lo del pueblo; veo la gran felicidad estúpida del sosiego en la sordidez. Veo, porque veo. Pero no he visto y me despierto. Miro alrededor, sonriendo, y, antes de nada, me sacudo de los codos del traje, desgraciadamente oscuro, todo el polvo de la barandilla del balcón, que nadie ha limpiado, ignorando que tendría un día, aunque sólo fuese un momento, que ser la amurada sin polvo posible de un barco que singla en un turismo infinito."

(Fernando Pessoa, El libro del desasosiego)

PD: Me voy tres días a Lisboa, y quién sabe si me cambiará la vida. Mientras, os dejo paseando un ratito por Venecia: algunas casas desde el vaporetto y el vacío del mundo en las campanas.

Monday, December 10, 2007

El frío

Yo sé lo que es el frío. El frío es ir de caza por el bosque y correr entre la maleza y saltar sobre los arbustos y atravesar los caminos nevados y escalar las laderas del monte y esquivar los troncos de los árboles y de repente sentir que te persigue el aliento de los perros y que están cerca, muy cerca, cada vez más cerca, y oír las voces de los hombres a tu espalda, cada vez más excitados, más sanguinarios, más hambrientos, y saber que por mucho que corras, por mucho esfuerzo que pongas en la huida, acabarás siendo abatido por las balas, colgado de una viga y troceado para enriquecer un guiso. Darte cuenta de que la caza eres tú. Eso es el frío.
El frío es saber que ya estás muerto, aun cuando estés huyendo, aun cuando sigas vivo.

Friday, December 07, 2007

Los sueños de la Erinia

Probando, probando... Acabo de subir mis primeros vídeos en Youtube.
Uno de Roma:



Otro de Berlín. Y, cómo no, un homenaje al maestro.

Wednesday, December 05, 2007

"No dices nada" (oudien légeis)

"Cuando en el curso de un diálogo de Platón uno de los personajes reclama de otro el asentimiento o el disenso con respecto a lo que él, el preguntante, ha dicho, es muy frecuente cierta situación en la que nuestras traducciones no pueden evitar una distorsión sin la cual simplemente no podría haber traducción; dicen, en efecto, algo del tipo "¿Digo algo acertado?", y tenemos que aceptarlo así, aunque sabemos perfectamente que el texto griego no dice eso, sino meramente "¿Digo algo?" (légo ti;). Este uso es, por otra parte, especialmente consistente, pues, para la declaración que constituiría respuesta negativa a la mencionada pregunta, no se emplea "Lo que dices no es cierto" o cosa parecida, sino sencillamente "No dices nada" (oudien légeis)."
(Felipe Martínez Marzoa, El decir griego, A. Machado Libros, Madrid, 2006)

Esto es: para los griegos el "objeto directo" del verbo "decir" no es un "dicho" que pudiese concertar o no con la cosa, sino que es la cosa misma. Ahí estaría resumido, quizás, nuestro ideal regulativo en torno a la escritura (imposible de conseguir sin escribir o pensar en griego clásico). Aunque esa quimera nos conduzca sin remedio al aserto final del Tractatus.
PD: En el ámbito dialéctico, este "No dices nada" podría servir de preámbulo cortés o variante filosófica de la ya mítica expresión regia: "¿Por qué [coño] no te callas?".

Tuesday, December 04, 2007

Proyecto Gutenberg 2007

A veces ya no sabe uno si es que los lazos afectivos todo lo pervierten (incluida la capacidad de juicio) o si es que se puede chochear a los 30, pero acabo de leer este texto de Diarios de Rayuela y estoy profundamente impactado, conmovido, admirado. Es una verdadera -aunque breve- obra maestra. Me recuerda al monólogo final de Los muertos de James Joyce.
Esto, unido -haciendo sólo memoria de los últimos días- a los relatos de Lucha y J. M. Martín Peña, los artículos de Ariza y Jabois, las constantes joyas de Mabalot..., me hace pensar que esto no es normal. Esto es la leche.
No quiero parecer un exagerado, un hooligan o un inconsciente, pero estoy por bajar a la calle y quemar todas las librerías. La verdadera literatura está aquí, a la derecha.